Una vida quijotesca

Soñadores y demócratas de izquierdas

Le bautizaron en octubre de 1547 en Alcalá de Henares, sin que haya constancia del día de su nacimiento.

Navegó el Mediterráneo y saboreó las hieles de las cárceles otomanas.

Caminó la Mancha y disfrutó de las mieles de las aventuras en la piel de su personaje más universal.

Murió en Madrid, empobrecido y sin ser todo lo reconocido en vida que hubiera merecido.

Tal día como hoy de hace cuatrocientos años se iba de este mundo, tras una vida quijotesca, uno de los padres de la literatura en lengua castellana. Moría Miguel de Cervantes Saavedra, el “manco de Lepanto”.

quijote-2Nos dejaba la compañía de su alter ego, Alonso Quijano, uno de “sus hijos literarios”, que fueron y son muchos. Pero, sobre todo, nos regalaba la herencia del antihéroe de las novelas de caballerías, del hombre que luchaba contra lo que fuera con tal de defender lo que creía justo y salvaguardar la honra y el buen nombre de su amada.

Acompañado de la conciencia y la sensatez en la figura de su fiel escudero, don Quijote de la Mancha ha significado y significa la honradez y la defensa de las causas perdidas, la locura más cuerda y la cordura más loca.

Por eso eran, tanto Cervantes como Quijote, demócratas de izquierdas, tal como alguna vez lo señaló Germán Arciniegas. Porque se apartaban de lo que dictaban la razón y el juicio (definición de “izquierdear”).

No sabemos si Cervantes fue quijotesco o Quijote cervantino. O si ambos son la misma cosa y juntos nos han dado razones y motivos para quitarnos, a través de sus aventuras, las anteojeras y así poder ver el mundo con otra mirada. La de la inocencia y el deseo, la de la justicia y la equidad, vistiéndolas de locuras pasajeras para poderlas salvar de quienes no nos permiten soñar. Envuelto todo ello en deseos de libertad y rebeldía, las que les daban fuerzas y argumentos para enfrentar gigantes, huestes malignas o malvados caballeros.

Frente a ellos, pero siempre a su lado, la sensatez de Sancho Panza que, pese a conocer la enferma y dura realidad, permite que luchemos por la sana e ilusionante utopía.

quijote-3Decía Erasmo, otro artista de la locura, que “Nada hay más necio que hablar en serio de lo que es pura necedad, ni nada más divertido que hablar en broma de aquello que no se sospecharía que lo fuera”. Tal vez por eso Cervantes nos habla, entre bromas y aventuras alocadas, de las verdades de su tiempo cuestionando el statu quo y poniendo en solfa las artimañas de los poderes de entonces que no se alejan mucho de los de ahora: la economía, el Estado y la iglesia. A los que habría que añadir los medios y su eduentretenimiento.

En estos días de recuerdos del autor y de su personaje, se están llevando a cabo multitud de actos para celebrarlos a ambos, y al resto de protagonistas de la vida y el teatro creados por ese soldado de las letras.

En Bogotá, en la Biblioteca Luis Ángel Arango (BLAA) se ha inaugurado la exposición “16 personajes que maravillan y… Miguel de Cervantes”. Un recorrido por su vida y su obra a partir de las y los intérpretes de sus historias. Con 9 paneles en forma de libros abiertos, a los que se puede acceder a través de una puerta también en formato de un volumen publicado, se nos presentan retazos de sus textos y semblanzas de su existencia; acompañados de una larga mesa en la que se recoge, en orden cronológico, un recorrido por la propia historia de la vida de Cervantes y el contexto histórico y social de su época.

Inaugurada el 21 de abril con la presencia de la directora de la biblioteca, Natalia Ruiz Rodgers, y del embajador de España en Colombia, Ramón Gandarias, estará abierta al público hasta el 16 de junio del presente año. Está organizada por Acción Cultural Española con la colaboración del Banco de la República y cuenta con los dibujos de Pedro Moreno (premio Nacional de Teatro 2015).

En la exposición se encuentran y nos cuentan Galatea, Persiles y Segismunda, Rinconete y Cortadillo, Dorotea, el caballero de la Blanca Luna, los duques, el caballo de madera Clavileño, el licenciado Vidriera, la gitanilla, Chanfalla y los perros Cipión y Berganza. Y por supuesto, Sancho Panza y don Quijote y su creador el casi inefable Miguel de Cervantes.

La muestra es itinerante y visitará varias ciudades latinoamericanas a la vez que su réplica estará recorriendo parte de España.

También la capital colombiana acogerá otros actos y eventos en memoria del Quijote y su autor, o de Cervantes y su obra. En el teatro Colón se darán cita:

“Quijote, cabaret literario”, a cargo de la compañía L’explose Danza, dirigida por Tino Fernández, es una representación en donde la actriz Mónica Giraldo cuenta los seis primeros capítulos de El Quijote con el acompañamiento a la guitarra de Diego Bejarano y el baile flamenco de Marcela Hormaza.

“En un lugar del Quijote”, de la compañía española Ron Lalá que hace una adaptación libre y posmoderna del clásico de Cervantes “con espíritu dialéctico entre tradición y modernidad”, recreando “las correrías del caballero andante y su escudero y, simultáneamente, el proceso de escritura de la novela por parte de un Cervantes desencantado, sarcástico y lúcido espejo de la terrible situación social, económica y política de la España del Siglo de Oro.”

quijote-1Además, en la propia BLAA se han programado otras actividades paralelas como: “Quijote a viva voz”, que invita a la lectura del libro ante el público; un ciclo de conferencias sobre la obra de Cervantes desde cuatro perspectivas, y una serie de talleres de (re) escritura creativa.

Todo esto y mucho más para resaltar la vida y la obra de un genio de las letras que, a falta de retratos autenticados, se describía a sí mismo como: “de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena, algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies.”

Su ingenio inmortalizó muchos lugares, situaciones y personajes, aunque tal vez el más conocido sea aquel que abre la obra considerada por muchos como el mejor trabajo literario jamás escrito, “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo…”

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Gabo, protagonista del mejor oficio del mundo

El tiempo pasa muy deprisa. Ya hace dos años que el cronista del realismo mágico se fue volando con sus mariposas amarillas a recorrer el mundo desde otro lugar. Nos dejó las maravillosas narraciones de esas historias imposibles que sin embargo se viven en todos los macondos que pueblan cada rincón de Colombia.

Celebrando a GaboEn estas fechas los homenajes y las palabras de recuerdo se suceden.

La Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), que él fundó y presidió, tiene diversos enlaces en su web para honrar la memoria del premio Nobel. Pueden descargar el texto La fundación de Gabo. FNPI, taller de periodismo en transformación, un documento en pdf de 110 páginas que estaba en elaboración cuando acaeció la muerte del maestro. En este libro, el actual director general, Jaime Abello, afirma “El taller de Gabo está más vivo que nunca. La alegría está intacta. Nuestro compromiso es seguir adelante sin perder de vista la brújula original con la que nos dotó Gabriel García Márquez: creer en el periodista como autor, en la ética como condición innegociable y en el poder de las buenas historias para transformar la realidad.”

También se puede acceder a un especial en recuerdo del genial escritor en el que se le dan las gracias al maestro por todo lo que hizo y lo que dejó en herencia. Con artículos de Jon Lee Anderson, Héctor Abad Faciolince, María Jimena Duzán, Gumersindo Lafuente, Fidel Cano, Joaquín Estefanía y otros (as) trece autores (as) y periodistas que aprendieron mucho de García Márquez y que lo expresan en “Una vida de enseñanzas”. Además, cinco textos suyos recogidos en “Las ideas de Gabo”, fotos y vídeos, una decena de citas y un espacio para que cada quien deje su mensaje.

El periódico El Espectador ofrece un libro en ebook, Los viajes de Gabo, que recoge “Relatos inéditos de Gabriel García Márquez cuando viajó por el mundo como enviado especial o corresponsal en Europa.” Con edición en castellano y en inglés y disponible para distintos dispositivos.

Yo quiero dejar mi mensaje y contribuir a su memoria recuperando la entrada que subí al blog el 18 de abril de 2014, al día siguiente de su muerte, y que fue publicada también en la edición digital de Tribuna de los Servicios a la Ciudadanía del sindicato español Comisiones Obreras (http://www.fsc.ccoo.es/webfsc/Actualidad:Titulares:614394–Gabo,_protagonista_del_mejor_oficio_del_mundo).

Colombia ha decretado tres días de luto por la muerte de Gabriel García Márquez y medio mundo llora por este cronista universal. “Yo creo que él nos llenó muchísimas horas de nuestra vida con su escritura. Así que, como dice el homenaje que desde hace tiempo le venía dedicando la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá, celebremos a Gabo”, nos propone el autor de este artículo.

Homenaje a Gabo

Homenaje a Gabo en la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá

Pese a que era la crónica de una muerte anunciada, nos hemos quedado como un náufrago sin su relato o como un hijo al que le dan la noticia de un secuestro. Estaremos huérfanos.

El coronel no tendrá ya quien le escriba, ya no saldrá más el general de su laberinto, nos dejará más de cien años de soledad y no nos consolarán ni doce cuentos peregrinos.

Contribuyó como pocos a la salvación del mejor oficio del mundo. Una profesión que no podrá honrarle lo suficiente ni devolverle todo cuanto le debe, aunque él no creo que lo hiciera para verse recompensado por ello.

Como dice el editor y prologuista del libro Gabo periodista, su periodismo fue y será “una escritura esencial, una práctica diaria, acaso el taller en el que se forjó buena parte de su literatura”.

Un gran cronista, género que elevó muy alto y que deberíamos reivindicar como natural de estos lares y que se ajusta al realismo mágico que inunda el aire de las letras latinoamericanas; y un gran periodista comprometido con la educación o un educador comprometido con el periodismo, el de verdad.

Esta primavera de 2014, en una mala hora, le ha llegado el otoño al patriarca de las letras hispanas; en estos tiempos del cólera nos dejará su amor por la palabra y por esa ética que él decía que debía “acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón”.

Nos regaló las memorias de sus putas tristes, nos contó del amor y otros demonios, nos asustó con la abuela desalmada y su cándida nieta y nos dijo que había perros azules corriendo entre la hojarasca.

Ha vivido para contarnos un montón de cosas buenas. Cuentista, literato, guionista, entrevistador. Sobre la entrevista escribió una de sus Notas de prensa que tituló “¿Una entrevista? No, gracias”, publicada en 1981, y que empezaba así:

“En el curso de una entrevista, un reportero me hizo la pregunta eterna: ‘¿Cuál es su método de trabajo?’. Permanecí pensativo, buscando una respuesta nueva, hasta que el periodista me dijo que si la pregunta me parecía demasiado difícil podía cambiarla por otra. ‘Al contrario’, le dije, ‘es una pregunta tan fácil y tantas veces contestada por mí que estoy buscando una respuesta distinta’. El periodista se disgustó, pues no podía entender que yo explicara mi método de trabajo de un modo diferente para cada ocasión. Sin embargo, así era. Cuando se tiene que conceder un promedio de una entrevista mensual durante doce años, uno termina por desarrollar otra clase de imaginación especial para que todas no sean la misma entrevista repetida”.

“En realidad, el género de la entrevista abandonó hace mucho tiempo los predios rigurosos del periodismo para internarse con patente de corso en los manglares de la ficción. Lo malo es que la mayoría de los entrevistadores lo ignoran, y muchos entrevistados cándidos todavía no lo saben. Unos y otros, por otra parte, no han aprendido aún que las entrevistas son como el amor: se necesitan por lo menos dos personas para hacerlas, y sólo salen bien si esas dos personas se quieren. De lo contrario, el resultado será un sartal de preguntas y respuestas de las cuales puede salir un hijo en el peor de los casos, pero jamás saldrá un buen recuerdo”.

Celebremos a un gran narrador macondiano que, además de una magnífica obra literaria, nos dejó algunas grandes sentencias para la profesión periodística, tan vigentes hoy como cuando las dijo:

“Hay una contradicción, porque cuando el periódico se hacía en forma manual, a máquina de escribir y en linotipo, quedaba tiempo para todo. Ahora, en la época de las computadoras, no alcanzan las horas”
(En Carlos Alberto Giraldo, “El reportaje, la mejor noticia para el lector”, en El Colombiano, Medellín 18 de junio de 1995).

“Los periódicos han priorizado el equipamiento material e industrial, pero han invertido muy poco en la formación de los periodistas. La calidad de la noticia se ha perdido por culpa de la competencia, la rapidez y la magnificación de la primicia”.
(En Boris Muñoz, “La alergia del Gabo”, en Radar, Nueva York. Tomado de Página 12, Buenos Aires, 1996).

“En la carrera en que andan los periodistas debe haber un minuto de silencio para reflexionar sobe la enorme responsabilidad que tienen”.
(En María Elvira Samper, “El general en su laberinto es un libro vengativo”, en Semana, Bogotá, 14 de marzo de 1989).
Todas ellas en Gabo periodista, FNPI, Colombia 2012 (pp. 508-510).

En una ocasión, Septimus escribió en una de sus columnas “jirafa” en El Heraldo de Barranquilla: De pronto se encuentra uno con el amigo que no veía hace mucho tiempo. “¿No te alegras de verme?”, se le pregunta. “No”, responde. “Alguien me dijo que habías muerto y ya me había acostumbrado a no alegrarme cuando te viera”.

Nosotros nos alegraremos siempre mucho por haberte leído y no nos acostumbraremos a tu ausencia.

Nemocón

El grito del guerrero en la sabana

Un municipio de la sabana de Cundinamarca localizado a unos sesenta y cinco kilómetros al norte de Bogotá. Está situado a más de dos mil quinientos metros de altitud, con una superficie cercana a las diez mil hectáreas y bañado por las cuencas de dos ríos: el Checua y el Neusa.

plaza principal de NemocónNemocón es una población de origen precolombino que debe su nombre a que allí llegaban los indígenas zipas, entre ellos el líder aborigen llamado Nemequene, para llevar a cabo sus rituales. Era el lugar elegido para sus plegarias, llamadas y oraciones. De hecho, Nemocón en lengua chibcha significa “lamento o rugido de guerrero”.

Este pueblo es eminentemente rural, más del 90 % de su territorio lo es, y destaca por sus cultivos de flores en su piedemonte, y de arveja, cebada y maíz en sus laderas. Cuenta con explotaciones a cielo abierto de caolín, del que se extrae la materia prima para elaborar baldosines y losas, y de sal en sus minas subterráneas. Nemocón ocupa el tercer lugar del país en producción de sal y el segundo en sal gema.

En sus predios se conserva la antigua vía férrea que enlazaba con la capital del país después de pasar por Zipaquirá, donde todavía hoy llega el llamado “tren de la sábana” infrautilizado y explotado únicamente con fines turísticos, y que continuaba hacía Chiquinquirá.

En Nemocón y su término municipal se encuentran dos bellezas más de las muchas que contiene el territorio colombiano:

La mina de sal

Dentrnemocon-1webo del propio casco urbano del pueblo se haya la mina de sal del municipio. Es, además de una de las riquezas productivas, el mayor atractivo turístico del lugar. Sus primeras galerías visitables se encuentran a ochenta metros de profundidad, con galerías también a ciento veinte y ciento ochenta metros bajo tierra en las que se siguen haciendo trabajos fuera del acceso al público.

Pese a ser menos conocida que la de la cercana Zipaquirá, no tiene nada que envidiarle y no está tan asaltada por el turismo. Sus aguas salinas subterráneas, recogidas en los antiguos tanques de saturación, reflejan toda la belleza que esconden sus galerías y cavernas.

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Las estalactitas, producidas por las filtraciones de agua dulce de la montaña y que crecen cerca de tres centímetros al año según los expertos, y las cascadas de sal, que desaguan sus copos en cristalinos pozos de las cavidades de la mina, pintan de blanco las paredes de unas grutas que llevan en uso desde hace más de quinientos años.

En su interior encontramos a dos personajes cuyas vidas están relacionadas con la mina: el naturalista y humanista alemán Alexander Von Humboldt, invitado a Bogotá por José Celestino Mutis y que recibe la petición del virrey Mendinueta para visitar las salinas, y el minero Chuy Gómez, quien cargó a sus espaldas una gran roca de sal y la transportó desde Nemocón hasta Bogotá para reclamar derechos para los trabajadores de la mina.

nemocon-8webEstas instalaciones en las rocas de la tierra han servido también para recrear para el cine la mina chilena de san José, en la que un derrumbe producido en agosto de 2010 mantuvo a treinta y tres mineros atrapados durante sesenta y nueve días a más de setecientos metros de profundidad.

 

El desierto de Checua

A seis kilómetros al norte de la población, en la zona sur del valle del río Checua, nos encontramos con lo que comúnmente se conoce como “el desierto de la Tatacoita” por su parecido con el de la Tatacoa, pero que los lugareños prefieren denominar “el desierto de Checua” para darle entidad propia y evitar confusiones con el del departamento del Huila.

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Pese al nombre, el lugar no es propiamente desértico. Es un terreno arcilloso más cercano al bosque seco tropical, con numerosas formaciones geológicas producto de la erosión de la tierra por efectos principalmente del agua, aunque también ha contribuido a ello la tala de vegetación autóctona.

Realmente es un gran cañón hundido y ocupado por arenas y rocas que conforman un espacio laberíntico de cárcavas y hondonadas. En sus fosos, que se inundan en la temporada de lluvias, habita flora y fauna nativa además de conservar gran riqueza en fósiles y vestigios arqueológicos y algunos pictogramas indígenas.

nemocon-2webEsperemos que la naturaleza lo siga conservando y que el ser humano no acabe destrozándolo.

Es un espacio de aire puro en donde se respira la calma y se escucha el silencio rodeado por riscos que encierran los sonidos de la historia. La de un lugar que atesora todo un mosaico de colores verdes y ocres enmarcados por las caprichosas conformaciones pétreas que han esculpido las lluvias y el paso del tiempo.

Más que unemocon-6webn desierto es un oasis para el pensamiento, para dejarse llevar por las sensaciones.

En el lugar del grito o del lamento del guerrero, bajo la tierra o el cielo de la sabana de Cundinamarca, hay lugar para sentir gran parte de lo que la riqueza natural del país andino nos ofrece.

Chato, un gran comunicador

Con ese título subí, el 10 de abril de 2014, una entrada al viejo blog.

A tal personaje le dediqué también una mención en el apartado de agradecimientos de mi tesis doctoral. Hoy, tengo que abrirle un espacio en este otro libro de mi vida publicando de nuevo el texto que escribí entonces.

Chato tirando una caña en las bodegas El MañoNo busquen en los anales, ni en las hemerotecas. Ni siquiera le encontrarán en la Wikipedia. Nació el 10 de abril de 1923 y murió el 28 de agosto de 1989. En todos estos años no se me había ocurrido dedicarle unas palabras públicamente, y creo que ya iba siendo hora.

Vino al mundo en un pequeño pueblo de Ávila que nunca visitó después, San Miguel de Serrezuela. Con una superficie de 34 km2, está situado 1.153 m por encima del nivel del mar. Es una población castellano leonesa que en la década de 1920 contaba con 902 vecinos y que hoy no llega a los doscientos habitantes (según la página web del propio ayuntamiento).

Se crió en Madrid en una familia de once hermanos. Nunca conocí a su padre y de su madre me queda el recuerdo del olor de sus magdalenas. Sus hermanas y hermanos le llamaban Chato, y no es que tuviera precisamente la nariz pequeña.

Era todo un personaje al que no pude conocer bien en los poco más de 28 años que coincidimos, pero al que siempre he tenido en gran estima. Tal vez la mayor cercanía se dio durante los seis años que estuvo enfermo antes de morir.

Recuerdo sin embargo su chulería carabanchelera, que le fue muy útil en su oficio de camarero. Una profesión que ejerció a lo largo de toda su vida, primero como dependiente y encargado de las bodegas “El Maño” y luego como propietario de un bar al que nunca quiso cambiar el nombre pero al que le dio otro aire, el “Goype”.

Con la perspectiva que dan el tiempo y la distancia, puedo afirmar que era todo un comunicador; más, tal vez, en su quehacer diario que en sus vínculos familiares. Poseía ese don para las relaciones públicas que le hacía ser cercano con la clientela de toda la vida y distante con aquellos personajes complicados con los que había que saber lidiar.

No se me olvida su porte elegante con su chaqueta blanca y su corbata negra, bien afeitado todas las mañanas con olor a “varón dandy” o a “floïd”, y sus visitas al mercado para comprar los productos que formarían el almuerzo del día. Hablaba y negociaba con carniceros, pescaderas, fruteras y verduleros. Dos platos se le daban muy bien y eran demandados por clientes, familiares y amigos: los boquerones en vinagre y los callos a la madrileña.

Fue un autodidacta, pese a no haber asistido apenas a la escuela sabía leer y escribir bien y manejaba, como se decía entonces, las cuatro reglas. Además, era un defensor del papel y el lápiz. En sus tiempos no había computadoras, pero jamás usó calculadora; lo escribía todo, pero lo que más hacía eran cuentas, su gran afición. Se pasaba los ratos libres haciendo números.

Me acuerdo que alguna vez me contaba de ciertas pruebas hechas a aquellas personas que querían trabajar como camareros, cuando ser camarero era una profesión. Además de tener que servir tintos desde una frasca a varios vasitos puestos en fila sin derramar nada, de tirar una caña de cerveza como es debido o de hacer un buen café, tenían que responder a preguntas como “¿cuántas son dos más dos?”. El candidato en cuestión se quedaba asombrado y respondía con suficiencia: “pues cuatro”. Entonces, Chato me explicaba que esos no servían para el oficio. Los sujetos ponían cara de medio enfadados y se iban pensando “este hombre está tonto”. Así seguía probando hasta que llegaba alguien que ante la cuestión matemática tomaba un papel y escribía 2 + 2 = 4, ahí era cuando Chato se sentía satisfecho y podía decir: “bien, está contratado”.

No sólo los números ocupaban sus tiempos de ocio. Eran conocidas sus partidas a los chinos en el mostrador antes del almuerzo con algunos clientes y su bebida, un bitter kas sin alcohol. Las jugadas, en las que a veces se juntaban ocho o diez parroquianos, eran un continuo vacile en las que se cruzaban el “¿cuántas pides?” con conversaciones de fútbol o política. Mientras se tomaban la ronda, casi siempre acompañada de una lata de berberechos, hacía uso de su facilidad de palabra para fidelizar clientela y conseguir que consumiera y que volviera.

siete-oros copyPor las tardes, en las mesas, después de esa siesta que él nunca reconocía echarse justificando que estaba “pensando”, se jugaban unas partidas al dominó o al mus o, de vez en cuando, al mentiroso con los dados. Los juegos de mesa eran una gran forma de comunicación, horizontal y participativa, que igualaba al portero de la finca vecina con el camarero y a éste con el responsable de la sucursal bancaria, o con el dueño de la empresa de transportes o con el árbitro de fútbol. Chato hacía escuela y creaba afición entre quienes acudían a jugar o a mirar (oficio muy usado en los bares de la época). Nunca se apostaba dinero, la finalidad era pasar la tarde y quienes perdían estaban obligados a pagar lo que se hubiera consumido. Algunos de los contertulios disfrutaban haciendo piña en contra de él para que perdiera la partida y fuera la casa la que corriera con los gastos.

Cuando le visitaba su hermano Francisco, al que todos conocían como Juan, la partida era a la escoba. Podían pasarse horas y horas intentando sumar quince y contando las cartas, los oros, los sietes y el siete velo. Si se juntaba con la familia de su mujer, el reto era jugar al mus de a cuatro. Solía hacer pareja con su yerno Ricardo, enfrentándose a sus cuñados Fermín y Guillermo y la apuesta era comprar un billete de lotería que pagaban los perdedores y que disfrutaban, en caso de resultar premiado, cosa que nunca sucedió, los cuatro jugadores.

Al Chato hubo un tiempo en el que le llamaban Cañamel. Coincidió con la época en que por TVE, la única entonces, pasaban la serie “Cañas y barro”, basada en el libro homónimo del valenciano Vicente Blasco Ibáñez. Se lo decían por su parecido con uno de los protagonistas, José Bódalo, que hacía el papel de Cañamel (Canyamel), cacique y tabernero en El Palmar, pueblo de La Albufera en el que se desarrollaba la novela y la teleserie. Pero fue, durante todos los años que estuvo al frente del negocio, Ignacio “el del Goype”.

Hoy, 10 de abril de 2016, hubiera cumplido 93 años y se nos fue hace más de un cuarto de siglo. Tal vez mi afición por la comunicación sea una herencia suya, porque el comunicador del que les estoy hablando era mi padre.

Más de veinticinco años después puedo decirle algo que creo que no le dije mucho en vida: “te quiero, papá”.