Caminante, no hay camino

De poesías y de teatro, de alegrías y tristezas, de esas Españas que mueren y que bostezan, de soledades y cantares son los caminos que escribió el gran Machado.

Antonio Machado retratado por Joaquín Sorolla

Antonio Cipriano José María Machado Ruiz nació en Sevilla el 26 de julio de 1875, y murió en Colliure, Francia, el 22 de febrero de 1939. Uno de los más ilustres representantes de la insigne Generación del 98. Fue, como lo definía Max Aub, “un modo de ser”.

Mi infancia son recuerdos de un patio de colegio, donde rezábamos el ángelus y cantábamos el cara al sol. Y en el aula, al escondido, nos leía a Hernández y a Machado un profesor. En el calor del estío, en un sombrío salón de clases, las moscas revoltosas nos evocaban aquellas otras cosas que ni iglesias ni dictadores podían impedirnos soñar.

Pecando de inmodestia puedo decir que hay dos cuestiones que me unen a este gran autor: la primera, que fue docente, durante algo más de cuatro años, en el Instituto de Enseñanza Secundaria (IES) Cervantes de Madrid en el que cursé mi bachillerato y donde una placa recuerda su breve paso por la institución como catedrático y profesor de francés. En una orden infame de 1941 se le separó y dio de baja en el escalafón de catedráticos de Institutos Nacionales de Enseñanza Media. Hubo que esperar hasta 1981 para que un claustro de profesores del Cervantes solicitara su legítima restitución y que el entonces ministro de Educación, Mayor Zaragoza, firmara el 31 de diciembre su rehabilitación. Así, a título póstumo y recordando las palabras del poeta de que “hoy es siempre todavía”, se limpió el buen nombre de Machado reconociéndole como miembro de honor del claustro del instituto.

El otro asunto que me junta con el heterónimo de Juan de Mairena es que ambos le creemos a la loca cordura del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha:

“Por un camino en la árida llanura, / entre álamos marchitos, / a solas con su sombra y su locura / va el loco, hablando a gritos. (…)

No fue por una trágica amargura / esta alma errante desgajada y rota; / purga un pecado ajeno: la cordura, / la terrible cordura del idiota.”

Placa en homenaje a Machado en el IES Cervantes de Madrid (foto: Héctor Chaves)

A lo largo de los años uno surca muchos caminos, algunos no los volverá nunca a cruzar. En otros, nos encontramos con esos personajes que nos enseñan de la vida, de la historia, del narrar y del cantar. Machado es uno de esos actores de nuestra existencia cuya prosa y cuyos poemas, muchas veces en la voz de Joan Manuel Serrat, resuenan en nuestras cabezas, laten en nuestros corazones y dejan indelebles huellas en las almas pasajeras.

El poeta de los campos castellanos le dedicó versos, además de a Gonzalo de Berceo, a Unamuno, quien le nombraba como “El hombre más descuidado de cuerpo y más limpio de alma de cuantos conozco”, a Jiménez, Valle Inclán, Azorín, Palacio, Darío y, como no, a García Lorca

“Se le vio caminar… / Labrad, amigos, / de piedra y sueño en el Alhambra, / un túmulo al poeta, / sobre una fuente donde llore el agua, / y eternamente diga: / el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!”

A él también le dedicaron una poesía en forma de pintura. El retrato que Joaquín Sorolla le hizo en 1917 y que le donó como un “poema personal”. El lienzo se encuentra en la Hispanic Society of America de Nueva York.

Machado participó en Valencia, ya en plena guerra civil española, en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura que organizaba la Alianza de Intelectuales Antifascistas y para el que escribió un discurso que tituló “El poeta y el pueblo”, publicado el 16 de julio de 1937 en La Vanguardia, en el que reflexionaba:

“Cuando alguien me preguntó, hace ya muchos años ¿piensa usted que el poeta debe escribir para el pueblo o permanecer encerrado en su torre de marfil?, yo contesté con estas palabras, que a muchos parecieron un tanto ingenuas ‘Escribir para el pueblo – decía un maestro- ¡que más quisiera yo! Deseoso de escribir para el pueblo, aprendí de él cuanto pude, mucho menos – claro está – de lo que él sabe. Escribir para el pueblo es, por de pronto, escribir para el hombre de nuestra raza, de nuestra tierra, de nuestra habla, tres cosas de inagotable contenido que no acabamos nunca de conocer. Y es mucho más, porque escribir para el pueblo nos obliga a rebasar las fronteras de nuestra patria, escribir para los hombres de otras razas, de otras tierras y de otras lenguas. Escribir para el pueblo es llamarse Cervantes en España; Shakespeare en Inglaterra; Tolstoi en Rusia. Es el milagro de los genios de la palabra. Tal vez alguno de ellos lo realizó sin saberlo, sin haberlo deseado siquiera. Día llegará en que sea la suprema aspiración del poeta. En cuanto a mí, mero aprendiz de gay-saber, no creo haber pasado de folklorista, aprendiz, a mi modo, de saber popular.”

Portada de La Vanguardia del 16 de julio de 1937

Cuanta razón tuvo don Antonio en sus versos, cuanta queja justificada por la poca cabeza y la mucha sangre derramada

“Del pasado efímero / Este hombre no es de ayer ni es de mañana, / sino de nunca; de la cepa hispana / no es el fruto maduro ni podrido, / es una fruta vana / de aquella España que pasó y no ha sido, / esa que hoy tiene la cabeza cana.”

Aunque nunca persiguió la gloria, se quedó en nuestra memoria con sus mundos pintados de sol y grana, con sus campos de Castilla, su Soria y su Sevilla, y con su hastío. Le cantó al olmo viejo, al cristo de los gitanos, al pasado efímero y al cante jondo. Sus sueños hicieron camino al andar y presagiaron aquella senda que nunca iba a volver a pisar. Sus pisadas terminaron junto al mar, como esas estelas de su caminar, en el pueblito francés de Colliure un 22 de febrero. Allá se quedó y nos dejó imaginando los caminos que él mismo soñó:

“Yo voy soñando caminos de la tarde. ¡Las colinas doradas, los verdes pinos, las polvorientas encinas!…

¿Adónde el camino irá? Yo voy cantando, viajero a lo largo del sendero… -la tarde cayendo está-.

“En el corazón tenía

“la espina de una pasión;

“logré arrancármela un día:

“ya no siento el corazón”.

Y todo el campo un momento

se queda, mudo y sombrío,

meditando. Suena el viento

en los álamos del río.

La tarde más se oscurece;

y el camino que serpea

y débilmente blanquea

se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir:

“Aguda espina dorada,

“quién te pudiera sentir

“en el corazón clavada”.”

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IAMCR 2017

Sesenta años de la más importante asociación en el campo de la comunicación

En esta ocasión, la organización del evento está a cargo de la Corporación Universitaria Minuto de Dios (Uniminuto) en el año en que cumple veinticinco años de existencia. Un congreso que por primera vez se celebra en Colombia y que ha contado con el apoyo de otras universidades del país.

Logo de IAMCR2017

Bajo el título “Transformaciones de la cultura, la política y la comunicación: Nuevos medios, territorios y discursos”, esta nueva edición del congreso tiene como referente intelectual al maestro Jesús Martín Barbero, uno de los más destacados intelectuales del campo de la comunicación, y a su obra más reconocida “De los medios a las mediaciones”.

En este 2017 se cumplen treinta años de la publicación de ese “clásico” del campo de la comunicación que nos cambió el lugar desde el que nos hacemos (o deberíamos hacernos) las preguntas y la forma de pensar y estar en el mundo. Este año también cumplirá ochenta otoños el maestro, por lo que se aúnan motivos más que suficientes para esta dedicatoria.

La edición número sesenta del congreso de la International Association for Media and Communication Research (IAMCR por sus siglas en inglés) comenzó el 14 de julio en la sede principal de Uniminuto en Bogotá con la preconferencia organizada por la sección de Investigación en Comunicación Participativa (PCR, Participatory Communication Research) titulada “Publicidad participativa: una aproximanción global con un enfoque latinoamericano”.

IAMCR es la más destacada de las organizaciones profesionales que en el mundo trabajan en investigación en medios y en comunicación por su presencia en los cinco continentes y por su incidencia en el campo. Según se define la propia asociación “Sus miembros promueven la inclusión global y la excelencia dentro de las mejores tradiciones de la erudición crítica en el campo” de la comunicación.

El evento inició con un aperitivo los días 12, 13 y 14 de julio en Quito (Ecuador) con el VIII Encuentro Pan-Americano de Ciencias de la Comunicación (PANAM-2017) y el X Congreso Internacional de la Unión Latina de Economía Política de la Información, la Comunicación y la Cultura (ULEPICC – 2017) – Políticas de Comunicación e Integración Económica Intercontinental celebrado en la sede del Centro Internacional de Estudios Superiores en Comunicación para América Latina (CIESPAL) de la capital ecuatoriana. Y continuó el sábado 15 con otras ocho preconferencias en distintas sedes de algunas de las universidades de Cartagena que respaldan el congreso (Los Libertadores, Universidad Autónoma de Nariño, Jorge Tadeo Lozano y Tecnológica de Bolívar).

Centro de Convenciones de Cartagena de Indias

La inauguración oficial del congreso tuvo lugar el domingo 16 de julio en el Centro de Convenciones de Cartagena de Indias (CCCI). Cerca de mil trescientos participantes de noventa y seis países, con casi mil quinientas ponencias, se han dado cita en la llamada ciudad heroica.

Amparo Cadavid, de Uniminuto, como directora del Comité Organizador Local, abrió la jornada dando la bienvenida al congreso a todas las personas, participantes e invitadas, y presentando un evento en el que se reconoce que, como aparece en la web, “Hoy, en todo el mundo, la comunicación y los medios se ven transformados por múltiples dinámicas, tendencias y corrientes que resultan complejas y a menudo impredecibles. Cada día en más regiones del mundo los actores sociales y políticos tradicionales son puestos en cuestión, y surgen nuevos movimientos, definidos por preferencias sexuales, estilos de vida, identidades étnicas, costumbres, prácticas o intereses. Estos nuevos actores son proclives a ver “lo político” como escenario que permite múltiples formas de participación, más que como espacios donde se encontrarían representados.”

Tras el vídeo con las palabras del rector general de Uniminuto, Harold Castilla, en la mesa principal se sentaron Janet Wasko, presidenta de IAMCR; Jefferson Arias, rector de la sede principal de Uniminuto en Bogotá, y Jaime Abello, director de la Fundación García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), organización que también apoya el congreso.

Jefferson Arias, rector de la sede principal de Uniminuto

La presidenta Wasco agradeció el recibimiento y el esfuerzo realizado para llevar a cabo esta edición, mientras que el rector Arias animó a todas y a todos a disfrutar del evento, de la ciudad y del país. Por su parte, Abello recordó la figura de Gabo en Cartagena, ciudad punto de llegada y partida de su labor periodística, destacando la importancia de los procesos de apropiación del conocimiento y el valor de la narración y la ética para trabajar por una comunicación que promueva el cambio social.

A continuación, el comunicador, docente, periodista y crítico de medios Omar Rincón, amigo personal de Jesús Martín Barbero, tomó la palabra para compartir una charla homenaje al maestro en la que comenzó repartiendo un plegable que recoge frases que pidió a comunicadoras y comunicadores de América Latina y Europa sobre la obra de Martín Barbero y dando al público la bienvenida “al lugar donde pensamos la comunicación de otra manera”.

Su conferencia giró alrededor de tres escenas: la primera, un relato resaltando lo que supuso “De los medios a las mediaciones”, un texto en el que, según sus palabras, Jesús se posiciona frente al mediacentrismo, contra los dualismos, en donde se inventó unas mediaciones que no define, en el que señaló los escalofríos epistemológica que sintió al ver a la gente en su cultura mediática, en el que evidenció que la comunicación es de prácticas y culturas y de reconocimientos.

Plegable conmemorativo

La segunda escena, los mapas que Martín Barbero llama cartografías nocturnas con los que ha ido construyendo su navegación por la comunicación para la que tiene sus propios “mandamientos”: pensar con la propia cabeza, tener algo que decir y ganarse la escucha.

La última escena, cómo habitar hoy un mundo en el que ya no nos sirve la forma de pensar el siglo XX. Toca mezclar “jurassic park” con “walking dead” para entablar un diálogo entre las generaciones de antes y las nuevas de hoy, en unos tiempos de culturas bastardas con muchos padres y una sola madre que es lo local, el territorio que falta, como dice el maestro, meterle a la universidad.

La inauguración tuvo una segunda parte con un panel en el que participaron Nick Couldry, profesor en el Departamento de Medios y Comunicaciones de la London School of Economics (Inglaterra); Amparo Marroquín, directora de Estudios Superiores en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas en El Salvador; Francisco Sierra, director de Ciespal y catedrático de la Universidad de Sevilla (España), y Germán Rey, profesor de la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá (Colombia), y en el que todos ellos le dedicaron su personal reconocimiento a Jesús Martín Barbero.

Coultry destacó del maestro el reconocimiento de las luchas, de las narrativas otras y esa palabra que, en su opinión, resume su pensamiento revolucionario: “mediaciones”.

Para Marroquín, el pensamiento del autor de “El oficio del cartógrafo” ha hecho cuatro desplazamientos fundamentales: el geográfico, de Europa a América Latina; el disciplinar, cambiando el lugar de enunciación desde la filosofía a la comunicación; el metodológico, planteando la ética de la escucha, y el ontológico, para ir al encuentro del sensorium del otro. Su mestizaje ha permitido “encontrar nuevas formas populares de la esperanza.”

Según Sierra, la mediación social del maestro es “del orden de las ausencias”, en la que no hay texto sin contexto y sin pretexto. Según el académico español, Jesús piensa la palabra como afirmación de la vida, con las culturas populares. Es un hombre del sur, del ethos barroco que abordó la estética de la resistencia, que ha juntado a Freire con Gramsci, que ha construido utopías posibles y que ha promovido los diálogos y la escucha activa.

O. Rincón, N. Couldry, A. Marroquín, F. Sierra y G. Rey en la inauguración

Por último, Rey recordó al Martín Barbero ciudadano trasladado a una Bogotá gris y lluviosa, en la que hoy ha desaparecido casi todo lo que encontró en los sesenta menos la lluvia. Que ha escrito sus obras durante uno de los períodos más convulsos de Colombia, y cuyo pensamiento nos ha acompañado desde lo sociocultural a partir de la comunicación. En su discurso destacó cómo Jesús ha construido mapas para descifrar el mundo de otro modo, y cuya irrupción en la comunicación fue poniéndole una bomba al objeto y a los medios para darle el lugar al sujeto y a sus relaciones.

El congreso IAMCR2017 se desarrollará hasta el jueves 20 de julio bajo la dirección de Uniminuto y con el respaldo de Unicef, Unesco, Ciespal, Fes Comunicación, FNPI, Redecambio, Alaic, Afacom, Acicom, Felafacs, el Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena, la Facultad de Comunicación y Lenguaje de la Pontificia Universidad Javeriana, las universidades de Cartagena, del Norte, Los Libertadores, Tadeo Lozano, Tecnológica de Bolívar, La Sabana y Bellas Artes y Ciencias de Bolívar y el apoyo institucional de la Oficina de Turismo de Cartagena.

En un encuentro que dará “especial atención a los nuevos territorios -sociales y espaciales- de lo político, sus efectos sociales y culturales, y las espectaculares transformaciones que estos han producido en los procesos de comunicación.”

Preguntándose si, frente a los grandes cambios históricos que están sucediendo en todo el mundo, “¿no será hora de repensar la comunicación y reubicarla, con todos sus matices, en una nueva concepción de la política y la cultura, más pertinente para los tiempos actuales?”

Y proponiendo que la anterior concepción geopolítica que dominó el siglo pasado y que dividía el mundo en norte-sur, en este-oeste, tiene que ser también analizada y actualizada porque “Las condiciones sociales y culturales que dieron lugar a estos conceptos ya no están ligadas a territorios. Hoy día los ´sures `y ´nortes -en el sentido convencional- se encuentran en todo el mundo, mezclados y en interacción con centros y periferias, con ´estes` y ´oestes`.”

 

El son entero

En este mes de julio se cumplen los aniversarios del nacimiento y la muerte del negro Guillén, el poeta nacional de Cuba

Nicolás Cristóbal Guillén Batista, el poeta mulato y comunista, nació en Camagüey (Cuba) el 10 de julio de hace ciento quince años, y falleció en La Habana el 16 de julio de 1989, recién cumplidos los ochenta y siete años de edad.

El poeta y activista cubano Nicolás Guillén

Guillén es, hasta ahora, el mayor y más importante poeta cubano de la historia. Su obra no se puede separar de su actividad social y política. Mulato, revolucionario y comunista, su actividad literaria estuvo marcada siempre por un compromiso social a prueba de todo tipo de obstáculos. Defensor de la negritud, de lo mulato como posición política frente al ostracismo al que se veían condenadas las personas de raza negra.

Periodista empírico, de los de antes, trabajó en El Camagüeyano del que fue director después de ejercer como corrector y redactor. Fundador de la eximia y efímera revista de poesía Lis en 1923, de la que se publicaron tan solo dieciocho números. Fue miembro del comité editorial de la revista Mediodía, de clara tendencia izquierdista.

Como activista social, formó parte del Grupo Minorista, que congregaba a intelectuales y artistas que defendían los valores nacionales de la cultura, el rechazo a las dictaduras y la preocupación por obreros y campesinos. Formó parte del Partido Comunista y fundó y presidió la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

Poeta y crítico antiimperialista, defensor de su Cuba mestiza y libertaria, promovió los valores de la identidad mulata. En Guillén se juntan con sentido la lírica y la política, la poética y la acción social. Partidario de la República, en España asistió al II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, evento del que se cumplen ahora ochenta años y en el que un nutrido grupo de intelectuales, entre los que se encontraban Alberti, Bergamín, Brecht, Carpentier, Ehrenburg, León, Machado, Malraux, Neruda, Paz, Tzara o Vallejo, debatieron en torno a la lucha del pueblo español “contra el fascismo internacional, por la dignidad humana, por la defensa de la cultura y por la libertad del hombre y del pensamiento.”

A la “madre patria” le dedicó Guillén su “España. Poema en cuatro angustias y una esperanza”. Defensor de la libertad y de la paz, en esa obra afirmaba: “Nada importa morir al cabo, pues morir no es tan gran suceso; malo es ser libre y estar preso, malo, estar libre y ser esclavo. Hay quien muere sobre su lecho, doce meses agonizando, y otros hay que mueren cantando con diez balazos sobre el pecho.”

Cartel anunciador del II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura

En Colombia recorrió el río Magdalena desde Barranquilla a Barrancabermeja, dedicándole a esa enorme corriente de agua su poema “Canción en el Magdalena”:

“Sobre el duro Magdalena, Largo proyecto de mar, Islas de pluma y arena, Graznan a la luz solar. Y el boga, boga. El boga, boga, Preso en su aguda piragua. Y el remo, rema, Interroga el agua. Y el remo, rema, Interroga el agua. Y el boga, boga. Verde negro y verde verde, la selva elástica y densa, ondula, sueña, se pierde, camina y piensa. Y el boga, boga.”

Incluido en su libro “El son entero”, una parte de esta canción, con la voz del propio autor, fue utilizada en el documental “Voces del Magdalena”, realizado por Alfonso Gumucio y Amparo Cadavid en el año 2006 sobre las emisoras comunitarias del tramo medio de ese grandioso río colombiano.

A Nicolás Guillén le concedieron el premio Lenin de la Paz en 1954, distinción otorgada por la Unión Soviética a quiénes hayan “contribuido a la causa de la paz entre los pueblos.” Guillén, como Fanon, luchó contra la colonización, no sólo física sino también cultural, sufrida por la población negra. Defendió la presencia negra y mulata en el arte y en la vida. Su escritura no se podría entender sin la exaltación de las negritudes y la denuncia de la situación social de la población afro en América. En su “Son venezolano” canta:

La misma mano extranjera / que está sobre mi bandera, / la estoy mirando en La Habana: ¡pobre bandera cubana, cubana o venezolana, con esa mano extranjera, inglesa o americana / mandándonos desde fuera!

Su poesía realista y comprometida se enmarcaba en su posición política militante y comprometida con los desheredados del mundo: “Me matan si no trabajo y si trabajo me matan, siempre me matan.”

Sus versos mestizos y populares, buscan enaltecer las identidades otras, las negritudes y al pueblo entero, desde abajo y en el sentido más amplio y político del término. De Guillén podemos resaltar sus cualidades, su poesía de raíces africanas y mulatas, sus colores y sus sonidos, su prosa crítica y fundamentada. Pero definirle no es fácil, yo diría que su vida y su obra fueron las de un escritor preocupado y un activista comprometido. Sincretismo, mezcla de lo criollo y lo mestizo.

Sus poemas mulatos retratan el mestizaje de la isla, la composición étnica de un país mestizo que él distinguía como “color cubano”. Su escritura es rebelde y denunciadora de imperialismos y opresiones, invita a la lucha social por la justicia. Las estrofas de sus escritos han sido la letra de grandes canciones:

“¿Quién le dijo que yo era
risa siempre, nunca llanto,
como si fuera
la primavera?
(No soy tanto.)”

De verdaderos himnos por la libertad:

“Para hacer esta muralla, tráiganme todas las manos:
los negros, sus manos negras, los blancos, sus blancas manos.

(…)

Al corazón del amigo, abre la muralla; al veneno y al puñal, cierra la muralla; al mirto y la hierbabuena, abre la muralla; al diente de la serpiente, cierra la muralla; al ruiseñor en la flor, abre la muralla…”

Las paredes pintadas de Gabo

En el cincuenta aniversario de cien años de soledad, un tríptico mural engalana las paredes del vestíbulo de la Biblioteca Nacional de Colombia en Bogotá.

Se ha cumplido, el pasado 30 de mayo, el primer medio siglo de una de las obras cumbre de la literatura universal. Para mí, junto con “Pedro Páramo” de Juan Rulfo, las dos más cercanas, por su narrativa y trascendencia, al “Quijote” de Cervantes.

Evidentemente, se ha escrito y se ha dicho mucho sobre este aniversario. Tanto que es difícil añadir algo nuevo u original. Medio siglo no es nada y puede serlo todo, para el realismo mágico colombiano es su vida entera. La imaginación de García Márquez creó un universo literario imaginario tan vívido y tan cercano que se ha convertido en realidad.

Uno de los murales del tríptico sobre “Cien años de soledad” en la Biblioteca Nacional de Colombia

“Cien años de soledad”, publicada en 1967 por la editorial Sudamericana de Buenos Aires, es uno de los referentes de la producción del autor colombiano que fue reconocido con el premio Nobel de Literatura en 1982.

En 2007, en su cuarenta aniversario, la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (AALE) le rindieron un homenaje al autor, que cumplía ochenta años, y a su obra con una edición especial de la misma.

En este cincuenta aniversario, la editorial Penguin Random House lanza una nueva edición con ilustraciones de la artista chilena Luisa Rivera y con una fuente de letra, llamada Enrico, creada para la ocasión por Gonzalo García Barcha, hijo del nobel colombiano.

Y también se suma a celebrar esos cinco decenios de existencia la Biblioteca Nacional de Colombia con un homenaje particular encargado a dos artistas: el grafitero colombiano Guache y el estadounidense Gaia. Ambos han recreado a cuatro manos, sobre las paredes del hall de la primera biblioteca pública fundada en América, su personal mirada al universo quimérico de la obra.

Un mural en tres partes y sin palabras que nos narra mucho de lo que el mago de Aracataca escribió en su novela. Una intervención artística que han bautizado con el nombre de “espejismos de modernidad” y que fue inaugurada el pasado 29 de junio con la presencia en la sala de los dos artistas y de representantes de la propia institución pública, de la Embajada de Estados Unidos en Colombia, del Centro Colombo americano, del Ministerio de Educación de Colombia y del Instituto Distrital de las Artes de Bogotá.

La pintura es tal vez un espejismo, pero también es la plasmación de la realidad nacida de la imaginación de los muralistas a partir de lo simbólico creado por el literato. Constituye, tal como declararon los autores, una muestra de la conjunción del arte con la construcción de tejido social.

En palabras de Guache, alias de Óscar González, uno de los grafiteros más reconocidos de Colombia, el mural conmemorativo es “una propuesta dinámica y no literal”, con el que han querido hace una aproximación alegórica a la obra “liberando la palabra viva que está en la calle”. Un trabajo que recoge las mujeres, la guerra y el amor y la muerte, con alguno de esos espejismos de la modernidad representados en un militar de la época manejando un celular o en una de las mujeres sosteniendo un avión.

Para Gaia, el mural es una idea abstracta en la que han querido poner a hablar dos tesoros: la obra de García Márquez y la Biblioteca Nacional, interrogándose por la esperanza y la liberación con un interés en dialogar y cruzar fronteras como lo es el juntar a dos artistas tan disímiles. El artista norteamericano afirmó “Guache me ha devuelto la fe en el diálogo”.

Guache (izqda.) y Gaia en la inauguración del mural

Un vídeo del proceso de creación de tan magnífica obra, para quienes no puedan visitarla en vivo y en directo, lo encuentran en la web de la Biblioteca Nacional. Solamente dos peros; uno, no me gusta la licencia que se ha tomado el mismo artista para incluir en una de las paredes una imagen del antropólogo australiano Taussig, por mucho que este científico escribiera un diario de campo sobre la violencia paramilitar en Colombia. Creo que es un atrevimiento que no tiene mucho que ver con la imaginación de ese realismo mágico de la obra de Gabo.

El otro, cierta pedantería del grafitero yanqui al comentar, convencido, que el grafiti es una exportación de EE.UU. Que allá surgieran Taki 183 y otros precursores de estampar la firma no significa, en mi opinión, que el país norteamericano sea el inventor de este arte. Ya en el siglo XIX, en Centroeuropa, un austrohúngaro inició la labor de plasmar su firma (Kyselak) en cada sitio por el que pasaba en un recorrido que dicen fue resultado de una apuesta. También en el mayo francés de 1968, unos años antes que en Nueva York, se dieron numerosas pintadas que pasarán a la historia como precursoras de esta comunicación ciudadana. Y apurando, el gran fotógrafo Cartier Bresson tiene una imagen datada en Canadá a mediados de la década de los 50 del siglo pasado, presente en la muestra que por estos días se expone en Bogotá, en la sección “posguerra”, en la que en una pared tras unos niños se pueden apreciar pintadas de la época. Esas similares a las declaraciones de amor en las cortezas de los árboles, a los corazones y los logos de la paz en paredes de cualquier lugar o a las diatribas contra el profesorado en los baños de los colegios.

Volviendo a la obra, “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía…” son doce palabras tan memorizadas y repetidas como ese mismo número de otro hito de la literatura universal, “En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…” La Mancha y Macondo, son lugares locales de fama global gracias a los autores que las pusieron en el mapa.

Colombia es Macondo, para lo bueno y para lo malo, para lo real y para lo imaginario, para lo deseado y lo aborrecido. Lo mítico y fantástico, lo trágico y lo favorable que están en el escenario soñado por García Márquez y en todo el país andino, como pueden estarlo en cualquier otro lugar del mundo.

Todos los territorios tienen su Macondo. La ficción más impensada se convierte en hechos que forman parte de la historia de Colombia. Un país de narraciones y cuenteros, una tierra de verdes de mil colores, un paraíso con más de una serpiente que sigue construyéndose a golpes mientras lo sobrevuelan mariposas amarillas.

Portada de la edición ilustrada publicada por Random Penguin House con motivo del cincuenta aniversario de la obra

Este medio siglo de cien años de soledad nos abre un panorama de sueños y esperanzas. Esperemos que ya no haya más pelotones de fusilamiento y que los fusiles, no sólo los de la guerrilla más antigua del continente, dejen paso a las palabras, palabras como las del nobel de Aracataca, como esas que dice Rodrigo Londoño que guiarán el futuro de otra apuesta política para construir un país más justo socialmente, un país soñado por tanta gente que le quiere apostar a que los cien años de soledad del Macondo garciamarquiano sean muchos siglos de paz.

“Cien años de soledad” es una obra viajera, ideada en Colombia, escrita en México, enviada a España para intentar ser publicada y finalmente editada en Argentina, como viajeras son las rutas de esas otras narraciones que Gabo “funda” en y con su realismo mágico colombiano. De la ciénaga a la sierra nevada, del caribe al pacífico, de sur a norte, todo el territorio está lleno de macondos y de historias mágicas, inventadas y reales.

En la edición especial del cuarenta aniversario publicada por la RAE y la AALE, Álvaro Mutis decía de la obra, “no puedo leerla sin cierto sordo pánico. Toca vetas muy profundas de nuestro inconsciente colectivo americano. Hay en ella una sustancia mítica, una carga adivinatoria tan honda, que pierdo siempre la necesaria serenidad para juzgarla. Sigo creyendo que es un libro sobre el cual no se ha dicho aún toda la deslumbrada materia que esconde. Cada generación lo recibirá como una llamada del destino y del tiempo y sus mudanzas poco podrán contra él.”

La obra nació de un llanto sin palabras que marcó al autor cuando, en su pueblo natal, su madre y la boticaria se abrazaban, de ahí surgió una novela llena a rebosar de palabras mágicas y reales. Esas que García Márquez no sólo nos dejó en esos cien años de soledad, más de tres ya sin su presencia, sino también en otro montón de maravillosas narraciones de las imposibles historias que se pueden vivir a diario en cualquiera de los coloridos rincones de Colombia.

Quien quiera escuchar al autor leyendo el primer capítulo de “Cien años de soledad” puede hacerlo pinchando en el repositorio de la Universidad Nacional de La Plata.