Antonio Nariño

Lector, impresor y comunicador

Antonio Amador José de Nariño y Álvarez había nacido en santa Fe de Bogotá el 9 de abril de 1765, el mismo día en que 183 años después asesinarían a otro prócer colombiano Jorge Eliécer Gaitán.

NariñoGrafiti en honor de Nariño elaborado por Toxicómano, Lesivo y Erre.

A los doscientos cincuenta años de su nacimiento, Colombia ha declarado el año dos mil quince como el Año Antonio Nariño. El autor de La bagatela, una de las primeras publicaciones editadas en el país andino, fue un creador multifacético. De esa edición él mismo advertía “El título del presente no nos provee de voces técnicas para engañar al público; pero en recompensa tiene la gran ventaja de que los críticos no pueden ejercer su saña contra él; porque mientras más se empeña en querer hacer creer que lo que contiene son bagatelas, más ayudan a llenar su título y más lo elogian.”

Busto de Nariño y placa con los Derechos del Hombre en su Casa Museo en Villa de LeyvaBusto de Nariño y placa con los Derechos del Hombre en su Casa Museo en Villa de Leyva.

Villa de Leyva es la ciudad colombiana con la plaza mayor más grande, catorce mil metros cuadrados de suelo empedrado. Es un lugar que nos transporta al pasado colonial pero abriendo brecha al pensamiento y al arte independentista. Tal vez hablar de la hermosura y la cultura de esta población boyacense sea una excusa para hacerlo de uno de los grandes intelectuales colombianos: Antonio Nariño.

Diversas instituciones culturales colombianas, como el Ministerio de Cultura, el Museo Nacional, el Instituto Caro y Cuervo, el Museo de la Independencia – Casa del Florero o la Universidad Nacional, le están dedicando esfuerzos, actos y trabajos en su honor. Entre otros, pretenden consolidar todos los documentos relativos a este destacado intelectual en un solo archivo que sea de libre acceso para quien quiera consultarlo a través de dispositivos digitales. Entre esas tareas está la reconstrucción del manuscrito original de los Derechos del Hombre y del Ciudadano que fue impreso y destruido por su propio traductor en 1793.

Fachada de la Biblioteca Nacional de ColombiaFachada de la Biblioteca Nacional de Colombia.

También la Biblioteca Nacional de Colombia (BNC)  bajo el rótulo “La aventura del pensamiento” le está dedicando una exposición en la que, entre otras cosas, se ha recreado “El Santuario”, el espacio que Nariño utilizaba para organizar sus tertulias y debates en torno a temas de actualidad literaria, política o filosófica y que él denominaba el Arcano Sublime de la Filantropía.

Lector y patriota

Así reza la imagen homenaje creada por las instituciones colombianas que le rinden esta merecida deferencia. Este buen escritor, incansable lector y gran patriota colombiano falleció en Villa de Leyva el 13 de diciembre de 1823. Allá, en la vivienda que ocupó por poco tiempo al vencerle la enfermedad, se encuentra su casa museo. Un lugar menos visitado de lo que debería.

Tal vez el calificativo patriota nos suene un tanto rancio, pero en la persona de este bogotano es un término preciso para señalar a quien sentía que su papel era defender su tierra y a sus gentes, pero no en beneficio propio sino en el de la mayoría.

Increíblemente menos conocido que muchos de sus coetáneos, como Bolívar, Santander o Tadeo Lozano, el traductor de la Declaración de los Derechos del Hombre y el ciudadano es uno de los grandes pensadores latinoamericanos. Inconformista en lo intelectual y luchador incansable en lo político, un ideólogo que trabajó el periodismo y la narrativa para transmitir sus ideas.

Nariño fue amante de los libros y de la tipografía. De hecho, la Imprenta Patriótica que él fundó sigue existiendo bajo la tutela del Instituto Caro y Cuervo. Llegó a ser presidente del Departamento de Cundinamarca, territorio en el que se ubica la capital, durante dos años (1813-1815). Estuvo encarcelado y exiliado en varias ocasiones en diferentes países, sumando más de dieciséis años de encierro. Su carácter y su espíritu libertario contribuyeron a la formación de la república colombiana. Con un arrayán como árbol simbólico, Nariño quiso armonizar un país que se debatía en continuos conflictos políticos entre diferentes bandos.

El homenaje que le tributa la BNC cuenta con una especial dedicatoria elaborada por tres colectivos de grafiteros que han traído a Nariño a nuestros días convirtiéndole en “Toño”. Con el lema ¡Ahora o nunca! Las ideas son para divulgar Toxicómano, Lesivo y Erre han plasmado en sus dibujos, con un fondo con los colores de la bandera colombiana, amarillo, azul y rojo, tres de las facetas de este intelectual: Nariño lector, en color rojo dibujado por Erre; Nariño impresor, en tonalidad azul diseñado por Lesivo, y Nariño periodista en amarillo elaborado por Toxicómano. Con esos dibujos pretenden “crear diálogos y enriquecer debates sobre los derechos del hombre, la importancia de la lectura, las manifestaciones políticas, el uso y abuso de los medios, la libertad de expresión y la autogestión.”

También han publicado un fanzine, La Vagatela, en referencia al periódico creado por Nariño, editado, diseñado y realizado por los propios grafiteros, en el que, con humor e ironía, se presentan la vida y la obra de aquel político autodidacta y “peligroso” porque leía mucho, pensaba en todos y comunicaba lo que pensaba. Y ¿quién es el tal Toño? Tal vez el personaje colombiano más ilustre de todos los tiempos, alguien que invitaba a pensar y a actuar.

Logo homenaje en el Año NariñoLogo homenaje en el Año Nariño.

Periodista, político y humanista “no es sólo un precursor de la Independencia. Su papel verdadero es el de libertador y pensador. Estuvo, desde el principio hasta el fin, en todo el proceso para liberarnos de la colonia. Y pensó una Patria para todos, no para un grupo de privilegiados. Dejó las ideas para llegar a ese estadio de equidad social, que todavía no hemos alcanzado, en buena parte porque hemos descuidado las enseñanzas del grande hombre. Su ejemplo, hoy más que nunca, debe ser una inspiración para todos los que creen que una Colombia mejor es posible.” Así lo afirma Santos Molano en su extenso texto Antonio Nariño. Filósofo revolucionario.

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¿Está el enemigo?, que se ponga

Un sujeto con un casco que lo identifica como militar está al teléfono esperando que, al otro lado de la línea, alguien conteste. Cuando obtiene respuesta, dispara lo siguiente: “¿está el enemigo?, que se ponga”

En una simple frase está condensada toda la estupidez de las guerras, el sinsentido de matarse que en los seres humanos parece ser una adicción.

El humorista Gila en una imagen tomada de un programa en TVEEl humorista Gila en una imagen tomada de un programa en TVE

Un genio como Gila intentaba enseñarnos con humor la poca racionalidad que tiene ese animal al que llaman “racional”. El humorista español, que vivió y padeció la guerra y que fue encarcelado por ser del otro bando, sabía cómo decir las cosas.

Una muestra más de esa sandez in-humana es el ataque perpetrado en Afganistán contra un hospital de la ONG Médicos Sin Fronteras. Pero si el ataque es injustificable, por lo que supone el atentar contra quienes luchan por salvar vidas mientras ejercen su labor, más vergonzosa es la respuesta dada por el ejército de los EE.UU. Que el crimen fue perpetrado por orden del propio gobierno afgano. Y?

No sabía yo que los militares estadounidenses eran tan obedientes a las peticiones de extranjeros. Hoy he revisitado una maravillosa adaptación que hizo Estudio 1 de la obra de Reginald Rose, Doce hombres sin piedad. El papel del jurado número ocho, José María Rodero, me ha recordado que no tenemos porqué seguir los dictados de nadie, aunque sean mayoría. Solo ante el peligro de intentar convencer a otros once ciudadanos de que el joven acusado del asesinato de su padre merecía más de cinco minutos de debate antes de enviarle a la cámara de gas.

En el ataque a Médicos Sin Fronteras, la disculpa dada para intentar salvar la cara ante tamaño atentado contra la humanidad, sí, como suena, contra la humanidad, enrojece más si cabe que los propios hechos. ¿Se creen que con eso lo arreglan? Creo que la Cruz Roja se creó para intentar recuperar del campo de batalla a aquellos que habían caído en combate. Su símbolo, una cruz roja, les “protegía” de los ataques porque no estaban para matar sino para salvar.

El personal de la ONG en Afganistán también estaba intentando salvar vidas. Ni ellos ni sus pacientes han tenido opción alguna. Su condición de médicos y personal sanitario y de enfermos bajo sus cuidados no les ha servido de escudo. Parece que más bien al contrario. El resultado es que les han asesinado. Ahora vendrán más y mas excusas que intentarán demostrar que en ese hospital había terroristas o que ocultaban armas de destrucción masiva.

No necesitamos más destrucción, ellos ya la ponen toda.

Estoy por agarrar el teléfono y pedir que me pongan con Obama, que no sé si será realmente el enemigo pero se lo va ganando a pulso. Cuando me conteste, que lo hará, porque si te llama el enemigo uno, educadamente, responde, le voy a pedir varios favores.

A ver si puede hacer algo contra esos “sagrados” israelíes que después de lo sufrido con el bajito del bigote parece que tienen carta blanca para lo que sea. Sobre todo le pediré que paren el exterminio de la población palestina. Sí, el exterminio, que parecía una palabra reservada en exclusiva a la persecución contra los judíos.

También le solicitaré que utilice sus influencias, que creo que las tiene, para devolverles sus tierras a las y los saharauis. No voy a decir que les devuelvan su dignidad porque esa nunca la han perdido, pero sí su territorio y sus derechos.

Otra cosa que le diré es que gire su mirada hacia África, continente que existe para mucho más que para que los estudios de su Hollywood rueden las películas o para que sus amigos monarcas se vayan de cacería. Es la tierra que vio nacer al ser humano, creo que se merecen mucho más que la compasión cuando algunos de sus habitantes pierden la vida intentando alcanzar aquello que les vendemos pero no les dejamos tocar.

Tendría muchas más solicitudes para el jefe de los indios de Norteamérica, entre otras podría decirle que mire un poco dentro de su país y le ponga freno a ese afán por disparar en instituciones educativas. Pero, por esta vez, me daría con un canto en los dientes si atendiera las tres cuestiones que le planteo y esta última: que haga algo frente a este hecho vergonzoso y vergonzante. Que dé la cara y que haga pagar a los responsables, sean quienes sean: gobiernos forasteros o militares nacionales. No vamos a recuperar las vidas perdidas, pero al menos que nos muestren que la impunidad no campa a sus anchas en un planeta tan absurdo.

¿Está el enemigo?, que se ponga. ¿Pueden parar la guerra un momento?