Walter Benjamin

La narración como artesanía de la comunicación

Walter Benjamin Schönflies, nació en Berlín el 15 de julio de 1892 y murió en Portbou en septiembre de 1940 (probablemente el 26 o 27 de ese mes). ¿Suicidio, sobredosis involuntaria de morfina, asesinato? Su muerte sigue siendo un misterio, como lo es el contenido de la famosa maleta con la que cruzaba los Pirineos. ¿Tendría el manuscrito de Tesis sobre la historia…? Tal vez nunca lo sepamos, pero podemos arriesgar que esa valija llevaba parte de los sueños del pensamiento utópico y adelantado a su tiempo de un autor necesario y actual, de un narrador excepcional.

El autor y una de sus notas, imágenes del libro Archivos de W. Benjamin, publicado por el CBA

Tan adelantado, certero y crítico que en El narrador (1936) ya observaba que “Con el dominio de la burguesía –uno de cuyos mejores instrumentos en el alto capitalismo es sin duda la prensa–, surge una forma de comunicación la cual, por más remoto que sea su origen, nunca había influido de manera tan determinante sobre la forma épica como tal. Pero ahora lo hace claramente. Y así queda claro que esta nueva forma de comunicación no es menos ajena a la narración que a la propia novela, siendo más peligrosa para la primera mientras provoca la crisis de la segunda. Esta nueva forma de comunicación es lo que se llama información.”

Si tuviéramos que elegir entre los grandes pensadores de la historia, Benjamin estaría entre los más destacados. Socio “rebelde” de la Escuela de Fráncfort, la obra del filósofo alemán supera su figura, que influye en gran parte de la teoría crítica del siglo XX en adelante. En su pensamiento, las preguntas son una parte fundamental en la búsqueda de una explicación para intentar comprender el mundo, cuestionarse la existencia y su presencia en él.

En su obra, la narración ocupa un lugar destacado. Una manera de contar para dejar constancia, para que no se acabe el arte de relatar. Dicen que el poder de su palabra viene de los cuentos que su madre, Pauline Schönflies, le leía de pequeño. De ahí su trabajo sobre el poder de la narración y de la palabra sobre el cuerpo.

Narrar frente a novelar, la existencia colectiva contada al mundo frente al punto de vista de la privacidad. Benjamin no escribió novelas, compuso narraciones. “El narrador pertenece al grupo que forman los maestros y los sabios”, decía.

Para él, “La experiencia que se transmite de boca en boca es la fuente de la que se han servido todos los narradores. Y los grandes de entre los que registraron historias por escrito, son aquellos que menos se apartan en sus textos, del contar de los numerosos narradores anónimos.”

En la emisión “El Berlín demoníaco”, al aire por Radio Berlín el 25 de febrero de 1930, Benjamin se preguntaba ¿por qué escribe un autor? Y se respondía “Por mil motivos. Porque le gusta imaginar cosas: o porque esas ideas o imágenes se adueñan de tal modo de él, que solo puede descansar cuando las ha dejado escritas; o porque le mortifican ciertas cuestiones y dudas para las que encuentra alguna solución en los destinas de personas imaginarias: o simplemente porque ha aprendido a escribir; o bien, y este es desgraciadamente un caso muy frecuente, porque no ha aprendido nada en absoluto.”

En ese mismo programa radial, se cuestionaba sobre el para qué escribía Hoffmann, autor prusiano de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Y contestaba asumiendo que tal vez no tuviera una finalidad consciente, pero que pretendía “ofrecer una fisiognómica: mostrar que su Berlín prosaico, sobrio, instruido y sensato está plagado de cosas excitantes para un narrador –no solo en sus rincones medievales y en sus calles solitarias y casas deshabitadas, sino también en sus ocupados habitantes de todas las clases sociales y todos los barrios-, que solo pueden detectarse a fuerza de observación.”

Observar la realidad y narrarla, para hacer visibles las historias de las gentes del común, las que están en la plaza o en el parque, las que conforman esa otra realidad, tantas veces invisible, que nos rodea y en la que nos movemos.

En El narrador, escribe “El arte de narrar está acabado. Es cada vez más raro encontrar a personas que resulten capaces de contar algo bien. Y es cada vez más habitual que la propuesta de contar historias cause embarazo entre los presentes. Como si nos hubieran arrancado una facultad que nos parecía inalienable […]: la facultad concreta de intercambiarnos experiencias.”

Un día de septiembre del año 1940, Benjamin moría en el pueblo gerundense de Portbou. Tal vez se quitó la vida ante la imposibilidad de huir de la expansión del nazismo. Este año se cumplen ciento veinticinco años de su nacimiento y setenta y siete de su muerte, y no parece haber tenido, en mi opinión, la suficiente repercusión en los medios. Una lástima, porque Benjamin es probablemente, o al menos es mi impresión, el más destacado autor de la famosa escuela alemana de pensamiento crítico. Su obra aborda numerosas temáticas, y sobre todas ellas reflexiona y profundiza para intentar entenderlas, explicarlas y acercarlas a lo cotidiano.

Uno de los pocos recordatorios de los que he tenido conocimiento ha sido la exposición “La maleta de Walter Benjamin. Dispositivos migratorios”, que ha estado en Portbou, Madrid y Barcelona, y en la que se han reunido maletas creadas por diversos artistas a partir de la interpretación de cada uno de Tesis sobre la Historia.

Portadas de Radio Benjamin y de Tesis sobre la historia

Su bibliografía, todavía hoy, parece seguir dispersa y no ha sido bien catalogada. Sus trabajos abarcaron la crítica social y literaria, la traducción, el ensayo, la filosofía y la radio. Para Mariana Dimópulos, experta en la labor “dialéctica lenta” de Benjamin, sus obras son un carrusel. Afirma que para leer y entender al autor hay que hacer reconversiones de sus obras, para no quedarnos solamente con una de las múltiples facetas intelectuales que abordó en su vida, que fueron muchas y muy prolíficas para una vida tan corta.

La afición y profesión de Benjamin por el medio radiofónico es tal vez una de las menos conocida y difundida. Hace dos años, la editorial akal publicó Radio Benjamin, un texto traducido de la obra homónima en inglés del año 2014. Según la editora, los trabajos sobre la radio de Benjamin nunca se habían traducido al inglés, tampoco al castellano, por lo que esta obra recopila toda una serie de textos inéditos del autor.

Clasificada en cuatro secciones, Radio Benjamin nos presenta gran parte de las entre ochenta y noventa conferencias que escribió para este medio. Una primera sección recoge sus alocuciones radiales englobadas en “La hora de la juventud: historias radiofónicas para niños”; en la segunda se encuentran las “dos comedias radiofónicas para niños”; “charlas, comedias, diálogos y modos de audición” conforman la tercera, y cierra con un epígrafe que incluye sus “escritos sobre la radio no radiados.”

Para la editora, en las piezas para la radio la mirada de Benjamin “se detiene a menudo en rastros de desapariciones y vestigios de formas sociales obsoletas.” Mientras que para Adorno, los trabajos de Benjamin para la radio tienen algo que hace que “Bajo la mirada de sus palabras se transforma todo como si se hiciera radiactivo.”

En el “país de la voz”, el territorio de la radio , ese “marco para el espacio incierto y las fronteras invisibles de la transmisión radiofónica”, según Lecia Rosenthal, pide Benjamin que hay que “desentenderse de los aspectos materiales del cuerpo.”

Su producción son puros fragmentos, por la manera en que escribía y por lo disperso todavía hoy de su producción, concepto que él consideraba “el material más noble de la creación barroca”. En el Libro de los pasajes, obra publicada en 1983 en Alemania, se recogen algunas de esas fracciones, nobles pedazos de sus pasadizos intelectuales.

Pasajes se llama precisamente la obra escultórica que el artista israelí Dany Karavan construyó en la ciudad donde Benjamin falleció. Esta especie de museo instalado en PortBou es una joya de la arquitectura paisajística dedicada a la memoria del ensayista bávaro. Son una serie de escalones que se introducen como pedazos de vida en la tierra para terminar dando al mar. Una escalera de la que se entra y se sale como si fuera un laberinto de ideas y sentimientos. Como sus pasajes, que son su idea de la filosofía de la historia establecida de manera no definitiva, trozos unidos en libros como entradas y salidas.

Todo eso constituye, como lo recoge el Círculo de Bellas Artes (CBA) de Madrid en la web que le tiene dedicada, un verdadero atlas. Un mapa lleno de referencias y citas, esas que él mismo denominaba como “salteadores de caminos que irrumpen armados y despojan de su convicción al ocioso paseante.”

Atlas – Constelaciones, publicada por el CBA

Según César Rendueles y Ana Useros, en las “instrucciones de uso” del libro Constelaciones, editado por el CBA con el apoyo del Ministerio de Cultura y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, Benjamin “se ha convertido en el intérprete privilegiado de las transformaciones más características de nuestra contemporaneidad: la mercantilización generalizada, las nuevas formas cognitivas, la crisis de la experiencia histórica tradicional o las propuestas estéticas en un contexto tecnológico avanzado.”

Si hay un representante de la historia crítica, esa que es analítica y que sirve como sustento intelectual para luchar contra la historia oficial, al margen de Marx, es Walter Benjamin. Su Tesis sobre la historia, nombrada inicialmente por su primer editor, Theodor W. Adorno, como Sobre el concepto de historia, es toda una apuesta por construir otro discurso, más reflexivo y crítico. En palabras del propio autor, confesadas por carta a su amiga Gretel Adorno, es, más que “un conjunto de tesis”, un puñado de ideas, “un manojo de hierbas juntado en paseos pensativos.”

Para Bolívar Echevarría, introductor de la versión de esa obra publicada por ediciones desde abajo, sus reflexiones “pertenecen a ese género escaso de los escritos de náufragos, borroneados para ser metidos en una botella y entregados al correo aleatorio del mar.”

Indignación frente a la derrota política, dolor histórico, indefensión, naufragio. Todo lo social que se vive en la antesala de la II Guerra Mundial es aplicable a Benjamin como sujeto, como ciudadano que ha cruzar sus propias fronteras para no caer en las manos del nazismo. Como le dedicó Brecht “adelantándote a los verdugos, has levantado la mano contra ti mismo (…) empujado finalmente a una frontera incruzable, has cruzado, me dicen, otra que sí es cruzable. Imperios se derrumban. Los jefes de pandilla se pasean como hombres de Estado. Los pueblos se han vuelto invisibles bajo sus armamentos. Así el futuro está en tinieblas, y débiles las fuerzas del bien. Tú veías todo esto cuando destruiste el cuerpo destinado a la tortura.”

Walter Benjamin, como Freire, es otro de los pensadores incómodos, cuyas reflexiones tienen hoy más pertinencia y actualidad frente al capitalismo excluyente y colonizador que expande el pensamiento único.

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La situación catalana

Ante una confrontación que no lleva más que a la pérdida de la solidaridad y del humanismo.

No soy de allá ni de ningún lugar. No me considero nacionalista de parte alguna. Como mucho podría alegar que he participado en la batalla naval de Vallekas y que he defendido la exigencia de que ese barrio madrileño tenga puerto de mar.

Cartel anunciador de la batalla naval de Vallekas 2017

A partir de ahí, reitero mi filiación de que soy de otra parte, de una parte equidistante de cualquier parte. No tengo patria ni reino, mi hogar está donde tenga a mi compañera, a mi gata y a mi sombrero (que no uso).

Vivo fuera de España desde principios de 2012, no como consecuencia de la crisis que nos quisieron ocultar, sino como resultado de seguir a mi socia de vida. Ella vivió diez años en España y tocaba devolver ese tiempo en años en su tierra. Y no me arrepiento, todo lo contrario.

No me he sentido excluido en ningún momento, formo parte de una sociedad, la colombiana, compleja y complicada pero jamás me han señalado por ser de otro lugar. Tengo trabajo, tengo amigas y amigos y tengo oportunidades para poder hacer lo que me gusta y perspectivas de seguir creciendo como persona y como profesional. Nada de eso se lo debo a nacionalismos de índole alguna, españolistas o de cualquier otra comunidad autónoma. Acá me pueden tildar de “gallego”, que es lo usual para quienes venimos de esa “madre patria” que ha sido más bien madrastra; de “vasco”, porque al decir que me llaman Iñaki piensan que soy euskaldún; de “catalán”, porque el equipo de fútbol con mayor tirón en estos años por estos lares es ese que hace gala de esteladas por sentirse marginado y no reflexiona sobre la exclusión que ejerce sobre los que no visten de “azulgrana”, o “andaluz” porque mi familia ha vivido y vive y hemos veraneado en tierras de don Blas Infante. Ninguno de esos calificativos me insulta ni me hace ser más o menos ciudadano del mundo.

En tiempos como los que corren, invadidos por poderes globalizantes y globalizadores que buscan la homogeneización de todo y todos (as), defender la identidad y las diferencias es pertinente y necesario, pero no tiene mucho sentido hacerlo dividiendo en lugar de sumando. Un estado federal, con equidad e igualdad para con y entre todas las posibles federaciones, amerita aunar esfuerzos y no crear divisiones que puedan ser utilizadas por los poderes centralistas, tan conservadores y corruptos como los que han gobernado la nación catalana desde la muerte del otro dictador, para obtener beneficios particulares y segregar a quienes no comulguen con sus ideales rojos y gualdas.

Creo que hay temas mucho más importantes por los que pelear hoy en el mundo, también en un territorio ibérico cuya población ha visto como se le recortan derechos y libertades y cuyos políticos, de casi todos los colores, no han hecho nada por evitarlo.

Desde la aprobación de la Constitución de 1976, los gobiernos que han tenido en sus manos el rumbo de ese lugar llamado España han contado, sobre todo para la aprobación de leyes para nada sociales, con el respaldo de nacionalistas vascos y catalanes. Estos han apoyado sin ambages todo lo que se les presentaba. ¿A cambio de qué? De plata, todo por la pasta sin importar colores, banderas o idiomas.

No nos deberíamos dejar engañar por quienes nos han venido mintiendo los últimos cuarenta años. La transición inconclusa no nos ha llevado a un mejor lugar, la monarquía sigue estando en el mismo sitio, las derechas no van a cambiar. Es la ciudadanía quien debe reclamar y luchar, sin colores que nublen la luz, por sus derechos cívicos. Y es la izquierda plural y social la que debe encabezar el verdadero cambio. ¿Se acuerdan de aquel “¡por el cambio!”? Treinta y cinco años después no ha llegado, los tiempos cambian y nosotros con ellos pero en lo esencial la situación sigue siendo más o menos la misma. Hagamos el cambio entre todas y todos y para todos y todas, sin nacionalismos arcaicos.

Aboguemos por el diálogo, aunque sea difícil hacerlo con quienes no escuchan. Es legítimo defender independencias y otredades, pero no lo es tanto hacerlo sin poner sobre el tablero todas las realidades y contando con todas las personas que conforman los barrios, municipios, provincias y comunidades. Cataluña, España, Europa y el mundo son territorios resultados de mezclas de muchas culturas, no existe el hecho diferencial, ni el del Rh ni ningún otro. Que no se nos olvide el humanismo mestizo, como decía precisamente Blas Infante “mi nacionalismo, antes que andaluz, es humano”.

Que no nos distraigan ni provoquen enfrentamientos sociales innecesarios para que después todo siga igual. Ganando los de siempre y perdiendo los de toda la vida. Por el derecho a ser de otra parte, o de ninguna. ¡Visca Catalunya!, ¡Gora Euskadi!, ¡Galiza ceive!, pero también ¡Vallekas por la kara! y ¡Vallekas puerto de mar!

Tocando por el cambio

Una propuesta global por hacer del mundo un lugar mejor a través de la música

Playing for Change (PFC) cumple diez años este 23 de septiembre. Una apuesta por lograr cambiar el mundo a partir de una de las artes que nos une por encima de fronteras, culturas y lenguajes, la música.

Logo del décimo aniversario de PfC

La iniciativa, llevada a cabo por el Consorcio Playing for Change (PFC), es hoy una fundación sin ánimo de lucro que pretende unir el mundo a través de la música, llevándola por toda la geografía y creando escuelas para romper barreras y promover la solidaridad.

En estos diez años han creado quince programas y escuelas de música en once países de África, América y Asia “en áreas ricas en tradiciones culturales pero limitadas en recursos económicos. (…) son gratuitos para los niños y proporcionan instrucción en voces, danza, instrumentos y teoría musical.” Por sus programas han pasado más de dos mil estudiantes. Con sus intervenciones promueven el empoderamiento de las comunidades y la afirmación de líderes locales.

Una década en la que han editado más de una decena de álbumes bajo el sello PfC. Toda una celebración de música, ilusión y unidad, en la que intérpretes de cerca de cincuenta países ponen la música al servicio de la solidaridad y la paz.

La Playing for Change Foundation comenzó su andadura en 2002 en los Estados Unidos a partir de una grabación sobre músicos callejeros. La primera canción “alrededor del mundo” fue una versión del “stand by me” interpretado por un músico vagamundo de Santa Mónica (California, EEUU), Roger Ridley, quien tocaba en la calle para estar con la gente porque su “negocio es el de la alegría”.

Cuenta con un equipo de gente repartida por los cinco continentes que hacen posible el funcionamiento de la fundación. Con Mark Johnson y Withney Kroenke como cofundadores.

Actualmente la Playing for Change Band recorre el mundo juntando gente que ama la música para sus actuaciones. Con el tiempo se ha ido constituyendo como un repositorio de música y vídeo con un grupo base que recorre el planeta llevando el mensaje musical. Clarence Bekker (Holanda), Grandpa Elliot (EE.UU.), Mermans Mosengo (Congo), Tula (Israel), Roberto Luti (Italia), Titi Tsira (Sudáfrica), Peter Bunetta (EE.UU.), Keiko Komaki (Japón), Louis Mhlanga (Zimbabue), Pablo Correa (Colombia) y Juan Carlos Portillo (Venezuela) hacen parte de esta heterogénea formación.

Paz a través de la música

Su página web, en inglés y portugués, recoge información sobre sus actividades, sus conciertos y sus labores musicales a través de los proyectos educativos. Entre los músicos que alguna vez han participado con esta fundación se encuentran gentes conocidas, desde Keith Richards (EE.UU.) a Manu Chao (Francia), pasando por Totó la Momposina y Carlos Vives (Colombia), David Broza (Israel), Andrés Calamaro (Argentina), Bono (Irlanda), Lila Downs (México), Carlos Varela (Cuba) o la escuela musical de Edward Said Conservatory (Palestina); y no tanto, desde Vusi Mahlasela (Sudáfrica) a Venkat (India), pasando por Tinariwen (Mali), Sierra Leone’s Refugee All Stars (Sierra Leona), Sechen Monks (Nepal), Twin Eagle Drum Group (México) o Sherieta Lewis (Jamaica). Así hasta completar más de dos centenares de solistas o grupos de todos los continentes.

Hasta la fecha han grabado más de doscientos “episodios” que pueden, una gran parte de ellos, ver y escuchar en su web. Todos son recomendables, pero les sugiero que empiecen por estos cuatro: el que dio pie al proyecto, por lo que significa:

http://playingforchange.com/episodes/stand-by-me/

el “cambio está aquí”, por lo que aporta y muestra del proyecto:

http://playingforchange.com/episodes/the-change-is-here/

el “better place”, porque se hizo para conmemorar el Día Internacional de los Derechos Humanos en 2012:

http://playingforchange.com/episodes/a-better-place/

y el “mundo maravilloso”, por la alegría y la esperanza de los coros infantiles que lo cantan:

http://playingforchange.com/episodes/what-a-wonderful-world/

El 23 de septiembre de 2017 es, desde hace ya diez años, el Playing for Change Day. Escuchar su música, suscribir su boletín, comprar algunos de los productos de su tienda o realizar alguna donación al proyecto puede ser un muy buen primer paso. Su idea es mostrar a la gente culturas diferentes usando la música para conocerse y para que seamos conscientes de las conexiones que todos tenemos.

“Estamos unidos como una sola raza para el nacimiento y para la muerte. Entremedias deberíamos reunirnos y levantarnos con el lenguaje universal de la música”, en palabras de su ideólogo y cofundador, Mark Johnson.

Es otra utopía más y nos queda mucho camino por recorrer, pero mejor hacerlo con música.

Reinventando los caminos de Freire

Dentro de la serie “pensadores incómodos”, el último número de la revista Kavilando está dedicado al maestro brasileño Paulo Freire.

El volumen 9, número 1, correspondiente al período enero-junio de 2017, es un número especial de la revista semestral Kavilando que supone un acercamiento heterogéneo y comprometido a la vida y la obra del padre de la pedagogía de la liberación en el año en que se cumplen dos décadas de su desaparición.

Portada del número especial de la revista Kavilando dedicado a Paulo Freire

Bajo el título “Reinventando los caminos de Paulo Freire”, cuenta con Alfredo M. Ghiso, educador popular y docente investigador emérito, como editor invitado con sus “Reflexiones de un educador freiriano” para hablar de la “educación con sentido”.

Decimos que el número es un acercamiento heterógeneo y comprometido porque entre sus artículos hay trabajos de especialistas de variadas procedencias: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, la Polinesia francesa o Perú; y porque son miradas muy diversas acerca de la labor del educador brasileño o sobre cómo su trabajo y su figura modificaron o construyeron otras maneras de entender la educación y el compromiso que conlleva.

Podemos leer, entre otros, “La educación como práctica de la libertad: una lectura antropológico pedagógica al pensamiento de Paulo Freire”, de Diego A. Muñoz Gaviria (Colombia); “La Escuela Autónoma Red Paulo Freire: experiencia de lucha contra la diferenciación y discriminación de las y los adolescentes desharrapados”, de Mauro Pérez Sousa (México); “Experiencia en el Bachillerato Popular Villa Soldati: entrecruzamientos entre la pedagogía de Paulo Freire y el feminismo”, de Marta Krynveniuk y Graciela Cuman (Argentina), o “Profundización teórica pedagógica de Paulo Freire y su legado intelectual: necesario para la pedagogía crítica transformadora en América Latina”, de Rolando Pinto Contreras (Chile).

En mi colaboración en esta edición especial denomino a Freire como pensador incómodo porque “para los poderes cualquier ser pensante, sobre todo si difiere de la línea que el poder profesa, es incómodo.” Realmente era un pensador y un activista social “Lo que le hacía, y le sigue haciendo hoy en día, un personaje perturbador para el statu quo y para el sistema porque ponía en duda lo establecido.”

El llamado “educador del continente” conocía de la importancia de la pregunta. “Para Freire era fundamental trabajar la pedagogía de la pregunta: ´Siempre estamos escuchando una pedagogía de la respuesta. Los profesores contestan a preguntas que los alumnos no han hecho´. Pretendía evitar que se perdiera la curiosidad, base fundamental del aprendizaje, y recuperar el interés por cuestionarse y revivir las preguntas para conocer, conocerse, y educar, educarse.”

Concluyo mi artículo sobre el excelso pensador latinoamericano diciendo que “Si, tal como afirmaba el maestro, la educación es no sólo un acto político, sino también un acto de conocimiento y de creación, hagamos política y promovamos, desde la academia y desde la comunicación, una educación liberadora que haga posible una transformación que construya una verdadera justicia social.”

Kavilando es una revista de ciencias sociales cuyo objetivo es “generar debate en torno a nuestra realidad social; una realidad marcada por la exclusión, por las estructuras que empobrecen al grueso de la población, por la indiferencia, por el saqueo de nuestras riquezas, por la eliminación sistemática, física o moral de toda forma de expresión, diferente a la oficial.”

Editada por Kavilando, Grupo Interdisciplinario de Investigación para la Transformación Social de la Universidad de san Buenaventura de Medellín (Colombia), es una publicación digital de acceso abierto bajo licencia creative commons en atribución, se pueden usar sus contenidos siempre que se den los créditos; no comercial, no pudiendo usarla para fines comerciales, y sin derivar, si se modifican los contenidos no se podrían distribuir, versión 4.0 Internacional.

La misión del grupo Kavilando es “propiciar espacios de constante reflexión y formación político – social desde los centros universitarios que permeen la sociedad, así como la construcción de una postura ética que favorezca el desarrollo de sujetos libres pensantes, críticos y facilitadores de una sociedad democrática, autónoma, socialmente justa y equitativa.” Su apuesta se basa, entre otras cosas, en las propuestas del maestro Estanislao Zuleta, quien en 1990 planteaba que “Una democracia participativa es el único remedio para los males que sufre Colombia. Un pueblo fuerte, organizado, capaz de reivindicar sus derechos, debe reclamar sus necesidades, es el único que puede remediar la trágica debilidad del Estado. Esperamos que, de tanta sangre derramada, de tanto sacrificio inútil, resulte al fin la clara voluntad de luchar por una sociedad justa y democrática.”

Dirigida por José Fernando Valencia, con la colaboración de Eulalia Borja, Alfonso Insuasty y Carlos H. Olaya, entre otros, y con un comité científico en el que se encuentran Estela Beatriz Quintar (IPECAL, México), Dario Azzellini (Instituto de Sociología de la Universidad Johannes Kepler en Linz, Italia), Marco Coscione (Universidad de Alcalá e Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset, Italia) y Raúl Zibechi, (periodista y activista social, Uruguay), se concibe como “un espacio para la difusión del pensamiento con enfoque crítico.”

Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común

En una tarde noche bogotana cargada de simbolismos, entró en escena el nuevo partido político colombiano surgido de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo.

Después de una semana de debates alrededor de la conformación oficial del nuevo partido, una fiesta en la plaza Bolívar de la capital colombiana, centro neurálgico y político del país, enmarcó la presentación en sociedad de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC).

Línea de tiempo de la participación política de las FARC

El nombre del nuevo partido político mantiene la siglas de su alma mater, la guerrilla deja paso al partido con unas señas de identidad reconocibles que pueden ser un respaldo o un lastre para la nueva formación política. El tiempo lo dirá. Lo cierto es que la arena política, a un año de las elecciones para elegir nuevo presidente para el país, recibe a un grupo que abandona las armas para tomar las palabras.

Las imágenes de los líderes históricos de la guerrilla, Manuel Marulanda, Alfonso Cano, Simón Trinidad o Raúl Reyes, se mezclaban en la plaza con los mensajes del nuevo partido por la reconciliación, la esperanza, la paz y la justicia social. Los guerrilleros dejan paso a los políticos, Rodrigo Londoño (Timochenko), Félix Antonio Muñoz (Pastor Alape) y Luciano Marín (Iván Márquez) toman el testigo al frente de un nuevo partido que busca construir con los discursos en la política lo que han buscado tantos años en la guerra con las armas.

La petición de perdón, reclamando justicia y reparación; el llamado a la memoria, para aprender del pasado; el mensaje de esperanza, porque llegó la hora de decidir juntos el futuro, o la demanda de justicia social, en un país con trabajo digno para todas y todos, llenaban las tres pantallas gigantes de un escenario situado delante del Palacio de Justicia, frente a la estatua del Libertador y el Capitolio Nacional, sede del Congreso de la República, con la Catedral Primada a su izquierda y el Palacio Liévano, sede de la alcaldía de la ciudad, a su derecha.

Cuando callan las armas, habla el corazón

“Un nuevo partido para un nuevo país”

Los simbolismos flotaban en un ambiente de fiesta, de vida pública dentro de la legalidad, y de ilusión con un futuro que será duro pero que tendrá que erigirse desde el diálogo y por la fuerza de la palabra.

Frases como “Cuando callan las armas, habla el corazón” y “Siempre se puede volver a empezar”, sonaban en la voz de excombatientes de las FARC-EP y de seguidoras y seguidores de un movimiento popular que ha protagonizado, para bien y para mal, el último medio siglo de la que es, pese a todas las incongruencias y conflictos, tanto armados como sociales, la democracia más antigua del continente.

Por el escenario fariano pasaron, entre otros, Ky-Mani Marley -hijo del líder rastafari y músico de reggae Bob Marley-, Ana Tijoux y César López, músico y pacifista quien con una de sus “escopetarras” y la compañía de Esteban, guerrillero y músico, gritó por la paz, a pesar de que el camino no va a ser fácil, y pidió que nunca más las armas en la política.

Después, un grupo de chicas y chicos tomaron las tablas para mostrar pancartas que daban la bienvenida a las FARC a la vida política y que reclamaban por la paz y la construcción de democracia.

“Perdón. Verdad, justicia y reparación”

Este acto popular daba el inicio para que se abran las puertas a la nueva Colombia; a una juventud que quería a “Timo” en escena. Y el jefe negociador en nombre de las FARC-EP en los acuerdos de La Habana hizo acto de presencia mientras se oían gritos de “y tú, ¿a qué viniste dispuesto hermano?” y “que viva la paz”.

Rodrigo Londoño llevaba en la mano un ejemplar de los acuerdos de La Habana que entregó simbólicamente a una juventud ilusionada que coreaba consignas a favor de la presencia de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común en la política y que prometía luchar hasta vencer.

Inició su discurso recordando su pueblo en el Quindío y afirmando que, después de cuarenta años, serán millones y millones los que crean en una nueva Colombia que deje de enfrentar a los dos países que, como decía Eliécer Gaitán, ha tenido dentro: el político, que piensa solamente en el poder, y el nacional, que piensa en su pueblo. Londoño propuso poner fin a esa inequidad y adquirir un verdadero compromiso com la paz, la democracia y la justicia social. Deseó “con todos y todas un país diferente en el que desaparezca la violencia, en el que nadie sea asesinado o desaparecido por pensar diferente”; denunciando el “trato brutal del Esmad (equipo antidisturbios)”, y pidiendo “el respeto como norma”.

No tememos a la justicia, clamamos por ella

La alocución del actual número uno continúo con otro montón de referencias a lo que será el ideario político de la organización solicitando que no haya “Ni una gota más de sangre por razones políticas, ni una lágrima más de una madre”, mostrando su decisión de negociar con otras fuerzas progresistas a las que extendió sus manos y declarando su objetivo de “profesar la paz y el amor fraternal”. Destacó que las FARC han cumplido los compromisos adquiridos, añorando que el Estado no haya demostrado la misma diligencia y aseveró “no tememos por la justicia, clamamos por ella”.

También lanzó un aviso a los medios masivos de difusión de noticias, a los que invitó a que hagan una “reflexión profunda” sobre su papel en el nuevo escenario político, reconociendo la importancia que tienen “micrófonos, plumas y pantallas”.

El logo del nuevo partido sobre el escenario

La última parte de su intervención la dedicó a exigir que todo el mundo pague impuestos con arreglo a sus beneficios, poniendo a Noruega como ejemplo, para luchar contra las desigualdades, que no son sino “semillero de injusticias”; a denunciar una corrupción que mina las instituciones públicas y la confianza, y a pedir a los políticos que sirvan a la ciudadanía y no lleguen a sus cargos “pensando solamente en el lucro personal”. Los miembros del nuevo partido, sostuvo, sueñan con “un país transparente”.

Y terminó reclamando acceso efectivo a la salud y a la educación, apoyando al productor nacional y exigiendo vivienda digna, comida y trabajo con justa remuneración; igualdad para las mujeres, y que la diversidad sexual y de género no sea un estigma.
Todo ello, completó, “dejará de ser un sueño cuando millones de colombianas y colombianos crean que es posible”. Reconociendo que no tienen otra carta de presentación que su historia, en la que “lo han dado todo, hasta la vida”. Para lo que pidió “ir por etapas” y buscar “un gobierno nacional de transición para 2018-2022”.

Para concluir, invitó a la gente a que conozcan el nuevo partido y “la calidad humana de sus integrantes”, asegurando que “allá donde haga falta estará un fariano amigo y solidario”, porque “somos hijas e hijos de este pueblo” al que pidieron trabajar unidos “por un país mejor, justo, democrático, soberano y en paz en el que el país político y el nacional se fundirán en uno solo.”

Un momento histórico

El logo del nuevo partido sobre la fachada de la Catedral Primada

El día había visto un nuevo momento histórico en la realidad colombiana, la noche dejaba la puerta abierta a un futuro de esperanza. La aparición de taitas representantes de algunas de las etnias indígenas del país hacía que se cumpliera “el día de la profecía del retorno de los tiempos”. Sobre el escenario y en la plaza se reconocía el valor de las poblaciones originarias que han sufrido no solamente la guerra de estas últimas décadas, sino el exterminio y la explotación desde la llegada de los colonialistas españoles a sus tierras. Con gritos de “oe con corazón”, se celebraba el retorno del jaguar, el cóndor, el puma y la anaconda en la tierra del colibrí, y se pedía yagé y no quimioterapia.

Un representante de los indios dakota del norte del continente hizo entrega de la pipa de la paz a sus hermanos del sur, porque no somos América sino Abya Yala, porque para los pueblos originarios no hay fronteras y porque el águila y el cóndor se van a unir de nuevo, lo que significa que la paz vuelva al continente.

El líder del nuevo partido fue recibido por las y los jóvenes y despedido por los ancestrales, un símbolo más de esa nueva Colombia. Como símbolo y emblema es la cantante Totó la Momposina, quien cerró la fiesta explicando que ella y su grupo estaban ahí porque su música es ancestral y no tiene colores políticos ni fronteras. En el aire sonaba “Aguacero de mayo, déjalo caer”.