Delitos en un mundo loco

El derecho ya no es lo que era, ni fundado, ni cierto, ni razonable

Se puede pagar con la vida por ser mantero, penar multa y cárcel por ayudar a los demás, morir por defender derechos o que te denuncien por cagarte en algún dios.

¿La Justicia y el Derecho?

Delitos de solidaridad, falta de libertad de expresión y muertes de sin papeles. Y mientras, verdaderos delincuentes, eso sí, de cuello blanco, campando a sus anchas, robando y castigando a quien carece de bienes para seguir engrosando los suyos.

El mundo se ha vuelto loco. Desde la vieja y “culta” Europa a la castigada América o la olvidada África. Cualquier lugar del globo sufre de estulticia y de una justicia que más que ciega parece estúpida.

Como si la historia se escribiera con las patas. Cómo puede ser que la policía actúe con más dureza contra gente que se intenta ganar la vida honradamente, aunque sea de manera irregular pero sin robar ni corromper, que contra colectivos nazis; con más fuerza contra manifestaciones por la libertad de expresión que contra violadores o maltratadores de personas o animales.

Definitivamente, el mundo está loco, loco, loco. Pero no es una película.

En España, muere Mame Mbaye, un mantero que llevaba más de trece años residiendo sin papeles pero que no había roto un plato contra nadie. Eso sí, era negro, inmigrante, pobre y vendedor callejero. Menudo “peligro” para una sociedad pacata en la que gobiernan una panda de corruptos y cuyo futuro político parece seguir definiéndose del centro hacia la derecha según las encuestas.

En Francia, la policía detiene a Benoît Ducos, un socorrista de pistas de esquí al intentar llevar a una familia a un hospital para que ella, esposa y madre, dé a luz. Le quieren multar con 30 mil euros y castigarle con 5 años de privación de libertad por el “delito de solidaridad”. Sí, en el país de la liberté, égalité et fraternité. La familia auxiliada era inmigrante.

En Brasil, asesinan a Marielle Franco, concejala, lideresa feminista y activista por los derechos humanos que había denunciado reiteradamente la violencia policial. Era mujer, negra y luchadora social.

Y en casi cualquier país a eso se le se suman los recortes de derechos civiles, las violaciones de los derechos humanos, los ataques a la libertad de expresión y demás mordazas contra las posturas críticas. Como querer juzgar a alguien por cagarse en un dios o una virgen. Ah, pero criticar a otras religiones o dioses sí está permitido. Pues el dios y la virgen a los que han deslucido que se personen en el juzgado.

Muertes sin sentido y sentencias desnortadas. Lo dicho, vaya cómo está el puto mundo. ¡Uy!, que igual me denuncia el planeta por el insulto. Paren el mundo que yo me bajo.

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Leonardo Otalora Cotrino
    Mar 20, 2018 @ 22:09:35

    Esa es la paradoja de la injusta justicia. Detienen a los activistas de Greenpeace por defender a las focas y a los orangutanes, mientras que a los genocidas de Monsanto se les permite envenenar a la tierra con sus pesticidas asesinos. El verdadero crimen se comete cuando por defender la vida se interfiere con los intereses de las multinacionales.

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