Comunicación y ciudadanías

Un libro que junta dos conceptos tan necesarios como poco practicados

En la sede de la Cooperativa del Magisterio en Bogotá se ha presentado Comunicación y ciudadanías, última publicación de la colección “Pensamiento y futuro” de la editorial desde abajo, en esta ocasión en coedición con Fes Comunicación.

Portada del libro Comunicación y ciudadanías

Un numeroso grupo de amigas y amigos han acompañado la presentación de un libro que pretende abrir un debate más que se sume a los muchos que están en las mentes de la ciudadanía comprometida con la transformación social y que hay que sacar a las calles y meter en las escuelas.

El tema de las ciudadanías, plural para incluir todas las que existen y no son escuchadas, lleva siglos en el ágora sin haber logrado alcanzar una respuesta unívoca y definitiva sobre una cuestión que nos afecta y que nos conforma. Como ha dicho Rincón en la presentación, todas y todos venimos con la aplicación “ciudadano (a)”, pero, por muy diversas razones, la mayoría no la activan y muchas de las personas que sí lo hacen no la ponen en práctica.

La realidad de hoy nos obnubila. Lleva años haciéndolo, pero tal vez nunca con tanta fuerza, desde tantos frentes y con tanta potencia como ahora. Nos “bombardean” con proyectiles de información, limitándonos y condicionando el pensamiento y con ello la posible acción ciudadana. Acción que, como señala el maestro Martín Barbero, es imprescindible. Necesitamos ´ciudadanías en escena`, porque sólo hay verdaderas ciudadanías cuando los y las ciudadanas actúan. Salir a escena es la condición necesaria para promover cambios, hay que llenar las calles de ciudadanías activas y comprometidas.

En este texto se reúnen reflexiones e investigaciones que tienen su mirada puesta en las ciudadanías. Son doce capítulos que abordan de manera heterogénea el papel de la ciudadanía y la comunicación que practicamos, enriqueciendo el campo académico y el ciudadano. Una suerte de pensamientos, hechos, relatorías y crítica social a las ciudadanías, a la comunicación o a sus formas y ausencias.

Abre la publicación un artículo de Martín Barbero sobre las ciudadanías contemporáneas en América Latina, al que acompañan otras catorce personas: los profesores Beatriz Catalina y Antonio Ga. Jiménez evalúan si se da la causalidad entre el uso de las nuevas tecnologías y el aumento de la participación ciudadana; el profesor colombiano Ricardo Gordo se pregunta si pueden los medios formar o deformar las actitudes de sus audiencias (ciudadanías) a partir del lenguaje que elaboran; Javier Martín Nieto se cuestiona sobre la comunicación incluyente en contextos intrínsecamente excluyentes; sobre ciudadanías excluidas, las mujeres, reflexionan la profesora española Begoña Marugán y la activista colombiana Rocío Pineda; los docentes colombianos Teresita Ospina y Rafael Múnera escriben sobre la ciudadanía existente en los procesos del aprender y el enseñar que tiene lugar en las aulas; el profesor y crítico de medios colombiano, Omar Rincón, nos cuenta acerca de la gobernabilidad condicionada por unos medios que no ganan elecciones pero sí determinan agendas; John Richard Sánchez analiza la comunicación como proceso para generar ciudadanía activa en la niñez; Camilo Tamayo y Daniela Navarro abordan la comunicación en las acciones colectivas de los movimientos de víctimas en Colombia y Bosnia; el periodista y profesor Manuel Tapia plantea el papel revitalizado de la entrevista como formato que promueve el derecho a saber de las ciudadanías, y el sociólogo y comunicador Iñaki Chaves reflexiona acerca de las carencias que padecemos en ese proceso de construcción ciudadana desde la comunicación.

De entre las muchas reflexiones interesantes y pertinentes que pueden encontrar en este libro, les destaco aquí tres: una, de Jesús Martín Barbero, “La formación de nuevas ciudadanías no sólo desubica a la política, sino que converge sobre una profunda transformación de las figuras de lo público. (…) Lo propio de la ciudadanía hoy es su estar asociada al “reconocimiento recíproco”, esto es al derecho a informar y ser informado, a hablar y ser escuchado, imprescindible para poder participar en las decisiones que conciernen a la colectividad”; otra de Omar Rincón, “La gobernabilidad democrática está siendo mediatizada, pero ya tenemos redes y celulares, jóvenes y sujetos otros, comunidades y tejidos locales desde donde apostar por otra gobernabilidad, una en clave de lo propio (en saberes, prácticas, necesidades y expectativas) para ganar poder en la vida social. Una comunicación y una gobernabilidad para la alegría y la confianza que es posible si se intenta la propia estética y se celebra el propio gusto… popular”, y la tercera de quien esto firma, “Para vivir la política (…) hace falta cultura ciudadana, conciencia de clase y conocimiento de las realidades sociales, locales y globales, es necesaria una apuesta por una educación de calidad y una comunicación inclusiva que nos permita crecer en capacidades para la acción como colectividad ciudadana comprometida, desde la participación y el reconocimiento”.

En este convulso inicio de siglo debemos cuestionarnos si somos más o menos ciudadanas y ciudadanos y si estamos mejor o peor comunicadas y comunicados. Doce reflexiones para seguir construyendo comunicación y ciudadanías críticas para una sociedad más equitativa e incluyente y socialmente más justa. Un libro sobre ciudadanías conformado por ciudadanas y ciudadanos que desde sus diferentes ámbitos y realidades nos presentan sus reflexiones y propuestas sobre las ciudadanías y la comunicación para mostrar que, como afirma Martín Barbero, “la relación de la vitalidad ciudadana con los procesos de comunicación sigue siendo clave”.

Chaves, J. I. (coord.) (2018). Comunicación y ciudadanías. Bogotá, ediciones desde abajo y FES Comunicación.

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Muertos y monstruos

Noches de muertos y de monstruos para rememorar a algunos que se fueron, a otros que inventamos y a esos “vivos” que nos siguen asustando.

Desde la soledad y el sadismo de Drácula a la ternura y la desproporción de Frankenstein, pasando por la incomprensión y el odio al hombre elefante o la inteligencia y la maldad del doctor Jekyll y el señor Hyde. Y tantos y tantas otras y otros.

Noches de monstruos (foto: Iñaki Chaves)

Ninfas, gigantes, sirenas, brujas, magos o seres antropomórficos. Mitos y realidades, leyendas urbanas o figuras religiosas que premian o castigan, que acompañan o persiguen. La literatura y la oralidad cuentan en sus narraciones las historias de formas monstruosas, en función de lo que cada quien entienda, que son parte de y conforman las psiques individuales y los imaginarios colectivos.

Los monstruos son causa y consecuencia de la humanidad. A Bachué, la madre de ese linaje y condición, se la tildaba también de monstruo, de mito fundacional, por lo que la monstruosidad es consustancial al ser humano. Son los monstruos las representaciones de la humanidad y de su deshumanización. Son esa mirada aviesa al otro, al extraño que llevamos dentro y al desconocido que nos asusta afuera.

Juntamos muertos con monstruos, o viceversa, para no asustarnos de los unos ni olvidarnos de los otros. En las noches, no sólo todos los gatos son pardos, sino que todos los seres humanos expresan sus propios miedos y sufren sus propias pasiones.

Noche de muertos para vivir la vida con el recuerdo de los que se fueron, para pensar la muerte con la vida que tenemos. Ya no cumplimos años, vamos cumpliendo días que nos suman a la muerte y nos restan a la vida, o al revés.

Disfraces de muertos para ocultar los monstruos, esas aberraciones que llevamos dentro y que nos asustan. Como si disfrazados nos quitáramos los miedos o se nos facilitara mostrar las pasiones. Asustar para no ser asustados.

Esos monstruos que nos acompañan y a los que tememos y queremos por igual. El (la) monstruo (a) que llevamos dentro y que expresamos fuera cuando la vida nos cuestiona qué hacemos, quiénes somos y qué queremos. Al fin y al cabo, todas y todos somos, en mayor o menor medida, pequeños grandes monstruos.

Grandes figuras de la historia mostraron su lado monstruoso, cada quien en su contexto saca las uñas en alguna situación. Nadie está libre de monstruosidades, por otro lado, muestra de las bajas pasiones y las altas aspiraciones de ese ser humano que no quiere verse en el espejo.

Una mirada sesgada a una realidad negada y mantenida en estado de adormecimiento para no agravar la anomia inherente a la sociedad de humanos que se esfuerzan por regular el fiel de una balanza que oscila entre la pasión y la razón.

Nuestros monstruos sienten y piensan, el resultado de esa mezcla de sentimientos y pensamientos es lo que nos pone a uno u otro lado del espejo. Revisen sus propios monstruos, y contrólenlos. Afuera hay ya más que suficientes, y son los reflejos de la vida. Pero, ténganle más miedo al monstruo que al muerto.

Noches de muertos (foto: Iñaki Chaves)

Muertos y monstruos, ¿ficción o realidad? Ahí están, ahí estamos. Que cada quien cargue con los suyos, los muertos que tenemos afuera y los monstruos que llevamos dentro. Nuestra relación con ellos determinará nuestra existencia. Mientras, celebremos la noche de muertos con los monstruos. Viva la vida y vivan sus monstruos, sin monstruosidades.

Por estos días, en muchos lugares del planeta, la gente se disfraza de muertos y monstruos, de los propios y de los ajenos. Ni trato, ni truco, ni llanto, ni canto. Yo hoy me he parado frente al espejo y he decidido disfrazarme de mí, con mis monstruos y mis muertos.

A ti, por ti, para ti

Lo hago hoy, 28 de octubre, pero podría haberlo hecho un 20 de abril, un 30 de agosto o un primero de enero. El caso es que he decidido hacer públicos mis sentimientos. Emociones profundas que en parte guardo y en otra comparto, pero que quiero ahora socializar. Darlas a conocer a bordo de una patera que boga por un Sur que es nuestro hogar.

Beatry

Está dedicado a ti, a ella, a mi pareja y socia de vida desde hace quince años años y con la que mantengo una afinidad desde que nos encontramos en un congreso en La Habana en mayo de 1999.

Tu nombre me sabe

Tu cuerpo me mira

Tu alma me respira

Creo que la felicidad es más cuando se comunica, y este es un blog que cree en la comunicación. Así que voy a gritar a los cuatro vientos, bajito pero clarito, que te quiero. TE QUIERO, sí. Con un sentir del Sur, con un pensar mestizo y con mis pateras puestas rumbo a tu playa.

Un ser de otra parte, que no tiene patria ni pueblo, quiere tener su embarcadero en las calas de tus mares, en los puertos de tus senos y fondear entre tus piernas. Y si es necesario, cambiar el rumbo de mi nave si es tu estrella la que guía.

Tengo claro que la vida es un ratito y que vivirla es lo más difícil. Pero sé que mi vida lo ha sido desde que estoy contigo, desde que compartimos. Son años de ilusiones, de proyectos, de sueños y de verdaderas hojas de vida. Por ti reconozco que la vida merece la pena ser vivida.

Porque tú y yo somos dos, y juntos somos mucho más que eso. Somos ACTO: arte, comunicación, tierra y obra. Somos EROSCOPIO, somos dos cuerpos en uno, el refugio íntimo de nuestra psique. Nuestro lecho, lugar de encuentros y pérdidas, presencia física de nuestras ausencias. Nuestros cuerpos son la jaula de cristal de nuestra mente, la urna transparente de nuestro corazón, el espejo de los sentimientos que convergen en el tú y en el yo.

Quiero seguir viviendo, sí. Pero a tu ladoY morir dignamente cuando así lo decidamos. Pero a tu lado.

Porque te quiero a ti

Porque te quiero

Cruce el atlántico y me vine acá

Porque te quiero a ti

Porque te quiero

Cambié Madrid por Bogotá

“Después, apenas el sol acabó de nacer, el hombre y la mujer fueron a pintar en la proa del barco, de un lado y de otro, en blancas letras, el nombre que todavía le faltaba a la patera (*). Hacia la hora del mediodía, con la marea, la Isla Desconocida se hizo por fin a la mar, a la búsqueda de sí misma”.

Me gusta navegar contigo hacia esa isla, desconocida, para encontrarla, o conocida, para entenderla, y juntarnos en la ruta, bajo las estrellas y sobre el mar.

Porque contigo tenía y tengo muchas más de diez razones para vivir. Y quiero seguir despertando a tu lado. Con un mar, con una flor, con una canción, con un beso.

Por todo ello, te dedico este breve cuento que escribí para vos hace ya tiempo: “La osa bajo las cobijas”

La mano del oso se posa suavemente en la cadera de su osa

Ella da un respingo y se gira lentamente, mirándole a los ojos

Él la abraza por la cintura y ella, con la piel “ARROSUDA”, se estrecha con él

Juntan los labios, entornan los ojos, respiran profundo y sueñan

Un silencio tierno y cálido llena el aire bajo las cobijas

Los cuerpos tiemblan de sentido vívido mientras sus mentes, eléctricas,

Vuelan por el éter del cuarto oscuro

Hasta alcanzar la nube más blanca del firmamento

Felices cincuenta y dos, mi mestiza. Y los que vengan.

(*) Saramago, J. (1998): La isla desconocida. Madrid, Alfaguara. En el original del premio Nobel portugués la embarcación que aparece es una carabela. Me he permitido el lujo de cambiarla por una patera.

Bienvenido al infierno

Será un cuento, tal vez una fábula, una quimera, un espejismo, una alucinación, un relato o, sencillamente, la vida.

Esta historia la escribí hace mucho tiempo, y desde entonces ha dormido en el arcón de brujas junto a otros textos que esperan ver la luz algún día. Casualmente, por estas fechas, la dueña del arcón, que también lo es de mi corazón, ha abierto uno de los cajones para que la narración tome cuerpo, se junten las letras y se construya esto que aquí escribo. No es un cuento romántico, ni navideño, ni de terror, tampoco pretende despertar espíritus; es, simplemente, una fantasía que les comparto.

Bienvenido al infierno

Aquel día me desperté bruscamente tras haber tenido el mismo sueño que me perseguía últimamente y que no me dejaba descansar. Me asomaba a la ventana con la intención de atrapar aquella ilusión que flotaba cual nube blanca de algodón. Y de repente, me daba cuenta que estaba en el aire, que bajo mi cuerpo no había nada salvo el vacío y, lo peor de todo, que la ilusión no se encontraba allí.

Era tomar conciencia de eso y, como en los dibujos animados, comenzar a caer. Y descendía, y caía y caía y, mientras lo hacía, a mi cabeza me venía lo que siempre me dijo mi abuela cuando de pequeño tenía algún tropezón que me hacía darme de bruces contra el piso, sintiendo chascar todos los huesos: “del suelo no pasas”. Pero yo seguía cayendo. Y caía, caía, caía, caía, caía,…

La velocidad iba aumentando y no se vislumbraba nada que me pudiera frenar. Me volvía a retumbar la bendita frase: “del suelo no pasas”, acompañada de esa otra que le oía decir a mi padre siempre que me daba un trompazo: “ven que te levanto”. Y seguía cayendo, cayendo, cayendo, cayendo, cayendo,…

En ese momento atravesé una enorme y densa nube gris. Repentinamente me golpeé contra algo y perdí el conocimiento. No sabría decir cuánto tiempo pasó. Cuando desperté, no había ningún dinosaurio cerca pero estaba en un maravilloso y mullido tapete de hierba verde. A mi alrededor, grandes árboles no me impedían ver el bosque ni recibir los cálidos rayos del sol; sonaban cantos y trinos y revoloteaban mariposas de variados colores. También se oía el latir del agua cuando fluye por el cauce de un río y golpea las piedras que cubre a su paso con ese tintineo cristalino.

Me incorporé para poder apreciar aquella riqueza natural en toda su extensión. Recorrí con la vista todo a mi alrededor girando la cabeza hasta que, de repente, me llamó la atención un enorme cartel que colgaba de las inmensas ramas de una frondosa ceiba. Fijé la mirada en las letras pintadas de diferentes colores y leí: “bienvenido al infierno”.

Mi última morada

Que no será un cementerio, sino una galería de sueños

Escribo esto, qué casualidad, un once de septiembre para rendir un tributo a la vida y a las personas vivas, y a las muertas que le apostaron a algo cuando existían.

Una fecha que la mayoría de la población actual recordará por el atentado de las Torres Gemelas de Nueva York, pero que tuvo un precedente más grave en contra de la democracia y la ciudadanía en Santiago de Chile en el año 1973. Dieciocho y cuarenta y cinco años después, respectivamente, son muchas las pérdidas, en vidas humanas y en ilusiones, derechos y esperanzas.

Por eso escribo este epitafio, que no es un texto triste sino de una alegría encubierta por tumbas y sueños.

Hoy me he visto en sueños caminando por un cementerio. Me he sentido extraño porque no es un lugar que suela visitar. Aunque a veces he acudido a ellos para rendir cierto homenaje a algunos de esos personajes que han marcado mi historia de vida.

Tumba de Antonio Machado en Colliure (Francia)

En una de esas ocasiones, la más cercana al corazón, fue la última vez que me puse una corbata. Era el entierro de “el Chato”, mi padre. Pero jamás he vuelto a aquel camposanto de Carabanchel. Él ya no estará allá, era de esos nichos por diez años, así que sus restos materiales no residirán en ninguna parte. Los otros, los importantes, me acompañarán siempre.

Junto al Chato, las tumbas conocidas: las de Antonio Machado, migrante, enterrado casi desnudo de ropaje, como los hijos de la mar, pero revestido de toda la política de su poética, en la costa francesa; Walter Benjamin, caído en tierra de nadie, huyendo para no dejar de ser alguien y mirando a un horizonte de agua y cielo en la costa catalana, o María Zambrano, en lares veleños cercana al Mediterráneo del sur, visitada por gatos que tanto amaba y rodeada del olor de esos limones que apreciaba tanto. Y las desconocidas: Salvador Allende, que se fue antes de que lo acabaran y que nos convenció de que la historia la hacen los pueblos, o Frida Kahlo, cuya pintura lleno su vida y la de mucha gente y cuyas cenizas llenan la Casa Azul.

Esos eran algunos de los pensamientos de aquel yo en un lugar tan lejano a este yo. Era una ilusión de tumbas y sueños.

En las tumbas de seres anónimos, más bien desconocidos, al menos para mí, se detenía mi otro yo preguntándose quién sería y porqué y cómo habría llegado allí. Muerte natural, enfermedad terminal, accidente de tránsito, … a qué se dedicaba, era funcionaria, empleado de sucursal bancaria, enfermera, albañil, abogada, bombero, escritora, camarero, escultor. Soledad entre tanta piedra y tanto olvido.

También pensaba cuál sería su religión. Sí, aquel camposanto era católico, pero seguramente muchas y muchos de los allí presentes, o ausentes, no practicaban esa religión. Pero la familia creyó mejor y más seguro darles santa sepultura y hasta los últimos sacramentos para que, por si acaso, fuera a su cielo. En esos asuntos las familias suelen ser desobedientes y se dejan vencer por sus miedos frente a la muerte y no respetan las últimas voluntades de la persona finada. Es la vida.

Entre cipreses que hace tiempo dejaron de creer en su dios, entre mármoles albos y fríos, observado por efigies familiares que intentan mostrar el poder que sus moradores tuvieron en vida, daba mi otro yo sus pasos firmes a ningún lugar. Era sorprendente porque no tengo intención de ocupar una tumba, no porque no me vaya a morir nunca, sino porque tengo donados mis órganos, si es que al final alguno sirve, y el resto de mi cuerpo. Tumbas y sueños.

En esas estaba cuando, en una de las estrechas callejuelas que recorren los límites corpóreos de esas parcelas del cielo en la tierra, fui a dar con una tumba abierta cuya losa reposaba a los pies de un pequeño olivo. Sí, era extraño encontrar un olivo allá, también era raro que un nicho estuviese sin cubrir, como esperando a su inquilino. Pero lo más extraño era que sobre la lápida había una inscripción, un nombre y unos números. Lo primero que mi otro yo pensó fue que el finado había salido a dar su paseo vespertino para disfrutar de la luz otoñal y del viento del norte que en pocas horas cubriría de bruma todo el lugar.

Tumba de Walter Benjamin en Port Bou (España)

Pero antes de que mi imaginación siguiera volando, fijé la mirada en el escrito fúnebre. Y leí: “A aquel ciudadano ateo y soñador de ninguna parte que creía en la comunicación y en las personas”. La frase me resultó conocida. Un creyente ateo, un soñador sin sueños, un sujeto que buscaba, como todo el mundo, su lugar y que comunicando pensó que lo iba a encontrar. Una utopía a realizar en un mundo incomunicado y fugaz.

“No pensar nunca en la muerte / y dejar irse las tardes / mirando como atardece.

Ver toda la mar enfrente / y no estar triste por nada / mientras el sol se arrepiente.

Y morirme de repente / el día menos pensado. / Ese en el que pienso siempre” (M. Alcántara)

No es triste morir porque la muerte te encuentre o porque salgas a buscarla, lo triste es que te maten o que te ignoren tras tu ida. Este sueño me ha enseñado que la vida es un ratito que no sabemos cuánto puede durar, y que no la podemos gastar sin estar. Intentaré repartir las horas de mis días dejando tiempo para el disfrute de mi existencia, y dejaré que las noches me mezan en los de mi amada para soñar juntos con castillos en el aire.

La lápida no tenía fecha exacta, como dejándola abierta a lo que el destino fijara, 11 de septiembre de 20… Un día diferente, tanto como cualquier otro. Desde esa alucinación, celebraré el derecho al delirio que escribiera Galeano, e intentaré vivir  cada noche como si fuera la última y cada día como si fuera el primero.

Y cada año, cuando se acerque esa fecha, esperaré soñando que se escriban esas dos cifras que le faltan a la muerte. Ese día, alguien correrá la losa y cerrará la tumba. Será mi última morada, aunque el cuerpo no esté dentro. Cuando la muerte venga a visitarme no me llevarán al sur donde nací, ni con mis cenizas un árbol plantarán. Ahí se acabará mi historia, una historia como cualquier otra, de tumbas y de sueños.

Y aunque yo no tendré tumba, seguiré teniendo sueños.

“El sueño va sobre el tiempo / flotando como un velero / nadie puede abrir semillas / en el corazón del sueño…” (F. García Lorca)

I have a dream

Cincuenta y cinco años del discurso de Martin Luther King

El 28 de agosto de 1963 tenía lugar la Marcha sobre Washington por el trabajo y la libertad (Civil Rights March on Washington, D.C.), una convocatoria pacífica para denunciar la situación de la población negra de los Estados Unidos de América y reclamar sus legítimos derechos civiles.

Al finalizar dicha manifestación, frente al memorial dedicado al presidente Lincoln, frente a la explanada del obelisco de la capital, el doctor Martin Luther King (MLK) presentó al mundo su discurso de paz y hermandad “I have a dream”, un sueño para la convivencia pacífica.

MLK y la explanada del National Mall

Fue, como decía Cartier Bresson de la fotografía, un instante decisivo para la historia, una fecha en la que tuvo lugar “uno de los discursos políticos más bellos y más trascendentales de la historia; un momento histórico que no ha perdido su poder inspirador y su fuerza movilizadora” como nos lo presenta Antoni Gutiérrez-Rubí en la introducción a ese interesante texto, “Miradas al discurso 50 años después”, que publicó para conmemorar el medio siglo del discurso de King.

Hoy, once lustros después, seguimos teniendo sueños incumplidos. King dijo: “Este sofocante verano del legítimo descontento del negro no terminará hasta que venga un otoño revitalizador de libertad e igualdad. 1963 no es un fin, sino un principio”. Actualmente mantenemos los mismos deseos que entonces reclamaba el presidente de la Conferencia Sur de Liderazgo Cristiano.

El acto supuso un hito histórico al juntar alrededor de trescientas mil personas. Con una participación de un 80 % de población negra y un 20 % de otras etnias, entre ellas una destacada presencia de personas “blancas”, las y los manifestantes hicieron el recorrido entonando una canción cuyo estribillo decía We shall overcome someday (nosotros venceremos algún día).

Para muchísimas personas de entonces y de generaciones posteriores, el discurso fue un alimento para la utopía, un empujón desde lo más profundo de los sueños e ilusiones, una apuesta política para la acción social transformadora, para seguir imaginando otras realidades posibles. Fue, tal vez, una de las primeras manifestaciones a favor de otro mundo posible. Entre sus logros, la marcha sirvió para que más tarde se aprobaran dos leyes fundamentales: la Ley de los Derechos Civiles (1964) y la Ley del Derecho al Voto (1965). También para que el doctor King fuera reconocido, en 1964, con el Premio Nobel de la Paz (pueden escuchar su discurso íntegro, subtitulado en inglés, en este enlace).

Entre otras cosas, el premio Nobel dijo en su discurso:

“Pero cien años después (de la proclamación de la emancipación firmada por Lincoln) el negro no es todavía libre. Cien años después la vida del negro está aun tristemente lisiada por los grilletes de la segregación y las cadenas de la discriminación. Cien años después el negro vive en una solitaria isla de pobreza, en medio de un vasto océano de prosperidad material. Cien años después el negro todavía languidece en los rincones de la sociedad americana y se encuentra desterrado en su propia tierra (…) Ahora es el momento de hacer realidad las promesas de la democracia; ahora es el momento de salir del oscuro y desolado valle de la segregación al alumbrado camino de la justicia racial.”

Se ha avanzado mucho desde entonces, pero como señalaba hace cinco años el periodista Hernández-Puértolas “el progreso de la población afroamericana ha sido espectacular en lo político, pero aún le queda un largo trecho por recorrer en la igualdad económica y un trecho un poco más corto en lo que respecta a la igualdad sociológica”.

También estuvieron en el atril con sus discursos los otros líderes del llamado “Big Six” conformado por dirigentes católicos, protestantes y judíos; junto a dirigentes sindicales. La cantante y artista Joséphine Baker fue la única mujer que tomó la palabra en el evento.

Además, hubo actuaciones musicales a cargo de Peter, Paul and Mary, con la canción “If I had a hammer”, y Bob Dylan con “Only a Pawn in Their Game” y “When the Ship Comes In“, acompañado de Joan Baez. La letra de esta última canción dice:

Oh the foes will rise / With the sleep still in their eyes / And they’ll jerk from their beds and think they’re dreamin’, / But they’ll pinch themselves and squeal / And know that it’s for real / The hour when the ship comes in / Then they’ll raise their hands / Sayin’ we’ll meet all your demands / But we’ll shout from the bow your days are numbered / And like Pharoah’s tribe / They’ll be drownded in the tide / And like Goliath, they’ll be conquered.

Se levantarán los enemigos / con el sueño aún en sus ojos / y saltarán de sus camas pensando que están soñando / pero luego se pellizcarán y chillarán, / y sabrán que es real. / Es la hora de que el barco llegue. / Entonces elevarán las manos / diciendo que aceptan sus exigencias, / pero desde la proa nosotros gritaremos que sus días están contados. / Y, como el ejército del Faraón, / se ahogarán en la marea; / y como Goliat, serán derrotados.

Programa de la Marcha sobre Washington del 28 de agosto de 1963

MLK hubiese cumplido noventa eneros el próximo año, y en este que estamos se cumplieron cincuenta primaveras de su asesinato. En su tumba en Atlanta, dentro del Martin Luther King, Jr. National Historic Site, está escrito “Free at last. Free at last. Thank God Almighty I’m Free at last” (“Libre al fin. Libre al fin. Gracias a Dios Todopoderoso soy libre al fin”). Pueden bucear en los archivos del Martin Luther King, Jr. Research & Education Institute para conocer más de la figura de uno de los padres de los derechos civiles de la población negra.

En aquella época hubo otras canciones históricas, algunas tal vez menos conocidas, pero no por ello menos provocadoras y esperanzadoras. Una muestra sería “People got to be free” de The Rascals

All the world over, so easy to see / People everywhere just wanna be free / Listen, please listen, that’s the way it should be / Peace in the valley, people got to be free

Todo el mundo, tan fácil de ver / Gente de todas partes simplemente quiere ser libre / Escucha, por favor escucha, esa es la manera que debería ser / Paz en el valle, la gente tiene que ser libre

Compartir un sueño, como hizo MLK, es una manera de buscarlo y poderlo construir. King no ha sido el único, Mahatma Gandhi, Rosa Parks, Rosa Luxemburgo, Nelson Mandela, Wangari Maathai, y otras y otros muchos, pero fue distinto.

Ese sueño de King estaba también en la “dream act” que promovió el presidente Barack Obama (Development, Relief and Education for Alien Minors Act), una ley de fomento para el progreso, alivio y educación para menores extranjeros que convirtió en soñadores (dreamers) a todas aquellas personas jóvenes que vieron una opción para llegar a alcanzar el famoso “sueño americano”, una réplica al sueño de MLK retomada por el único presidente “no blanco” de la historia de los EE.UU. Los “dreamers”, inmigrantes indocumentados llegados a la tierra en la que King promovió aquel sueño todavía hoy inalcanzable. Grandes utopías para la vida, para ayudarnos a caminar.

I still have a dream, un sueño profundamente arraigado en el sueño americano. I have a dream, que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo: que todos los hombres son creados iguales. I have a dream, que mis cuatro pequeños hijos un día vivirán en una nación en donde no serán juzgados por el color de su piel sino por las cualidades de su carácter. I have a dream today. (…) Let freedom ring.”

Portada del libro coordinado por Gutiérrez-Rubí

Como dice el doctor Federico Mayor Zaragoza en el libro citado, “Por fin, la palabra y no la fuerza. Por fin, la reivindicación de la igual dignidad de todos los seres humanos sin violencia.” Con la palabra, afirma, podemos pasar “desde una cultura de imposición, dominio y confrontación a una cultura de conversación, conciliación, alianza y paz.”

Y Gumersindo Lafuente, en ese mismo texto, avisa: “Han pasado 50 años y la lucha por los derechos básicos de las personas sigue hoy más vigente que nunca. Se ha avanzado mucho y los sacrificios de activistas como Luther King no han sido en vano, pero si no estamos atentos los retrocesos pueden ser aterradores.”

Para evitar posibles pesadillas es cierto que no hay que despistarse. Ahora no sirve el silencio, sino la palabra. Para denunciar, para no dejarnos ganar con promesas vacuas, para luchar contra el olvido y la desmemoria. No vale dejar pasar, sino pasar a la acción, para erradicar la dominación y la exclusión que, en forma de racismo o de cualquier otra hostilidad contra el ser humano, siguen estando vigentes y palpables; por eso es que debemos seguir imaginando y trabajando para que nuestros sueños de paz, igualdad y equidad se hagan realidad.

Las palabras de Martin Luther King, cincuenta y cinco años después, siguen acompañándonos para continuar soñando, I still have a dream.

Siete veces SÍ

Pero no hubo suficiente gente que lo dijera

Era un ejemplo de lo que debe ser la democracia participativa, una oportunidad para darle la voz de los votos a la ciudadanía en un tema tan importante como la lucha contra la corrupción.

El domingo 26 de agosto Colombia ha vivido una jornada especial, más de treinta y seis millones de ciudadanas y ciudadanos colombianos estaban convocados a votar en contra de la corrupción. Pero solamente lo hicieron algo más de once millones y medio de personas, apenas el treinta y dos por ciento. La desidia, la indiferencia, la poca confianza en las instituciones y las dudas sobre la validez de la consulta pueden haber sido algunas de las causas para que la democracia haya perdido el tren en el país con la democracia más antigua de América Latina.

Cartel promoviendo participar en la consulta anticorrupción

Después de este día no servirá de nada quejarse, ahora tocará “tragar entero” todo lo que nos caiga encima. La tuvieron ahí, como el penalti para ganar la copa del mundo de la participación democrática, y Colombia ni siquiera saltó al campo. Se quedó en los vestuarios esperando que otras y otros hicieran las cosas, y así no habrá manera.

Tal vez pueda parecer un sinsentido que haya que promover una consulta popular para decir NO a la corrupción, que debería estar asumido que la corrupción no puede formar parte de una sociedad democrática, pero no es tan así y por eso se emplazó a la población a decir radicalmente en las urnas que no se acepta la podredumbre de lo público a manos de unos gobernantes que llevan décadas acostumbrados a hacer de la política su cortijo particular para el enriquecimiento ilícito.

Pero visto lo visto, a mucha gente (más de veinticuatro millones de personas que no han acudido a las urnas) le importa un carajo que la estafen, que la roben, que le exijan sacrificios mientras unos cuantos se lucran a su costa. Ha sido un fiasco en toda regla. La ciudadanía no ha ejercido como tal, ha agachado la cabeza, ha metido el rabo entre las piernas y ha dicho adiós a la transparencia, a la honestidad y por ende a la democracia.

En este mundo de memes y de imaginación digital, que parece difícil de llevar a la realidad para que se concreten las acciones, no faltan las referencias a esta debacle del gobierno de la mayoría por medio de un simple y sencillo ejercicio de votación. Uno de esos memes reza así: “Había una vez un país tan corrupto que se necesitaban más votos para tumbar la corrupción que para elegir presidente”.

Eso parece este país, un cuento. Una tragicomedia alrededor de una farsa en la que se culpa a la política y a los políticos de un guion del que tal vez sea más culpable el pueblo por su dejadez, su pasotismo, su “qué más da”. Un pueblo que se flagela para purgar las culpas pero sigue pecando y bajando a los infiernos por su pobreza de espíritu y su falta de compromiso social y político. Colombia parece una fábula escrita para seguir repitiendo los desastres, para mantener la violencia por encima de la paz, la corrupción antes que la honradez, la indiferencia por encima de la solidaridad o la sospecha por delante de la confianza.

Hasta el actual presidente, del que no queremos imaginar qué marcó en el tarjetón, pedía, al momento de ejercer su derecho al voto, unidad a la ciudadanía para combatir la corrupción porque ésta “no es una causa de color político”. Pero la población no le ha hecho caso.

Esta diatriba no va contra aquellas personas que han participado, independientemente de lo que hayan marcado en la papeleta, sino contra la ignorancia y la estulticia de quienes no han sabido ver la importancia de una consulta como la que ha tenido lugar hoy. Porque once millones y medio de colombianas y colombianos, más de los que votaron a favor del actual presidente, sí han creído que era posible combatir la corrupción y defender, de una u otra manera, la paz, la democracia y la posibilidad de cambio.

La llamada consulta anticorrupción nació de una propuesta de las congresistas Claudia López y Angélica Lozano, quienes presentaron la iniciativa tras haber recogido más de cuatro millones y medio de firmas ciudadanas entre enero y julio de 2017. La propuesta había sido sancionada mediante decreto presidencial, después de ser aprobada unánimemente por la plenaria del Senado con ochenta y cuatro votos a favor y ninguno en contra. ¿Cómo puede ser que haya habido más compromiso entre la clase política, con todas sus falencias y corruptelas, que entre la ciudadanía?

Preconteo de los resultados de la consulta anticorrupción en la página de la Registraduría Nacional

Esta convocatoria ha supuesto la primera ocasión en que se realiza a nivel nacional una consulta popular desde que quedara legislada en la Constitución Política de 1991. Eran necesarios un mínimo de 12,1 millones de votos, un tercio del censo electoral, para que tuviera validez. Y cada una de las siete propuestas planteadas requería de seis millones ciento treinta mil papeletas con el “sí” para ser aprobada y convertirse en norma.

La consulta tenía siete preguntas en el tarjetón de votación que había que marcar con un “sí” o un “no” en cada una de ellas. Una era reducir el salario de congresistas de cuarenta a veinticinco salarios mínimos vigentes al mes (en 2018 es de $781.242,- pesos). Es decir, que se pide dejar a estos políticos con un salario mensual de “tan solo” diecinueve millones y medio de pesos.

En días anteriores a la votación, las redes virtuales se habían llenado de falsedades alrededor de la consulta buscando minar la participación y evitar su aprobación. Mentiras como que por cada voto las personas convocantes se llevarán cinco mil pesos, algo que no se da al ser una consulta llevada a cabo sin recursos del Estado, lo que no implica devolución de dinero.

A la legislación colombiana le faltan normas que permitan claramente, por ejemplo, que el Estado pueda dar por terminado un contrato de forma unilateral. Tampoco cuenta con mecanismos de control y sanción a la labor de las y los legisladores. No hay leyes estrictas que condenen a penas de cárcel a corruptos y que se les prohíba seguir contratando con el Estado.

Según un estudio de la Universidad Externado de Colombia, el país perdió por la corrupción, en el período 1991-2011, el 4 % del PIB. Eso supone un promedio de nueve billones de pesos por año (casi 3.000 millones de dólares al cambio actual).

Una vez más ha vuelto a ganar la abstención. Los siete mandatos, que en caso de haberse aprobado hubiesen sido de obligado cumplimiento por parte del Estado estableciendo su aplicación en el plazo máximo de un año, quedarán en los anales de la historia política, y tal vez jocosa, de este país.

De momento, ninguna de esas siete propuestas en forma de preguntas podrán cumplirse. La población no ha aprovechado la ocasión y la corrupción podrá seguir campando a sus anchas. Pero ojalá sea, como ha publicado Daniel Samper Ospina, el comienzo de un “silencioso movimiento ciudadano que se levantó sin ruido para pedir que el país cambie”. La maquinaría sigue siendo la gente, así que seguiremos apostándole a otra Colombia posible.

La radio en la comunicación

Un tributo al radio como medio y a la radio como espacio para comunicar y compartir

En el marco de la XII Semana Internacional de la Comunicación organizada por la Facultad de Ciencias de la Comunicación de Uniminuto se encuentra abierta al público la exposición “La radio en la comunicación, la comunicación en la radio”, una muestra de aparatos de radio que nos sitúa en la historia de este medio que nos ha acompañado a lo largo de casi 125 años.

Vitrinas con radios de los años 1930-1950 y la línea de tiempo de cinco décadas en otros tantos carteles informativos

El radio o la radio, en cuanto al aparato receptor, y la radio en cuanto al servicio de radiodifusión conforman eso que Gómez de la Serna llamaba “la imaginación sin hilos para contar cosas”. Con la radio podíamos, y podemos, oír y ver de otra manera.

La exposición de radios instalada en Uniminuto sede Principal es una oportunidad para observar los más de doscientos aparatos exhibidos. Una selección de elementos bajo la curaduría de un coleccionista que ve en los radios mucho más que un “simple” receptor. El profesor de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, Jorge William Montoya Santamaría, colecciona radios desde hace más de una década. Para esta ocasión nos muestra una selección de aparatos que van desde los años 30 a los 80 del siglo pasado.

Para el profesor Montoya, “Los radios no solo cuentan la historia de la radio como medio, sino también otras historias. Aquellas asociadas a los avances tecnológicos, al diseño, a los intereses comerciales o al uso de materiales. En los pequeños receptores quedaron plasmados los movimientos artísticos y de diseño”. Así, en la exposición se pueden observar desde un aparato representativo de la escuela de diseño de la Bauhaus hasta los modelos de Radio Sutatenza, pasando por un radio ecológico equipado con panel solar.

Esta exposición es, por la cantidad de radios, la más grande exhibida hasta ahora en Colombia. Como parte de las actividades de esta duodécima semana de la comunicación, habrá un conversatorio con el profesor de la Universidad Nacional alrededor de la comunicación y la radio para hablar no solamente del invento, de su historia, de los programas o de las voces, sino del objeto y de lo que ha supuesto y todavía hoy supone como elemento de comunicación para la transformación social. Bertolt Brecht pedía transformar la radio para que fuera mucho más que un aparato de difusión y se convirtiera en un dispositivo de comunicación.

Vitrina dedicada a Radio Sutatenza

Somos hijas e hijos de la radio, de países sonoros con memorias orales e historias narradas por emisoras radiales. Pensar en la radio es traer recuerdos con imágenes y sonidos en blanco y negro que pintábamos de colores dejando volar la imaginación. Es ese invento que, según Bertolt Brecht, “sería el más fabuloso aparato de comunicación imaginable de la vida pública, un sistema de canalización fantástico, es decir, lo sería si supiera no solamente transmitir, sino también recibir, por tanto, no solamente oír al radioescucha, sino también hacerle hablar, y no aislarle, sino ponerse en comunicación con él”.

Brecht tenía un compromiso con la radio como elemento fundamental para el cambio social, concienciando a través de las ondas para liberar el pensamiento. Llegó a compartir con Walter Benjamin una propuesta para convertirla en un verdadero medio de comunicación, aportándole “a la transformación revolucionaria de la sociedad, reconfigurando la práctica intelectual, teórica y artística al acercarla a las transformaciones sociales técnico-comunicativas.”

La radio ha sido el medio apropiado para la propaganda, para la educación o para el entretenimiento. Desde las radionovelas hasta las gestas deportivas o los hechos que han revolucionado la sociedad, la radio nos ha informado, entretenido, asustado y transportado. Es difícil igualar el valor emotivo, ciudadano y político de la radio. En su libro “Greguerías onduladas”, el simpar Gómez de la Serna decía: “El diablo envidia la radio como el órgano ideal para la tentación: ´¡qué lástima!, ¡qué lástima!` suele exclamar sintiendo haber dejado escapar la patente”.

Con la radio se han construido historias de vida y narrativas populares que han dado cuerpo a las identidades ocultadas. Desde la radio, y alrededor de la misma, se evocan recuerdos las reuniones familiares, los domingos deportivos, los programas emblemáticos y las voces destacadas de quienes nos llevaban las historias “pegadas” a sus inconfundibles voces.

Para un amante y defensor de la radio como Brecht, “Un hombre que tiene algo que decir y no encuentra oyentes, está en una mala situación. Pero todavía están peor los oyentes que no encuentran quien tenga algo que decirles”. Como nos contaban en “Historias de onda larga. Las memorias de la radio en Colombia”, todavía es posible conversar sobre radio, a pesar de la internet. En Uniminuto, la comunicación y la radio tienen qué decir y tienen quien les escuche.

Disfruten de la radio visitando la exposición que estará abierta hasta el sábado 25 de agosto y aprovechen para asistir a algunas de las actividades programadas en la XII Semana de la Comunicación. Además de esta muestra de radios, otra recomendación: no se pierdan la exposición “Buscando refugio para mis hijos” del fotoperiodista Javier Bauluz y su conferencia “Narrando las migraciones desde la fotografía”, el martes 21 de agosto a las 18:00 en el teatro de Uniminuto.

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Fals Borda

Un ser humano hicotea y sentipensante

A diez años de su muerte es momento de recordar-lo, de volverlo a pasar por el corazón para traerlo a la memoria y reivindicar su obra.

El 12 de agosto de 2008 fallecía uno de los grandes del pensamiento latinoamericano, el sociólogo colombiano Orlando Fals Borda. La noticia me pilló en el aeropuerto de Medellín regresando a España, el obituario no tuvo mucho eco al otro lado del charco. O al menos no el que uno pensaría que merecía un personaje de la talla de Fals Borda.

Foto del maestro Fals Borda tomada de internet

El doctor Fals Borda era un hombre-hicotea por su saber soportar los golpes de la vida, enfrentarlos y superarlos, imitando a ese quelonio que se encierra en su caparazón para resistir y re-existir mientras siente y piensa, para volver a salir como un ser sentipensante que une corazón y cabeza para juntar acción y pensamiento.

Nació en Barranquilla el 11 de julio de 1925 y falleció en Bogotá el 12 de agosto de 2008. Considerado el padre de la sociología en Colombia, era doctor en Sociología Latinoamericana por la Universidad de Florida (EE.UU.) llegando a ocupar, en el periodo 1959-1967, la decanatura de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia, primera en toda América Latina que él mismo contribuyó a fundar junto a, entre otros, Camilo Torres Restrepo, cura católico de la Teología de la Liberación y miembro del grupo guerrillero Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Su propósito era “crear una escuela de sociología sembrada en las realidades colombianas, mediante la observación y la catalogación metódica de los hechos sociales locales, aunque sin perder de vista la dimensión universal de la ciencia”, tal como se recoge en el prólogo del libro “La violencia en Colombia: estudio de un proceso social”, en colaboración con Germán Guzmán Campos y Eduardo Umaña Luna, que fue y sigue siendo, casi seis décadas después, un hito en la manera de abordar el estudio de la violencia en el país. Desde la sociología ejerció una gran labor como comunicador, destacándose como un estudioso de la realidad social con un enorme interés por los procesos de cambio social.

Su actividad política, muy cercana a los ideales del grupo M-19, le costó ser perseguido y detenido, tal vez porque, como también consta en el prólogo citado, abordó “situaciones y problemas sociológicos peculiares del medio colombiano, aun a costa de rasgar velos, tocar áreas prohibidas y desafiar la ira de intereses creados.”

Portada del libro “La violencia en Colombia” de Guzmán, Fals y Umaña.

Fals Borda invita, como dice Sánchez Lopera, “a continuar el alegre desorden de las jerarquías” convocándonos a resistir frente a la fuerza de los imperios para “conmocionar la colonia que aún hoy nos habita”. El sociólogo colombiano era un amante del mundo de las palabras, creía que sus contrastes y malinterpretaciones provocaban “cismas ideológicos”. Así decía de la palabra “subversión”:

“es una de aquellas que no se entienden sino para referirse a actos que van en contra de la sociedad, y por lo tanto designa algo inmoral. Sin embargo, llega el momento de preguntarse: ¿cuál es la realidad en que se mueve y justifica la llamada subversión? ¿Qué nos enseña sobre este particular la evidencia histórica? ¿Qué nos dicen los hechos actuales sobre los “subversores”, “antisociales” y “enemigos de la sociedad”? Una vez que se estudian las evidencias y se analizan los hechos, aparece aquella dimensión de la subversión que ignoran los mayores y los maestros, que omiten los diccionarios de la lengua y que hace enmudecer a los gobernantes: se descubre así cómo muchos subversores no pretenden “destruir la sociedad” porque sí, como un acto ciego y soberbio, sino más bien reconstruirla según novedosas ideas y siguiendo determinados ideales o “utopías” que no acoge la tradición. Como lo observaba Camus, el rebelde es un hombre que dice no, pero que no renuncia a su mundo y le dice sí, por cuanto en ello va el sentido de la conciencia de su lucha. Esta falta de congruencia consciente con la tradición puede ser muy positiva, y hasta constructiva. ¿No ocurre a veces que la falta de moral y el sentido encubierto de la destrucción se hallan precisamente en la tradición?”

Sus aportes para que la investigación social sirviera también para la transformación de la realidad se concentran en su método de Investigación-Acción-Participación que él consideraba una escuela metodológica y como un “paradigma alterno al desarrollismo norteamericano y al positivismo cartesiano”. Ya que para él, estos últimos eran “orientaciones ideológico-científicas que van hacia el ocaso.”

Su pensamiento y su acción son tan actuales hoy como cuando los escribió y los puso en marcha. Fue un transformador de las ciencias sociales que creía en la gente común, que estaba en contra del desarrollismo impuesto y que promovía que los subversores se unieran en su diversidad para buscar el cambio socioeconómico profundo que Colombia necesitaba y sigue demandando.

Para Fals Borda, como para muchas y muchos pensadores críticos latinoamericanos, la práctica antecede a la teoría “El problema de la relación entre el pensar y el actuar se resuelve reconociendo una actividad real de las cosas a la cual sólo se adviene por la práctica que, en este sentido, es anterior a la reflexión; allí se demuestra la verdad objetiva, que es la materia en movimiento.”

Destaca en la obra de Fals Borda esa manera suya de escribir los cuatro textos sobre la costa Caribe colombiana, su tierra y objeto de parte de sus investigaciones centradas en lo que se podría llamar la otra historia de la costa o la historia de la otra costa, ya que no se dedicó a escribir sobre lo más reconocido, sea en lo territorial, lo intelectual o lo cultural, sino sobre las otras y los otros, los secundarios o menos reconocidos. Esos volúmenes de “Historia doble de la costa” los redactó “en dos estilos o canales diferentes de comunicación”. Las páginas pares (a la izquierda) recogen “el relato, la descripción, el ambiente, la anécdota”, mientras que las impares (derecha) dan cuenta de la interpretación teórica respectiva, los conceptos, las fuentes y la metodología” de lo que aparece en las páginas enfrentadas.

El propio autor recomienda cómo leer esos “canales” comunicativos: “La lectura de cada canal puede hacerse de corrido independientemente, desde el principio hasta el final del libro. Sin embargo, la experiencia seguida por los lectores del primer tomo indica que es más productivo y pedagógico leer cada capítulo completo de un canal, seguido de la lectura de su contraparte del otro canal”.

Portada del segundo volumen de “Historia doble de la Costa”

Otra cosa que llama la atención es que, al indagar en esos otros territorios y en otras personalidades, recuperara al hasta ahora único, y olvidado, presidente negro de Colombia, Juan José Nieto “un niño fornido, de piel cetrina clara (o trigueña oscura), ojos zarcos verdosos, nariz recta y amplia, labios finos, cejas arqueadas y cabello negro medio rizado (…) Tanto la parentela de Nieto como la de Gil eran pobres. En ninguna de las dos figuraban poderosos señores ni funcionarios virreinales. Pero tampoco ninguno de sus miembros estaba sujeto a esclavitud ni servidumbre. Eran mestizos, mulatos, zambos, tercerones, cuarterones, quinterones, tentes-en-el-aire y blancos libres que, como sus descendientes en el mismo vecindario hoy —donde no existe el latifundio— vivían principalmente de la agricultura.”

El pensador barranquillero siempre buscó hacer que el hombre anduviera por caminos no vislumbrados, lo que “le hace pensar y le hace dudar, y así adquiere, quizá por primera vez, la conciencia de su condición vital. Esta conciencia es subversiva. Además, como la rebelión implica esta conciencia, y aquella en sí misma es constructiva, el subversor rebelde adquiere una actitud positiva hacia la sociedad.”

Siempre será un buen momento para evocar su memoria y su discurso, así como su “defensa del uso declarado de la imaginación y de la ideología en las pesquisas científicas.”

Crónica tica

Una mirada a otros territorios

En un lugar de Centroamérica, muchos años después del desencuentro, había un país chiquitico que, como casi toda la región, era prácticamente desconocido. Salvo que sucedieran cosas extraordinarias, su nombre no formaba parte de la agenda mediática.

Mi conocimiento se limitaba a saber que no tenía ejército, abolido desde 1948; que era muy rico en recursos naturales, concentrando casi el 6 % de la biodiversidad de la Tierra y teniendo protegida una cuarta parte de su extensión, y que contaba con un premio Nobel, Óscar Arias, el que fuera dos veces presidente, lo recibió en 1987 por su papel en las negociaciones de paz en Centroamérica. Solamente esas tres características le deberían hacer más que especial. Ese pequeño gran desconocido se llama Costa Rica.

Universidad de Costa Rica

Pero no quiero hablar de lo que es sino de los choques, entendidos como fuertes emociones o impresiones, que me ha producido visitarlo. El primero de ellos, que “nazcan” más vehículos que personas (según datos de “ojo al clima”, en 2016 se registraron más de ciento cincuenta mil vehículos nuevos frente a los setenta y cinco mil nacimientos).

El segundo, que la capital san José cuenta con 55 universidades. La mayor, por tamaño y número de estudiantes, es la Universidad de Costa Rica (UCR), pública y con unas instalaciones que ya quisieran muchas naciones más conocidas. Dicha institución nos recibió con las puertas abiertas y su gente con un abrazo fraterno.

Un tercer impacto, conocer de primera mano su belleza natural. Una salida de campo organizada por profesores de la UCR como parte de las actividades del encuentro de la Red Universitaria de Posgrados en Comunicación, desarrollo y cambio social (Redecambio), recorriendo 280 km de su territorio.

En una mañana húmeda, con cielo cubierto, un grupo de docentes y estudiantes, veintisiete en total de distintos países de Latinoamérica, salimos de san José hacia el noreste, pasando por el parque nacional Braulio Carrillo, atravesando numerosos ríos, el Sucio, el Costa Rica y el Jiménez, antes de llegar a Guacimo para desayunar junto al río Guacimito. Un plato de gallopinto (frijoles y arroz), con natilla (queso crema un tanto agrio), huevos, pan y café con leche.

El río Telire

Después, el río Pacuare, el Chirripo, el Banano, el Vizcaya, el Bananito,… y entre río y río, plantaciones de plátano y de piña. Todo ello en la región Huetar-Atlántico, hasta llegar a Suretka, en donde cruzamos en lancha el río Telire y un brazo del Lari para llegar a territorio indígena del cantón de Talamanca en la provincia de Limón. Allá, un bus nos lleva hasta Amubri, donde se sucede un choque más al compartir con las personas de la comunidad indígena bribri. Almorzamos en el salón comunal de la iglesia acompañados de Danilo Layan y la gente de la emisora indígena “La voz de Talamanca”. Una radio que cumplirá cuarenta años el 10 de febrero de 2019 y que cuenta con el apoyo del trabajo comunal universitario de la Escuela de Ciencias de la Comunicación Colectiva de la UCR.

La emisora cultural indígena emite todos los días de 5:30 a 7:30 y de 15:00 a 19:00 y cuenta, entre otras, con doña Celia y su programa sobre “mujer y familia”, doña Delfina y su periodismo rural, y Karina, una estudiante que habla a la audiencia sobre salud y medicina tradicional. Nos cuentan de su fiesta tradicional de septiembre que une a la comunidad: la jala de la piedra.

Emisora cultural indígena “La Voz de Talamanca”

Desde allí nos dirigimos hacia las afueras para compartir con doña Natalia Layan y visitar la Úsurë, la casa cónica tradicional bribri, en donde nos recibe el líder espiritual (awá) Justo Avelino, un joven guía que nos deja algunas reflexiones sobre quiénes son, su cultura y tradiciones. No son indígenas, ni poblaciones originarias, son, simplemente, “naturales”. Una afirmación que por obvia te desarma. Es el conocimiento y no la edad lo que determina la posición que se ocupa. Esos saberes se los da Sibö, que fue quien expandió la semilla de la que nacieron. Ellos no tienen religión, sino espiritualidad y su dios es el mismo de todos los hermanos porque vivimos bajo el mismo cielo.

Esa noche dormimos en “Ditsöwö ú”, la casa de maíz, un lugar de encuentro de culturas que forma parte de un proyecto bribri de turismo sostenible para el desarrollo de la comunidad y en el que se funden dos mundos. Allá no tuvimos ni piscina, ni aire acondicionado, ni televisor, solamente naturaleza, paz y libertad.

“Te invitan a conocer una manera muy diferente de vivir y ser. Comparten sus conocimientos sobre la cultura Bribri y te brindan la amistad. Uno se siente bienvenido y en familia. Ditsöwö Ú es una escuela de vida, un gran intercambio de ideas y sirve como un refugio para las personas que tienen amor para humanidad, y sienten profundo afecto por los pueblos indígenas y el medio ambiente.”

Ditsöwö ú, la casa encuentro de culturas

Al día siguiente, salida hacia Sixaola para encontrarnos con la población Ngöbe-Buglé, un colectivo nativo de la zona transfronteriza con Panamá que se asienta en el territorio desde tiempo inmemorial pero que no son reconocidos como nacionales costarricenses ni panameños. Son migrantes y extranjeros en su propia tierra, desplazados por los terratenientes, las hidroeléctricas o los gobiernos de turno. Alberto Jiménez, vicepresidente de la asociación indígena; Manuel Palacios, profesor cultural de niñas y niños indígenas, y Galletano Villagra, gestor cultural, nos cuentan de su historia.

Desde hace tiempo han tenido problemas al reclamar derechos, por lo que se aliaron con sindicatos como el de Japdeva (Junta de Administración Portuaria y de Desarrollo Económico de la Vertiente Atlántica). No tienen permiso de trabajo al no ser considerados nacionales, apenas hablan español y son explotados por las empresas, la mayoría extranjeras, que cultivan el banano y la piña. Incluso se rompió el motor que jalaba los bananos y ahora son ellos quienes los arrastran usando el mismo cable.

Un grupo de unos doscientos cincuenta lleva casi tres años en huelga para denunciar los abusos laborales a los que son sometidos. Pero su conflicto apenas afecta a unas multinacionales que no ven perturbada su producción y que se permiten contratar a otros trabajadores, incluso de la misma colectividad indígena. Pese a que les incumplen lo establecido en el convenio 169 de Costa Rica, la resolución judicial no llega. Con el apoyo de la UCR han avanzado en reivindicar respeto, en recuperar la autoestima y en visibilizar su situación.

Una de las empresas que mantiene conflictos laborales con la población indígena se publicita como “un centro de trabajo en el que reina la paz, el respeto y la comprensión mutua”

Terminamos la mañana almorzando en “El rinconcito de Gandoca”, cercano a la playa del mismo nombre que se enmarca en un proyecto de turismo comunitario dentro de la reserva nacional en la que se encuentra. Para iniciar la comida nos invitan a sincoya, una fruta similar a una chirimoya gigante.

De toda esta experiencia, agradecer su colaboración, hospitalidad y esfuerzo a Luisa Ochoa, Jorge Zeledón y Marvin Amador, profesores de la Universidad de Costa Rica que estuvieron en la organización de esta salida y en la del congreso de ALAIC.

De ahí regresamos a san José. Al día siguiente daban inicio los tres días del XIV Congreso Internacional de Investigadores de la Comunicación (ALAIC). Organizado por el Centro de Investigación en Comunicación, CICOM, de la Universidad de Costa Rica, sus diecinueve grupos temáticos y sus cuatro grupos de interés debatieron en torno a la comunicación en sociedades diversas desde horizontes de inclusión, equidad y democracia. Muy oportuno en un territorio diverso que, como muchos otros del continente, necesita ser visibilizado. Pero eso es otra historia.

Aprovechando esa visita, y que el 9 de agosto es el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, un recuerdo para Garabito, el rey indígena de Costa Rica, y para Pabru Presberi (Pablo Presbere) líder bribri de la región de Talamanca en Costa Rica que se levantó contra los invasores españoles en 1709 para evitar el desarraigo de las poblaciones naturales del territorio. A él se le atribuye el logro de que su cultura, tradiciones e idioma hayan subsistido hasta hoy. La Asamblea Legislativa de Costa Rica le declaró en 1997 “defensor de la libertad de los pueblos indígenas” y “benemérito de la patria en el área de defensores de la libertad”.

Las personas interesadas en conocer más sobre poblaciones naturales de este país pueden consultar la “Minienciclopedia de los territorios indígenas de Costa Rica” (Bríbrí pa éna kabëcar pa ërör SuLaʼ ìcha).

Para finalizar este viaje, un choque más. En el aeropuerto internacional de Costa Rica me encuentro con Geovanny Escalante. Lleva más de diez años tocando el saxo en el área de las salidas internacionales del aeropuerto. Tiene pase para poder acceder a las salas con todo su equipo. Además de su instrumento musical, se lleva un amplificador, sus partituras, algunos de los compact disc que ha publicado, una mesa y el datáfono para quienes le quieran pagar la compra de sus obras con tarjeta.

Ahora, no sólo podemos situar el territorio costarricense en el mapa sino abrirle un espacio en el corazón. Esto dicen que es pura vida. Es Costa Rica, territorio tico que también existe.

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