Poesía, poesía eres tú

Dense por aludidas todas aquellas personas que, en algún momento de su vida, han encontrado refugio en un poema.

Todos los días son propicios para la poesía. Pero, por si no lo sabían, el 21 de marzo es el Día Mundial de la Poesía, también el Día Internacional de los Bosques (Día del árbol) y el equinoccio de otoño para el hemisferio sur y el de primavera para el norte. Pero me quería detener en el día de la poesía porque creo que a casi todo el mundo le ha servido alguna vez de escondite:

“¿Qué es poesía?, dices mientras clavas / en mi pupila tu pupila azul. / ¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? / Poesía… eres tú.” (G. Adolfo Bécquer, España 1836-1870)

Pongan en esa estrofa el color de su pupila y ocupen el lugar protagonista, ustedes son poesía. Somos poesía, aunque muchas veces sea de guerra y perdición (como especie, como creación).

La poesía nos acompaña en un momento nefasto, en un instante de amor, en un mal trago que sobrellevar, en una alegría que compartir, para respaldar un movimiento social, ante una pérdida incalculable o, simplemente, como disfrute de un espacio para la utopía y la fantasía en este corto tiempo que es la vida:

“¿Qué importa que tu puñal / se me clave en el riñón? / ¡Tengo mis versos, que son más fuertes que tu puñal! / ¿Qué importa que este dolor / seque el mar, y nuble el cielo? / El verso, dulce consuelo, nace alado del dolor” (José Martí, Cuba 1853-1895)

Escuchar y leer poesía es el primer paso para una conversación constructiva y enriquecedora:

“Para dialogar, preguntad primero; después… escuchad” (Antonio Machado, España 1875-1939)

Para hablar, para entender, para sentir, para ser, para vivir:

“Te hablo también: entre maderas, entre resinas, / entre millares de hojas inquietas, de una sola hoja: / pequeña mancha verde, de lozanía, de gracia, hoja sola en que vibran los vientos que corrieron / por los bellos países donde el verde es de todos los colores, / los vientos que cantaron por los países de Colombia. / Te hablo de noches dulces, junto a los manantiales, junto a cielos / que tiemblan temerosos entre alas azules: / te hablo de una voz que me es brisa constante, / en mi canción moviendo toda palabra mía, / como ese aliento que toda hoja mueve en el sur, tan dulcemente, / toda hoja, noche y día, suavemente en el sur” (Aurelio Arturo, Colombia 1906-1974)

La poesía nos anima a seguir creciendo, a luchar por lo que creemos:

“Quiero una huelga donde vayamos todos, / Una huelga de brazos, de piernas, de cabellos, / Una huelga naciendo en cada cuerpo. (…) / Una huelga donde todo se detenga, / El reloj / Las fábricas / El plantel / Los colegios / El bus / Los hospitales / La carretera / Los puertos. / Una huelga de ojos, de manos y de besos, / Una huelga donde respirar no sea permitido. / Una huelga donde nazca el silencio / Para oír los pasos / del tirano que se marcha” (Gioconda Belli, Nicaragua 1948)

Hay poesía en las revoluciones de la historia, en las luchas por la justicia social y en las demandas de equidad:

“Que mi voz suba a los montes y baje a la tierra y truene, eso pide mi garganta desde ahora y desde siempre” (Miguel Hernández, España 1910-1942)

Un poema es también una invitación a dejar volar la imaginación y a que aterrice donde queramos:

“Viajar es marcharse de casa, / es dejar los amigos / es intentar volar / volar conociendo otras ramas / recorriendo caminos / es intentar cambiar (…)  Viajar es sentirse poeta, / es escribir una carta, / es querer abrazar” (G. García Márquez, Colombia 1927-2014)

Es otra forma de volar, de tomar fuerzas para continuar persiguiendo los sueños o las pasiones:

“Siempre hay tiempo para un sueño. / Siempre es tiempo de dejarse llevar por una pasión que nos arrastre hacia el deseo. / Siempre es posible encontrar la fuerza necesaria para alzar el vuelo y dirigirse hacia lo alto. / Y es allí, y solo allí, en la altura, donde podemos desplegar nuestras alas en toda su extensión. / Solo allí, en lo más alto de nosotros mismos, en lo más profundo de nuestras inquietudes, podremos separar los brazos, y volar” (Dulce Chacón, España 1954-2003)

No dejen de sorprenderse, pueden repetir lo que sigue hasta alcanzarlo:

“Por una mirada, un mundo; / por una sonrisa, un cielo; / por un beso… yo no sé / qué te diera por un beso” (G. A. Bécquer)

Dense besos, sonrían, miren el mundo y sus bellezas y amen. ¿Tan difícil es? ¿Por qué no lo podemos conseguir? En Bagdad, en Beirut, en Barcelona, Bogotá, Cádiz, Dublín, El Cairo, Frankfurt, Kioto, Johannesburgo, Montevideo, Quito, Soria o Tinduf.

O en Granada, ciudad puente de tres culturas que mira a Latinoamérica y a África, que busca juntar y compartir en lugar de dividir:

“Te propongo construir / un nuevo canal sin esclusas ni excusas / que comunique por fin / tu mirada atlántica / con mi natural pacífico” (M. Benedetti, Uruguay 1920-2009)

En Granada, la primera ciudad de habla hispana reconocida por la Unesco como capital de la literatura y que desde el año pasado organiza, en este poético día, una lectura pública de poemas en sus librerías.

O en Medellín, ciudad que se paraliza una vez al año, desde 1991, con su Festival Internacional de Poesía para intentar detener el tiempo de una guerra y buscar la luz de las palabras rimadas, para escuchar las poesías y sus músicas:

“Hay una música que me invade sin cesar, es la poesía, la música del alma” (Rita Mestokosho, nación Innu, Canadá 1966)

Los poemas sirven para soñar despiertos y para hablar sonámbulos:

“Verde que te quiero verde. / Verde viento. Verdes ramas. / El barco sobre la mar / y el caballo en la montaña” (Federico García Lorca, España 1898-1936)

La poesía con dudas y con legítimos temores, pero firmes y confiados para afrontar las trampas y los miedos que la vida nos presenta:

“Asusta que la paz por los jardines / asome sus orejas de colores, / asusta porque es mayo y es buen tiempo, / asusta por si pasas sobre todo, / asusta lo completo, lo posible, / la demasiada luz, la cobardía, / la gente que se casa, la tormenta /los aires que se forman y la lluvia (…) asusta la maldad y la alegría, / el dolor, la serpiente, el mar, el libro, / asusta ser feliz, asusta el fuego, / sobrecoge la paz, se teme algo, / asusta todo trigo, todo pobre, (…) ” (Gloria Fuertes, España 1917-1998)

En 1999, en París, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), en su trigésimo período de sesiones, decidió establecer el día 21 de marzo como el de la poesía. Con el principal propósito de “apoyar la diversidad lingüística a través de la expresión poética y dar la oportunidad a las lenguas amenazadas de ser un vehículo de comunicación artística en sus comunidades respectivas.”

“Llegará un día en que la raza humana  / Se habrá secado como planta vana,  / Y el viejo sol en el espacio sea  / Carbón inútil de apagada tea.  / Llegará un día en que el enfriado mundo  / Será un silencio lúgubre y profundo: / Una gran sombra rodeará la esfera / Donde no volverá la primavera (…) Y negros, y amarillos y cobrizos, / Y blancos y malayos y mestizos / Se mirarán entonces bajo tierra / Pidiéndose perdón por tanta guerra” (Alfonsina Storni, Argentina 1892-1938)

Para la directora general de Unesco, Irina Bokova, “La poesía es una ventana a la diversidad excepcional de la humanidad”. Los poemas forman parte de esa búsqueda de la identidad propia, están en la recuperación de lo nuestro sin perder el respeto por lo ajeno:

“Ayer fue yesterday para buenos colonos, mas por fortuna nuestro mañana no es tomorrow. / Tengo un mañana que es mío y un mañana que es de todos, el mío acaba mañana pero sobrevive el otro” (M. Benedetti)

También nos sirve para intentar organizar nuestras palabras y sus desarreglos:

“¿Quién apagó la luz de la luna? / ¿¡Qué lluvia es ésta que extingue las estrellas!? / ¡Paredes! ¿Dónde está mi ventana? / ¿A quién llora el sauce junto a mi alma? / Y tú, mano mía, / ¿de dónde vienes con tanto valor? (Suzanne ´Alaywan, Líbano 1974)

Un poema es un empujón del alma, porque de ella sale la esperanza que anida en los textos aquí compartidos:

“Todo lo toma, todo lo carga / el lomo santo de la Tierra: / lo que camina, lo que duerme, / lo que retoza y lo que pena; / y lleva vivos y lleva muertos / el tambor indio de la Tierra” (Gabriela Mistral, Chile 1889-1957)

Y podríamos seguir recordando a otras ilustres poetisas y a otros grandes poetas, porque esto es tan sólo una muestra. Para quien esto suscribe, la poesía es una invitación a caminar. Así que les dejo abierta esta puerta a la lírica, un canto a la paz y a la vida. ¿La meta? Seguir caminando al encuentro de lo que el viaje de nuestra vida nos vaya poniendo delante:

“Yo no sé si ese mundo de visiones / vive fuera o va dentro de nosotros. / Pero sé que conozco a muchas gentes / a quienes no conozco” (G. A. Bécquer)

Leamos, pensemos, conversemos y disfrutemos, antes de que el tiempo se acabe:

“Nuestras horas son minutos cuando esperamos saber y siglos cuando sabemos lo que se puede aprender” (A. Machado)

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Delitos en un mundo loco

El derecho ya no es lo que era, ni fundado, ni cierto, ni razonable

Se puede pagar con la vida por ser mantero, penar multa y cárcel por ayudar a los demás, morir por defender derechos o que te denuncien por cagarte en algún dios.

¿La Justicia y el Derecho?

Delitos de solidaridad, falta de libertad de expresión y muertes de sin papeles. Y mientras, verdaderos delincuentes, eso sí, de cuello blanco, campando a sus anchas, robando y castigando a quien carece de bienes para seguir engrosando los suyos.

El mundo se ha vuelto loco. Desde la vieja y “culta” Europa a la castigada América o la olvidada África. Cualquier lugar del globo sufre de estulticia y de una justicia que más que ciega parece estúpida.

Como si la historia se escribiera con las patas. Cómo puede ser que la policía actúe con más dureza contra gente que se intenta ganar la vida honradamente, aunque sea de manera irregular pero sin robar ni corromper, que contra colectivos nazis; con más fuerza contra manifestaciones por la libertad de expresión que contra violadores o maltratadores de personas o animales.

Definitivamente, el mundo está loco, loco, loco. Pero no es una película.

En España, muere Mame Mbaye, un mantero que llevaba más de trece años residiendo sin papeles pero que no había roto un plato contra nadie. Eso sí, era negro, inmigrante, pobre y vendedor callejero. Menudo “peligro” para una sociedad pacata en la que gobiernan una panda de corruptos y cuyo futuro político parece seguir definiéndose del centro hacia la derecha según las encuestas.

En Francia, la policía detiene a Benoît Ducos, un socorrista de pistas de esquí al intentar llevar a una familia a un hospital para que ella, esposa y madre, dé a luz. Le quieren multar con 30 mil euros y castigarle con 5 años de privación de libertad por el “delito de solidaridad”. Sí, en el país de la liberté, égalité et fraternité. La familia auxiliada era inmigrante.

En Brasil, asesinan a Marielle Franco, concejala, lideresa feminista y activista por los derechos humanos que había denunciado reiteradamente la violencia policial. Era mujer, negra y luchadora social.

Y en casi cualquier país a eso se le se suman los recortes de derechos civiles, las violaciones de los derechos humanos, los ataques a la libertad de expresión y demás mordazas contra las posturas críticas. Como querer juzgar a alguien por cagarse en un dios o una virgen. Ah, pero criticar a otras religiones o dioses sí está permitido. Pues el dios y la virgen a los que han deslucido que se personen en el juzgado.

Muertes sin sentido y sentencias desnortadas. Lo dicho, vaya cómo está el puto mundo. ¡Uy!, que igual me denuncia el planeta por el insulto. Paren el mundo que yo me bajo.

Estado de derecha

Tras las elecciones del 11 de marzo, ganan las derechas y pierde el Estado de derecho.

Con todo lo que pasa y no pasa nada. Me parecen increíbles los resultados de las elecciones legislativas celebradas en Colombia el domingo 11 de marzo. Y la vida sigue como si tal cosa. Como si nada hubiera ocurrido, como si a nadie le importara. Pero a quienes sí les afecte, no se flagelen, la culpa no es solamente de una clase política corrupta, que la hay y en gran medida, es también responsabilidad de un pueblo ignorante y sin memoria. Y pasota, con una actitud de indiferencia y una gran falta de responsabilidad.

Cierto que podemos ver el vaso medio lleno o medio vacío y que los números son interpretables. Es verdad que han sido las votaciones más pacíficas de la historia; que un grupo guerrillero convertido en partido político ha participado en las elecciones de manera pacífica, eso sí, con malos resultados; que el otro grupo todavía en armas ha respetado el alto el fuego y que algunos sujetos nada fiables “se han quemado” y no han conseguido curul para ninguna de las dos cámaras.

Siento que se ha perdido una oportunidad de poner sobre el tapete otra manera de hacer política; la población ha mantenido su abstencionismo (cercano al 50 %), y no es excusa decir que es lo tradicional en el país, y se ha inhibido de personarse como ciudadanía activa y participativa. Creo que políticamente ha sido preocupante lo acaecido y socialmente es alarmante.

Que el que fuera presidente de la “seguridad democrática” y promotor de los “falsos positivos” haya sido el candidato más votado para el Senado, con un total de, según datos de la Registraduría, 875.554 votos, más que el total de los votos en blanco, 835.445; y que su partido, el Centro Democrático, también lo haya sido con 2.513.520 papeletas, ocupando el segundo puesto en número de votos para la Cámara de Representantes, es tirar por la borda gran parte de la labor llevada a cabo en los últimos años. Porque no creen en la paz. Su organización política ha obtenido el mayor número de sufragios en nueve de los departamentos del país y en los consulados en el exterior. Lo que le supondrá contar con diecinueve de su lista en el Senado (el 19 %), los mismos que la suma de los tres partidos “progresistas” (Polo Democrático, Alianza Verde y la Coalición Lista de la Decencia). En la Cámara de Representantes, con casi dos millones cuatrocientos mil votos, se alza con treinta y dos curules de los ciento sesenta y tres en disputa, lo que representa algo más del 19 %.

A mi modo de ver, Colombia pierde una oportunidad y las y los colombianos han comprometido muchas de las ilusiones puestas en un proceso de paz reconocido como histórico. Ahora, ¿quién se rasgará las vestiduras? Nadie saldrá, como después del plebiscito, a marchar por la paz, por la ciudadanía y por un futuro que, al menos por los próximos cuatro años, y en ese tiempo se puede estropear todo, se presenta oscuro y tenebroso. El poder en manos de la clase que niega las identidades y las diferencias, que no admite las discrepancias, que todo lo ve o blanco o negro, en un país donde el verde es de todos los colores, y que no respeta los derechos ni la vida en sí misma.

Por otro lado, la lectura de las consultas nacionales para determinar el cabeza de lista a la presidencia por la derecha y la izquierda también muestra un panorama desalentador. Ambas eran excluyentes, debiendo, en caso de querer participar, elegir solamente una de las dos. La suma de quienes han participado en la consulta para elegir entre el delfín del Centro Democrático, Iván Duque, la candidata de Por una Colombia Honesta y Fuerte, Martha Ramírez, y el representante de La Patria de Pie, Alejandro Ordóñez, da un total de casi seis millones de electores; frente a la propuesta para definir el presidenciable de la izquierda entre Gustavo Petro, por la Colombia Humana y el Movimiento Alternativo Indígena y Social, y Carlos Caicedo, por Fuerza Ciudadana, que ha alcanzado menos de tres millones y medio de votos. Eso supondría que, haciendo política ficción y en el hipotético caso de que llegaran a enfrentarse en una segunda vuelta, la derecha casi duplica a la izquierda en potenciales electores.

Aunque, con los resultados legislativos, creo que poco importa esta consulta. En un país que le apuesta al presidencialismo, las presidenciales no servirán de mucho porque las dos cámaras están en poder de la derecha, de la más o menos democrática y de la reaccionaria e intransigente. El escenario es que gane quien gane las votaciones para la presidencia de la República, salvo que lo haga el representante del Centro Democrático, ojalá sus dioses no lo permitan, su poder de maniobra va a estar limitado por la composición de los parlamentos que tendrán un color destacado: el del corazón grande y la mano firme. Y ya sabemos a quienes aplican ese eslogan. El corazón grande para los suyos, engañando a gran parte de una ciudadanía que se cree que es el “sagrado corazón” de toda Colombia, y la mano firme para sus enemigos. Sí, enemigos porque ellos no tienen rivales políticos sino enemigos sociales. Más cancha para los grupos paramilitares y más peligro para líderes y lideresas sociales, sindicales, indígenas y cualquiera que quiera defender esa patria boba del látigo del senador y sus secuaces.

Composición del Senado tras las elecciones del 11 de marzo. Tomado de la página de la Registraduría

Buena suerte para quienes pensamos diferente, buena mar para quienes navegan defendiendo derechos civiles y buen puerto para abrigar las esperanzas de una convivencia pacífica que se antoja más lejos cada día.

Ni siquiera el voto en blanco ha sido lo suficientemente significativo, apenas un cinco por ciento en cada una de las dos cámaras. Se ha perdido una batalla trascendental, no dando a las urnas de las legislativas el valor que les corresponde. ¿Para qué una democracia participativa?

Se me ocurren muchos calificativos, pero no me corresponde juzgarlo. Solamente dejar constancia de mi asombro y de la falta de compromiso que interpreto en el comportamiento político y electoral de la población. Pero cada quien elige su propio destino, o deja que otros decidan en su nombre. Una postura tan legítima como cualquier otra, pero luego no nos quejemos de lo que se nos viene encima. Han elegido el estado de derecha, muy de derechas, en lugar del Estado de Derecho. Ojalá me equivoque, pero creo que a partir del 27 de mayo la paz va a tener más difícil tomar la palabra.
“Alea iacta est.”

Chávez, el padre del alba

El 5 de marzo de 2013 fallecía en un hospital de Caracas el comandante Hugo Rafael Chávez Frías.

Algunos le habían matado ya antes y otros le hubiesen querido matar tiempo atrás. Pero él se murió ese día y dejó huérfana a Venezuela y a América Latina. Uno de los líderes más sólidos y valorados por su labor política; también, como ocurre casi siempre, uno de los más denostados. Pero en las urnas, donde se supone que se mide la democracia de un país, aunque los poderes lo reconozcan solamente si son sus intereses los que ganan, triunfó en todas menos una de las elecciones que enfrentó en sus catorce años al frente de la República Bolivariana de Venezuela.

Hugo Chávez Frías

En estos cinco años desde su muerte, Venezuela parece haber navegado por un mar embravecido en el que las olas le chocan por los cuatro costados. Evidentemente, Maduro no es Chávez y su timón y esa falta de carisma han situado al país, mucho más que en la época del anterior presidente, en el punto de mira mediático mundial. A Venezuela se le da madera por todo, cualquier excusa, la más mínima sospecha, el bulo menos contrastado o el más tonto de los motivos es causa suficiente para echarle tierra a aquel país.

Cierto que hay motivos para criticar la deriva, pero no más de los que habría para atacar a otras muchas naciones. Entre esas Colombia o España, que no son precisamente un dechado de derechos sociales y de virtudes democráticas (algunos se rasgarán las vestiduras). Sin embargo, en este quinto aniversario los medios se han dedicado más a atacar la labor de Maduro y la situación de Venezuela que a recordar la figura de Hugo Chávez. Porque no olvidemos que hoy el peligro político es la amenaza del castrochavismo, el nuevo comunismo que nos puede contagiar. No se dan cuenta de que ven antes la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio.

A muchos se les dibujó una gran sonrisa en el rostro con la muerte del padre del ALBA. Mucho lobo hambriento con las fauces babosas esperando hincar el diente sobre la patria huérfana; mucho idiota y mucho inútil que no sabrá que con la muerte de Chávez se perdió un referente popular, desapareció un luchador y un visionario del futuro de América Latina como un continente convertido en una gran república bolivariana.

La labor de Maduro, con todos sus errores, ha conseguido mantener a las jaurías a cierta distancia. Pero están cada vez más cerca. La marcha de Fidel Castro también contribuyó a que Venezuela estuviera más sola. Los líderes de Ecuador y Bolivia no son tan carismáticos y Lula está metido en un lío.

Puede que los modales de Chávez no fueran los más finos, pero decía verdades como puños. Puede que fuera tan querido como odiado, pero le querían los pobres, la gente del pueblo, y le odiaban los poderosos. Sólo por eso ya merecería toda la admiración de esa mayoría minoritaria que buscamos cambiar el mundo para que sea mejor.

Un monarca le mandó callar cuando lo que debería haber hecho es callarse él y mirarse primero antes de criticar a los demás. Porque, al margen de su historial de cazador, de animales y de mujeres, ¿qué poder tiene un rey hereditario nombrado a dedo por un dictador para mandar callar al presidente de un país que había sido elegido democráticamente por la mayoría de su pueblo? Y recordemos que España fue de los pocos países que dio legitimidad al intento golpista contra Chávez en 2002, bajo el gobierno del “otro” bajito del bigote.

Chávez empoderó a su pueblo. Uno de los pocos dirigentes en el mundo que tenía valor y fuerza para contener la invasión del nuevo imperialismo, un defensor de la patria bolivariana, un promotor y valedor del ALBA, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, frente al ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), un invento neoliberal para forrar a los ricos del Norte mientras se empobrece, más si cabe, a los pobres del Sur. Un defensor del beneficio para la mayoría frente al enriquecimiento de la minoría.

Hugo Chávez con Fidel Castro y Evo Morales

Tras su muerte se dijeron de él frases como la del presidente Santos de Colombia, quien le agradeció su “dedicación y compromiso sin límites” en el proceso de paz; la de la entonces presidenta de Brasil, Rousseff, que afirmó que “dejará un vacío en el corazón, en la historia y en las luchas” sudamericanas; el sin par José Mújica, en ese tiempo presidente de Uruguay, advirtió sobre el riesgo de que se intente “desestabilizar a la Revolución Bolivariana”, y el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), señaló que con la muerte de Chávez “la integración regional pierde a uno de sus grandes impulsores”.

En el otro extremo, el anterior presidente de los EE.UU., Barack Obama, parece que declaró que “Estados Unidos sigue comprometida en promocionar la democracia, el respeto por la ley y por los derechos humanos”. O sea, como vienen demostrando en tantas partes de la faz de la Tierra a lo largo de los últimos setenta años. Y se quedó tan tranquilo.

Multinacionales y otras entidades esquilmadoras de riquezas ajenas y usurpadoras de materias primas descansaron con la muerte de Chávez, pero creo que el pueblo venezolano, el latinoamericano y el pueblo llano de gran parte del planeta seguimos echando de menos a un socialista socarrón, mal presentador y peor cantante que sabía que para mejorar el mundo había que luchar por el socialismo desde la base, educando a la ciudadanía aunque te tildaran de bocazas, populista, comunista o qué sé yo.

Con sus errores y sus limitaciones pero siempre mirando de frente y al frente. Diciendo a la cara lo que otros callaban y uniendo al continente frente al neoliberalismo occidental. Algunas cifras a recordar de su gobierno: redujo la inflación de Venezuela del 28,2% al 18%, a pesar de un gran aumento del gasto público y muy en especial del gasto público social que subió en un 60% en los últimos diez años. Consiguió reducir la pobreza de un 71% de la población en 1996 a un 21% en 2010, siendo especialmente acentuada la reducción de la pobreza extrema, que pasó de ser un 40% en 1996 a un 7,3% en 2010 (algo que no consiguieron los Objetivos de Desarrollo del Milenio en quince años). También redujo el analfabetismo y la exclusión.

A su marcha, algunas voces le dedicaron un pequeño y merecido tributo: “Un legado de dignidad para un continente” (Juan Carlos Monedero), “una persona excepcional (…) de cuyo ejemplo seguiré tratando de aprender, de su amor extraordinario a las gentes sencillas y de su compromiso con el pueblo” (Juan Torres); “ha representado una manera distinta de hacer las cosas en un subcontinente asolado por el latrocinio de los gobernantes y por el neoliberalismo salvaje que impulsaban los mismos organismos internacionales que ahora aconsejan a Europa que se resigne a enterrar su estado del Bienestar” (Juan Carlos Escudier); “En estos tiempos, prefiero una revolución equivocada que esta inercia que nos mata sin pelea. Cualquier revolución, comandante. Que no descanse en paz tu boina roja” (Aníbal Malvar).

Ramonet, en una entrevista concedida a lamarea.com tras la publicación de su libro “Hugo Chávez. Mi primera vida”, decía de él: “era un intelectual, un hombre que tenía una sensibilidad artística muy importante, de poeta, y que era muy sentimental. Si no hubiera sido tan artista, no estaríamos hablando de un creador político como ha sido, porque él ha sido un creador de conceptos políticos, como el socialismo del siglo XXI, la revolución bolivariana, o el ALBA (Alianza Bolivariana de las Américas), una palabra tan bonita, elegida por él y Fidel Castro. El alba, donde todo comienza.”

Su figura, cinco años después de su muerte, se mantiene entre las de los líderes más destacados de la historia del continente latinoamericano. Un político que ganó dieciséis de las diecisiete elecciones que convocó en los catorce años que estuvo en el poder. La última con más de diez puntos porcentuales sobre su rival y de la que no llegó a tomar posesión del cargo por encontrarse ya gravemente enfermo.

Portada del libro de Hugo Chávez

Una parte de su vida y de su pensamiento los recogieron Orlando Oramas León y Jorge Legañoa Alonso al recopilar los textos para el libro Cuentos del arañero, una especie de autobiografía en donde Chávez se reconoce como parte de su pueblo “yo no solo hablo con mi Pueblo, yo también soy ese Pueblo y de sus catacumbas vengo y a sus catacumbas vuelvo a cada rato en ese eterno retorno que es mi vida, impulsado por ese gran poder que está en la fuerza irresistible del amor, para decirlo con Bolívar. Por eso y por tanto, son leyendas, historias y cuentos que viene de las propias raíces, de los hondones de mi propia vida y de mis amores todos, de esos seres luminosos que tanto me animaron, acompañaron y me siguen inspirando.”

El “arañero”, porque de chiquito Hugo vendía las arañas que preparaba su abuela Rosa Inés. Un dulce típico de los llanos venezolanos que se prepara con papaya (lechoza en Venezuela), una fruta tropical que reúne muchas propiedades beneficiosas para la salud.

En el prólogo, ambos compiladores dicen de él “trajo de regreso a Bolívar, lo despojó de la coraza pétrea de las esculturas, lo bajó de los pedestales inmóviles de las plazas, se sumergió junto a él y lo hizo sustancia en el torrente de la gente, que se apropió del nombre, el pensamiento y la obra del Libertador.”

Uno de los capítulos del libro está dedicado a Fidel Castro, quien se nombra a sí mismo y a Chávez como “dos tipos que andaban por ahí”. Sé que mucha gente no estará de acuerdo, pero fueron dos grandes tipos, dos líderes sociales a los que la historia no sólo absolverá, sino que les tendrá que terminar reconociendo su alto valor político y humano. Sus países les echan de menos, el pueblo latinoamericano también les echa de menos.

Aló, presidente. En la lucha, comandante.

Votar en Colombia

El voto en blanco y las luchas contra las injusticias

En este año 2018 se celebran elecciones legislativas y presidenciales en el país andino con un panorama un tanto desalentador. El cuadro político que tiene Colombia actualmente no invita al optimismo. A ello contribuyen hechos tan graves como la falta de implementación de los acuerdos de paz de La Habana, la no puesta en marcha en toda su extensión de la Justicia Especial para la Paz y los asesinatos de líderes y lideresas sociales.

Los movimientos por el voto en blanco, sobre todo para el Senado, van tomando fuerza. Pero lo más importante son las campañas contra la violencia y el fraude, contra las injusticias y por una política transparente. En un país en el que la Misión de Observación Electoral señala los riesgos electorales presentes en el territorio.

Cuando se cumplía un año de la firma oficial del Acuerdo entre guerrilla y Gobierno en Cartagena de Indias, septiembre 26 de 2017, la Fundación Paz y Reconciliación publicaba el informe “Cómo va la paz” en donde destacaban, además de la negativa a dar luz verde a la Ley de Amnistía, los incumplimientos generalizados, el aumento de los asesinatos sistemáticos, la falta de compromiso político o la debilidad institucional. Ahí llama mucho la atención la poca presencia del presidente y su equipo de gobierno para respaldar los acuerdos y denunciar lo no cumplido.

Sobre la Justicia Especial para la Paz, que alguien revise a ver cuáles de los objetivos que se propuso se está cumpliendo. No se está satisfaciendo el derecho de las víctimas (todas y cada una) a la justicia; a la sociedad colombiana no se le ha ofrecido la verdad; no se ha dado la reparación a las víctimas; no se está luchando con ganas, medios y resultados contra la impunidad; no hay plena seguridad jurídica para quienes participaron en el conflicto armado y no está verdaderamente contribuyendo al logro de una paz estable y duradera.

Los cifras sobre asesinatos de personas relacionadas con la defensa de los derechos civiles y la paz no coinciden, según la fuente que las facilite. Mientras la Fiscalía reconoce el asesinato de 101 personas entre enero 2017 y enero 2018, para el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz) en el año recién terminado mataron a ciento setenta líderes y lideresas sociales. Eso supone un aumento en 2017 del 45,2 % en relación al año anterior. A eso hay que sumar las veintiuna personas asesinadas en el primer mes de 2018. Al margen de la lucha de datos, son hechos muy graves, que no deberían suceder y que demandan una mayor y mejor acción por parte del Estado, y del Gobierno, para parar este derramamiento de sangre. No es suficiente con que la ONU se muestre preocupada por los asesinatos, en cualquier otro país, o en otras circunstancias, serían considerados delitos de lesa humanidad. Porque estas muertes no son, como dicen algunos miembros de la Administración, “líos de faldas” o “ajustes de cuentas”, son crímenes de Estado. Y así no se alcanza la paz.

Según un informe de la Unión Europea, elaborado por la Comisión Internacional de Verificación de los Derechos Humanos en Colombia, tan sólo se ha cumplido el 18,5 % de lo establecido en los acuerdos de paz. Además, señala la actitud negadora del paramilitarismo por parte del Gobierno.

A ello se suma un escenario político en el que, pese a contar con un presidente flamante premio Nobel de la Paz, los “presidenciables” no encantan, por diferentes motivos, entre la población. También está en entredicho la clase política por su calidad, su capacidad, los vínculos, algunos demostrados pero “desoídos” y otros ignorados, con la corrupción y el crimen, y sus propuestas programáticas, que no convencen ni a sus propios correligionarios.

Según la Registraduría Nacional de la República, un total de 36.024.467 ciudadanas y ciudadanos colombianos están llamados a votar en las legislativas del 11 de marzo, para las que se instalarán 103.345 mesas ubicadas en 11.231 puestos de votación atendidos por 688.537 personas elegidas como jurados en todo el país.

Tarjetón de votación a la Cámara de Representantes, Colombia 2018

En esas elecciones, en las que serán elegidos ciento dos senadores y ciento sesenta y seis congresistas para la Cámara de Representantes, el horizonte no está muy definido. El asunto es complicado empezando porque la papeleta de voto es un tarjetón de tamaño poco manejable en el que hay que marcar con un aspa, una X, el partido y el nombre del candidato (a) que se elige, en el caso de optar por una lista preferente (la mayoría de los partidos), o solamente marcar el partido o coalición si se hace por una lista no preferente (la dirección decide su representante).

Para la Cámara de Representantes se eligen por circunscripción en los treinta y dos departamentos más Bogotá D.C. En ésta se presentan catorce partidos generalistas, dos con listas no preferentes (GSC Colombia Justa Libres y FARC), seis movimientos para la circunscripción especial de comunidades indígenas y cuarenta y dos asociaciones para la circunscripción especial de comunidades afro-descendientes.

Para el Senado de la República, de circunscripción única, son veintitrés los partidos que se postulan, cinco de ellos con listas no preferenciales (GSC Sí se puede, GSC Unión con fortaleza, Partido Somos, GSC Colombia Justa Libres y FARC), más siete listas de candidatos de la circunscripción especial de comunidades indígenas. El Senado es una instancia que está muy desacreditada, lo que no significa que la Cámara lo esté menos y que sea una particularidad colombiana, ya que el descrédito político está extendido en todo el mundo.

Tarjetón de votación al Senado de la República, Colombia 2018

Las peculiaridades del sistema político colombiano hacen que esta votación no tenga una incidencia clara en la posterior presidencial, aunque puede arrojar alguna luz sobre las y los candidatos mejor posicionados.

Con los datos de los cuatro estudios de otras tantas entidades de sondeo realizados en el mes de febrero, el voto en blanco ganaría en las elecciones presidenciales que tendrán lugar el 27 de mayo en su primera vuelta. ¿Es bueno para las y los candidatos que las encuestas les sitúen en un buen lugar? Visto lo que sucedió en el plebiscito del pasado 2 de octubre, probablemente no. Había tal convencimiento del triunfo del sí, que el pasotismo de la mayoría urbana hizo que el “no” le ganará la partida. Si algún medio o encuesta da por ganador a alguien en particular, sus seguidores o posibles votantes pueden no ejercer su derecho al voto y los rivales movilizarse en masa para que no se cumpla el vaticinio.

En esos cuatro estudios mencionados, los resultados son dispares. Haciendo política ficción, que más o menos es lo que son esas encuestas, me atrevo a hacer una sumatoria de sus resultados y lo que nos presentan es que Sergio Fajardo lidera las opciones con una media del 17,3 %, seguido de Gustavo Petro y su “Colombia Humana” con el 16,23 %, a continuación el exministro Vargas Lleras con el 10,3 % y, a cierta distancia, el representante del Gobierno en las negociaciones de La Habana, Humberto de la Calle, con el 6,53 % y la también exministra y cabeza del Partido Conservador Marta Ramírez con el 5,9 %.

El voto en blanco lidera la intención en dos de los escrutinios pero no aparece en las otras. Lo mismo que el joven delfín candidato del Centro Democrático, Iván Duque, que solamente es mencionado en dos de ellos.

El estudio de “Cifras y conceptos” también incluye preguntas sobre la imagen favorable o desfavorable de los aspirantes presidenciales, dando Fajardo la mejor con 41 % y Londoño la peor con el 81 %, aunque éste, junto a Gustavo Petro y Piedad Córdoba son tres de los menos desconocidos. La encuesta pregunta, además, si tienen decidido ya su voto para la primera vuelta y, curiosamente, el 46 % ya lo tienen.

Que en Colombia se diga que parece que la intención de voto lleva hacia el centro-izquierda al país, el único del continente que nunca ha tenido un gobierno de izquierdas, será motivo más que suficiente para que la derecha movilice todo su arsenal, por desgracia no solamente el electoral, para minar esa opción.

Parece que Sergio Fajardo, exalcade de Medellín, y Gustavo Petro, exalcalde de Bogotá, son los que tienen más opciones. Pero que las tengan les puede perjudicar y hacer que sus posibles votantes se inhiban y que los rivales se activen. Y para la casi segura segunda vuelta, es más difícil la unión de los sectores más progresistas que la de las derechas, más obedientes y pactistas con tal de evitar al enemigo.

En cualquier caso, la sugerencia es que la ciudadanía vote y no bote el voto. Que se decante por opciones confiables y comprometidas con la población y la justicia social. Es una oportunidad para dar continuidad a un proceso de paz necesario y que el país camine por la senda de la convivencia pacífica, desde el respeto, la solidaridad y la responsabilidad. Votar es un ejercicio de ciudadanía democrática; exigir después responsabilidades, también.