Las ignorancias

Creer que sabemos incluso lo que desconocemos

Con el título de “Ignorancia” publiqué una entrada en el viejo blog en junio del año pasado (nueva tribuna). Hoy creo que es relevante traerla de nuevo a portada por la continua ignorancia que los seres humanos mostramos cada día.

No solamente es el desconocimiento, que no sería tan grave puesto que no podemos saber de todo, sino la creencia falsa de pensar que conocemos del mundo y que podemos ejercer de críticos y de jueces de aquello que los medios nos avisan que está sucediendo.

“Origen”, fotografía de Beatriz Múnera.

Que el periodismo ha perdido el sur no es algo nuevo, no se enloquece la brújula de la información porque una periodista haya confundido unas lícitas y adultas relaciones sexuales con delitos que ameritan ser denunciados y perseguidos.

Sí, el sur porque es desde el norte desde donde se establece por los distintos poderes que nos gobiernan qué se dice y cómo y cuándo se ha de decir. Volver al sur sería entender la información como un servicio público y no como un negocio, sería colaborar a que la ciudadanía entendiera los contextos que rodean los hechos y no solamente la espectacularización de las noticias.

La historia de esa pérdida de criterio y de visión de las múltiples realidades viene de lejos, y a ello le han dedicado páginas de reflexiones personalidades como Jesús Martín Barbero, Noam Chomsky, Naomi Klein, Guillermo Orozco, Ignacio Ramonet, Denis de Moraes, Susan George, José Arbex, Osvaldo León, Pascual Serrano y otras y otros menos reconocidos pero no por ello menos importantes.

Lo más grave, a mi manera de ver, es que esa falta de ética, por desgracia tan común hoy en la política, tan corrompida ella como muchos de sus políticos, y en los medios, tan vendidos como bastantes de sus periodistas que se pliegan a ella, y que se está extendiendo por la sociedad como si cualquier zika o chikungunya lo estuviera transmitiendo a picotazos.

No hay ética ni sur en dejar morir una cría de delfín en una playa por fotografiarse con ella, en sentenciar a cadena perpetua a un niño de cuatro años, en perseguir a titiriteros antes que a verdaderos delincuentes, en denigrar ciertas opciones sexuales mientras la iglesia católica sigue consintiendo la pederastia, en permitir la corrupción y censurar la cultura,…

La academia, las escuelas y universidades, debería jugar su papel e intentar poner en su sitio esa ética ausente y mostrar a las y los estudiantes qué significa comunicar, cuál es la información relevante, cómo entender los medios y el papel que juegan en la creación de imaginarios y recuperar el valor de las memorias en la construcción de comunidades socialmente incluyentes, comunicativamente dialógicas y políticamente más democráticas.

Mientras nos distraen con lo llamativo nos ocultan lo verdaderamente importante: las crisis. Las humanitarias, ecológicas, sociales y económicas o todas ellas juntas que se presentan en las migraciones, en las hambrunas, en las exclusiones,…

Otra grave crisis, será lo que nos depare el TTIP. Un acuerdo del que no nos dicen sus verdaderas consecuencias y que nos dejará más desvalidos aún estrujados en las manos de quienes parecen ser los amos de un mundo que les importa un carajo. Como decía el desaparecido Eco sufrimos “una invasión de imbéciles” (La Stampa), lo peligroso es que son quienes mandan. Y la injusticia nos está matando los ruiseñores.

Fotograma de la película de Ciro Guerra “El abrazo de la serpiente”.

Por eso creo que lo peor de todo es la ignorancia. Esa de la que hablaba en la entrada que les decía al principio. Ahora que se acerca la entrega de los premios de la academia de cine de los Estados Unidos de América, tal vez sería bueno revisar la película de Ciro Guerra “El abrazo de la serpiente”. Aunque no se gane el premio, nos servirá para aprender cuán ignorantes somos.

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