AL CANTAR A

Por suerte su tiempo ha sido nuestro tiempo

Se marchó el decano de los articulistas españoles. En su honor reescribo algo que le dediqué cuando cumplió 86 años, el 10 de enero de 2014.

Se llamaba Manuel Alcántara, natural de Málaga, crecido en Madrid y vecino del Rincón de la Victoria. Como él, creemos que no hay un “en mis tiempos” mientras estemos vivos. Un gran poeta, magnífico periodista y fiel contertulio. Tal vez, y por desgracia, muchos de los que estudian o se dedican hoy al periodismo no hayan oído hablar nunca del decano de los articulistas españoles.

Logo de la Fundación Manuel Alcántara

En literatura obtuvo el Premio de Poesía Antonio Machado con Manera de silencio en 1955; con Ciudad de entonces logró en 1962 el Premio Nacional de Literatura, y recibió el Premio Ibn Zaydun en 1985 por Este verano en Málaga. En periodismo fue reconocido con, entre otros, el Luca de Tena en 1965 por su artículo “Pablo VI en Harlem”; el Mariano de Cavia en 1975 por su artículo “Federico Muelas” y el González-Ruano por su artículo “Tono” en 1978.

El paseo marítimo de Torre del Mar tenía, cuando las baldosas no se caían o no las arrancaba algún inculto e incívico personaje, regados sus poemas frente al Mediterráneo. Mayte Martín ha cantado sus versos en su álbum “Al cantar a Manuel” y los periódicos del grupo Vocento tuvieron el privilegio de contar con su pluma.

Compartía con él la afinidad por el periodismo y el cariño a esa tierra malagueña. Cuando viajaba al sur peninsular a visitar a mi familia leía su columna en la contraportada del diario Sur. Una breve reflexión que destilaba ironía, humor elegante y eléctricos juegos de palabras sobre los temas más diversos y actuales.

Gran aficionado al deporte, buen conocedor y seguidor del fútbol y amante del boxeo. Decía de sí mismo que era “un cantor de lo cotidiano, aunque algunas canciones sean tristes”; y aseguraba que hacía “un periodismo que aspira a salvar instantes”. Llevaba más de cincuenta y cinco años rescatando soplos al publicar su columna periodística. Les recomiendo que lean su Aniversario, y que busquen sus textos para continuar recuperando momentos.

Pese a todos los premios que atesora y que le honran, pienso que no ha sido reconocido como su valía humana y profesional merecían. Les invito a visitar la Fundación Manuel Alcántara, física y virtualmente, para conocer su obra y al autor. También pueden ustedes ver el documental El pésimo actor mexicano con el que le retrató su paisano Jiménez Núñez.

Afirmaba Manuel Alcántara que “Cumplir años, incluso cumplir días, es siempre un salto en el vacío”. Hoy ha dado su último brinco y su ausencia dejará muchos vacíos. Celebrémosle con su coctel favorito, ese “dry Martini” al que nombraba un “cuchillo disuelto”. Nosotros intentaremos llenar el vacío que deja a base de periodismo y de palabras como las suyas. Hasta siempre, maestro.

Poema de M. Alcántara en el paseo Marítimo de Torre del Mar, Málaga (foto: Iñaki Chaves)

Las palabras 

Donde más me conozco empiezan mis palabras.

Quiero escribirme / como se escribe el silencio en las piedras / o la lluvia en las frentes;

igual que el miedo al agua / en el embarcadero.

Quiero ponerle nombre a lo que va conmigo / y quedarme a vivir en ese nombre,

como se queda / en el barro corrido de una jarra / el resumen de un muerto.

Las palabras me llevan a la tristeza siempre. 

Las amo porque guardan cosas mías: / antigüedad, amor, aroma…, incluso / los recibos del cuerpo que habitaron.

Ellas me obligan al recuerdo, / como un cigarro a solas.

Cuando las miro acaban por dolerme.

Pero ya digo que las amo.

Por ellas tengo días colgados por el pecho, / pájaros en la noche, amigos que ya no, / aniversarios cada tres minutos.

Desde el principio supe / que son iguales que el silencio, / a su manera.

Ahora están viniendo de puntillas / para que no les oiga la tristeza,

para que no se alarme el hombre al que delatan.

Llegan como un calor entre la sombra, / como un color en medio de la niebla.

Siempre son tristes las palabras / si están escritas.

Aunque suenen canciones por el puerto, / cantes del sur junto a la mar pequeña,

o abiertamente pidan / cosas que necesito más que el aire.

Pero vuelvo a decir que yo las amo.

Y sé que no resuelven nada y son inútiles / como ese número de teléfono

que se ha quedado en la memoria / y que no sirve

ni volverá a servir ya nunca / porque aquella persona a quien llamábamos…

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Ríos de vida y muerte

Una iniciativa puesta en marcha por Rutas del Conflicto y Consejo de Redacción para reconstruir la memoria de las víctimas del conflicto armado.

El pasado miércoles 10 de abril, en el salón Esmeralda del hotel Tequendama de Bogotá, tuvo lugar la presentación de la segunda parte del trabajo “Ríos de vida y muerte”. Una investigación llevada a cabo por las organizaciones Consejo de Redacción (CdR) y Rutas del Conflicto, con el respaldo de otras entidades como la Deutsche Welle Akademie, Hacemos Memoria y Vokaribe Radio junto a la Cooperación Alemana y la Pontificia Universidad Javeriana.

Afiche de presentación del proyecto de investigación (foto: Iñaki Chaves)

En esta fase del proyecto las y los investigadores de ambas asociaciones recorrieron veintidós municipios situados en las orillas de los ríos Cauca y Magdalena, los dos más grandes de Colombia, para recuperar las voces y las narrativas de las víctimas del largo conflicto armado que vive el país.

A partir de talleres realizados en diferentes lugares de poblaciones ribereñas de dichos ríos, las familias de personas desaparecidas aportaron sus testimonios para ir reconstruyendo sus vidas y que se conozcan sus historias. Con los resultados de las ocho investigaciones que han venido efectuando se está elaborando una base de datos con información precisa de esas existencias segadas violentamente y que, por desgracia, muchas veces quedan en el olvido.

El evento contó con la presencia de cuatro personas afectadas directamente por la violencia de la guerra. Tres mujeres víctimas, Temilda Vanegas, del municipio de Tenerife, Departamento del Magdalena (cuya historia pueden ver y escuchar aquí); María Hernández, de Montería, y Delfia Carvajal, de Barrancabermeja, y un hombre voluntario del Cuerpo de Bomberos de Marsella, Albeiro Cañas, contaron sus experiencias alrededor de los crímenes que han ocurrido con los ríos como protagonistas de la vida y la muerte. Junto a ellas, ejerciendo de entrevistadores y moderadores del conversatorio, los periodistas de Rutas del Conflicto Óscar Parra, Lía Valero y Juan Gómez y Ginna Morelo, profesional del periódico El Tiempo y asociada de CdR.

Este trabajo de investigación periodística es una buena muestra del papel del periodismo en la reconstrucción de la memoria. Profesionales que construyen relatos con las pruebas que las personas que habitan en las orillas de los ríos les cuentan sobre su pasado y su presente, para que sean conocidos por el resto de la ciudadanía y de los organismos, internacionales y gubernamentales, que tienen que tenerlos presentes para acabar con la violencia y el olvido. Es periodismo con otros criterios que sirve para dar a conocer la persistencia de las iniciativas ciudadanas construyendo un archivo de notas, de fotos, y de minutas de identificación.

Las cuatro personas que dieron sus testimonios en la charla pusieron en valor a las víctimas por encima de los victimarios, a los que, salvo una de ellas, las otras tres no nombraron. Algo que creo que es bueno y necesario para contribuir a la reconciliación.

La pregunta es si a las víctimas que han formado parte del proyecto narrar les ayuda o las revictimiza. Una revictimización que padecen en la búsqueda de sus seres queridos y en la incertidumbre que supone no encontrarlos. A las personas que participaron en el debate, contar sus historias les ayuda a sacar el dolor de dentro, les hace sentirse mejor y pierden un poco el miedo a hablar.

Un momento de la presentación de la segunda parte de la investigación “Ríos de vida y muerte” (foto: Iñaki Chaves)

Con estos trabajos se pone rostro a las personas desaparecidas, se escuchan los otros relatos con las angustias de sus familiares y se recuperan en parte los recuerdos de las víctimas del conflicto ayudando a salvar las barreras que han impedido conocer la verdad. Es necesario ponerle cuerpos a los lutos que cargan estas víctimas, cuerpos desaparecidos que impiden cerrar definitivamente las heridas.

Los dolores que padecen promueven la resistencia de una población golpeada por una guerra que no es la de ellos y que no debería ser la de nadie. Su capacidad de resiliencia oculta las desolaciones padecidas, lo que no significa que no tengan todo el derecho a ser reparadas y nunca más revictimizadas.

Ante declaraciones como “le faltó cuerpo para las torturas que le hicieron”, “recogíamos semanalmente restos de siete u ocho cadáveres flotando en el río” o “quiero ese río porque lleva la sangre de mi familia”, uno se pregunta qué clase de locura infecta las cabezas de seres llamados humanos para hacer las atrocidades que alimentan la historia de este mal llamado conflicto armado colombiano. Una guerra que no tiene una ideología concreta, que ni siquiera se puede moralizar entre buenos y malos porque hay una ausencia absoluta de humanidad en todos los actores armados. Son muertes violentas y desapariciones forzadas, tan graves éstas como aquellas.

La gente quisiera llegar tarde a su entierro en estos ríos de vida y muerte en los que la parca pasa corriente abajo.

Al final del acto se hizo entrega de la base de datos y los archivos obtenidos en la investigación sobre desaparición forzada a dos personas pertenecientes a la Comisión de la Verdad y a la Unidad Especial para la búsqueda de personas dadas por desaparecidas.

Alma de soul

Ochenta años del nacimiento de una de las almas de la música afroamericana

Marvin Gaye no fue el único, ni, tal vez, el más grande, pero sí fue una de las almas que más le aportó al soul, esa especial manera de entender e interpretar uno de los géneros de la llamada música negra.

Marvin Pentz Gay Jr. nació el 2 de abril de 1939 en la capital de Estados Unidos de América y murió trágicamente un día antes de cumplir los cuarenta y cinco años. Con él se fue el llamado “príncipe del soul”.

Marvin Gaye durante su actuación en el festival de jazz de Montreux (imagen tomada del vídeo alojado en youtube)

Pese a sus éxitos y su fama, su vida no fue un camino de rosas. La muerte de su compañera musical, Tammie Terrell, por un tumor cerebral; la estricta educación de un padre predicador cristiano ultraortodoxo; su afición a las sustancias psicoactivas; sus problemas fiscales, o sus fracasos sentimentales fueron la antesala de su muerte a manos de su propio progenitor, quien le disparó dos tiros con el arma que Gaye le había regalado años atrás.

Marvin componía y producía muchas de sus canciones, no era solamente un intérprete, y tampoco se plegaba a ser una figura decorativa para lustrar la compañía discográfica que le publicaba, la archifamosa Motown.

Pianista y baterista, cantó a dúo con Diana Ross, Mary Wells y su pareja favorita Tammi Terrell con quien logró éxitos como “Ain’t No Mountain High Enough” (1967) o “Ain’t Nothing Like the Real Thing” (1968).

En 1971 produjo e interpretó el que sería su undécimo álbum, tal vez el más reconocido y uno de los grandes de la historia de la música, What´s going on (Qué esta pasando). En este long play de nueve temas se recogen las piezas más políticas y comprometidas del autor producto, en parte, de la historia de su propio hermano, quien prestó servicio militar en la guerra de Vietnam.

“Hay demasiadas madres llorando, demasiados hermanos muriendo (…) la guerra no es la respuesta (…) tenemos que encontrar la forma de traer algo de amor (…) háblame, para que así puedas ver qué es lo que está pasando”.

Este disco fue, según el crítico Juan Cervera publicó en el número 200 (año 2002) de la revista Rockdelux, una “verdadera travesía del desierto para su autor, ya nada volvería a ser lo mismo para él, ni a nivel personal ni artístico. Pocas veces un álbum ha dividido tan tajantemente –y conscientemente– el antes y el después en la vida profesional de un artista de éxito”. El álbum supuso “una huida hacia adelante, una fuga de libertad que abrió mentes, oídos y corazones, y cuyos ecos todavía alborotan, con mayor o menor fortuna, la obra de infinidad de creadores”. Para los especialistas de esta publicación, What´s going on es uno de los doscientos mejores álbumes del siglo XX.

Portada del disco de Marvin Gaye What´s going on (imagen tomada de Rockdelux)

En 1973, un nuevo éxito jalonó su carrera Let´s get it on. Considerado el mejor álbum del artista, supuso una incursión intimista y sensual en su vida profesional. Tras las letras sociales y políticas de What´s going on, este “Sigamos adelante” está lleno de una elevada carga de sentimientos y sexualidad que supusieron un hito en la música romántica y le colocaron como un ícono erótico de la época.

“Hagámoslo, hagámoslo, tú sabes de qué estoy hablando, vamos cariño, deja salir al amor. Si crees en el amor, hagámoslo, hagámoslo cariño, en este mismo momento, oh sí. Hagámoslo, por favor, hagámoslo”.

Este disco fue mucho mejor que el anterior porque “el sexo siempre es superior a la política” tal como se argumentaba en la revista The Wire y ha comentado en más de una ocasión Luis Lapuente, alias Dr. Soul, el experto español en ese género musical.

Un año antes de su muerte, en lo que pareció un lento proceso de recuperación, Gaye fue invitado para entonar el himno nacional de los EE.UU. en el All Star de la NBA. Pero no fue así, su vida se apagó violentamente poco después. En su funeral, otros dos grandes le rindieron pleitesía, Stevie Wonder le cantó y Smokey Robinson pronunció un discurso que hizo derramar muchas lágrimas.

Obtuvo un premio Grammy a la mejor interpretación vocal masculina de R&B por su “Sexual healing” en 1983, composición perteneciente a su álbum Midnight love del que se vendieron más de dos millones de copias, y uno póstumo a la carrera artística en 1996.

Gaye comparte con Wonder el capítulo que el citado Lapuente dedica al “Oro en barras en Motown” en su libro El muelle de la bahía. Una historia del soul. Para este estudioso de la música negra “El soul nunca morirá porque es el estilo más profundo y arrebatador de cuantos han existido en la música popular”. El fallecido periodista José Manuel Costa escribió para El País tras su asesinato que Gaye era “un músico diferente” que “consideró a partir de determinado momento (principios de los 70) que su deber era denunciar la miseria o la marginación y apoyar a los niños, la paz o el amor”.

En este año en que hubiera cumplido ocho décadas, el rapero y productor Dr. Dre está intentando llevar al cine la vida del artista de Washington. También como homenaje, las compañías Motown, Universal Music Enterprises y Universal Music Group han publicado hace unos días el disco doble “You´re the man”, en el que se incluyen el álbum inédito que el cantante mandó retirar en 1972 y otro con canciones grabadas en esos tiempos y que formaron parte de diversas recopilaciones de entonces.

Para su biógrafo y amigo, David Ritz, el artista fue un músico brillante, con unas grandiosas dotes para la música y una enorme sensibilidad que siempre tuvo su “alma dividida” entre la tortura y la gloria. Según Julián Ruiz, otro de los grandes críticos musicales españoles, en Marvin Gaye “siempre había una profunda sombra de inseguridad a la vuelta de la esquina de cada episodio en su vida”. Pueden conocer más sobre él aquí.

Marvin Gaye era, sobre todo, un músico inigualable, una de las almas del soul aunque la suya estuviera partida. En su honor escuchen esta actuación en vivo en el festival de jazz de Montreux en 1980.

 

No me gustan los lunes

La muerte llega cualquier día, no hay un día determinado para morir

Pero el lunes es ese día señalado de síndrome post fin de semana, para quiénes tienen los domingos como día de descanso. Algo que se da por hecho en las culturas occidentales, blancas, judeo-cristianas y “desarrolladas”.

No sé qué pasa por nuestras cabezas, ¿será que se desconecta el chip de nuestros cerebros? ¿Por qué buscar la muerte sin esperar a que nos llegue? Que llegará, más temprano que tarde, un lunes o un martes, en marzo o en septiembre. Vivir te da las razones para morir, pero no te las debería dar para matar.

Cuando las neuronas cortocircuitan se pueden producir efectos no deseados que provocan la muerte. Da igual que sean supremacistas blancos, terroristas de cualquier pelaje o jóvenes hastiados de una vida acomodada y sin futuro.

“No me gustan los lunes” (foto: Iñaki Chaves)

Este 2019 se han cumplido cuarenta años de aquel lunes maldito, uno más. Ese día, 29 de enero, una jovencita de dieciséis primaveras (niña le decían los medios de entonces) despertaba a su mundo harta de todo (nos podríamos preguntar, ¿de qué en tan pocos años de vida?) y decidía pagar su anodina existencia empuñando el arma que su descerebrado padre le había regalado en navidades, en lugar de la radio que ella había pedido. Desde la ventana de su casa apuntó a su colegio, en San Diego (California, EE. UU.), y apretó el gatillo: dos personas muertas, el director y el conserje, y nueve heridas, ocho niñas y niños y un policía. Seis horas después, esposada de pies y manos era conducida a comisaría y meses más tarde condenada a cadena perpetua con un mínimo de veinticinco años de cumplimiento. Tiempo para pensar y reflexionar sobre su aburrimiento, su cansancio y su fastidio con la vida, en especial con esos días que declaró no le encantaban: “no me gustan los lunes”.

Ese suceso sirvió para que Bob Geldof, hoy sir, que leyó la noticia en un fax mientras le entrevistaban, compusiera y publicara ese mismo año, con su grupo The Boomtown Rats, uno de sus grandes éxitos. I don´t like mondays, una canción en la que se preguntaba si hacen falta razones para morir. Más bien, diría yo, si necesitamos razones para matar. Aquella niña, que nadie entendió porqué las iba a tener, actuó, asesinó a otros y mató gran parte de su vida:

Portada de “I don´t like mondays” de Boomtown Rats (foto tomada de: https://www.efeeme.com/)

They can see no reasons

Because there are no reasons

What reason do you need?

Tell me why

I don’t like Mondays

Tell me why

I don’t like Mondays

Tell me why

I don’t like Mondays

I want to shut

the whole day down, down, down

shut lock down

Pablo Neruda describía ese día de la semana en su “Walking around”:

“Por eso el día lunes arde como el petróleo

cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,

y aúlla en su transcurso como una rueda herida,

y da pasos de sangre caliente hacia la noche”.

Aquella radio que esa niña no tuvo ha servido para propagar por el éter, en forma de canciones, esas posturas del no saber qué hacer y de odiar los lunes que reflejan en parte los síntomas de sociedades que no escuchan los gritos de sus juventudes y que no abordan sus propias enfermedades. Este año también se han cumplido veintiocho del suicidio, frente a su profesora y sus compañeros, de un estudiante, Jeremy, que se cansó de vivir acosado. El grupo Pearl Jam lo musicó y el video que realizaron, además de que estuvo prohibido por algún tiempo en ciertos lugares, produjo tal controversia que Vedder y su gente estuvieron varios años sin filmar sus canciones.

También este año se cumplirán veinte de la masacre en la escuela secundaria de Columbine (Colorado, EE. UU.) que sirvió de base a Michael Moore para su película documental sobre la violencia y el uso indiscriminado de armas de fuego.

Vivimos extraviados buscando ese tiempo perdido, intentando encontrar quien nos escuche, y mientras lo hacemos parece claro que, ante la falta de incentivos e ilusiones, ante las agresiones y exclusiones, algunas personas eligen atentar contra el mundo o contra sí mismas.

Personas que decidieron claramente, sin pensar en nada más, que no les gustaba su vida, que no les gustaban los lunes.

Aurora Boreal

Una editorial “para los amantes del español”

La entidad danesa presentó el pasado mes de febrero, en la sala Alonso Arte Galería de Bogotá, el último número de su revista homónima. Un especial dedicado a autoras y autores colombianos vivos.

Según Guillermo Camacho, su editor, Aurora Boreal es más una pasión que un negocio y su difusión se hace de manera gratuita a universidades americanas y europeas. Para él, este número especial tiene que ver con su “ inexplicable pasión quijotesca por difundir creadores y sus obras” y con “la lectura e indagación de autores para su posible traducción al danés”.

Portada del número especial de Aurora Boreal dedicado a autoras y autores colombianos

Camacho reside en Copenhague y desde allí lleva a cabo su labor editorial comprometida con la idea de difundir cultura. En esa tarea le ha tocado el turno a la literatura colombiana, después de números anteriores dedicados a Puerto Rico y a Ecuador (mayo y septiembre de 2013, respectivamente), a Perú (mayo de 2015) y a escritores hispanoamericanos en Finlandia en septiembre de 2017.

Un número doble, el 23 y 24, de 234 páginas que supone “una fotografía de la literatura colombiana actual” cuyo proceso de indagación y recopilación le ha servido para encontrarse con “una reserva de prosistas, ensayistas y poetas que seguramente están cumpliendo un papel clave en el funcionamiento del ecosistema literario al permitir su perpetuación y su regeneración, proporcionando recursos literarios de diferentes variedades, intercambiando continuamente ideas y propuestas, regularizando el equilibrio de la literatura y previniendo contra la erosión”. En ese esfuerzo le ha tocado asumir “las inevitables omisiones de nombres voluntaria e involuntariamente, ya sea por desconocimiento, espacio, criterios, gustos, economía, y aquellos que no se entusiasmaron con la idea o no se lograron finalmente contactar o por la razón que venga al caso”.

En la sala donde se presentó se inauguraba una exposición del pintor bogotano Fernando Perdomo, una de cuyas obras sirve de portada para la revista.

Además de la nota del editor y una muestra de las pinturas de Perdomo, la revista recoge textos literarios de setenta y ocho autoras y autores colombianos divididos en dos apartados: en el de “poesía” aparecen treinta y dos de ellas y ellos, entre los que se encuentran Piedad Bonnett y Pablo Montoya, y en el de “puro cuento”, los otros cuarenta y seis, con fragmentos de Pilar Lozano a Santiago Gamboa pasando por Juan Gabriel Vásquez o Tomás González.

También incluye una sección de reseñas, una sobre los 10 libros menos vendidos, una recomendación de lectura, otra sobre cine y libros y una más “in memoriam”.

Mi encuentro con esta revista ha sido fortuito, o más bien impensado ya que se dio por la invitación que me hizo una de las autoras recogidas en el número, Judith Nieto, quien me pidió que asistiera en su nombre al lanzamiento.

“Ante el papel, a la hora de la escritura se está extremadamente solo, como cuando el cuerpo caído, abandonado, muestra lo inalcanzable que es la salvación” (Judith Nieto, Signos).

Índice del número especial de Aurora Boreal

Así que allá me encontré, rodeado de algunas de las autoras y autores de esta especie de antología de la literatura colombiana. Una revista que manifiesta ser “Un foro para difundir, discutir y gozar el español entre la gente que lo habla y lo estudia. Una ventana abierta a las inquietudes de los artistas”.

Agradezco a Judith la oportunidad de codearme con una parte de este nutrido grupo de escritoras y escritores que Aurora Boreal nos presenta y recomienda. Y bienvenida a estas tierras una nueva luz sobre la ya de por sí radiante narrativa colombiana.

“Viajar es ignorar el punto de llegada, y quisiera continuar hasta encontrar algo semejante al fin. Pero soy tan sólo un hombre y es necesario volver al sitio de partida” (Pablo Montoya, “Cinco poemas en prosa” en Viajeros).

“Para mis días pido, señor de los naufragios, no agua para la sed, sino la sed, no sueños sino ganas de soñar. Para las noches, toda la oscuridad que sea necesaria para ahogar mi propia oscuridad” (Piedad Bonnett, Oración).

El Chaval

Un gran tipo, campechano, risueño y muy amigo de sus amigos

Frutos murió en Madrid, el 17 de noviembre de 1984. Hace tanto tiempo que no está que, pese a pensarle siempre, tengo que esforzarme por traerle vívido a mi memoria. Hoy, 12 de marzo, le vuelvo a recordar porque hubiese cumplido 101 años. Había nacido en Puertollano, Ciudad Real, el 12 de marzo de 1918. Contaba con 66 años en los que creo disfrutó plenamente de la vida, pese a sus dificultades.

Vivió la guerra civil sin sufrir heridas físicas, aunque fueron muchas las emocionales. Desde los desplazamientos familiares a la pérdida de algunos de sus hermanos. Antes, siendo un adolescente, ya tuvo su “herida de guerra”. Acostumbraba con sus amigos, que no le faltaban porque se hacía querer, a saltar la tapia de una de las huertas que en aquel entonces bordeaban el río Manzanares, todavía libre y utilizable por la población madrileña. Un día de agosto de 1932, el guarda les descubrió robando y disparó su arma, con tan mala puntería que acertó y los perdigones le volaron el ojo izquierdo.

Noticia en ABC del disparo sufrido por Frutos

Sus historias

Era un gran jugador de cartas, sobre todo de tute y de mus. Pero no le gustaba jugar con la familia, decía que no sabían jugar y que encima le ganaban. También era bueno al dominó, llevaba la cuenta de las fichas y de quién pasaba a cada punto. Recuerdo las veces, no muchas porque era bastante independiente y no le gustaba estar siempre con los de su sangre, que compartimos el verano en Benidorm. Por las mañanas, en la playa, siempre estaba dispuesto a jugar fútbol, cosa que se le daba bastante bien. En las tardes nos íbamos a los billares Ruzafa y ahí era donde ponía su arte en movimiento. Porque lo que yo creo que mejor se le daba era jugar al billar. Era capaz de hacer carambolas increíbles, de subir la bola por el borde de la mesa y recorrerlo, pegada a otro de los tacos ahí dispuesto, hasta caer y golpear a la otra que le correspondía. Además, se le daba muy bien el futbolín. Y todo eso con un solo ojo, qué tal que hubiese tenido los dos.

Frutos era muy de costumbres fijas. Por las noches lo último que solía tomar era un vaso de leche. También fue en aquella población alicantina, por entonces un verdadero pueblo de pescadores y no la mole turística que es hoy, donde una noche, sentados en una terraza, pidió su acostumbrado vaso de leche. Casualmente, el bar no tenía. Así que le tocó a uno de sus sobrinos ir hasta la casa donde residían a por una botella de leche. Obediente, su sobrino se fue, tomó la botella de leche y volvió para la terraza. Con tan mala suerte que en el camino se le cruzó un perro, por el tamaño creo recordar que era más bien un proyecto de futuro perro; y este sobrino les tenía pánico. Así que echó a correr con la botella de leche en una mano y el perrito pisándole los talones. Resultado, llegó a la mesa agitado y sudoroso y sin la leche. Botó la botella por el camino, lo que sirvió para que el perro se entretuviera lamiéndola y él pudiera llegar a su destino. Las carcajadas del Chaval se oyeron en todo el pueblo.

Podría decirse que Frutos era un lobo solitario que tenía muchos amigos. Nunca se le conoció novia, pero andaba de parranda con la alegría siempre dibujada en el rostro. Bebía botellines de cerveza Mahou, le gustaba la carne tostada como si fuera una suela de zapato de Chaplin y era muy amante de los frutos secos. Al menos es lo que recuerdo de él. También me vienen a la mente las imágenes de cuando fuimos a verle a Málaga, donde estaba trabajando. Nos alojamos en la casa donde se hospedaba y la señora, en las tardes, nos regalaba pan con tomate y aceite. Cuando tenía tiempo nos acompañaba a la playa, todavía tengo por ahí guardada una foto de los dos en la arena jugando con muñecos de plástico que representaban indios y vaqueros.

Otra de sus aficiones era coleccionar cajitas de cerillas, mixtos que iba guardando de los muchos sitios que visitaba. Las tenía de muchos colores, tanto la cabeza del fósforo como el cuerpo, con mezclas imposibles. Como buen carpintero encofrador, oficio heredado de su padre, recorría el país de ciudad en ciudad y de obra en obra. En esos viajes siempre recolectaba las cajitas. Él y su cuadrilla debían ser muy buenos porque nunca les faltó el trabajo.

En una ocasión nos acompañó en un viaje al norte de Europa. Allá residían una hermana suya y un sobrino que acababa de tener su segunda hija. Visitamos una isla en los mil lagos finlandeses, su nombre era, traducido al castellano, “la isla de las piñas” y era cierto porque estaba repleta de pinos piñoneros. De hecho, su dueña nos contó que la Unión Soviética, tiempo ha, estaba muy interesada en adquirirla, por su riqueza maderera y su estratégica situación geográfica. Él y yo nos alojamos en una choza que parecía el telar de la casa principal. Sendos camastros nos servían para el descanso y la ventaja es que nos quedaba cerca la otra chocita en la que se hacían las necesidades fisiológicas. Allá, en las noches y a la luz de las velas jugábamos cartas.

Madridista

Fue asiduo lector de Marca y As, seguidor de todos los deportes y, sobre todo, futbolero. Socio y abonado del club de Chamartín, segundo anfiteatro Sur, durante muchos años. Era seguidor del Real Madrid hasta la médula, hoy sufriría con este fútbol más pendiente de la publicidad, la imagen y el VAR, y tan alejado de la afición y de la gente corriente.

Era tan aficionado al fútbol que en una ocasión en la que los merengues jugaban fuera de casa, un domingo, porque entonces los partidos eran siempre ese día y casi a la misma hora por eso el Carrusel Deportivo de la radio vibraba con las conexiones con todos los campos; pues eso, que su afición era tal que en esa oportunidad se fue al Manzanares a ver un partido del Atleti. El estadio le quedaba muy cerca de casa, por lo que nos extrañó que tardara tanto en volver. Estaba justificado, le había atropellado un coche al pasar el puente de Toledo. Como no tenía su ojo izquierdo no vio bien al cruzar y se lo llevaron por delante. Le partió la pierna izquierda por tres sitios. Nos enteramos cuando nos llamaron del hospital. Pero ni aun así perdió la sonrisa y la afición por el color blanco.

Frutos en 1966 (foto: archivo familiar)

Despedida

Seguro que tengo muchísimas más anécdotas de su vida, pero tendría que buscar en lo profundo de los recuerdos. Y hoy solamente quería rendirle este tributo rememorando lo que mejor retengo.

Murió en un hospital madrileño, tras una muy mala atención médica que se le llevó antes de tiempo. Tal es así que su hermana enfermera presentó una demanda contra el hospital por negligencia. Ahí quedó la cosa, la demanda no prosperó y Frutos nos dejó. Yo no me pude despedir porque no llegué a tiempo. Pero intento devolverle algo de esa compañía dada durante años sin pedir nunca nada a cambio.

Esté donde esté, andará refunfuñando por el poco fútbol, el escaso carácter y el insuficiente amor a los colores “merengues” que los jugadores demuestran hoy. Pero se contentará recordando una de aquellas alineaciones de los sesenta del siglo pasado que siempre me preguntaba y que yo soltaba de carrerilla. A saber: Betancort; Calpe, De Felipe, Sanchís; Pirri, Zoco; Serena, Amancio, Grosso, Velázquez y Gento.

Fue una de las personas a la que más quise de pequeño, nos acompañaba casi todos los domingos y nos daba la mejor propina de todas. Pero el cariño no venía por la plata, sino porque nos trataba como adultos y no perdía el tiempo en repetirnos aquello de “eso no se hace, no digas esto, no cojas aquello,…”. Simplemente nos dejaba ser.

Porque su vida fue una gesta deportiva, así termina esta historia, con un ¡hala, Madrid! en honor de Frutos Gil Revilla, mi tío. Más conocido por todo el mundo como “el Chaval”.

V Carrera Verde

Bajo el lema “La naturaleza quiere que corras por los bosques y el agua”, ha tenido lugar en Bogotá la quinta edición de esta competencia deportiva

Un domingo soleado ha sido testigo de la Carrera Verde organizada, por quinto año consecutivo, por la Fundación Natura con la intención de concienciar sobre el medio ambiente.

Dorsal y medalla de la Carrera Verde (foto: Iñaki Chaves)

Cerca de seis mil personas han llenado el parque Simón Bolívar de la capital colombiana para respaldar con su esfuerzo la defensa del agua y de los bosques, seña de identidad de esta prueba atlética popular.

La carrera tiene tres modalidades: una de tres kilómetros individual y recreativa que se celebra junto a otra, familiar recreativa con la misma distancia a cubrir, y una tercera de diez kilómetros (6,2 millas) de carácter más competitivo. Todas ellas tienen, en palabras de Elsa Matilde Escobar, directora ejecutiva de la Fundación Natura, una meta: “llamar la atención de la ciudadanía sobre la importancia que tienen los bosques para la prolongación de la existencia, y mostrar la crisis que enfrentan”.

La intención de la organización es poder sembrar tres árboles por cada una de las corredoras y corredores que participan en este mitin. La fundación llevará a cabo las siembras de este año en las tres reservas biológicas con que cuenta Natura: El Encenillo, en el municipio de Guasca (Cundinamarca); Cachalú, en los municipios de Encino y Charalá (Santander) y El Silencio, en el municipio de El Retiro (Antioquia).

Si en el mundo llueve, en Colombia no escampa. Solamente en 2017 se talaron 219.000 hectáreas arboladas, según datos del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM). Cuando, además, el 57 % de la deforestación se produce en la Amazonía colombiana y el 42 % de la producción total de madera en el país es ilegal.

La carrera verde es la única certificada como verde en Colombia, la única con carbono cero a nivel mundial y la cuarta en el mundo con el sello Gold Green Race que otorga el Consejo para el Deporte Responsable de Naciones Unidas.

“El Cambio Climático de la ONU invita a las organizaciones deportivas y sus partes interesadas a unirse a una nueva acción climática para el movimiento deportivo. Esta iniciativa tiene como objetivo apoyar y orientar a los actores deportivos para lograr los objetivos del cambio climático global”.

En el marco de la carrera se ha celebrado, los dos días anteriores, la feria ambiental y sostenible en la que se han reunido poblaciones indígenas y campesinas, personas emprendedoras  y empresas que tienen un elevado compromiso “con el medio ambiente, con la salud y la sostenibilidad”, ofreciendo “productos y servicios que ayuden a generar conciencia ambiental y un consumo responsable y sostenible”.

Este año, la carrera verde repetirá edición, por tercera vez, también en Medellín. Así que, ánimo. El premio material es una sencilla medalla de madera certificada, pero lo importante es el premio anímico: contribuir a la defensa de la naturaleza y a combatir el cambio climático. Corran, este año o el que viene o al otro, a favor del agua y de los bosques del planeta. El tiempo no espera, la vida tampoco.

13 de febrero

Un encuentro con la comunicación

El 13 de febrero es, desde el año 1946 y con reconocimiento mundial desde 2011, algo más que una fecha en el almanaque. Es una rememoración y una celebración del medio “más dinámico, reactivo y atractivo que existe” según manifiesta la propia Organización de las Naciones Unidas. Sí, el trece de febrero es más que un día en el calendario, porque hay efemérides en ese día, desde el punto de vista comunicativo, que merece la pena destacar.

La radio de la ONU en Colombia

En orden cronológico inverso empezaríamos por recordar que es el día elegido por la UNESCO para conmemorar el Día Mundial de la Radio, celebración que cumple 8 años y que, recordemos, surge a propuesta del director de la Academia de la Radio de España, Jorge Álvarez, en 2008 y que es aprobada en 2011 por la 36 Conferencia General de la UNESCO celebrada en París en noviembre de ese año. En la proclamación, la Conferencia General de la Unesco establece:

“Teniendo presente que la celebración de un día mundial de la radio promoverá una mayor toma de conciencia del público y los medios de comunicación acerca de la importancia de la radio y favorecerá la constitución de redes y la cooperación internacional entre organismos de radiodifusión,

Convencida de que la celebración de este Día incitará a los responsables de la adopción de decisiones y a todos quienes trabajan en el ámbito de la radiodifusión en sus diversas formas a crear y ofrecer acceso a la información por medio de la radio, entre otras cosas mediante radios comunitarias, y a diversificar el contenido de los programas para que todos puedan beneficiarse”.

El día no fue seleccionado al azar sino que rememora el 13 de febrero de 1946 que fue cuando se inauguró la Radio de las Naciones Unidas. En este 2019, el Día Mundial de la Radio se celebra bajo el lema “Diálogo, tolerancia y paz”. En años anteriores los temas fueron “Radio y deportes” (2018), “La radio eres tú” (2017), “La radio en tiempos de desastre y emergencia” (2016), “Jóvenes y radio” (2015) e “Igualdad de género en la radio” (2014). En 2012 y 2013, la conmemoración no tuvo ningún lema concreto.

La UNESCO dice que es un día para “celebrar la radio como medio, para mejorar la cooperación internacional entre los organismos de radiodifusión y para alentar a las principales redes y radios comunitarias a promover a través de las ondas el acceso a la información, a la libertad de expresión y a la igualdad de género”. Creemos que es el medio perfecto para contribuir a la erradicación de estereotipos, prejuicios y discriminaciones.

Un medio que nació casi con el siglo XX, presente en casi todos los acontecimientos contemporáneos, que sigue siendo el de mayor audiencia en el mundo y que ha tenido que esperar más de cien años para ser reconocido con su día mundial. En 1901, Marconi consiguió enviar señales de radio de un lado a otro del Atlántico después de que Nicola Tesla realizara la primera demostración pública de transmisión en 1894. También cuentan los aportes del escocés Maxwell, del alemán Hertz o del español Cervera.

Como este blog va, sobre todo, de comunicación recordamos que un día como éste de 1967, se descubrió en la Biblioteca Nacional de España un texto de casi setecientas páginas con notas y dibujos del gran Da Vinci, un polímata renacentista que escribió cientos de miles de notas con sus pensamientos, inventos y propuestas. Para mí, todo un comunicador.

Además, ese día de 1917 era detenida en un hotel de París otra gran “comunicadora”, Mata Hari, excelsa representante del traspaso de información a través del espionaje.

También un trece de febrero fallecía en Madrid (España) un periodista romántico, Mariano José de Larra (1809-1837). El de “vuelva usted mañana”, aquel que elevó el articulismo a la categoría de arte. Un gran comunicador, un escritor satírico que produjo una gran cosecha de artículos de costumbres, sociales, políticos y de crítica artística y literaria. Una muestra:

“Esa voz público que todos traen en boca, siempre en apoyo de sus opiniones, ese comodín de todos los partidos, de todos los pareceres, ¿es una palabra vana de sentido, o es un ente real y efectivo? Según lo mucho que se habla de él, según el papelón que hace en el mundo, según los epítetos que se le prodigan y las consideraciones que se le guardan, parece que debe de ser alguien. El público es ilustrado, el público es indulgente, el público es imparcial, el público es respetable; no hay duda, pues, en que existe el público. En este supuesto, ¿quién es el público y dónde se encuentra?

En Santiago, en 1812, aparece el 13 de febrero el primer periódico del país, la Aurora de Chile, durante el breve gobierno de José Miguel Carrera (1811-1813) y bajo la dirección de fray Camilo Henríquez, “un redactor que adornado de principios políticos, de religión, talento y de más virtudes naturales y civiles disponga la ilustración popular de un modo seguro, trasmitiendo con el mayor escrúpulo la verdad que sola decide la suerte y crédito de los gobiernos”, según reza el decreto de su nombramiento.

La Aurora se publicó semanalmente todos los jueves durante algo más de un año, siendo en ese tiempo un símbolo del independentismo y del periodismo político, defendiendo los ideales democráticos frente al absolutismo de la monarquía española. Su subtítulo era elocuente “Nociones fundamentales sobre los derechos de los pueblos”.

Y dicen que fue el 13 de febrero de 1542 cuando G. Pizarro y F. de Orellana se encontraron con el mayor río de la Tierra, reserva de la quinta parte del agua dulce existente en el planeta y un muy importante medio fluvial de comunicación, el Amazonas.

Aparato de Radio Sutatenza (foto: Iñaki Chaves)

Pero terminemos como empezamos, recordando a la radio y sus logros y todo lo que ha conllevado alrededor. Recordemos a algunos de los grandes, desde Brecht y su “La radio sería el más fabuloso aparato de comunicación imaginable de la vida pública (…) si supiera no solamente transmitir, sino también recibir, por tanto, no solamente oír al radioescucha, sino también hacerle hablar, y no aislarle, sino ponerse en comunicación con él”; a las greguerías onduladas de Gómez de la Serna “El diablo envidia la radio como el órgano ideal para la tentación: ¡qué lástima!, ¡qué lástima!, suele exclamar sintiendo haber dejado escapar la patente”, pasando por las transmisiones de Walter Benjamin, Orson Welles o Groucho Marx en su serie radial “Flywheel, Shyster and Flywheel” en la que reconocía que “No quería que mi gente supiera que me había metido en la radio. Siempre les había prometido que me ganaría la vida honestamente”.

Sin olvidar el lugar destacado de las mujeres y de las radios comunitarias. Las podemos encontrar juntas en el artículo “Las mujeres en las radios comunitarias” de la red de medios comunitarios (ReMC) y también repasar una investigación de 2017 del programa “Nos quemaron por brujas” sobre mujeres y radio en Argentina publicado en Cosecha Roja.

Un recuerdo especial para las dos emisoras en las que hice mis pinitos: Onda Verde y Radio Vallekas; para una emisora comunitaria que conocí el año pasado y que el domingo día 10 de febrero cumplió 40 años, La voz de Talamanca en Amubri de Ará (Costa Rica), y como no podía ser menos para un hito de la radiodifusión, en Colombia y en el mundo, como Radio Sutatenza, esa “revolución cultural en el campo colombiano” que supuso una apuesta radial educativa basada en la idea de que “la educación nos hace libres”.

Feliz Día Mundial de la Radio.

Afroditas negras

Las pinturas con sentimientos del carpintor

Santiago Soto, el carpintor, así se autodenomina este artesano de la pintura, pinta sus obras con todos sus sentidos y emociones, en especial las dedicadas a “sus” mujeres negras. Esas afroditas que plasma en sus lienzos y a las que rinde reconocimiento.

Algunas de las afroditas del carpintor en su estudio (foto: Iñaki Chaves)

Todo el mundo ha pintado algo alguna vez, todas y todos pintamos, o soñamos con hacerlo, en algún momento de nuestra existencia. Pero Soto lo lleva a cabo, y lo hace poniendo en sus telas toda la fuerza de la pasión y los sentimientos que le acompañan y que refleja en esas afroditas negras.

“Sus” negras son verdaderas pasiones, casi obsesiones, que muestran un arte limpio, en el sentido más higiénico del término, y honesto, desde su respeto y, sobre todo, su admiración por la mujer negra.

Él es un artista artesano que junta su profesionalidad y afición por la pintura con su quehacer como actor y su formación como carpintero. Hay quien le dice ebanista, que parece una labor más fina, pero creo que la carpintería, cuando es profesional y artesana, es más amplia y conlleva mucho más arte. Por lo que suma muchas tablas, en muchos y variados sentidos, en su experiencia de vida. Algo que acrecienta con su tarea de defensa de la biodiversidad y de la economía de la conciencia a partir de la plantación del llamado árbol mágico colombiano, el guáimaro, en la Sierra Nevada del Caribe.

Las afroditas, así se llama su serie alrededor de las mujeres negras, son un homenaje y una declaración de amor. No sé si son bellas o no, porque la belleza es una cualidad muy subjetiva y creo que no debemos seguir los cánones impuestos para determinarla, pero sí puedo afirmar que son, que tienen identidad propia, la que les confiere esa actitud de efusivo enaltecimiento de la mujer, afroamericana en este caso, que el artista le pone a su trabajo.

Sus obras son como es él, sinceras, pasionales y comprometidas. Sus negras son, ante todo, cuerpos y rostros de mujeres que se nos presentan en toda su naturalidad con un atornasolado brillo que resalta cualidades presentes en sus miradas, sus gestos y su orgullo de ser eso: mujeres negras, ni más ni menos.

El poeta y profesor colombiano Miguel Iriarte se pregunta, en su artículo “Afroditas: el harem ilusorio de Santiago Soto”, sobre la obra de este retratista si “¿acercar sus pieles negras al azul, y simbolizarlas allí, no es acaso llevarlas también a ese momento negro, a esa blue note, que es desde luego la sufrida espiritualidad del jazz que es el blues?”. Hay también muchas notas musicales en sus pinturas.

El propio autor dice de su trabajo:“En el color, en la profundidad del encuentro con ellas mismas, en el grito silencioso y rotundo de la dignidad, en la elegancia ancestral, contundente y llamativa, en el valor y el coraje presentes en la médula de la mujer Afro. La belleza y su misterio, la preciosura interior que se refleja en cada poro de la piel sin rendirle culto al artificio, y el silencio como el guardián de la altivez. La búsqueda y el encuentro con esa actitud, me han llevado por medio del color vivo y azul que evoca esa paz interna y amorosa, a plasmar en homenaje mayúsculo a la mujer Afro, al África lejana o cercana, al África cuna de la humanidad de donde partió la historia con el ritmo del tambor, ese que nos recuerda los latidos de nuestro propio pecho”.

Soto, el carpintor, con algunas de sus afroditas (foto: Iñaki Chaves)

El estudio del pintor, actor y carpintero está presidido por un poema de una mujer negra orgullosa de serlo y de propagarlo a los cuatro vientos:

Rotundamente negra

Me niego rotundamente

A negar mi voz,

Mi sangre y mi piel.

Y me niego rotundamente

A dejar de ser yo,

A dejar de sentirme bien

Cuando miro mi rostro en el espejo

Con mi boca

Rotundamente grande,

Y mi nariz

Rotundamente hermosa

Y mis dientes

Rotundamente blancos,

Y mi piel, valientemente negra.

Y me niego categóricamente

A dejar de hablar

Mi lengua, mi acento y mi historia.

Y me niego absolutamente

A ser parte de los que callan,

De los que temen,

De los que lloran.

Porque me acepto

Rotundamente libre,

Rotundamente negra,

Rotundamente hermosa.

La escritora y antropóloga afrocostarricense Shirley Campbell Barr defiende a las mujeres, su texto es una oda al derecho a ser y a la libertad de serlo. Y Santiago Soto homenajea a las mujeres, negras, libres y con derechos, en sus afroditas negras.

Felicidades, carpintor.

Todavía

Hoy soy un poco más viejo que ayer, pero no más joven que mañana

Todavía

Todavía (foto: Iñaki Chaves)

Dicen que corazón sin cicatrices es ser humano que no ha vivido

Todavía

Ahora tengo una cicatriz más, prueba cruel de que estoy vivo

Todavía

Heridas más dolorosas si es gente cercana quien te las ha producido

Todavía

Pero, a veces, todo el mundo hiere, te duele y es mejor esperar

Todavía

No tengo derecho a la queja, porque sigo escuchando los sonidos y sintiendo mis latidos

Todavía

Y sigo caminando para avanzar, aprendiendo de las piedras que encuentro en el camino

Todavía

La vida pasa y cambia, sin cambiar, y acá estamos, vivos

Todavía

Continúo creyendo en lo que creo, desde mi ateísmo más sincero, en la vida y en mis amigas

Todavía

Convencido de que soy un privilegiado por estar vivo, y también por estar herido

Todavía

Hoy vivo soy, ayer herido fui, mañana muerto seré, porque estoy vivo

Todavía

Conservo sueños y esperanzas, y amanezco pensando en transformar realidades

Todavía

Sigo herido, pero viviendo, con ganas de vagabundear para seguir creciendo

Todavía

Escuchar el viento, notar las olas, oler el fuego, pisar la tierra, metamorfosis de los sentidos

Todavía

Tengo aliento, tengo ilusión y tengo amigas y amigos, y mi gata, y mi socia de vida.

Todavía

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