La comunicación y las metamorfosis sociales

A mitad de este año 2021 se ha publicado el volumen 53, núm. 98, de la revista Análisis, de la Universidad Santo Tomás (Bogotá, Colombia), un especial dedicado a la comunicación y su relación con las metamorfosis sociales.

Portada del nº 98 de la revista Análisis (USTA)

Que la comunicación y las relaciones sociales han sufrido una metamorfosis como consecuencia de la pandemia es cuasi una perogrullada; que las pantallas se han convertido, más si cabe, en protagonistas de las cuarentenas sufridas, también, y que el confinamiento ha sido el escenario de las obras de la vida representadas durante más de un año queda patente en su elección como palabra del año por la Fundación del Español Urgente (Fundéu-RAE).

Este número de Análisis ha pasado en silencio, pese al ruido que puedan hacer algunos de los artículos que recoge, entre las publicaciones del campo de la comunicación. En parte por su lanzamiento en el período intersemestral y también porque el volumen correspondiente al segundo semestre se publicó casi seguido.

Esta edición quería ser una “especie de ajiaco de Bogotá” (cual sopa de Wuhan[1]) en la que se “recogiera una parte del sentir académico bogotano, colombiano y latinoamericano en general, sobre lo que se estaba pensando durante la pandemia, sobre la pandemia y por efecto de esta”.

Partiendo de la base de que narrar, independientemente del lenguaje y del medio utilizado, nos ayuda a sanar y sanar-NOS, como ha quedado claro durante esta ya larga crisis sanitaria, se quería contar con “Relatos ´envueltos` por coronavirus o ´revueltos` por el virus” y con “Reflexiones tal vez no tan académicas, sino más bien sentidas, más del corazón que de la cabeza, cercanas a lo sentipensante”. Todo ello con la idea de contribuir a la lucha contra el miedo provocado por la covid-19, contra la pérdida de libertades y derechos y para que la dictadura del encierro no tumbara la democracia de las reuniones y de los contactos físicos y sentidos.

Queríamos que desde la experiencia docente e investigadora habida bajo la obligada virtualidad nos contaran y narraran los sueños e inquietudes provocados por la pandemia. Narrativas para soñar y “seguir existiendo en este mar de incertidumbres al que nos ha llevado a navegar el coronavirus sin dejarnos aprovisionar para la ocasión”, haciendo “añicos las seguridades de la anterior realidad” y que nos han llevado a una “nueva normalidad”, como si lo de antes fuera normal (si es que eso existe).

El volumen ha reunido una heterogénea selección de artículos; unos, directamente vinculados con la comunicación, las relaciones sociales y el coronavirus, y otros, fruto de reflexiones dispares pero provocadas y pergeñadas en estos tiempos difíciles. Así, pueden leer sobre: la agenda noticiosa creada por las redes virtuales alrededor de la violencia en Venezuela; la educación pública en Bogotá durante la pandemia, en la que docentes y orientadoras han tenido que recurrir a otras estrategias, críticas y transformadoras; la cobertura mediática de The New York Times a algunos de los tiroteos que sucedieron en escuelas de los Estados Unidos; el poder para la construcción de la realidad que atesoran las imágenes, preguntándose si estamos en un cambio de paradigma sobre su rol en la sociedad; la necesaria construcción de paz desde un ámbito como la enseñanza del idioma inglés; una mirada al proceso de inclusión de estudiantes afrodescendientes en la Universidad Santo Tomás en Bogotá; la concepción de la ciencia desde la diversidad cultural del profesorado de ciencias naturales y educación ambiental en Colombia; la educación como uno de los epicentros de las desigualdades sociales de las mujeres en el país andino; un acercamiento a la Ética de Spinoza para concluir que libertad y necesidad son conceptos plenamente compatibles; un abordaje de los posibles nexos existentes entre conocimiento y práctica humana a partir del libro VII de La República de Platón; una propuesta para abrir la posibilidad de coinstitucionalizar un pensamiento cívico, y por último, el que firma quien esto suscribe y que es una especulación acerca de la comunicación y el contacto en la pandemia a partir de un recorrido virtual por una pinacoteca ad hoc con obras que sirven como metáfora de lo que estamos viviendo.

El resultado es “una sopa intelectual y autóctona atravesada por la comunicación y por esas metamorfosis sociales sufridas en el mundo, para lo bueno y para lo malo, durante la pandemia en la que todavía nos encontramos y que nos debería llevar a reflexionar sobre esas frases de Hilel el Sabio que cita Bernard-Henri Lévy en Este virus que nos vuelve locos: ´Si no me ocupo de mí, ¿quién lo hará?`, pero ´Si solamente me ocupo de mí, entonces ¿qué soy?`”.

Si quieren saborear tan ecléctico ajiaco bogotano elaborado con viandas de producción nacional e internacional, lo pueden hacer en este enlace. ¡Buen provecho!


[1] Sopa de Wuhan, compendio de escritos de pensamiento contemporáneo publicados en el primer trimestre de 2020 en Buenos Aires por la editorial Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio.

Una feria de vanidades

Ni libros ni medallas, que no les confundan. En Colombia no ha lugar para ferias, aunque se sigan dando. Hoy imperan las balas, las que su policía dispara contra la población por ejercer su derecho a la protesta, y las monedas, las que el propio presidente se ha dedicado para que su imagen quede grabada en algún sitio más allá de en los anales de la estulticia.

Viñeta de Matador dedicada al presidente colombiano y su moneda (tomada del canal de Instagram del autor)

A este aprendiz de político, que sigue los dictados de su maestro, lo que le importa es figurar, que hablen de él aunque sea mal. Por eso se dedicó a presentador de televisión, a exprimir la economía con sus promesas naranjas y a formar parte de la numismática nacional. Revisen lo bien que lo retrata Matador en sus viñetas.

No deberíamos equivocar el objetivo de las manifestaciones, o al menos no dejar como diana solamente al presidente colombiano. Habría que preguntarse de quién ha sido la idea de concederle una condecoración española al gobernante más inútil de la historia del país. Pero también, de quién ha partido, en estos tristes tiempos que corren, nombrar a Colombia como país invitado de la Feria del Libro de Madrid. Sin ir más lejos, acaba de vetar al periodista y escritor Daniel Samper Ospina impidiéndole participar en un programa de televisión en el que el gobernante iba a someterse a las preguntas de los medios.

Durante el gobierno de este señor, al que el Estado español condecora y recibe con honores, se han sucedido cientos de asesinatos de líderes sociales (Indepaz reporta 116 solamente en lo que va de año), que en muchos casos también eran defensores ambientales de esa diversidad y vitalidad que aparece en el logo de la Feria; se han producido numerosas masacres, que el “insigne” presidente ha cambiado por el eufemismo de homicidios colectivos; se han reprimido con violencia, mucha más de la habitual y con participación de civiles disparando a sus paisanas y paisanos, las manifestaciones populares para reclamar paz, trabajo y dignidad; se han incumplido los acuerdos de La Habana que terminaron con los enfrentamientos con la guerrilla de las FARC-EP, que, a pesar de haber abandonado las armas, sigue poniendo una parte importante de los muertos; se ha negado a reconocer púbicamente, y a ponerle algún remedio, a algo que la mayoría ya sabía pero que los gobernantes no querían saber, que fueron seis mil cuatrocientos dos los falsos positivos, personas asesinadas y  presentadas como bajas en combate, entre 2002 y 2008, y se han seguido dando los mismos o más casos de corrupción de siempre, el último el protagonizado por la ya exministra de las TIC que ha hecho desaparecer 70 mil millones de pesos (aproximadamente 15 millones de euros al cambio actual) que deberían haber servido para llevar conectividad a las áreas rurales, mayoría todavía en el territorio, en las que niñas y niños no tienen acceso a internet (por cierto, la susodicha no se merece que su apellido se convierta en verbo, aunque sea para recordarnos que ha robado). Y podríamos seguir enumerando.

Datos del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz

Por suerte, la creatividad y el arte colombianos, no sólo su literatura, también su cine, su fotografía, su teatro, su música, su pintura y su escultura, están muy por encima de sus políticos y las políticas que practican, de sus legisladores y sus inacciones y de sus jueces y sus sentencias. Pero si el Gobierno colombiano invita a la Feria de Madrid a autoras y autores “neutros”, que otros organismos en el Estado español (ya sean organizaciones sociales, partidos políticos o editoriales) inviten al personal crítico para hacer contrapeso. No solamente o las y los conocidos, sino a toda una pléyade de jóvenes, y no tanto, que llenan la producción literaria, las salas de exposiciones, los teatros y los múltiples festivales al parque y a las calles que se dan en todo el país.

Si es el Gobierno español el que le premia, habría que sancionarle por anteponer los posibles beneficios económicos a la defensa de los derechos humanos y las libertades públicas. Claro, porque detrás de esa medalla debe haber un montón de intereses comerciales para que los buitres empresariales españoles “invadan” económicamente el país andino y echen a los cóndores de allá, a pesar de las muchas águilas negras que sobrevuelan el cielo colombiano.

Creo que es a todas luces injustificable el reconocimiento ofrecido al presidente de Colombia, tanto el de carácter político dado por el Gobierno español como el premio literario que supone que un presidente censurador represente a su país en la Feria del Libro de Madrid.

El testimonio poético de Alfredo Molano

La poética de las memorias de guerra en Colombia

Artículo publicado en Mundo Obrero

Ve la luz el libro de Farouk Caballero Hernández Molano testimonial. Poética de las memorias de guerra en Colombia, un trabajo de investigación sobre la poética de Alfredo Molano y su mirada al interminable conflicto armado colombiano publicado por desde abajo y FES Comunicación.

El trabajo de Caballero es una reconstrucción de la elaboración estética literaria de Molano, de su poética de la memoria de las guerras del siglo XX en Colombia, a partir de unos relatos que dejan ver el sinsentido de una historia de violencia que marca a sangre y fuego la realidad colombiana en sus algo más de dos siglos de existencia como país.

Las novelas testimonio, o testimonios novelados, de Molano cumplen con la exigencia planteada por el autor cubano Miguel Barnet de que estas obras deben “proponerse un desentrañamiento de la realidad, tomando los hechos principales, los que más han afectado la sensibilidad de un pueblo y describiéndolos por boca de uno de sus protagonistas más idóneos”. En el libro de Caballero se recoge una selección precisa de las voces de algunas de las personas que protagonizan los textos de Molano: campesinos, indígenas, guerrilleros, bandoleros o paramilitares, sin distinción de sexo o procedencia social.

En las obras de Molano se narran de forma clara las oscuridades de un siglo de guerras en Colombia: “Las historias de la lucha de guerrillas y de los pueblos marginales (mineros, indígenas, proletarios, campesinos, etc.) adquieren especial resonancia en la literatura testimonial”, lo que le llevó, como escritor que amplificaba las otras voces a ser señalado “por parte de las élites, como francotiradores intelectuales y revoltosos (izquierdosos en el caso colombiano)”.

Farouk Caballero destaca que “depende de nosotros llevar su mensaje a nuevas audiencias fuera del ámbito estrictamente académico. Cumplir con esa tarea es ampliar el dialogo y aprovechar de mejor forma el archivo polifónico que Molano, durante toda su vida, construyó”.

El autor afirma que “La libertad de creación no puede comprenderse como indiferencia política” por lo que, al leer las narrativas testimoniales “el espectador del testimonio literario, el lector, modifica su pensamiento a propósito de la guerra y los protagonistas que intervienen en ella. Habrá quienes se solidaricen con la causa campesina, o con las ideas guerrilleras o con el accionar paramilitar. Habrá quienes no lo hagan, pero de lo que no cabe duda es que sus historias amplían el panorama histórico. Las perspectivas de interpretación no serán unívocas, podremos creerles o no, pero al sentir los personajes es imposible desconocer su existencia histórica y su aporte literario”.

La lectura de la “dimensión estética” de la obra de Molano que hace Caballero “configura una fuerte crítica política, social e histórica de la realidad inmediata, rasgo que el testimonio adquiere del realismo crítico”. Molano testimonial. Poética de las memorias de guerra en Colombia es un libro necesario para entender no sólo la poética testimonial de Alfredo Molano, sino la realidad colombiana de los últimos sesenta años. Una realidad ignorada, y negada en muchos casos, que es analizada por Caballero a partir de las voces de las y los testimoniantes transcritas por la crónica narrativa y sociológica de Alfredo Molano, un testigo oyente de todas las atrocidades que nos podamos imaginar y que no parecen afectar a una sociedad desmemoriada que no quiere aprender de su propia historia.

Un texto poético y testimonial de la política, la vida y la muerte en un país que necesita escuchar las voces de las y los de abajo para salvaguardar la memoria, la de todas y todos los colombianos.

Una reseña de este libro ha sido publicada en la edición Colombia del mes de septiembre, año XIX – número 214, de Le Monde Diplomatique.

El son está de luto

Una muestra de respeto al caballero del son

Publicado en Mundo Obrero el viernes 3 de septiembre de 2021

Si Cuba es música y solidaridad, Adalberto Álvarez era y será son y amistad.

Adalberto Álvarez, el caballero del son (imagen tomada del concierto recogido en el canal de youtube de Bis Music)

La covid-19 acabó el primero de septiembre con la vida del caballero del son, pero su música seguirá viva eternamente acompañando los sonidos de la isla caribeña y los ritmos del mundo.

No muchas palabras, más bien numerosas notas musicales para recordar al gran maestro que nos ofreció su “son para un sonero” cantándole al trabajo y al amor; que nos puso “a bailar el toca toca” para olvidar las penas; a rezar cantando al sincretismo con “qué tú quieres que te den”; que versionó como nadie el “mami me gustó”, y que hacía mover el esqueleto con el “agua que cae del cielo” para borrar el desconsuelo.

Adalberto Álvarez era el Son 14 y el de todas y todos los cubanos. El compositor del pueblo que partió de Camagüey a La Habana y de Cuba pa´l mundo entero. Escuchen el concierto homenaje a un gran amante de la música que quiso cambiar el mundo a partir del son cubano, y quédense con ese trocito que le dedica Mandy Cantero, aproximadamente del minuto 15 al 17. Tampoco se pierdan la versión de “Vivir lo nuestro” que, del minuto 33:05 al 39:20, Tania Pantoja y Jorge Luis Rojas hacen de un clásico que Adalberto instrumentó y popularizó.

Que no pare la música y que viva el son, el de Adalberto Álvarez.

el jesús, un escuchador mestizo

Jesús Martín Barbero era, es y será un referente intelectual del mestizaje

Artículo publicado en el número de julio-agosto 2021 de “El mono azul”, el suplemento cultural de la edición en papel de Mundo Obrero (gracias a J.M. Martín Medem y a Gema Delgado, por invitarme a publicar este pequeño homenaje a el jesús, y también a las personas que me regalaron sus palabras sobre el amigo y el maestro).

Filósofo, comunicador, cartógrafo, mediador… en todas esas facetas de su vida intelectual el jesús ha sido, sobre todo, mestizo y escuchador.

el jesús durante una de sus clases (foto: Beatriz Múnera)

Académicamente se doctoró en Europa y humanamente en Colombia, dónde no sólo se encontró con la comunicación sino también con Elvira, su compañera de existencia, y con una ciudadanía que miraba de manera diferente la vida.

El maestro

En sus clases decía que había que escuchar, también a las y los estudiantes. Una de sus primeras prácticas era mandarlos a que escucharan la ciudad. Porque la base del diálogo es la escucha. Así, les pedía ir a la plaza de mercado de Paloquemao y a un supermercado de marca en un barrio señorial. Porque el Jesús siempre se preocupó por lo que la gente piensa, cree, lee, ve… escucha.

Afirmaba que la teoría crítica latinoamericana “oponía su provisionalidad y su impureza a la pseudo-madurez, la coherencia lógica y la pureza de la teoría dominante”. En sus abordajes teóricos se cuestionó acerca de la comunicación, esa aventura con la que se topó y que le llevó “a la choza-favela de los hombres, construida en barro y cañas, pero con radiotransistores y antenas de televisión”; un campo por pensar en el que se encuentran “la trama de palabra y deseo, de memorias y estructuras del sentimiento, de división social y discontinuidades culturales, de apropiaciones y resistencias que [los medios] median y con los cuales tejen las gentes el vivir de cada día”.

En sus viajes de la filosofía a la comunicación, y viceversa, dibujó nuevos mapas para caminar ambas haciendo sesudas y sensibles paradas en Ricoeur, Benjamin, Gramsci o Merleau-Ponty. En sus recorridos planteó nuevos retos, esos que siempre escribía apretando con fuerza el lápiz y separando con un guion los dos vocablos para resaltar su fuerza y construir un nuevo sentido, abordando la importancia de “re-ver el proceso entero de la comunicación desde su otro lado, el de la recepción, el de las resistencias”.

Un amante de la práctica comunicativa para la que demandaba reflexión y acción porque “si la reflexión no abre camino, obstaculiza; si no abre brecha por donde avanzar, paraliza”. Un apasionado de la palabra, a la que defendió de las garras de los teóricos “cuyo ruido nos está volviendo sordos”, sobre todo de la palabra que viene de otras narrativas y que quiere “abrirse camino desde el silencio de los dominados”. En suma, un crítico de la comunicación en su debate con el discurso y el poder.

Siempre lo hizo todo con su tono pedagógico, pero apasionado, para seguir buscando otros lugares desde el que hacerse nuevas preguntas. En esa búsqueda escarbó en las raíces de la relación comunicación-cultura, en Freire y en Fanon, para romper el silencio, la sumisión y la dependencia de un continente con “tantos pueblos forzosamente mudos, amordazados”. Por eso propuso diseñar un nuevo mapa cultural hecho “de continuidades y des-tiempos (…) a medio camino entre el pueblo campesino y el barrio urbano”; con otra idea de cultura, no excluyente, que permitiera reconocer la multiplicidad de las culturas.

También nos mostró cómo “pensar la comunicación a la vez como un proceso social y como un campo de batalla cultural” para luchar contra la dominación desde la conciencia del oprimido. Nos contó del escuchar, del hablar y del mirar “Todo ver implica un recíproco mirar”, lo que supone unas relaciones en las que se entretejen tanto “el esfuerzo por existir, el modo de vivir y trabajar” como el de “representar, la teatralización, la máscara y el rito, esa puesta en escena que es a la vez búsqueda y construcción del sentido, o del sinsentido del vivir”.

El amigo

Me atrevería a afirmar que el jesús ha tenido, y sigue teniendo, tantas amistades, estudiantes y seguidores como citas sus renombrados libros. Siempre tuvo su casa abierta para visitas. Rodeado de sus libros y sus collages, te recibía en su territorio, una habitación empapelada de libros y recuerdos, el computador permanentemente encendido y sobre el vidrio de su mesa de trabajo lecturas, apuntes y, siempre, un cuaderno listo para ser garabateado y un montón de lápices de colores para hacerlo.

El artículo publicado en “El mono azul”, suplemento cultural de Mundo Obrero (julio-agosto 2021)

Entre sus amigos, Omar Rincón, tal vez el más cercano, el más seguidor y el más discípulo, el que más le visitaba y escuchaba y quien más actividades y homenajes ha hecho con y por Jesús, se reconoce “fan de el jesús, por eso tal vez lo siento como un popstar, un rocker y hasta punkero: una celebrity del pensar distinto”.

Amparo Marroquín desea que “los recuerdos hermosos nos arropen” frente a su pérdida. Y reafirma que “el campo de la comunicación se ha fortalecido y complejizado con la mirada de Jesús, pero, sobre todo, con el regalo de su forma de dialogar con muchos otros. Nuestro maestro ha sido, para toda una generación, no el lugar de llegada sino el punto de partida para leer a otros y leernos en la complejidad que vivimos”.

El periodista, escritor y docente Germán Rey mezcla en sus palabras al académico y al amigo cuando asegura que “hizo de las ideas un camino, de las preguntas un modo de comprensión y de la dignidad humana un desafío irrenunciable”.

La investigadora Marita Mata le recuerda como ese amigo que le acompañó en dolores y amores y que le regaló su familia y sus colegas, “un tipazo que supo leer América Latina en clave de comunicación y cultura” y del que siempre tendrá presente esa afirmación martinbarberiana de que “las palabras había que hacerlas como los hijos… a medias”. 

Para el profesor Jorge Iván Bonilla, era una persona “con una capacidad elocuente para moverse en los lugares del ´entre`. De ahí su pensamiento de frontera, su mirada lateral y la atmósfera contaminada, pero a la vez nutritiva, en la que habitaban sus ideas, tan provocadoras y nada complacientes”.

Por su parte, la profesora Nora Mazziotti le consideraba “una de las personas más importantes” en su vida. Como maestro, “porque su obra (me) abrió caminos, incorporó preguntas, hizo visibles temas, relaciones y miradas que hasta ese momento no eran tenidas en cuenta”; como amigo, porque fue “cómplice, cariñoso, apasionado y leal hasta la médula”.

El poeta

En su producción poética se juntan el amor por Elvira y por Colombia, donde descubrió el mundo bebiendo en el Magdalena, velando el sueño al Cauca y clavando su tienda en la sabana bogotana con su compañera y socia, tan presente en su poesía como en su vida.

En el poema El guerrero y el árbol, escrito hace más de medio siglo, adelantaba la realidad colombiana de hoy

“un pueblo nuevo

que ya quiere reconquistar su nombre y que le sobra

dignidad y coraje para enfrentarse al odio y la mentira

durante tantos años amasada.

Ha desamordazado las palabras y los colores,

anda buscando a gritos su verdad sepultada

bajo siglos de barro y está desenterrando

sus raíces para encontrar su voz.

Y ya la tiene,

más viva que ninguna en el planeta,

forjada en fuego antiguo, insobornable,

cruda como la luz que la alimenta”.

El jesús está con todos nosotros, con los de antes y con los de después, que seguirán leyéndolo como un referente de la comunicación y la cultura. Como un buen ser humano, de palabra y de acción “La palabra explicita la conciencia que viene de la acción y hecha pregunta horada el espesor macizo de la situación, rompe el embrujo de la pasividad frente a la opresión”. Un pensador de la comunicación desde la cultura que hacía uso de “palabras generadoras” (Freire) para “instaurar el espacio de la comunicación”. Algo para lo que decía que hacían falta solamente tres cosas: pensar con la propia cabeza, tener qué decir y ganarse la escucha. En eso era todo un maestro, un escuchador mestizo.

Paredes que comunican

El libro Paredes que comunican. Las pintadas como expresión ciudadana ha sido publicado en Colombia por la editorial desde abajo con el auspicio de FES Comunicación.

Publicado en Mundo Obrero el 13 de agosto de 2021

Portada, contraportada y solapa del libro

El texto ha tenido su lanzamiento oficial el viernes 6 de agosto en el parque Bicentenario en una típica tarde bogotana, con ese cielo que siempre nos sorprende y pasa de azul intenso a gris bucólico, amenazada por la persistente lluvia garciamarquiana y en la que, además, la ciudad cumplía el 483 aniversario de su fundación.

También ha sido presentado el lunes 9 en “La valija de fuego”, una particular y emergente librería-café-editorial que quiere ser un espacio para la tertulia con los libros como alimento esencial.

Las expresiones ciudadanas a través de las pintadas

El volumen se conforma alrededor de esas manifestaciones plasmadas en los muros que recogen las otras narraciones, las que están al margen de la historia oficial, y en el que han participado tanto artistas que las realizan como quienes se dedican a documentarlas y pensarlas.

Coordinado y editado por Iñaki Chaves y publicado por FES Comunicación y ediciones desde abajo, el libro reúne reflexiones en torno a todas esas expresiones englobadas bajo el término pintadas y que comprende los grafitis, los esténciles, las pegatinas y demás técnicas para decir públicamente en las paredes los sentires de personas y colectivos que no se sienten representadas en otros medios.

Un grupo de unas cuarenta personas, entre las que se encontraban algunas de las participantes en el libro como Omar Rincón, Andrés Gaitán, Keshava, Johanna Ramírez, Carlos Novoa o DJLu / Juegasiempre, estuvieron presentes en un evento en el que se invitó a los asistentes a que plasmaran su pintada en los paneles blancos de cartón corrugado instalados al efecto y cuyos resultados, junto a una imagen seleccionada de cada uno de los capítulos del libro, quedarán expuestos en la galería del túnel de san Diego de la capital colombiana.

Johanna, DJLu, Iñaki, Keshava, Carlos, Andrés, Ricardo y Omar tras el lanzamiento del libro (foto: Beatriz Múnera)

El libro no pretende ocupar y derribar paredes, sino hacer que los textos y dibujos de esos mismos muros queden reflejados para gritar con ellos, para que tengan, además de en las bibliotecas, un lugar en el imaginario y un espacio en la memoria que nos permita recordar que las paredes comunican, que la comunicación, igual que la belleza, está en las calles y en las gentes que las viven y las pintan.

En unos tiempos en los que, desde el pasado 28 de abril, numerosos colectivos de la sociedad colombiana se han tomado las calles y las paredes para expresar su descontento con sus gobernantes y el sistema político que los rige, presentar un libro que aborda una parte de esas expresiones plasmadas en los muros es una tarea que complementa las múltiples actividades que están demandando libertad, derechos y justicia social para una mayoría de población que se siente excluida.

Se trata de poner en valor las pintadas, su papel como mecanismo de participación política en el espacio público y a las gentes que las practican y que las piensan como parte de una ciudadanía comprometida y activa. Ciudadanía cívica y no vandálica, política y no violenta, artística y crítica.

Tal como está escrito en la presentación “Las pintadas y sus artistas forman parte de la representación de la comunicación ciudadana en el teatro del mundo. Ese escenario del que todas y todos formamos parte y en el que debemos actuar y ser protagonistas de las necesarias transformaciones de la sociedad con nuestras narraciones y expresiones. En este caso pintando los muros para que hablen”.

Alguien que se dedicaba a pintar era Diego Felipe Becerra, un joven estudiante y grafitero de 16 años que fue asesinado por un policía y de cuya muerte se cumplen diez años en este mes. Conocido como Trípido, sus armas eran los aerosoles con los que pintaba los muros de su ciudad. Como dijera Norman Mailer “En un acto criminal siempre hay arte, pero los grafiteros están en el extremo opuesto de los criminales porque viven todas las fases del crimen para cometer un acto artístico”.

Keshava, Iñaki Chaves y Omar Rincón durante la presentación del libro en la librería La Valija de Fuego (foto: Beatriz Múnera)

Se hace necesario reivindicar a todas las personas que se dedican, por afición, por amor al arte o para demandar justicia, a llenar de color los grises muros con sus pintadas de ilusiones, quejas, sueños, inconformidades o esperanzas.

Las pintadas son la manera de referenciarse ante la sociedad de personas y colectivos muchas veces ignorados, excluidos o señalados. Expresiones que forman parte de la representación de la comunicación ciudadana en ese escenario del mundo del que todas y todos formamos parte y en el que debemos actuar y ser protagonistas de las necesarias transformaciones de la sociedad con nuestras narraciones.

Paredes que comunican es un libro dedicado a “la memoria de todas las personas que a lo largo de la historia se han jugado la vida por expresarse libremente por cualquier medio y soporte en el espacio público”.

Siempre es 26

Cuba nuevamente en la palestra de la actualidad como objetivo mediático

(publicado en Mundo Obrero el 27 de julio de 2021)

La ideología es motor para avanzar y vencer y en cuanto a la ideología para nosotros siempre es 26. Como reza la canción de Carlos Puebla, siempre es 26; y Cuba siempre es motivo de crítica, independientemente de la fecha, y cualquier ocasión es aprovechada para intentar tumbar la resistencia al capitalismo, o lo que sea que lleva haciendo la revolución desde 1959.

(foto: Iñaki Chaves)

Que si dictadura, que si el único reducto del socialismo, que si falta de libertades, que un ejemplo en la salud y la educación, que si sí o que si no. Cualquier motivo es bueno para volver la mirada a la isla y atacar su actuar, sobre todo si con ello desviamos la atención sobre otros asuntos.

Con Cuba todo es un choque. Para los que seguimos creyendo en otro mundo posible y mejor, el país que tumbó a un dictador y sus prácticas de lujo y de explotación y que fue capaz de rechazar una invasión de su vecino del norte sigue siendo un referente, con todos sus peros, de que las cosas se podrían hacer de otra manera.

Hoy parece que es trasnochado defender a Cuba y su revolución, o lo que queda de ella, o a su sistema político y social, tan al margen de las otras formas de gobernar de los países “demócratas”.

Opiniones

Dice Zibechi que ya no es tiempo de revoluciones como la cubana, que ahora se necesita contar con los otros protagonistas: juventud, colectivos medioambientales, grupos lgbti… todo eso “alternativo” a lo habitual. Puede que esté en lo cierto.

Por otro lado, Frei Betto afirma que la ruleta de las urnas, depositando un voto cada cuatro o x años no garantiza la democracia. Puede que tenga razón.

Y Pascual Serrano escribe que “Hemos pasado de unas dictaduras donde se ocultaba la información en nombre de la seguridad del Estado a unas ´democracias` donde se difunde información falsa en nombre de la ´libertad`. Lo que es bastante certero.

Lo que sí creo es que no podemos utilizar los raseros de medir en función de los intereses particulares y de los tiempos concretos que hagan que se ajusten a lo que queremos. Cuba resiste, pese a todo, en las condiciones que casi todo el mundo conoce, y el que no, se las inventa según lo que quiera respaldar.

Los hechos

En Cuba hay un bloqueo que dura seis décadas, eso es innegable que afecta al “normal” funcionamiento de cualquier colectividad. Además de ser una “excusa” para quienes defienden la revolución y una “casualidad” para quienes la atacan. Los primeros quieren que desaparezca el embargo para poder funcionar con “libertad”, y los segundos le apuestan a que el bloqueo se levantará cuando la mayor de las islas del Caribe acepte las elecciones “libres y democráticas”.

Entre tanto, producen vacunas contra la actual pandemia, pero no cuentan con suministros para inyectarlas. Esta carencia es “culpa” de la revolución, el logro médico no es un triunfo del sistema.

Durante años el personal médico cubano ha estado prestando su apoyo en cualquier lugar del mundo sin pedir plata a cambio. Que algún miembro de sus equipos sanitarios aproveche la misión para pedir asilo es una muestra de que la revolución no funciona. Que los demás regresen y se sigan formando como especialistas reconocidos mundialmente no es un valor del régimen socialista cubano.

Los medios

A estos, por lo general, hay que darles de comer aparte. Es aparecer un tema relacionado con Cuba en la palestra informativa y se lanzan como aves carroñeras a ver qué pueden arrancar y cómo acaban con la revolución desde sus púlpitos. Pero, la mayoría de las veces sin criterio y sin poner en contexto las realidades.

Por ejemplo, una frase en The New York Times edición digital del 13 de julio de 2021 al hilo de las “numerosas” y “nutridas” manifestaciones en la isla contra sus gobernantes:

“En todo caso, como reporta desde Washington nuestra colega Lara Jakes, la inestabilidad en la región obliga a la Casa Blanca a encarar los desafíos a las democracias vecinas”.

¿La Casa Blanca “obligada”, por culpa de los “desafíos” de las “democracias vecinas”? El mundo está lleno de políticos ambigüos y sus sesudos eufemismos con los que suavizan lo que quieren o agravan lo que no les gusta. Y no lo digo por las “democracias vecinas”, tal vez se les ha ido una errata al meter en esas democracias a Cuba, sino por esas otras “democracias oficiales”, miren a su alrededor, que cada vez lo son más en el papel, pero no para sus gentes y en las calles.

Otra frase de tintes poéticos: “Ya llegó la temporada de huracanes y el Caribe se ha convertido en escenario de un vendaval de inestabilidad y tormentas políticas”.

Algunas con medias verdades: “Haití sigue intentando averiguar quién está detrás del asesinato de su presidente, Jovenel Moïse, ocurrido la semana pasada, mientras distintas facciones políticas se disputan el control del país”. ¿Pero no hay ya detenidos varios militares colombianos? Perdón, exmilitares. ¿Se acuerdan de las cortinas de humo de la película Wag the dog, o de las estrategias de manipulación masiva de Tymsit?

O con afirmaciones tendenciosas: “Cuba, por su parte, es escenario de protestas inéditas: las manifestaciones del domingo, una expresión de descontento ante la escasez de alimentos y medicinas, rápidamente fueron reprimidas por la policía”.

¿Dónde quedan las manifestaciones, mucho más numerosas, de quienes respaldan la Revolución?, ¿dónde el reconocimiento a la labor médica cubana con, incluso, sus dos propias vacunas para la covid-19?, ¿qué hay de esa educación pública, gratuita y de calidad para cualquier cubana y cubano?, ¿qué efecto tendría en otro lugar el bloqueo interminable, como la historia de Ende, y del que nos olvidamos cuando interesa?

Esperen, que hay otra frase más fuerte: “Joe Biden, expresó su solidaridad con los ciudadanos al declarar: ´Apoyamos al pueblo cubano y su clamor de libertad y alivio del yugo de la pandemia y de décadas de represión y sufrimiento económico al que ha sido sometido por el régimen autoritario de Cuba`”.

Eso en el país en el que puede ocupar la presidencia, y eso significa que la población le ha votado porque allá si hay una “verdadera” democracia, aunque no sea el pueblo el que elige directamente a su presidente, cualquier descerebrado negacionista, tanto del cambio climático como de la pandemia; en el que un grupo de “ciudadanos cabales” asalta el Congreso disfrazados; en el que un huracán muestra sus carencias y su falta de sanidad pública de calidad para las personas menos favorecidas; en el que siguen promoviendo el racismo con el que no dejan respirar, sobre todo a la población afro y menos aún a los pocos miembros de los indígenas originarios que quedan, y en el que el uso de armas se ve como un derecho aunque causen decenas de muertes de gente inocente todos los años. Ah, y que acepta como si nada los daños colaterales; que invade otros países independientes por la más mínima sospecha de que cuentan con armamento del que ellos venden; que tortura en sus bases repartidas por todo el mundo; que tumba regímenes por no ser, en su opinión, “democráticos”, para instaurar otras dictaduras; que ve enemigos en aquellos países que tienen petróleo bajo las arenas de ellos… en fin, todo un ejemplo. Y a eso se añaden los adláteres, que son muchos, que en el mundo siguen sus diatribas y tejemanejes.

Las cifras

En el mismo medio de información: “Por estos días, el país vive unos de los momentos más críticos de la pandemia: el viernes rompió su récord de casos y el día de las protestas, el domingo, volvió a romperlo. Ahora la isla registra más de 34.000 casos activos del coronavirus”.

Según datos de la Johns Hopkins University, para nada sospechosa de revolucionaria, y uno de los organismos que ha hecho un seguimiento juicioso a la pandemia y su evolución en todo el mundo desde sus inicios; a las 10:48 hora de Colombia, 17:48 hora española del lunes 26 de julio, los casos mundiales de coronavirus eran de 194.354.288, las muertes en todo el planeta alcanzaban la cifra de 4.163.220. Por territorios, en EE. UU. había 34.453.851 positivos por covid-19 con 610.912 personas fallecidas; mientras que, en Cuba, las afectadas eran 332.968 y las muertas 2.351. Hagan sus cuentas del número de muertes por el número de afectados y verán en qué país golpea más duro la pandemia.

Claro que dirán que las cifras en la isla estarán manipuladas por los diablos comunistas. En fin: ¡Viva la paz, pero la que implanten ellos!; ¡viva la libertad, pero no la de los demás!

El otro 18 de julio

Día Internacional Nelson Mandela

Publicado en Mundo Obrero el 19 de julio de 2021

Ese día de 1918 nacía en Mvezo (Sudáfrica) Nelson Rolihlahla Mandela, también conocido como Madiba.

En 2009, mediante la resolución 64/13, la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió nombrar el 18 de julio como el Día Internacional Nelson Mandela para rendir tributo a un defensor de la paz, la democracia y la libertad. Madiba fue, durante toda su larga vida, un ciudadano universal y un servidor y defensor de las libertades públicas, la paz y los derechos humanos.

Un estadista de talla mundial y un humanista que fue capaz de mirar a sus enemigos a los ojos y ponerse en su lugar para tratar de comprenderlos. Un líder que poseía, como escribió Todorov, “una extraordinaria combinación de sentido político y virtud moral” y un político capaz de reconocer que no lograría sus objetivos, difíciles, de paz y reconciliación si tomaba el camino, fácil, de la venganza.

Él ha sido uno de mis “navegantes”, una de las personas que ha marcado las rutas de mi travesía y que le ha aportado sus valores intangibles al ideal de construcción de una sociedad más libre, más respetuosa y socialmente más justa. Con su lucha y sus acciones inspiró y llevó a cabo un verdadero cambio social, una metamorfosis que consiguió tumbar el racista y excluyente sistema político del apartheid sudafricano, que se convocaran elecciones libres y ser elegido el primer presidente negro de Sudáfrica.

A pesar de los veintisiete años que permaneció en prisión, Mandela estaba convencido de que: “Lo más fácil es romper y destruir. Los héroes son los que firman la paz y construyen”. Me atrevo a sugerir que ese es el camino del que debían tomar ejemplo muchos países, incluida España, con esa deriva fascista que se está imponiendo en las calles y en cierta parte de la política y de los medios, y también Colombia, cuyo acuerdo de paz de 2016 está siendo continuamente pisoteado y cuya sociedad sigue expuesta a la exclusión y al arbitrio de unos gobernantes ciegos y sordos frente a las realidades de su país.

Para alcanzar la paz social son necesarias la memoria y el diálogo

Mandela hizo de la cultura del diálogo el eje central de su actividad política, poniendo la reconciliación y los principios por encima de la venganza y el poder. Eso es lo que su figura ha inspirado a miles de personas en el planeta, su apuesta por la esperanza por encima del miedo y por el desarrollo equitativo para su país por delante de las prisiones a las que le condenaron en el pasado.

A Colombia parece que no le ha servido de mucho, o de casi nada, el premio Nobel de la Paz concedido en 2016 al anterior presidente de la República. Algo muy en la línea con ese particular realismo mágico colombiano, con esa realidad maravillosa y trágica que supone dar un premio a la paz al mandatario de un país en guerra.

Menos mirar el patio del vecindario para criticar y más tomar conciencia de lo que hay en el jardín de tu propia casa. Mandela es el ejemplo; por eso, celebremos el otro 18 de julio.

Desobediencia

La resistencia pacífica frente a la violencia del poder

(publicado en Mundo Obrero el 14 de junio de 2021)

La desobediencia civil forma parte intrínseca del ejercicio de la ciudadanía como un derecho, una manera de estar en contra de las leyes injustas; aquellas que excluyen, marginan y mantienen la desigualdad latente en la sociedad. También forma parte de la lucha contra la inacción, la omisión o la dejación de funciones para activar políticas incluyentes e igualitarias.

Las manifestaciones que se llevan dando en Colombia desde el pasado 28 de abril se pueden considerar desobediencia civil porque cumplen con las dos premisas que señalaba Fernández Buey de que se ejerza públicamente y que se haga de manera pacífica. Aunque se les acuse de vandalismo como estrategia comunicativa para poner en su contra a esa población mediáticamente analfabeta. Además, las personas y colectivos en lucha son conscientes de sus acciones y están comprometidas con la sociedad colombiana. Su comportamiento no está “movido por el egoísmo personal o corporativo, sino por el deseo de universalizar propuestas que objetivamente mejorarán la vida en sociedad”.

Aceptan la democracia, pero no esa que están poniendo en práctica sus gobernantes. Ejercen la desobediencia civil y la resistencia como parte esencial de esa supuesta democracia participativa reconocida en la Constitución Política de 1991:

“El pueblo de Colombia, en ejercicio de su poder soberano (…) y con el fin de fortalecer la unidad de la nación y asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz, dentro de un marco jurídico, democrático y participativo que garantice un orden político, económico y social justo”.

Las acciones ciudadanas en marcha son una manera de poner en la calle el artículo 95.5 de su constitución (Participar en la vida política, cívica y comunitaria del país) y de profesar lo establecido en el 95.4 (Defender y difundir los derechos humanos como fundamento de la convivencia pacífica).

El Gobierno colombiano, por el contrario, parece desconocer su propia carta magna y se enroca en ser un poder sordo sostenido contra toda decencia democrática por un brazo armado que conculca sistemáticamente los derechos civiles. Un Gobierno que se ha encontrado con la fuerza de una movilización ciudadana que, pese a las acusaciones infundadas sobre vínculos guerrilleros, castrochavistas o revolucionarios, está cimentada en la solidaridad y el compromiso del pueblo con la lucha por una vida digna.

Apelar al deterioro de las fuerzas de producción por culpa del Paro Nacional es ignorar que esas fuerzas son (Sacristán dixit) más de destrucción (de la dignidad de la clase trabajadora, del empleo decente o de la naturaleza, entre otras) que de creación de verdaderas condiciones para el crecimiento de la población y del país.

De H.D. Thoreau, pasando por L. Tolstoi, M. Gandhi o M. Luther King, hasta llegar a A. Haidar y a la joven G. Thunberg, la ciudadanía colombiana movilizada está dando muestras de su desobediencia civil legítima y justa. La plataforma El Derecho a No Obedecer, “de iniciativas ciudadanas para explorar nuevas formas de participación desde la desobediencia”, ha creado, con motivo de estas acciones ciudadanas, la campaña Expulsar para Soñar cuyo objetivo es “conversar sobre la importancia de los símbolos y las nuevas narrativas como una acción de Expulsión No Obediente”, proponiendo dejar de lado las agresiones y los egoísmos para construir solidaridades que transformen la sociedad.

Un proyecto de “formación política no electoral” que se inspira en la obra de Fernando González, el brujo de otra parte, el caminante a pie que afirmaba que “en Colombia hay muchos doctores, muchos poetas, muchas escuelas y poca agricultura y pocos caminos”, lo que hacía que faltara pensamiento crítico “Los pueblos en los que la juventud no piensa, por miedo al error y a la duda, están destinados a ser colonias”.

El denominado paro nacional que lleva vigente en Colombia desde hace ya cuarenta y cinco días es una muestra palpable de que, por fin, el pueblo ha decidido pensar y poner en marcha lo que su pensamiento le está diciendo, que hay que luchar contra las injusticias, que ya está bien de crímenes de Estado, de desapariciones forzadas, de violación de derechos y de desigualdad social.

Camus respaldaba, con su defensa a ultranza de un periodismo libre, el derecho de la ciudadanía a construir su propia libertad. El autor argelino ponía la desobediencia como uno de los requisitos para ejercer libremente el periodismo “Frente a la creciente marea de la estupidez, es necesario también oponer alguna desobediencia”, defendiendo “servir a la verdad en la medida humana de sus fuerzas” o “al menos rechazar lo que ninguna fuerza le podría hacer aceptar: servir a la mentira”.

Desobediencia en las calles colombianas

Por su parte, Fernández Buey, al analizar la propuesta desobediente de Gandhi, afirmaba que: “la desobediencia civil no comporta anarquía sino crecimiento social, siempre que el Estado reprime la desobediencia civil lo que en realidad está haciendo es tratar de aprisionar la conciencia”. Para el autor español, la desobediencia civil es “una forma excepcional de participación política en la construcción de la democracia”.

Un recuerdo para un desobediente colombiano que nos ha dejado: don Raúl Carvajal, un ciudadano que se pasó meses con su furgoneta aparcada en la carrera séptima con la actual avenida Misak denunciando y reclamando justicia por la muerte de su hijo soldado por no acceder a entrar en la práctica criminal de los falsos positivos.

Tal vez la pregunta que todo el mundo debería plantearse es la que el maestro Gonzalo Arango se hizo, y le hizo, a Desquite “¿No habrá manera de que Colombia, en vez de matar a sus hijos, los haga dignos de vivir?”

¡GRACIAS, JMB!

Al Jesús, al maestro que no se va y al amigo que no nos deja

Pensé dejarlo solamente así, un grande, sencillo y contundente ¡GRACIAS!, pero creo que a él le debo explicárselas, puesto que fue lo último que me escribió en un correo electrónico: “Muuuuuuuuchaaaaaaaaaas gracias, Iñaki”.

Gracias a ti, al Jesús

Por tu mestizaje fruto de la circunspecta meseta castellana y la abierta sabana bogotana

Por sentir ese escalofrío epistemológico que te llevó a pensar que había que cambiar el lugar desde el que nos hacemos las preguntas

Por mezclar tu alma filosófica con tu corazón comunicador

Por tus palabras y tus acciones

Por meterle país a la universidad

Por tus cartografías nocturnas para construir sentidos

Por ser ese guerrero que nos invitó a soñar, o sea a reinventar el mundo y la vida

Por tu poesía crecida al frío de las cartillas de racionamiento y al calor de tu madre

Por haber clavado los cordeles de tu tienda, junto a Elvira, en las tierras colombianas

Por enseñarnos que el amor es el revés del tiempo

Por tus collages viajeros y sus historias, desde Benjamin a Ricoeur, anclados en tu estudio

Por preguntarnos ¿A qué sabe algo que tiene el sabor de muchos años?

Por todas tus mediaciones que han articulado tanto y han influido a tantas y tantos

Por todo lo que nos has enseñado en tu fructífero y machadiano caminar

Por devolverme “un chorro de luz latinoamericana” para que trazara “caminos sobre la mar”

Por respaldarme, por trabajar conmigo, por prologar mi libro…

Por estar ahí, por ser un MAESTRO, por ser un AMIGO

Gracias, sin más y sin punto final

Hasta siempre, el Jesús

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