15M

La ciudadanía sigue teniendo la palabra

En estos seis años desde que surgió lo que luego se denominó movimiento 15M, muchas cosas han cambiado. Aunque realmente lo han hecho para que todo siga igual.

Filosofía Irónica del 15M

Como decía el gran Marx, el otro, el del vodevil, “Tengo mis principios, pero si no le gustan los puedo cambiar”. La política, no solamente la española, es capaz de cambiar sus principios para ajustarse a los tiempos que corren y, sobre todo, mantenerse en el poder contra viento y marea.

Pero las cosas siguen más o menos igual… de mal. O peor, la corrupción, que ya se intuía, es ahora un muro en la vida pública y no pasa nada; la banca sigue ganando plata, pero nadie habla de que devuelvan el dinero del rescate que les regalaron; la malversación de caudales públicos está en todas partes y no hay manera de que alguien dimita; los “grandes” de algunas ramas del saber o del conocimiento abusan de los contratos basura o ni eso, de las y los becarios y les parece de lo más normal… lo dicho, mal.

Ah, pero eso sí… “estamos muy preocupados por la situación en Venezuela”. “Manda huevos” que diría el ínclito “i-responsable” del asunto del yak-42. Pero ahí seguimos, aguantando y sobreviviendo a la que nos está cayendo.

En aquellos días de 2011 escribí tres artículos de opinión que fueron publicados también en Nueva Tribuna. Del “15M, la acampada honesta” al “La violencia de los indignados” pasando por “15M, una llama olímpica”, en los tres planteaba la apuesta pacífica de un colectivo que había decidido optar por asentar sus posaderas en la plaza pública, en la de todas y todos, apelando a la denuncia y al buen humor desde la no violencia.

“No hay pan para tanto chorizo”, “Me sobra mes al final del sueldo”, “Tenemos la fuerza y las herramientas para reescribir la historia”, “Tu voto vale mucho, no se lo des” y otros aportes a la filosofía popular y ciudadana.

A pesar de eso, se les acusó de casi todo. Como a Bachelet, Castro, Chávez, Correa, Kirchner, Lula, Morales y demás “malévolos” del poder “maquiavélico”. Lo menos era de perroflautas, insultando en un solo concepto al mejor amigo del ser humano, a la música y al sujeto en sí. O eso se creían los otros, los bien vestidos, bien colocados, bien llevados, bien pagados y bien “aliñados”.

Lo último en insulto hacia ese colectivo, algo desarrapado por la acción de una sociedad pacata, neoliberal, explotadora y, aunque no se lo crean, ignorante, han sido las declaraciones recuperadas de una persona que se dice “socialista”. Acusándoles de que la culpa de que estuvieran cabreados (indignados) es porque “se pensaban que iban a tener su casita en la playa”. Claro, saltar de la perrera compartida al balcón frente al mar es un insulto para la “decencia” de tanta politiquería trasnochada y corrompida.

Pues en su filosofía política para dignificar al ser humano y la vida pública había grandes dosis de conocimiento, del científico y del popular, cuya suma, como diría Calvelo Ríos, da el verdadero saber. Ese otro eslogan de “Nuestros sueños no caben en vuestras urnas” abría una crítica sutil al sistema político desde la recuperación de la utopía.

Educación y cultura

Pero los que nos gobiernan la siguen cagando y no pasa nada. O pasa muy poco para lo que debería pasar. En el partido de la oposición, pese a que no tenemos nada claro a qué se opone, se matan por el poder, pero siguen, al menos una parte importante del mismo, sin contar con sus bases. ¿Cómo podemos pretender que luego, en caso de que lleguen al gobierno, cuenten con la ciudadanía?

Para la clase política todo lo que sea poner en duda su legitimidad atenta contra la democracia. En 2011 argumentaban que el 15M era “un movimiento organizado, antisistema, violento y agresivo”. ¿Qué tiene de malo estar organizado?, ¿cuál es la gravedad de enfrentarse a un sistema que no funciona?, ¿dónde está la violencia en acampar pacíficamente en el espacio público?, y ¿qué agresión supone denunciar lo que es evidente para todo el mundo?

Un sinfín de inconsistencias, incongruencias, incapacidades,… y nos reíamos del camarote de los hermanos aquellos que parecían chiflados anárquicos pero que representaban realmente otro tipo de indignación. Eran críticos con los poderes y con las “lógicas” de las rutinas impuestas.

Hoy merece la pena retomar esa llama olímpica que supone iluminar otros caminos para seguir creciendo como individuos y como sociedad, de una manera digna, solidaria y responsable. La llama desde luego deberá ir prendida de aire fresco para ventilar lo hediondo del poder. Hay que retomar las plazas públicas y sociales, inundar las redes virtuales, llenar de debate los campus universitarios, promover la discusión en las calles, en los centros de trabajo (quiénes tengan la suerte de tenerlo), en las parroquias o en los centros culturales, en los bares o en las casas con amigas y amigos alrededor de mesas camillas. Porque, como en los Juegos Olímpicos, si dejamos que la llama se apague se pierde el espíritu y se presagian malos resultados. Estaremos social y políticamente muertos.

Vivimos en sociedades autistas, cuyos políticos, la mayoría, pierden la memoria para lo que les interesa, que suele ser lo contrario de lo que interesa a la mayoría. Con el riesgo añadido de que se termine propagando la epidemia de la abstenciocracia, que esa mayoría que realmente debería de contar termine pasando de todo, porque ese todo es penoso, corrompido y para nada motivador de la participación y de la democracia.

No salen las cuentas

Aquellas y aquellos políticos autistas siguen engañándonos con esa democracia representativa que hace tiempo que no nos representa. Pero la ciudadanía no quiere seguir siendo mercancía para votar y olvidar; no desea formar parte de los desahucios, los de las viviendas y los de las calles; no pretende agachar la cabeza frente a la corrupción, y no le apetece continuar marginada de una realidad que no ha elegido.

Porque la ciudadanía sigue teniendo la palabra. ¡Vivan los 15M!

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García Lorca, un maestro

En el día de las y los maestros es pertinente recordar a Federico García Lorca

García Lorca sigue muy presente en la memoria y la historia mundial. Pese a que su cuerpo continúa desaparecido después de ochenta y un años, su figura y su obra nos mantienen firmes en la defensa de la cultura, la libertad y los ideales republicanos.

El 15 de mayo se celebra en Colombia, desde 1950, el día del maestro. Para mí, Federico García Lorca fue y sigue siendo un gran maestro. Un adelantado a su tiempo: el poeta español más leído de todos los tiempos, autor teatral, intelectual y activista político. Cuestionado por sus ideales, discutido por su sexualidad y perseguido por no ser uno más.

En su corto pero extenso e intenso caminar marcó tres grandes hitos: El Rinconcillo, Gallo y La Barraca. La tertulia, el periodismo y el teatro, tres maneras de comunicar, de educar y de compartir todo lo que llevaba dentro.

Foto de Federico dedicada a su amigo “Pepito” y retrato de Lorca obra de José Caballero (ambas en la casa museo del poeta en Fuentevaqueros).

De la revista dijo el propio autor: “Cinco o seis veces ha estado esta revista a punto de salir. Cinco o seis veces ha querido volar. Pero, al fin, está entre nosotros viva, con ganas de vivir mucho tiempo: y olorosa a tinta de imprenta… Revista de Granada para fuera de Granada, revista que recoja el latido de todas partes para saber mejor cuál es el suyo propio: revista alegre, viva, antilocalista, antiprovinciana, del mundo, como lo es Granada.” Finalmente solo vivió dos números.

Escribió El público para denunciar la hipocresía y reclamar libertad e igualdad a través del surrealismo; también amó el cante jondo y murió por cantar a la libertad, a la cultura y a la educación republicana.
Esa que estaba presente en la Constitución de la República española de 1931 al sancionar la libertad de conciencia (art. 27), el derecho a emigrar o inmigrar (art. 31), la libertad de ideas y opiniones (art. 34), el trabajo como una obligación social para una existencia digna (art. 46) y la enseñanza laica e inspirada en valores de solidaridad (art. 48).

Esa que se demanda en la sociedad colombiana y que hoy quince de mayo se recuerda celebrando el día del maestro (y la maestra). Como la vida está llena de curiosidades, dicha festividad coincide con unos momentos en los que el colectivo de docentes de la educación pública colombiana está demandando derechos y reconocimiento. Que el propio ministerio de Educación declare que “durante esta semana reconoceremos la importante labor de los maestros de Colombia”, mientras maestras y maestros están en paro nacional indefinido desde el pasado jueves 11 de mayo forma parte de esas inconsistencias.

Parece que la consigna del presidente Santos es llamarles al diálogo para levantar un paro que afecta a casi ocho millones de estudiantes de instituciones educativas públicas: “Mi invitación en el #DíaDelMaestro es a que dialoguemos y solucionemos diferencias en pro de la educación de nuestros hijos y su futuro”, según dicen que anunció en su cuenta de una de las famosas redes virtuales.

Cuando precisamente lo que reclaman desde la Federacion Colombiana de Trabajadores de la Educación (FECODE) es dialogar sobre condiciones como las salariales respecto a otras personas empleadas públicas, sobre las mejoras en el servicio de salud que reciben o sobre las inversiones en infraestructuras de las escuelas públicas para que no sea excusa que no reúnen condiciones para la docencia.

Pero desde el Ministerio de Educación contestan reclamando sensatez para no afectar “el derecho a la educación de más de ocho millones de estudiantes”, sin reparar en que ese derecho debe ir acompañado de calidad educativa. Y por su parte, los medios se fijan principalmente en el caos para la movilidad que conllevan sus marchas y en que madres y padres no tienen “dónde dejar a sus hijas e hijos”. O sea, lo importante es que se muevan los carros privados y que haya espacios abiertos (escuelas) para parquear a hijas e hijos. Cómo les cuiden y qué les ofrezcan en esas aulas parece ser secundario.

Seamos serios, estamos hablando de mejoras en la situación de aquellas personas que forman y formarán a las futuras generaciones de colombianas y colombianos, de la mayoría de ellos que llevan a sus vástagos a escuelas públicas. La base de una sociedad está en la educación, en la pública y gratuita, y eso no se arregla solamente celebrando el día de la y del maestro.

En esos países a los que dicen la mayoría de gobernantes que nos deberíamos parecer, la educación es un derecho, es laica, es gratuita (en el más amplio sentido de la palabra) y los profesionales que se dedican a ella están tan valorados o más que ingenieros, abogados, médicos, economistas y “politiqueros”. Si queremos “desarrollo”, con todos los peros que le ponemos al concepto, necesitamos educación de calidad y calidad en las y los docentes. Las reclamaciones son legítimas para mejorar la vida digna de quienes nos educan, que repercutirá en mejoría en la calidad de la educación y en que la infancia, la adolescencia y la juventud colombiana sea más cívica, mejor educada y con mayor criterio para enfrentar la vida.

Entrada a la casa-museo de Federico García Lorca y portada del catálogo de la exposición

Por eso retomo a García Lorca. Un maestro cuya vida e historia quedó rota en algún lugar de Granada, y que no ha sido todavía reparada su memoria ni se ha hecho justicia con su persona. El domingo 14 de mayo se ha clausurado en Fuentevaqueros (Granada, España) la exposición “Buscaba el amanecer… José Caballero evoca a García Lorca”.

En la sala llamada “el granero” del museo casa natal del poeta en su pueblo de la vega granadina, fue inaugurada el 5 de junio de 2016 coincidiendo con la fecha de su nacimiento y del cuarenta aniversario del primer homenaje, “el 5 a las 5”, que se le tributó en democracia en su tierra natal.

En el catálogo editado con motivo de la exposición por el Patronato Cultural FGL y la Diputación de Granada se puede leer: “Los proyectos nacen de alguien, crecen porque alguien cree en ellos y viven en todos aquellos que los disfrutan”. Este era un hermoso proyecto sobre la vida y obra del autor de Poeta en Nueva York. Por desgracia, como pasa demasiadas veces, un evento casi ignorado por los medios y, como consecuencia de ello, por la ciudadanía. Un documento profusamente ilustrado con dibujos de Caballero que está dividido en cinco partes: “alma presente”; “alma ausente”, una de las partes del poema por la muerte de Sánchez Mejías; “buscaba el amanecer”, sobre la visita de Caballero a Víznar; “José Caballero en Fuentevaqueros”, cuando llegó en 1968 buscando a su amigo, y “una amistad en documentos”, incluida la correspondencia entre ambos maestros.

El 1 de mayo de 1968, el pintor José Caballero, acompañado de María Fernanda Thomás de Carranza, viajó a tierras granadinas en busca de su amigo poeta. El artista onubense no encontró sino la ausencia de su amigo. Casi veinte años después, en 1987, al acudir a la casa museo, Caballero dejó escrito en el libro de visitas “Federico hermano,… esta tarde sigue sonando tu voz y tu amistad”. Una voz que no volvió después de aquella trágica madrugada de 1936 y una amistad que aún perduraba y que está documentada en todas las colaboraciones que llevaron a cabo y en todo lo que el pintor le dedicó al poeta.

En enero de este año tuve la suerte de visitar la casa natal y la exposición. Buscaba las raíces de Lorca y me encontré con ellas y con las semillas de Caballero. Un vínculo personal y artístico que esta exhibición muestra con toda la belleza de la amistad y la crudeza de la muerte. Recordar a estos dos maestros viene al pelo para celebrar este día del maestro. Ambos nos llevan a la reflexión, a pensar y a pensar-NOS. José buscaba el amanecer, igual que Federico con sus narraciones, y el amanecer no era. No estaba su compañero después de la noche y no pudo verlo más. El pintor los buscó a ambos y no encontró a ninguno, Lorca no apareció y las alboradas ya no fueron lo mismo.
Amanece, que no es poco, pero no es suficiente. Lorca dejó huérfana a toda una generación y a todo un país que, vergonzosamente, todavía no se ha disculpado por su pérdida. Al menos esa parte del mismo que lo repudió.
Recuperar su memoria y su obra es lo mínimo que podemos hacer para salvar en parte haberle ignorado por tanto tiempo. La exposición, que era otra manera de traerlo a la vida, ya no se podrá visitar, pero al menos la pueden ver y leer en el catálogo de la misma. También pueden leer el Romancero gitano, Yerma, Bodas de sangre, La casa de Bernarda Alba, Mariana Pineda o cualquiera de sus obras.

Monumento a Federico García Lorca en Fuentevaqueros, su pueblo natal

No voy a citar a nadie más, cada quien tiene sus héroes y heroínas, sus referentes y ejemplos de vida, sus personajes relevantes que nos enseñan. Pero creo que recuperar al maestro García Lorca es recuperar la cultura, el periodismo, el arte y la educación. Es reivindicar la memoria de un maestro republicano.

Maestras y maestros, el cinco de junio se cumplirán ciento diecinueve años del nacimiento de García Lorca. En su homenaje, y en el de todas aquellas personas que nos han acompañado a lo largo de nuestra vida y que nos han mostrado caminos que recorrer y otras maneras de recorrerlos, a todas las gentes que intentan cada día transformar alterativamente este jodido mundo, aunque no se dediquen profesionalmente a la enseñanza, les quiero dedicar:

Un poema de Lorca, “canción otoñal”

¿Y si la muerte es la muerte,
qué será de los poetas
y de las cosas dormidas
que ya nadie las recuerda?
¡Oh sol de las esperanzas!
¡Agua clara! ¡Luna nueva!
¡Corazones de los niños!
¡Almas rudas de las piedras!
Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas
y todas las rosas son
tan blancas como mi pena.

y la canción “el maestro” de Patxi Andion.

 

 

Principio de incertidumbre

Saber que cumplimos años, uno tras otro, y que eso que es vivir supone que te vas muriendo. Con la incertidumbre de no saber cuándo. Pero es ley de vida: nacemos, nos desarrollamos y morimos.

Esa incertidumbre no tiene nada que ver con la indeterminación que enunció Heisenberg en 1925 y que le valió el Nobel de Física en 1932. Aunque por cosas de esa misma imprecisión, se lo dieran en 1933 porque el año anterior la Academia sueca lo declaró desierto.

In-certidumbre

En esta epístola le quiero agradecer a la vida y a la amistad, a la tierra y al amor, a la luna y a mis pateras al Sur. Gracias a la vida que me ha dado tanto, que me ha dado el sonido y el abecedario, con él las palabras que pienso y declaro.

Por eso este cuatro de mayo, otra vez jueves como en 1961, y quizá ya viernes cinco en algunos lados, les invito a vivir la vida que tenemos, disfrutando la suerte de estar vivos. Si vivir es lo más duro que tiene la vida, no la hagamos más difícil cada día con inquinas y sospechas. Viva la vida, esa de la que no tenemos la llave y cuyos castillos están construidos sobre sal y arena.

Un saludo amable y una sonrisa, agradeciendo, cada quien a sus dioses o a sus demonios, estar y ser, compartir y sonreír. Que la vida es grande, más que tú y que yo, y estoy en una esquina perdiendo mi religión y pensando que te oigo reír y cantar.

En esta carta están mi diosa mestiza, ella que me da y no me quita, que me acompaña y respalda, desde La Habana hasta el final; y las santas y santos de mis devociones, ya sean personas, textos o canciones. Figuran, aunque no los nombre, mi padre y mi padre y mi hermana y hermano, mi hija e hijo y mis cuñadas y cuñados, también la mamita; mis amigas y amigos, los de la escuela y el barrio, los de la mili y la academia; mis gatas y mi gato y los canes del goype, el bar de mi padre; mis deportes y aficiones, las y los deportistas que pierden y ganan; mis profesoras y profesores, mis colegas y tutores; mis estudiantes, nuestras aulas y sus alas; mis periodistas, sus periódicos y sus gaitas; mis actrices y actores, mis autoras y autores, mis músicas, sus músicos y sus letras, y mis lugares y mis vacíos, mis ciudades y paisajes, mis sueños e ilusiones.

Por la luz y la penumbra; por las nubes y las olas; por la arena, la de la playa y la del Sahara; por los montes y las estrellas, esas de las que estoy dos mil seiscientos metros más cerca; por los colores, incluidos todos los verdes que veo cada día; por las palabras y los sonidos, por las letras y por las músicas porque hoy puede ser un gran día. Plantéatelo así.

En esta fecha comienzo mi quincuagésimo séptimo año de vida y sigo creyendo. Creo en mi ateísmo y en las personas, en la comunicación que nos acompaña y que determina la sociedad en que vivimos, en esa que cruzamos con compromiso y hace esquina con solidaridad.

Va siendo hora de dejar de caminar por el lado salvaje, mejor mirar al Mediterráneo que vio nacer tantas vidas y pensarlo y pensarnos para que deje de ser cementerio de tantas otras. Porque somos ellas y los otros en esas fronteras del mundo, allá donde tenemos que romper las esclavitudes del nuevo siglo para ser acuarelas de colores, humanos de muchas razas y olores de muchos sabores.

Hagamos un trato para contar contigo y con las otras y otros, con los demás. Construyamos un nuevo canal sin esclusas ni excusas, que comunique por fin tu mirada atlántica con mi natural pacífico. Aunque sea en ese barquito chiquitito que no sabía navegar. Para seguir como niñas y niños jugando en las playas, escondernos tras las cañas y dormir con nuestro amor, llevando su luz y su olor por dondequiera que vayamos.

Apostemos a la paz, con uno mismo, con nosotras y nosotros, con la naturaleza y con la sociedad. Arriesguemos a vivir en paz con la madre Tierra, con la Pachamama, por el bien común de la humanidad, por el buen vivir (sumak kawsay) de los pueblos originarios. Por esa tierra de la que formamos parte y que no nos pertenece y por esas estrellas del cielo que todas y todos soñamos en la Tierra. Porque verde, te queremos verde y que nos hablen del mar los marineros.

4 de mayo

La vida es bella y le podemos encontrar al menos diez razones para vivirla. La primera es estar vivo, la décima una canción y la séptima un beso suyo. Al corazón del amigo, abre la muralla; al veneno y al puñal, cierra la muralla; al mirto y la yerbabuena, abre la muralla; al diente de la serpiente, cierra la muralla; al ruiseñor en la flor, abre la muralla.

Vivimos tiempos modernos con pequeños soñadores tildados de grandes dictadores y enormes tiranos señalados como salvadores, que nos hunden en mayores miserias. Por suerte contamos con intocables que luchan por salvar el mundo, con gentes cabales que combaten a hombres sin piedad y con algunas luces que iluminen esas nuestras ciudades de múltiples dioses. Todavía podemos cantar bajo la lluvia y pedirle a nuestro particular Sam que toque de nuevo nuestra canción.

No podemos seguir esperando al fantasmal mr. Marshall que nos venderá humo por “desarrollo”; permanecer los lunes, y toda la semana, al sol sin luchar contra las injusticias; continuar como santos inocentes aceptando al verdugo, o encerrados en cualquiera de las cabinas que los poderes nos abren para excluirnos en ellas.

Tenemos que labrar nuestro camino y emprender ese viaje que es la vida y que nos llevará, tal vez, a ninguna parte, pero será el destino que queramos y no el que nos impongan. Si he muerto y he resucitado es porque quiero estar a tu lado. Porque el mundo puede ser maravilloso si le damos una oportunidad a la paz. Pues, si en tu camino sólo existe la tristeza y el llanto amargo de la soledad completa, ven, canta, sueña cantando y vive soñando… Si es que no encuentras la alegría en esta tierra, búscala hermano más allá de las estrellas.

No hay montaña lo suficientemente grande para evitar que podamos vivir la vida dejando que los demás sean. Porque no hay una sola verdad, porque quiero que papá me cuente otra vez esas lindas utopías que nos permiten soñar. Dicen que la gente está loca. No, la gente está manipulada porque nos gobiernan a través del miedo. No podemos poner el dinero como bien supremo porque nos conduce a la catástrofe.

Lo que podemos es crear nuestra propia estrategia del caracol y dejarles con su “puta casa pintada” y saborear los deliciosos helados de fresa y chocolate que la vida nos pone delante. Nosotras y nosotros somos naturaleza.

También quiero preguntar y seguir preguntando, y saber en qué lugar de La Mancha, de Madrid o Bogotá, de La Habana o Torre del Mar, en Legazpi o en Vallekas, en Las Aguas o en La Candelaria, están nuestras esperanzas y nuestras ganas de luchar. Buscar nuestras propias memorias del subdesarrollo, de lo que aquellos nos acusan, y recorrer la geografía humana y social de esta destartalada América, la nuestra, de este jodido mundo, el nuestro, para escribir nuestros diarios de motocicleta.

No quiero más venas abiertas, ni en América Latina ni en ningún lugar. No más noches de los cristales rotos ni de los lápices. Ni tampoco más rodrigos de no futuro o rosarios tijeras o marías llenas son de gracia. No más olvidados, ni desposeídos ni condenados de la Tierra que tienen el verbo prestado y las verdades vestidas por quienes les oprimen. Porque no queremos más historias oficiales, nos importan las historias de los otros, las otras historias, por muy mínimas que sean.

No tengo una bola de cristal, pero me mola imaginar, mejor con amigas y amigos, para intentar volar sin pensar si caeré en el cielo o en el infierno. Me dicen que soy un soñador, ¿un soñador? Sí, pero por suerte no soy el único. Somos un mar de fueguitos caminando hacia el país de los sueños.

Nunca digamos que todo es natural, para que podamos cambiarlo. Seamos rebeldes, y gritemos aunque no creamos en nada, pero sin dudar de nuestro grito y creyendo en nuestra protesta. Y luchemos contra cualquier tipo de violencia, en cualquier circunstancia, aunque nos digan que es a favor del “bien”. Los molinos y los gigantes siguen siendo muchos y poderosos. Caminemos contra ellos.

Si queremos la revolución, el poder debe ser de la gente. Y no olvidemos que somos la memoria que tenemos y las responsabilidades que asumimos; sin memoria no existiríamos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir.

Aun así, no dudemos en volver a reír. En regresar al sitio de nuestros recreos. Pensemos que hay un lugar en nuestro corazón para curar el mundo. Quiero un espejo para poder mirarNOS y convertirlo en ventana para comunicarNOS.

Quiero un libro lleno de abrazos y que pongamos el mundo patas arriba y la escuela del revés, que no padezcamos la realidad, sino que la cambiemos; que no olvidemos el pasado sino que lo escuchemos, y que no aceptemos el futuro sino que lo imaginemos.

Es duro vivir y es largo el camino, pero el cambio está llegando. Deja que entre y recíbelo con una sonrisa, como a la paz. Después, puede que todo siga igual, o puede que no sea así. Y que este sea un buen final de certidumbres en un principio de incertidumbre.

Gracias por acompañarme hasta aquí y sigamos caminando.

Freire

Veinte años sin el padre de la pedagogía de la liberación

En La Habana (Cuba), en mayo de 1997, la segunda edición del “Encuentro Iberoamericano Cultura y Desarrollo: retos y estrategias” tenía como conferencista principal al maestro Paulo Freire. Ese fue uno de los motivos que me llevó de nuevo a la capital cubana. El otro, o los otros, mi cercanía sentimental e intelectual con la Revolución Cubana y sus propuestas sociales y políticas.

Aquel congreso ha podido pasar a la historia por muchas cosas, para mí se quedó colgado en el tiempo con la ilusión incumplida de haber podido compartir con el maestro de la pedagogía latinoamericana. Falleció el 2 de mayo de ese año, días antes de un evento que se quedó huérfano y que, pese a todo, fue toda una experiencia académica.

Freire vivo, imagen tomada de la web del Instituto Paulo Freire

El 19 de septiembre de 1921 nacía en Recife (Brasil) Paulo Reglus Neves Freire. Su pensamiento pedagógico, fundamentalmente político, promovió una educación de perfil humanista que buscaba que el ser humano se integrara en su realidad. Su pedagogía del oprimido estaba unida a la toma de conciencia crítica para romper las ataduras del poder y transformar la sociedad.

Acreedor en 1986 del premio internacional ‘Paz y Educación’ de la UNESCO y reconocido por la Organización de Estados Americanos (OEA) con el premio Andrés Bello como “educador del continente”. Una veintena de universidades de todo el mundo le han concedido el doctorado ‘honoris causa’.

El 19 de septiembre de 2013, día en que hubiera cumplido 92 años, la Universidad Federal de Pernambuco inauguró una escultura suya en bronce a tamaño real obra del artista Abelardo da Hora, amigo personal de Freire. Era la primera estatua dedicada al declarado “patrono de la educación brasileña” y símbolo del Movimiento Pedagógico Latinoamericano.

Siempre se ha dicho que en el pedagogo brasileño se juntan vida, obra y pensamiento. Su ideario ha alimentado a varias generaciones de pensadoras e intelectuales de todo el mundo. En su texto Pedagogía del oprimido, el maestro afirma: “La pedagogía del oprimido, como pedagogía humanista y liberadora tendrá, pues, dos momentos distintos, aunque interrelacionados. El primero, en el cual los oprimidos van desvelando el mundo de la opresión y se van comprometiendo, en la praxis, con su transformación, y, el segundo, en que, una vez transformada la realidad opresora, esta pedagogía deja de ser del oprimido y pasa a ser la pedagogía de los hombres en proceso de permanente liberación.”

Sus propuestas pedagógicas combatían la educación bancaria, aquella en la que un docente “ilustrado” les transmite conocimiento a unos “alumnos” sin luz que se llenan de datos y hechos sin criterio y sin contexto impidiéndoles tener un pensamiento crítico. Para ello propone una educación problematizadora que cuestione el statu quo y que plantea la enseñanza como un diálogo en un proceso en el que educador y educando comparten y aprenden entre sí. En esa conversación, la palabra es acción y reflexión. Una dupla indisoluble sin la que no es posible la transformación del mundo. Si solamente fuera acción no permitiría el diálogo, y si sólo se queda en reflexión se vuelve palabrería.

Sus métodos parten de la cultura popular y se alimentan de la práctica social. Para Freire es fundamental trabajar la pedagogía de la pregunta: “Siempre estamos escuchando una pedagogía de la respuesta. Los profesores contestan a preguntas que los alumnos no han hecho.” Pretendía evitar que se perdiera la curiosidad, base del aprendizaje, y recuperar el interés por cuestionarse y revivir las preguntas para conocer y educarse.

La sencillez de sus palabras las hace casi perogrulladas, pero él fue quien las puso en verdaderas propuestas innovadoras de la educación existente. Hizo fácil lo difícil al expresar cosas tan evidentes como que “Enseñar exige saber escuchar”; “La cultura no es atributo exclusivo de la burguesía. Los llamados “ignorantes” son hombres y mujeres cultos a los que se les ha negado el derecho de expresarse y por ello son sometidos a vivir en una ‘cultura del silencio’”; “Todos nosotros sabemos algo. Todos nosotros ignoramos algo. Por eso, aprendemos siempre”, o “Alfabetizarse no es aprender a repetir palabras, sino a decir su palabra”.

Estatua de Paulo Freire en la Universidad Federal de Pernambuco. Imagen tomada de la web de la Internacional de la Educación para América Latina

Para Freire había que leer el mundo antes de leer las palabras, pensaba que era necesario conocer el contexto y sus implicaciones. Su pensamiento se puede definir en una afirmación categórica que sigue siendo pertinente en un hoy en el que nos pretenden homogeneizar a partir del edu-entretenimiento: “la educación como práctica de la libertad.” Contraponiendo la educación para el hombre-sujeto frente a la impuesta educación para el hombre-objeto.

En el libro escrito a dos voces entre Freire y Faundez plantean que: “El movimiento perenne de la pregunta nos sitúa en un horizonte de conversación, intercambio, visibilidad y reconocimiento de otras voces no presentes en el diálogo pero que están vinculadas con él, en ese transcurso, difícil pero necesario, complejo pero ineludible, singular y colectivo, de construir una palabra colectiva.”

Cuando en ese mismo texto Freire habla del sueño de reinventar la sociedad, afirma: “el sueño sólo será posible en la medida en que descanse en una comprensión rigurosa del presente que, al ser profundamente modificado, hace viable la concreción del sueño.” Su sueño debería ser el sueño de toda persona hoy, sin distinción de ningún tipo, en cualquier lugar del mundo: “crear una sociedad en la que una minoría no explote a las mayorías (…) en la que preguntar sea un acto común, diario (…) en la que la participación permanente sea una forma de ser del pueblo, junto con su responsabilidad social y política.”

Como señaló en su Pedagogía de la esperanza: “No hay cambio sin sueño, como no hay sueño sin esperanza.”

Para terminar, “si la educación es a la vez un acto político, un acto de conocimiento y un acto creador” comuniquémoslo, hagamos política, promovamos la educación liberadora y creemos y creamos que es posible un cambio social para mejorar la situación de las mayorías oprimidas.

Pueden ampliar información y conocimientos en la web del Instituto Paulo Freire de Brasil.

La guerra escondida

Presentación del informe sobre minas antipersonal

El Centro Nacional de Memoria Histórica y la Fundación Prolongar han presentado, el 26 de abril en el marco de la XXX Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBO), el informe “La guerra escondida. Minas antipersonal y remanentes explosivos de guerra en Colombia”.

Portada del Informe sobre minas antipersonal

Un documento de más de cuatrocientas páginas que recoge los resultados de dos años de trabajo de un grupo de investigadoras e investigadores colombianos. Con la coordinación de María Elisa Pinto y la relatoría de Gabriel A. Ruiz, el informe presenta un panorama fidedigno sobre el uso de las minas antipersonal y las consecuencias sobre las personas afectadas, principalmente población civil y efectivos de las fuerzas públicas.

El trabajo recoge que, según cifras de Dirección para la Acción Integral Contra Minas Antipersonal, en el período 1990-2016 el número de víctimas en Colombia por minas antipersonal (MAP) y remanentes explosivos (REG) ascendió a once mil cuatrocientas cuarenta personas, de las que el 60 % fueron miembros de la Fuerza Pública y el 40 % civiles.

Un arma explosiva que está prohibida por el Derecho Internacional Humanitario a través de la Convención de Ottawa de 1999 y que no discrimina a la hora de lesionar personas. Colombia ocupa el segundo lugar en el mundo en víctimas de este tipo de armamento, después de Afganistán, y el primero en cuanto a que esas damnificadas pertenezcan a la Fuerza Pública.

El profesor Gabriel A. Ruiz también hizo público dicho informe dentro del IX Congreso Internacional de Ciencias Sociales de la Universidad de Medellín (UdeM) que tuvo lugar en la capital antioqueña los días 27 y 28 de abril. Frente a un auditorio formado por docentes, investigadores, estudiantes y especialistas en comunicación, educación, conflicto y paz, el doctor Ruiz dio a conocer cómo se había llevado a cabo ese trabajo durante los dos últimos años.

La investigación efectuó trabajo de campo en las nueve zonas del país más afectadas por este tipo de explosivos: los departamentos de Antioquia, Arauca, Caquetá, Cauca, Meta, Nariño, Norte de Santander y Putumayo y la región de los Montes de María, en los departamentos de Sucre y Bolívar. En ellos se concentran los veinticinco municipios que reúnen al cincuenta por ciento de las víctimas y sobrevivientes.

Las y los investigadores han trabajado con ciento sesenta víctimas civiles y trescientas de la Fuerza Pública, además de veinte personas desmovilizadas. En su desarrollo se llevaron a cabo talleres con mujeres, hombres, niñas y niños y adolescentes de las comunidades afectadas, incluyendo los miembros de la etnia awá que ha sido una de las más golpeadas por el uso de minas antipersonal.

El informe cuenta con el prólogo de Jody Williams, premio Nobel de la Paz en 1997 por su campaña contra las minas antipersonal, quien resalta la importancia de luchar contra un armamento que continúa “cobrando vidas y extremidades” décadas después de la terminación de una guerra.

Para la activista, estos artefactos de guerra son más que “armas de destrucción masiva a cámara lenta”, porque “fueron diseñadas para mutilar un enemigo y causar pánico entre los combatientes que lo rodean”. No sólo inciden sobre las víctimas directas, sino que causan efectos en las familias, por las cargas que los acompañan; en la sociedad, por las atenciones sanitarias que requieren, y en la tierra, porque limitan el uso productivo del territorio.

El profesor Gabriel Ruiz durante la presentación del informe en la UdeM

En el texto se subrayan los dos momentos más relevantes para las personas que sobreviven a las minas o a los remanentes: uno, “las circunstancias que rodean el atentado”, y dos, “las dificultades para hacer reconocer sus derechos y acceder a los mecanismos de protección y atención previstos para estos casos.”

Todo lo que recoge este trabajo hace ver que las MAP y los REG constituyen “una guerra sin rostro que tiene la particularidad de que su huella queda marcada para siempre en la corporalidad del sobreviviente.”

De entre las catorce conclusiones y recomendaciones recogidas en el informe destacaríamos las siguientes:

  • que el uso de estos artefactos por parte de las guerrillas de las FARC y del ELN “fue su respuesta al avance tecnológico de las Fuerzas Armadas colombianas, representado en la tecnificación de la capacidad de ataque aéreo de precisión, que significa un máximo de eficacia y un mínimo de exposición.” Lo que no justifica su empleo ni el sufrimiento que conlleva, siendo su efecto indiscriminado una “muestra de la degradación de la guerra” y de la clara violación del Derecho Internacional Humanitario.
  • que las minas antipersonal alteran la relación de la población con su territorio, aumentando la deserción escolar, disminuyendo la superficie de tierras cultivadas y produciendo mayor desplazamiento forzado.
  • que las personas sobrevivientes y sus familias no demandan fundamentalmente ayudas económicas sino revalorización de su condición y el reconocimiento como sujetos de derechos.
  • que el trabajo de recuperación de la memoria es fundamental para la reconstrucción de relatos que dignifiquen a las víctimas y les liberen de la incertidumbre que les hace autoinculparse de su situación.
  • y la petición de que se instaure el 22 de abril como el “Día del reconocimiento de la dignidad de los sobrevivientes y las víctimas de MAP y REG”. Ese día del año 2010 fue la fecha más nefasta, al sumar ochenta y cinco personas afectadas por cuatro explosiones en otros tantos lugares del país.

Como parte fundamental del proceso de paz, Colombia necesita abordar el completo desminado de su territorio y cumplirle social, económica y sanitariamente a las víctimas y a sus familias.