No es un día cualquiera

La firma pública de los acuerdos de La Habana es un momento histórico para Colombia

En el marco de la ciudad amurallada de Cartagena, el presidente Juan Manuel Santos y el jefe de las FARC-EP, Rodrigo Londoño, alias Timochenko, han rubricado los documentos para el cese de la guerra “armados” solamente con el balígrafo.

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Un momento de la noche del 26 de septiembre de 2016 en la plaza de Bolívar en Bogotá

El 26 de septiembre de 2016 no es un día más. Es la fecha en la que se han signado, ante la mirada de personalidades de todo el mundo y los ojos de miles de colombianas y colombianos a través de las pantallas, los acuerdos consensuados el pasado 28 de agosto, otra fecha para los anales.

Atrás quedan cincuenta y dos años de enfrentamientos entre la guerrilla más antigua del continente y los distintos gobiernos colombianos que han estado al frente del país en ese tiempo.

Con el acto público de hoy se da inicio a una nueva Colombia, a un país sin el más potente de sus grupos armados ilegales y que tendrá que aceptar la presencia de sus miembros en la vida civil y política que se abre ahora.

Ante las dos mil quinientos personas invitadas a la firma, todas ellas vestidas de blanco al igual que los protagonistas signatarios, Rodrigo Londoño y Juan Manuel Santos se han dirigido al país y al resto del planeta para transmitir lo que supone el acuerdo y declarar y firmar la paz entre ambos.

En un discurso serio y riguroso, de un elevado contenido político, Timochenko ha afirmado que a partir de hoy el pueblo colombiano renacía “para echar a andar”. Ha recordado a los caídos por la paz y ha manifestado la intención del grupo guerrillero de iniciar una “lucha abierta y legal hacia la expansión de la democracia”. Además, ha pedido “desarmar la mente y los corazones”, que lo firmado “cobre vida en la realidad” y que “el pueblo es el principal garante” de los acuerdos.

El momento más álgido de su intervención ha sido al pedir públicamente perdón por toda la violencia cometida por las FARC. Tras esto ha asegurado que ellos van a cumplir y que espera que el gobierno cumpla también, porque “antes de hablar de paz hay que tener los corazones llenos se ella.”

Por su parte, Santos ha iniciado su plática agradeciendo a las víctimas y a las personas presentes para recordar el valor de las palabras del himno colombiano cuando canta aquello de “en surcos de dolores el bien germina ya”. A lo que ha añadido “la paz germina ya”.

El presidente ha recordado a Gabriel García Márquez y los esfuerzos que hizo por alcanzar lo que ahora se lograba y que debería “estar feliz viendo volar mariposas amarillas.” También ha homenajeado a los miembros de las Fuerzas Armadas y a las víctimas inocentes: campesinado, población indígena y a aquellas madres “que con sus lágrimas sembraron el camino para la paz.”

Ha resaltado el papel de sus adversarios y su labor como “dignos negociadores con seriedad y voluntad”, dándoles “la bienvenida a la democracia” y destacando su inteligencia al “cambiar balas por votos”. También ha reconocido que el acuerdo es imperfecto pero que es el mejor acuerdo posible, y que “prefiere un mal acuerdo” si con él se van a salvar vidas.

La noche ha ido cayendo sobre Cartagena y el resto del país sin ensombrecer ni oscurecer lo que allá estaba pasando y que era seguido en numerosas ciudades del país, como en las pantallas gigantes instaladas en la plaza de Bolívar de Bogotá, para celebrar una firma que abre la esperanza a una nueva Colombia.

Le pondría un pero al discurso del presidente: que no haya pedido perdón por las víctimas producidas por las acciones de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado colombiano.

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Mensaje pegado al suelo de la plaza de Bolívar en Bogotá

También les plantearía un reparo a ambos dirigentes: que ellos o sus antecesores, los Raúl Reyes, Alfonso Cano o Manuel Marulanda por las FARC, o los Uribe, Pastrana, Samper o Gaviria por el gobierno, no lo hubieran firmado antes. Aunque más vale tarde que nunca. Por ello, un cerrado aplauso para quienes hoy lo han ratificado, para todas las personas, instituciones nacionales e internacionales y países garantes que lo han hecho posible, y sobre todo para el pueblo colombiano, que es quien ha sufrido las consecuencias de esa guerra y se merece ahora los réditos de la paz.

Hoy no es un día cualquiera, es el primero de un nuevo, y esperemos que duradero, período en la historia del país. Una etapa que tiene que estar marcada por la convivencia pacífica, por el entendimiento social y por el sano debate político. Como escribió Hemingway “Adiós a las armas”.

Ahora es el turno de la ciudadanía colombiana. Tiene una cita con las urnas el próximo domingo dos de octubre. Un día para la esperanza de Colombia. El mundo está expectante ante el sí del pueblo colombiano a la paz.

Sí al final del conflicto, sí a la paz.

 

 

 

 

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Mi reino por una pregunta

  • Una pregunta, por favor.
  • ¿Una pregunta?
  • Sí, una que le sirva al mayor número de respuestas posibles.
  • Lo siento joven, pero aquí no vendemos preguntas, sólo vendemos respuestas.
  • No, respuestas tengo, lo que yo necesito es una pregunta.

La pregunta en este caso sería ¿por qué los grandes se pierden tan pronto?

Conocí la obra de Alberto Rodríguez Tosca a partir de un taller de narradores, cuenteros, que tomé con el maestro Francisco Garzón Céspedes en Madrid. Ambos tenían en común que nacieron en Cuba y se radicaron en otro país y que amaban la narrativa, ya fuera en prosa o en verso. También que a los dos les había perdido la pista hace tiempo.

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Invitación de la Biblioteca Nacional al homenaje a Rodríguez Tosca

Días atrás busqué entre mis archivos el texto que Garzón me enseñó de Tosca. Se llamaba “Mi reino por una pregunta”. Le había hablado a Claudia Villamayor de ese texto y me sugirió que sería bueno utilizarlo en una sesión del seminario “La comunicación como campo” que íbamos a impartir a dos voces y cuatro manos en la maestría de Uniminuto. Coincidimos en que podría ser interesante abordarlo para reforzar una de las propuestas de Martín Barbero sobre el lugar desde el que nos hacemos las preguntas.

En la búsqueda me topé con mi ignorancia. Resulta que Rodríguez Tosca vivía en Bogotá hasta que el año pasado le trasladaron de nuevo a La Habana para intentar hacerle un trasplante de hígado que le salvara la vida. No fue posible. Falleció en el hospital Hermanos Amejeiras el 16 de septiembre de 2015.

Habíamos vivido más de tres años en la misma ciudad y me había perdido sus lecturas. Por eso creo que no puedo perder, ahora que andará del cielo al averno buscando palabras y prestando las suyas para construir otras patrias literarias, la oportunidad de recordarle.

En aquel taller que hice a principio de los 90 del siglo pasado, Céspedes, del que espero que siga en el barrio madrileño de Malasaña con sus enseñanzas para “aprender a contar”, me enseñó muchas historias entre las que se encontraba aquel “Mi reino por una pregunta”. Desde un principio me gustó, porque a uno le enseñan a buscar respuestas, pero no nos educan para hacernos preguntas. El protagonista de la historia de Tosca quería preguntas porque, decía, respuestas había ya muchas. Qué importante es preguntarse. Interrogarse por uno mismo, por la realidad y la vida que vivimos. Si no hubiera sido por las personas que buscan preguntas, el ser humano seguiría buscándose sin encontrarse. Que, dicho sea de paso, tampoco es que lo que hasta ahora ha hallado le haya sido humanamente tan provechoso. Pero eso sería otra historia.

Tosca nació en Artemisa, La Habana, Cuba, en 1962. Se graduó en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana y había llevado un programa radial sobre poesía y poetas en Radio Ciudad Habana. Fue reconocido en su tierra y obtuvo diversos premios. En 1994 decidió trasladarse a Colombia en donde, entre otras labores, dirigía un taller de escritura en la Casa de Poesía Silva.

Fundó, en 2002 junto a Mariela Agudelo y Juan Manuel Roca, el periódico “La Sangrada Escritura”. Fue autor de textos como Todas las jaurías del rey, premio David de Poesía en 1987; Otros poemas, premio de la Crítica en 1992; El viaje en 2003, o Las derrotas en 2006.

Aquí comienza la enumeración de mis derrotas. Las que me propiné me propinaron.

(…)

Este lunes, mis derrotas y yo nos pusimos de acuerdo para mirarnos a los ojos. Ya nos estamos viendo, rozando con los dedos, casi amándonos a la sombra indiferente de un cielo en llamas

(…)

Ya fueron despedidas todas las plañideras. No habrá lamentos pero habrá un gemido. Un solitario gemido de papel a la luz de dos lunas. La mía y la vieja luna del mundo sobre cuyas laderas se acuestan con la muerte todos los derrotados. Buenos días, siglo. Por fin nos encontramos. Ojalá no hayamos llegado tarde a la cita.

Roca dice de él que

“Se sentía bien en la amistad, porque esta no levanta aduanas ni traza exigencias al forastero. En la poesía, porque no reclama una condición nacional ni de repulsa al extranjero. Y en la noche porque es un ámbito que ama el desdibujo y desvanece los contornos para integrarse en un todo.”

En Colombia, sus amigos, poetas, pintores, periodistas y demás, le concedieron la “nacionalidad forzada”, algo que le negaba la oficialidad, afirmando en el documento de motivación de la misma que “Tal vez por la irreparable nostalgia cubana y quién sabe por qué leyes migratorias, el poeta aún no es, oficialmente, colombiano. Pero como la poesía es una patria común y los poetas no creemos en aduanas, pasaportes ni visas (somos visántropos), un grupo de sus amigos padecientes y felices de conocerlo y de reconocer lo mucho que ha hecho por la poesía colombiana en la prensa, en los talleres y, por supuesto desde su magnífica poesía, hemos decidido unánimemente declararlo ciudadano colombiano a traición, sin su consentimiento ni el de las altas esferas oficiales.”

Roca, Tosca y Álvarez

Tosca con Roca (izqda.) y Álvarez (dcha.)

Rodríguez Tosca hizo una reseña del libro Colombia en la poesía colombiana (1589-2010). El texto es una narración de la historia del país contada, cronológicamente, a partir de sus poetas. Es El contar de los cantares, de la que afirma que “Por ellos (los y las poetas), más que por los historiadores de turno y/u ocasión, desandamos los tortuosos caminos y recovecos de un país experto en maravillas y atrocidades, en belleza y monstruosidad. El relato racional y casi siempre subjetivo e interesado de los historiadores, contrasta aquí con los efluvios verbales y espontáneos de los poetas. (…) Sabremos más de la historia de Colombia a través de este libro que por las exégesis del pasado de sus historiadores y la especulación del presente de sus periodistas. Colombia, siempre a medio camino entre lo apolíneo y lo dionisiaco, ahora se mira en un espejo: se deja contar y cantar a través de sus poetas y poemas como una muchacha vieja que a la vez que se mira se niega a reconocerse en ese azogue de aguas malditas que reproduce a pie juntillas las fichas de un rompecabezas aún por recomponer.”

Él se definía como cubano y colombiano de tiempo completo. Asegurando, y suscribiendo lo planteado por Aristófanes, que “Donde se está bien, allí es la patria”, negando la definición de que la patria es el lugar en el que se ha nacido y al que se pertenece por distintos vínculos. En este mundo de migraciones múltiples y complejas, comparto la propuesta de Tosca para sentir esa patria que yo no siento. Donde estén mi compañera, mi gata y mi sombrero estará siempre mi hogar. Un lar en el que al abrir la puerta encuentre fuera el aire que respirar y la ilusión para seguir.

¿En dónde está el secreto de esta lucha estéril

que nos agota y lleva mansamente a la tumba?

Álvaro Mutis

“Éramos habitantes de una tierra

donde en guaduas y palmas se hacen verdes los vientos.”

Luis Vidales

“¿Y el sol?

El sol, un viejo dogo que ha lamido esas heridas.

Porque sabe usted, dulce señora,

Es este país una confusión de calles y de heridas.”

Juan Manuel Roca

 

Constatada mi ignorancia, me quedo con su pregunta. Esa que sirva al mayor número de respuestas posibles.

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El deseo de un campeón

Nairo Quintana expresa lo que quiere que el mundo vea de su país: paz, amor y deporte, PAD.

Tras finalizar la Vuelta a España 2016, el flamante campeón se dirigió a las miles de personas que abarrotaban los alrededores de la madrileña plaza de Cibeles, y a las cientos de miles que la seguían por televisión, para enviar un mensaje breve, claro y contundente “Colombia es paz, deporte y amor”.

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Nairo Quintana (imagen http://www.rtve.es/deportes/)

Nairo Alexander Quintana Rojas, un deportista completo y una persona humilde, aprovechó la tribuna de entrega de trofeos de la septuagésima primera edición de la ronda ciclista española para enviar un aviso al mundo y a aquellos navegantes que en Colombia reman a contra corriente de los avances del proceso para que se alcance la convivencia pacífica.

Cada cual que saque sus conclusiones, pero la mía es que la gente común, aunque sea famosa y reconocida como el ciclista boyacense, está a favor del sí en el plebiscito programado para el domingo 2 de octubre de 2016.

Seguirá habiendo quienes quieren minar la búsqueda de la paz porque no han sido ellos los que lo han logrado o porque sus miras son estrechas, egoístas y rencorosas. Pero pienso que la mayoría respalda lo que ha gritado Nairo sin alzar la voz: paz, amor y deporte.

Lo mismo que ya pidió Lucho Herrera, otro gran deportista colombiano, al ganar esa misma prueba hace veintinueve años “Solo quiero que en Colombia haya paz”. Ya va siendo hora de que así sea.