Radio Rebelde

Veinte minutos para la historia

El 24 de febrero de 1958, hace sesenta años, las voces de la emisora de la revolución cubana se escuchaban por primera vez en Cuba.

Logo de Radio Rebelde

La necesidad de contar con un medio que informara sobre la revolución, llevó al Che a tomar la decisión de crear la primera radio de la insurgencia contra la dictadura de Batista. En el Alto de Conrado, en la Sierra Maestra del este de Cuba, se instalaba lo que sería Radio Rebelde. Con los aportes técnicos de Eduardo Fernández y los locutores Orestes Valera y Ricardo Martínez, procedentes de Radio Mambí, en La Habana, inició su andadura la emisora que todavía hoy sigue en activo.

Su línea editorial: “Radio Rebelde surge para contribuir a la orientación necesaria y útil del pueblo en esta hora decisiva de la patria, para dar a conocer la intención verdadera de esta lucha y fomentar y practicar la virtud donde quiera que se encuentre y para juntar y amar y vivir en la pasión de la verdad como dijera Martí.”

La emisión inaugural tuvo lugar el 24 de febrero de 1958 a las 5 de la tarde hora de la isla. Duró veinte minutos y tuvo, según dice la historia, dos oyentes, al margen de las personas del equipo, el campesino Pelencho y el propio Fidel. La misión de la emisora era “transmitir los partes de los combates, la verdad de las acciones de la lucha clandestina, denunciar los crímenes de la dictadura, difundir los discursos de los dirigentes de la guerrilla y ofrecer disímiles orientaciones a las masas”.

Aquella primera salida al aire radió: “las notas del Himno Nacional, el primer parte de guerra del combate de Pino del Agua y otras acciones de la Columna del Che. Además, el capitán Luis Orlando Rodríguez (director) leyó un editorial sobre la efeméride del 24 de febrero y la creación de la valerosa estación que permitió igualmente la comunicación inmediata entre las diferentes columnas de combatientes alzados por la libertad de la patria.”

Con la incorporación de Violeta Casal tomó forma el inicio habitual de la estación en la voz de esta locutora: “… aquí Radio Rebelde, la voz de la Sierra Maestra, transmitiendo para toda Cuba en la banda de 20 metros diariamente a las cinco de la tarde y nueve de la noche, desde nuestro campamento rebelde en las lomas de Oriente. Director: Capitán Luis Orlando Rodríguez”.

Fidel Castro ante el micrófono de Radio Rebelde (imagen tomada de “Radio Rebelde: Patrimonio de la radio y la nación”)

Radio Rebelde es trasladada el 31 de diciembre de 1958, por orden de Fidel Castro, a Palma Soriano, en la provincia de Santiago de Cuba, desde donde el 1 de enero de 1959, casi un año después de ser inaugurada, el comandante leía su alocución al pueblo cubano tras el triunfo revolucionario: “Revolución, sí. Golpe de Estado, no. ¡Golpe militar de espaldas al pueblo y a la Revolución no, porque solo serviría para prolongar la guerra!”.

Del kilovatio de potencia de la estación radial inicial a los 891 kilovatios actuales que permiten, con 44 transmisores, dar cobertura al 98 % de Cuba. Desde 1984, la emisora emite las veinticuatro horas del día y en 1998 incorporó la emisión digital. Hoy sigue integrando las noventa y siete emisoras cubanas que están al aire en la red Radio Cubana, incluida la primera creada en la isla (1922) Radio Ciudad Bandera de Cárdenas.

Con su eslogan “Sonidos para ver. La voz de un país, la voz de una Revolución” Radio Rebelde sigue en 2018, en palabras de su actual directora, Mabel Manso, manteniendo la misma intencionalidad para la que fue creada: “informar a Cuba y al mundo”. Actualmente cuenta con una programación compuesta por 32 programas, de los cuales diariamente se publican 16, de ellos 14 son en vivo y solo dos son grabados.

En su parrilla destaca la revista informativa “Haciendo Radio”, de cuatro horas de lunes a sábado, y el “Noticiero nacional” a la una de la tarde. Su historia la contó, veinte años después de su estreno, Ricardo Fernández Víctores, uno de sus iniciadores, en “7RR, la historia de Radio Rebelde” (ed. Ciencias Sociales, La Habana 1979). Pueden escuchar cómo “la revolución también se hace con la radio” en Radio Rebelde: Patrimonio de la radio y la nación.

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El manifiesto comunista

Se cumplen 170 años de su publicación

Vigente y necesario, referente de una ideología que buscaba romper las cadenas que ataban a la clase trabajadora y la explotaban. El documento “de literatura política más influyente desde la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”, en palabras del historiador británico Eric Hobsbawm.

“Un fantasma recorre Europa: es el fantasma del comunismo”

Portada de la primera edición de El Manifiesto, lámina incluida en la edición conmemorativa del 150 aniversario publicada por la editorial Crítica

El texto, como se plantea en sus primeras frases, es un manifiesto para oponerse a la leyenda de ese fantasma, para reivindicar el papel del proletariado. Veintitrés páginas que fueron impresas, en febrero de 1848, en la sede de la Worker´s Educational Association (Kommunistischer Arbeiterbildungsverein) de la calle Liverpool en Londres. La Liga de los Comunistas (Bund der Kommunisten), sucesora de la Liga de los Justos (Bund der Gerechsten) y ésta de la Liga de los Proscritos (Bund der Geächteten), se ofreció a publicar un documento elaborado por los filósofos alemanes Karl Marx y Friedrich Engels y adoptarlo como su documento político.

“La historia de todas las sociedades existentes hasta el presente (la historia transmitida por escrito) es la historia de luchas de clases”

Inicialmente su influencia fue escasa, solamente impactó en la Alemania de la revolución de 1848 por medio del  Neue Rheinische Zeitung, periódico de vida efímera editado por Marx. Entre 1848 y 1849 se reimprimió tres veces, se reescribió y corrigió en mayo de 1848 en treinta páginas y se publicó por entregas en el periódico inglés impreso en alemán Deutsche Londoner Zeitung (1845-1851). A pesar de ello, el fracaso de las revoluciones en Europa hizo que El Manifiesto no fuera muy tenido en cuenta.

En su exilio británico, Marx hizo reimprimir la sección III (Literatura socialista y comunista) en el último número, noviembre 1850, de la revista que editaba en Londres Neue Rheinische Zeitung, politisch-ökonomische revue. Pero no fue hasta su notoria labor en la llamada Primera Internacional (1864-1872), a su defensa de la Comuna de París de 1871 y al juicio por traición de tres líderes socialdemócratas alemanes en 1872, que él y El Manifiesto volvieron a tener la relevancia que merecían.

“La sociedad burguesa moderna surgida del ocaso de la sociedad feudal no ha abolido los antagonismos de clase”

Engels y Marx escribieron un prefacio para esa edición de 1872 que se convirtió en la base de todas las ediciones publicadas desde entonces. A partir de ahí, y más tras la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia, El Manifiesto fue traducido a más de treinta idiomas, incluidos el chino y el japonés, con numerosas ediciones en toda Europa y en Estados Unidos. En español apareció por primera vez en noviembre de 1872 en el semanario La Emancipación de Madrid, sin el pasaje sobre “El socialismo alemán o verdadero” al suponer su editor que era demasiado local. Diez años después se editó en El Obrero de Barcelona. En América Latina tuvo su primera edición en México en 1888 en El Socialista. Todos esos datos, bien detallados, los recoge Bert Andréas en su Le Manifeste Communiste de Marx et Engels. Histoire et bibliographie, 1848-1918.

“El obrero se convierte en indigente y la indigencia se desarrolla aún con mayor celeridad que la población y la riqueza”

En la segunda mitad del siglo XX, El Manifiesto no era solamente un texto marxista clásico, sino que alcanzó el estatus de texto político indispensable en los estudios de ciencias políticas y sociología. El propio Hobsbawm dice que “ya no fue publicado exclusivamente por comunistas u otros editores marxistas, sino en grandes ediciones de editoriales no políticas con introducciones de académicos destacados”.

“El lugar de la antigua sociedad burguesa, con sus clases y contradicciones de clases, será ocupado por una asociación en la cual el libre desarrollo de cada cual será la condición para el libre desarrollo de todos”

Marx y Engels en el taller de la Nueva Gaceta Renana, fragmento de la obra expuesta en el Museo Marx y Engels de Moscú (solapa de la edición 150 aniversario de la editorial Crítica)

En la recta final de la segunda década del siglo XXI, El Manifiesto sigue siendo una obra de referencia para el pensamiento y la teoría política. Un panfleto, como lo nombra Hobsbawm, que engancha y arrastra por su “convicción apasionada, la brevedad sintética, la fuerza intelectual y estilística”. Un manual de lectura para la clase trabajadora de la que me considero parte (contra el clasismo que discrimina a esa clase trabajadora, tal como lo denuncia V. Navarro).

“Las ideas dominantes de una época siempre fueron sólo las ideas de la clase dominante”

En el mundo de hoy podemos reconocer mucho de aquél que Marx describiera en 1848 en unos “pasajes de elocuencia sombría y lacónica (…) en frases lapidarias que casi se transforman de forma natural en aforismos memorables que han llegado a ser conocidos mucho más allá del mundo del debate político” (Hobsbawm). No está de más hacer una relectura de El Manifiesto y tomar algunas notas para lo que queda del siglo XXI.

“Las clases dominantes pueden temblar ante una revolución comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen un mundo que ganar.”

“¡Proletarios de todos los países, uníos!”

Decadencia

La pérdida de valores y de dignidad en sociedades enfermas

Viñeta de El Roto publicada en El País el 27 de marzo de 2013

¿Están las sociedades “occidentales” socialmente enfermas? El mundo ha entrado en una espiral decadente en la que va dejando lo poco que le quedaba de aquello llamado humanidad. El panorama no invita al optimismo, matamos el planeta y nos matamos entre todos. Pagando el pato quienes menos culpa tienen, como siempre.

Algunas personas sufren, con todo el derecho, por cosas nimias. Sus cosas. Mientras, hay verdaderas debacles ambientales y sociales. Las migraciones, el cambio climático, los recortes en derechos, los abusos generalizados contra menores y mujeres, las exclusiones por múltiples motivos, las salvajadas contra los animales, …

Muestras de una decadencia que no creo que haya que aceptar como parte determinada de una etapa de la vida, de la persona o de una sociedad concreta. A principios del siglo XX, Spengler ya escribió que la cultura occidental estaba en su etapa final. Una etapa que se alarga hasta nuestros días, que sigue empeorando y que se extiende por todo el globo como si fuera una epidemia.

Cuando se supone que mejor podríamos vivir gracias a los avances científicos y tecnológicos, a una mayor y mejor formación ciudadana y académica, a unas sociedades en las que van arraigando, poco a poco eso sí, las democracias, nos encontramos en una situación de empobrecimiento social más que preocupante.

En Florencia (Colombia) un descerebrado, por llamarlo de alguna manera, viola una bebé. En Jaén (España) estudiantes menores de edad abusan sexualmente de un compañero de colegio. En EE.UU. un estudiante acaba con la vida de varios de sus excompañeros de colegio dejando decenas de heridos. En Haití, aprovechándose de la desgracia ajena y de su condición de cooperantes, un grupo de empleados británicos de una ONG de fama mundial tuvieron “una conducta sexual inapropiada”.

¿A dónde puede llegar la bajeza del ser humano? ¿Qué les pasará a esos delincuentes? A los españolitos puede que no se les acuse por ser menores. Pequeños para sufrir la pena pero grandes para cometer el delito. Al violador colombiano, al asesino estadounidense (que esta vez no han vinculado, de momento, con el Estado Islámico) y a los sinvergüenzas disfrazados de “solidarios” veremos qué les pasa. Hay gente que parece no estar en sus cabales, y cualquiera diría que existe riesgo de contagio.

Mientras, la vida sigue y acá como si nada hubiera pasado. Y ahora, más deporte. Gente que sufre por los colores de su equipo. Un grupo de personajes que cobran más de lo que se merecen por hacer lo que les gusta, con una masa detrás que les vitorea o insulta en función de unos resultados que para nada afectan a sus ganancias.
O más política, con minúscula. Los políticos, que venden humo y casi nos obligan a comprarlo, siguen ajenos a las realidades que les rodean. Como si sus vidas no fueran de este mundo. Nadie se rasga las vestiduras, casi nadie dimite, y se empecinan en pelear por unos votos que luego olvidan. Siguen siendo las y los privilegiados en sociedades con una gran parte de la población luchando a diario por sobrevivir. Endurecen las condiciones de vida de las gentes a las que piden el voto mientras se dedican a enriquecerse y mantener sus privilegios y no cumplir con la res pública, esa por la que se postulan a gobernarnos y que se supone que prometen defender.

¿Dónde está la ética?, ¿y la solidaridad y la comprensión del prójimo?, ¿dónde la responsabilidad?

Sin caer en la pacatería ni en el puritanismo que pueden poner en riesgo la libertad y los derechos sociales que tantas luchas y sudores, y hasta vidas, han costado conseguir, debemos demandar recuperar cierto humanismo y comportamiento ético que nos resitúe como seres pensantes.

No podemos apartar la vista de la barbarie del mundo. “El hombre no nace, se hace”, que diría Erasmo, y en esa formación tendremos que incidir para evitar seguir cayendo en ese declive humano y social en el que hemos metido a este mundo ya de por sí jodido y chambón.