Zweig

Un autor prolífico que sucumbió por temor al nazismo

Decir Stefan Zweig es citar la ética y el humanismo en una Europa atacada por régimenes dictatoriales y por la pérdida de la razón y la ilustración. La claridad de su escritura (gracias también a sus traductores puesto que no lo he leído en original) nos abre caminos para entender las complejidades de un mundo tormentoso.

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Zweig y su última declaración

Se cumplen setenta y cinco años del suicidio de uno de los grandes intelectuales y activistas del siglo XX. El autor austríaco se quitó la vida, junto a su esposa Lotte, el 22 de febrero de 1942 en la ciudad brasileña de Petrópolis, donde se habían refugiado, ingiriendo un veneno. Dicen que el temor a que los nazis le pudieran encontrar motivó su muerte, pero creo que fue un último acto de esa libertad que tanto amó y por la que luchó.

Poeta, autor teatral, novelista, historiador y ensayista, sus obras tienen mucho de investigación histórica y tanto o más de análisis de sus personajes. Para mí, es uno de los grandes narradores que junta en sus libros el contexto histórico con la intimidad de los protagonistas. De entre su vasta producción destacaría tres obras por encima del resto: Catorce miniaturas históricas, Correspondencia y Erasmo.

En la primera de ellas describe, con sencillez y profundidad, un número de hechos mínimos que cambiaron el rumbo de la historia. Desde la muerte de Marco Tulio Cicerón, el principal humanista del Imperio romano, hasta el fracaso de Woodrow Wilson para alcanzar la paz mundial pasando por Napoleón, El Dorado, el Polo Sur o Lenin.

En Correspondencia, recopilación de treinta y cinco años de epístolas cruzadas por Zweig con Hermann Hesse, encontramos a dos grandes y serios autores que se abren el uno al otro para confesarse su respeto, sus deseos, sus virtudes y defectos. Zweig admite que “como poeta no me tengo en muy alta estima, y es ésa la razón por la que no dudo jamás en considerarme un ser totalmente superfluo para el mundo”; y Hesse reconoce que “Aunque no suelo escribir cartas, siempre contará con mi gratitud por cualquier saludo amistoso o cualquier forma de acercamiento personal, y en algunas ocasiones también compartiré con usted, con sumo gusto, alguna pena o alegría.” La editorial española Acantilado dice de este epistolario “A través de estas cartas, el lector asistirá a la construcción de un pensamiento común entre estos dos grandes autores, comprometidos con la inequívoca defensa de la razón, del bien y de la humanidad en una época turbulenta, confirmando que no hay estética que pueda existir sin el armazón de un pensamiento ético que la sustente.”

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Portada del libro de S. Zweig sobre Erasmo

Y pienso que eso era principalmente Stefan Zweig, un autor ético y comprometido. En la tercera de las obras que resalto, su relato sobre la vida de Erasmo de Rotterdam (1466-1536), se juntan la ética del autor y el humanismo del holandés. El resultado, una brillante obra que compendia, como dice el subtítulo, el triunfo y la tragedia de un humanista. Ambos eran, con más de cuatro siglos de distancia, europeístas convencidos y sus reflexiones deberían acompañar las clases en los departamentos de humanidades de las universidades del mundo. De hecho, yo he hecho uso de sus páginas para poner a pensar a mis estudiantes en el seminario “Discusiones de frontera”. Porque Zweig rompe esas barreras, defiende la no violencia y promueve una mirada holística sobre el mundo, una apuesta por el respeto, la solidaridad y la comprensión del otro (a). Es decir, simple y llanamente, ÉTICA.

Pese a ser judío, no era un practicante confeso ni ritual. De hecho, escribió que “aquellos que anuncian que luchan a favor de dios son siempre los hombres menos pacíficos de la Tierra. Como creen percibir mensajes celestiales, tienen sordos los oídos para toda palabra de humanidad.”

En la nota que dejó, y que salió a la luz en 2012 publicada por la Biblioteca Nacional de Israel, con el título en portugués “Declaraçao” y escrita en alemán declara:

“Antes de partir de la vida, con pleno conocimiento, y lúcido, me urge cumplir con un último deber: agradecer profundamente a este maravilloso país, Brasil, que me ofreció a mí y a mi trabajo una estancia tan buena y hospitalaria. Cada día aprendí a amar más este país, y en ninguna parte me hubiera dado más gusto volver a construir mi vida desde el principio, después de que el mundo de mi propia lengua ha desaparecido y Europa, mi patria espiritual, se destruye a sí misma.

Pero después de los sesenta se requieren fuerzas especiales para empezar de nuevo. Y las mías están agotadas después de tantos años de andar sin patria. De esta manera considero lo mejor concluir a tiempo y con integridad una vida cuya mayor alegría era el trabajo espiritual, y cuyo más preciado bien en esta tierra era la libertad personal.

Saludo a mis amigos. Ojalá puedan ver el amanecer después de esa larga noche. Yo, demasiado impaciente, me les adelanto.

Petrópolis, 22 de febrero de 1942.”

Erasmo, según Zweig, “amó el conjunto de la humanidad, para el logro de una más alta civilización. Y sólo una cosa odió de verdad sobre la tierra, como antagónica de la razón: el fanatismo.” Una frase para enmarcar y poner en práctica en este convulso mundo que remataba con una afirmación contundente “odiaba a todos los obstinados y monoideístas, ya aparecieran en hábitos sacerdotales o con togas académicas, a los que llevaban anteojeras en el pensamiento y a los fanáticos de toda clase y raza, que en todas partes exigen una obediencia de cadáver para sus propias opiniones, y a toda otra concepción la llaman despectivamente herejía o bribonería.”

Zweig, como Erasmo, era un cosmopolita y europeo consciente. Ambos eran humanistas convencidos y comprometidos, defensores de la tolerancia y enemigos de los fanatismos. Merece la pena recordar al primero leyendo sus obras, entre otras la dedicada al filósofo de Rotterdam

 

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Viaje a pie

El brujo de Otraparte

En el quincuagésimo tercer aniversario de su fallecimiento, se publica el trabajo colectivo “Fernando González – Política, ensayo y ficción”. Editada por la Universidad EAFIT, la obra reúne ensayos de varios investigadores de la producción del autor antioqueño.

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Fernando González, el brujo de Otraparte

Fernando González Ochoa, escritor, filósofo, diplomático, ciudadano de a pie, es menos reconocido de lo que debería en su tierra natal. En Colombia, como en muchos otros lugares del mundo, es difícil ser profeta siendo autóctono. Pero algunos ilustres le dedicaron grandes elogios. Por ejemplo, el premio Nobel de Literatura Jacinto Benavente dijo “Leo siempre a Fernando González con delectación. Su obra es originalísima y del más desenfadado humorismo. Pero no es para todos. Caviar para la multitud, que dijo Shakespeare…”; y el tenaz y eximio Miguel de Unamuno afirmó “El libro colombiano, Viaje a Pie, me solaza algunas horas de vagar que logro en esta áspera lucha contra la más estúpida de las tiranías…”.

Conocí la obra de Fernando González en 2003, gracias a mi compañera de vida que me ilustró en esto como en muchas otras cosas. Me regaló uno de los mejores libros de viajes que conozco Viaje a pie, un manual campechano de filosofía. Un texto cuya lectura fue condenada por dos curas colombianos, el arzobispo de Medellín y el obispo de Manizales, bajo pecado mortal porque atentaba contra la fe y las buenas costumbres. Todavía hoy debe producir más de una llaga en algún que otro estrecho cerebro.

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Página de su libro Viaje a pie en la que se recogen las condenas católicas por leerlo

Sus viajes siempre tenían un sentido aunque no tuvieran destino. Viajar a pie, pero no a ninguna parte, es uno de los placeres del ser humano que aquel caminante realizó durante sus casi sesenta y nueve años de existencia.

Estanislao Zuleta, otro ilustre colombiano, afirmaba, el 8 de marzo de 1930, en la revista Claridad “Hace un mes no quedaba ya en Medellín una sola persona aficionada a la literatura que no se hubiera leído este libro extraño y desvergonzado. (…) Los indios sedentarios de este estrecho valle, como nos llama Fernando González, recibíamos complacidos la burla descarada de este doctor aficionado a la filosofía, al amor y al buen estilo. Pero no hubo un solo periódico que se atreviera a elogiar la obra ni un literato o crítico capaz de analizarla en público. O era el temor de posibles anatemas, o envidias literarias, o desconcierto ante el tono de superioridad intelectual del libro”.

En la presentación de la segunda edición de aquel libro publicada en 1967 en Bogotá por Tercer Mundo, Gonzalo Arango, uno de sus más destacados discípulos, escribía “La vida no es un sueño, es un viaje: un viaje a pie. Y para viajar hay que estar despierto, ¿no? Despierte, pues, si quiere leer a Fernando González. Usted preguntará: ¿A dónde lleva este viaje? Yo digo: el hombre no tiene sino sus dos pies, su corazón, y un camino que no conduce a ninguna parte. Pero ante este libro la respuesta es muy simple: este viaje conduce a usted mismo. (…) En cierto sentido, este libro no es un libro como todos los libros; es un viaje como todos los viajes. Y los viajes no se explican: se hacen”.

Fernando González tiene una casa museo en Medellín, la Corporación Otraparte. En ella se pretende albergar “la búsqueda de respuesta a la urgencia de un pueblo (Latinoamérica, Colombia, Antioquia, Envigado) por mantener vivo el acicate hacia la superación de sus propias miserias, hacia la efloración de sus inmensas posibilidades”, un lugar donde “debe estar encendida, en silenciosa iluminación, una llama que es de todos, porque es del pueblo, necesitado hoy más que nunca de luz en la oscuridad”.

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Portada del libro dedicado a la obra de Fernando González

En ese espacio de la cultura y el ocio habrá tenido lugar la presentación de esa última obra sobre el maestro en la que se acomete revelar “las múltiples miradas que convergen sobre un autor polémico y difícil de clasificar”. En palabras de los coordinadores del texto, Jorge Giraldo Ramírez y Efrén Giraldo, González “es un autor cuyo proceso de recepción resulta por lo menos singular. Entre sus entusiastas provenientes de la filosofía, existe la creencia de que su obra ha sido valorada solo desde el punto de vista literario, mientras que entre los que tienen interés en los valores estéticos de su escritura es un autor que solo ha interesado a los filósofos.”

Fernando González, el “brujo de Otraparte”, hizo su último viaje, aunque no fuese a pie, un dieciséis de febrero. Hoy, cincuenta y tres años después, era necesario recordarle y volver a mencionar lo que escribí cuando se cumplió el medio siglo de su marcha. Pero como dedicarle unas letras no es suficiente para saber de su obra, les sugiero que lo lean. Esta es una pequeña muestra de sus reflexiones para ilustrar su filosofía literaria, o su literatura filosófica:

El fin del hombre es dormirse en el Silencio. No se dirá “murió”, sino “lo recogió el Silencio”, y no habrá duelos, sino la fiesta silenciosa, que es Silencio.

El fin de la vida es llegar a la muerte con el cuerpo consumido por la jornada y el alma como luna llena que se asoma.

A mis jóvenes les ofrezco la cultura. Los haré dueños de los métodos, de sí mismos. Sus personalidades serán sus instrumentos. Los honores les vendrán de dentro para afuera. En una palabra, serán cultos, dueños de todo, porque poseerán el método. Sus cuerpos y sentimientos les obedecerán como autómatas. Unos serán místicos, solitarios; otros serán conductores y podrán alegrarse y alegrar, entusiasmar y entristecer a los demás.

Capital de paz

Bogotá reúne a personas y organismos internacionales laureados con el premio Nobel de la Paz.

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16 Cumbre Mundial de Nobel de Paz

La decimosexta Cumbre de Premios Nobel de Paz se celebra por primera vez en una ciudad latinoamericana y la elegida ha sido la capital colombiana, que es nombrada capital mundial de paz. Título que ostentará hasta la próxima cumbre.
El jueves 2 de febrero, en el día sin carro que anualmente y desde el año 2000 sucede en Bogotá, el recinto de Corferias ha recibido la inauguración de esta Cumbre en un salón abarrotado que ha congregado a veintisiete de los premios Nobel de Paz entre representantes de instituciones y personalidades:

el Instituto de Derecho Internacional (con sede en Bélgica, premiado en 1904); la Oficina Internacional por la Paz (Suiza, en 1910); el Comité Internacional de la Cruz Roja (Suiza, en 1917, 1944 y 1963); el American Friends Service Committee (Estados Unidos, 1947); el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Suiza, 1954 y 1981); Unicef (Naciones Unidas, 1965); la Organización Internacional del Trabajo (Naciones Unidas, 1969); Lech Walesa (Polonia, 1983); la Asociación Internacional de Médicos para la prevención de la guerra nuclear (Estados Unidos, 1985); Oscar Arias (Costa Rica, 1987); Rigoberta Menchu (Guatemala, 1992); José Ramos Horta (Timor Oriental, 1996); la Campaña Internacional para la prohibición de minas antipersonas y Jody Williams (Estados Unidos, 1997); David Trimble (Irlanda del Norte, 1998); Médicos Sin Fronteras (Suiza-Francia, 1999); la Organización de las Naciones Unidas (2001); Shirin Ebadi (Irán, 2003); Mohamed El baradei (Egipto, 2005); el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (Suiza, 2007); Leymah Gbowee     y Tawakkul Karman (Liberia y Yemen, 2011); la Unión Europea (2012); Kailash Satyarthi (India, 2014); el Cuarteto para el Diálogo Nacional en Túnez (Túnez, 2015), y el actual presidente colombiano Juan Manuel Santos (Colombia, 2016).

El evento ha comenzado con más de una hora de retraso, lo que ha servido para poner a prueba que la paz inicia con uno mismo y su paciencia. O que la cumbre debía estar más alta de lo previsto y por eso tardaba en alcanzarse.
Tras escuchar los himnos de Colombia y de Bogotá, la Casa Ensamble ha realizado una performance titulada Victus, cuyos protagonistas son excombatientes de las FARC, del ejército y del paramilitarismo que actúan en honor a todas las víctimas del conflicto armado para escribir una nueva historia, la de todas y todos los colombianos, tejiendo la paz al pasar una cinta blanca que saliendo del grupo teatral ha recorrido la sala implicando tanto a las personas laureadas como al público asistente.

La intervención de las y los premiados con el Nobel ha empezado con las palabras del timorense Horta. El que fuera presidente de Timor Oriental ha señalado que cuanto más dure un conflicto más difícil será sanar las cicatrices; que Colombia vive una oportunidad única para que la paz sea una realidad y ha pedido a los partidarios del no a la paz que le den un tiempo de gracia al acuerdo, que respalden el proceso y que concedan la oportunidad de disfrutarla. Porque, según ha afirmado, si hace falta coraje para la guerra también es necesario para la paz.

A continuación, la periodista y activista yemení Tawakkul Karman ha saludado a las víctimas con un “Salaam Aleikun” (la paz sea contigo) recordándoles que no son víctimas sino héroes excepcionales. Tras resaltar el racismo que significa cerrar las fronteras a los distintos, se ha comprometido a continuar su lucha por la paz, la dignidad y la justicia.

El expresidente de Costa Rica, Óscar Arias, ha comenzado su alocución recordando las primeras frases escritas por Charles Dickens en su “Historia de dos ciudades”. Indicando que aquellos mejores y peores tiempos son también los de hoy, donde la insensatez y la incredulidad se juntan, donde el país más poderoso del planeta está siguiendo el guión del “1984” de Orwell y que el muro que pretende hacer para aislar a México no sólo dividirá a los pueblos sino a las conciencias. Ha dicho que también son tiempos de sabiduría, como Colombia que, contra pronóstico, está buscando la paz. Ha pedido a la juventud que abrace la bandera de la paz y su propia quijotada para ser compañeros de viaje en la lucha por los sueños. Tras enviar un saludo a Mijail Gorbachov, fundador de la organización, ha vaticinado que los mejores tiempos se extenderán por el planeta en la era de la primavera de la esperanza.

Tras el costarricense, la presidenta de la Cámara de Comercio de Bogotá, Mónica de Greiff, ha dado la bienvenida y ha agradecido a la World Summit of Nobel Peace Laureates que la aceptaran su postulación para que la capital colombiana acogiera este evento, lo que supone un “momento excepcional para crear el país que nos merecemos”.

Ekaterina Zagladina, presidenta ejecutiva del secretariado permanente de la Cumbre, ha reconocido en su discurso que no estaba preparada para tanta emoción tras apostar por Colombia como sede y le ha pedido a la ciudad, después de nombrarla oficialmente como capital mundial de la paz, que “entregue a la humanidad el mensaje de que la paz es posible” aprovechando que está dos mil seiscientos metros más cerca de ella.

La siguiente presencia en el atril ha sido la del alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, que ha sido abucheado y silbado por una parte importante del auditorio. Y la verdad es que, después de escucharle, se lo merecía. Lo único salvable de su charla ha sido el reconocer que es un honor tener en la ciudad a tantos maestros, en referencia a las personas laureadas, y sus felicitaciones al presidente, al equipo negociador de La Habana y a la guerrilla. El resto ha sido un autobombo de su persona y su labor como alcalde, mezclando el sueño de un metro inalcanzable con las mentiras sobre un espacio público para todos como iguales. Él que tumbó por asalto una de las zonas más conflictivas de la capital, la olla del cartucho, expulsando a sus moradores para que engrosaran el número de habitantes de calle sin planificar para que fueran tenidos en cuenta como ciudadanos con derechos.

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El presidente Santos durante su intervención

Por último, ha cerrado las intervenciones de la inauguración el presidente Santos. Quien ha declarado su orgullo por tener en Colombia a tantas personas laureadas que trabajan y se comprometen por la paz.
Les ha recordado que se han encontrado con un país distinto, donde, tras más de ocho millones de víctimas y de doscientos veinte mil muertos, lo que parecía imposible se está cumpliendo: que más de seis mil hombres y mujeres de la guerrilla se estén concentrando para reincorporarse a la vida civil.
Ha resaltado que en Colombia se están cambiando los fusiles por las palabras y las balas por las ideas. Y una bala es la que ha lanzado al nuevo presidente de los Estados Unidos de América al cuestionarle su política hacia las personas migrantes.
El premio Nobel de Paz 2016 ha pedido dejar el lenguaje diplomático para hablar del amor, que es unidad, la de “una sola raza de todos los colores”; es compasión, único pero que le pongo porque denota un trasfondo religioso y las religiones son una de las  mayores causas de las guerras, y es tolerancia con la diferencia, que es “lo más valioso de las culturas”. Y para hablar de su contrario, que “no es el odio, sino el miedo que lo alimenta”.

Ha pedido derrotar ese miedo para hacer posible la esperanza. Para ello, ha dicho, hay que trabajar desde la educación, defendiendo la diversidad y cambiando el paradigma. Se ha reconocido como un soñador, pero que no es el único (I´m a dreamer, but I´m not the only one) recordando a Lennon. Y ha afirmado que “nuestro pueblo es uno, el mundo; y nuestra raza una, la humanidad”, para terminar pidiendo que para alcanzar la paz hay que crear paz interior, ese es el inicio del cambio.

Se ha despedido mandando un saludo al último presidente de la Unión Soviética y “disparando” otra bala al gran hermano del norte al cerrar afirmando que “sí hay cambio climático”.

La petición ciudadana que todas y todos debemos hacer es que el título de capital mundial de la paz sirva para que el país entero sea territorio de paz. Pax, paix, peace, mir, ukuthula, salam, pau, bakea, héping, frieden,…