Poesía, poesía eres tú

Dense por aludidas todas aquellas personas que, en algún momento de su vida, han encontrado refugio en un poema.

Todos los días son propicios para la poesía. Pero, por si no lo sabían, el 21 de marzo es el Día Mundial de la Poesía, también el Día Internacional de los Bosques (Día del árbol) y el equinoccio de otoño para el hemisferio sur y el de primavera para el norte. Pero me quería detener en el día de la poesía porque creo que a casi todo el mundo le ha servido alguna vez de escondite:

“¿Qué es poesía?, dices mientras clavas / en mi pupila tu pupila azul. / ¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? / Poesía… eres tú.” (G. Adolfo Bécquer, España 1836-1870)

Pongan en esa estrofa el color de su pupila y ocupen el lugar protagonista, ustedes son poesía. Somos poesía, aunque muchas veces sea de guerra y perdición (como especie, como creación).

La poesía nos acompaña en un momento nefasto, en un instante de amor, en un mal trago que sobrellevar, en una alegría que compartir, para respaldar un movimiento social, ante una pérdida incalculable o, simplemente, como disfrute de un espacio para la utopía y la fantasía en este corto tiempo que es la vida:

“¿Qué importa que tu puñal / se me clave en el riñón? / ¡Tengo mis versos, que son más fuertes que tu puñal! / ¿Qué importa que este dolor / seque el mar, y nuble el cielo? / El verso, dulce consuelo, nace alado del dolor” (José Martí, Cuba 1853-1895)

Escuchar y leer poesía es el primer paso para una conversación constructiva y enriquecedora:

“Para dialogar, preguntad primero; después… escuchad” (Antonio Machado, España 1875-1939)

Para hablar, para entender, para sentir, para ser, para vivir:

“Te hablo también: entre maderas, entre resinas, / entre millares de hojas inquietas, de una sola hoja: / pequeña mancha verde, de lozanía, de gracia, hoja sola en que vibran los vientos que corrieron / por los bellos países donde el verde es de todos los colores, / los vientos que cantaron por los países de Colombia. / Te hablo de noches dulces, junto a los manantiales, junto a cielos / que tiemblan temerosos entre alas azules: / te hablo de una voz que me es brisa constante, / en mi canción moviendo toda palabra mía, / como ese aliento que toda hoja mueve en el sur, tan dulcemente, / toda hoja, noche y día, suavemente en el sur” (Aurelio Arturo, Colombia 1906-1974)

La poesía nos anima a seguir creciendo, a luchar por lo que creemos:

“Quiero una huelga donde vayamos todos, / Una huelga de brazos, de piernas, de cabellos, / Una huelga naciendo en cada cuerpo. (…) / Una huelga donde todo se detenga, / El reloj / Las fábricas / El plantel / Los colegios / El bus / Los hospitales / La carretera / Los puertos. / Una huelga de ojos, de manos y de besos, / Una huelga donde respirar no sea permitido. / Una huelga donde nazca el silencio / Para oír los pasos / del tirano que se marcha” (Gioconda Belli, Nicaragua 1948)

Hay poesía en las revoluciones de la historia, en las luchas por la justicia social y en las demandas de equidad:

“Que mi voz suba a los montes y baje a la tierra y truene, eso pide mi garganta desde ahora y desde siempre” (Miguel Hernández, España 1910-1942)

Un poema es también una invitación a dejar volar la imaginación y a que aterrice donde queramos:

“Viajar es marcharse de casa, / es dejar los amigos / es intentar volar / volar conociendo otras ramas / recorriendo caminos / es intentar cambiar (…)  Viajar es sentirse poeta, / es escribir una carta, / es querer abrazar” (G. García Márquez, Colombia 1927-2014)

Es otra forma de volar, de tomar fuerzas para continuar persiguiendo los sueños o las pasiones:

“Siempre hay tiempo para un sueño. / Siempre es tiempo de dejarse llevar por una pasión que nos arrastre hacia el deseo. / Siempre es posible encontrar la fuerza necesaria para alzar el vuelo y dirigirse hacia lo alto. / Y es allí, y solo allí, en la altura, donde podemos desplegar nuestras alas en toda su extensión. / Solo allí, en lo más alto de nosotros mismos, en lo más profundo de nuestras inquietudes, podremos separar los brazos, y volar” (Dulce Chacón, España 1954-2003)

No dejen de sorprenderse, pueden repetir lo que sigue hasta alcanzarlo:

“Por una mirada, un mundo; / por una sonrisa, un cielo; / por un beso… yo no sé / qué te diera por un beso” (G. A. Bécquer)

Dense besos, sonrían, miren el mundo y sus bellezas y amen. ¿Tan difícil es? ¿Por qué no lo podemos conseguir? En Bagdad, en Beirut, en Barcelona, Bogotá, Cádiz, Dublín, El Cairo, Frankfurt, Kioto, Johannesburgo, Montevideo, Quito, Soria o Tinduf.

O en Granada, ciudad puente de tres culturas que mira a Latinoamérica y a África, que busca juntar y compartir en lugar de dividir:

“Te propongo construir / un nuevo canal sin esclusas ni excusas / que comunique por fin / tu mirada atlántica / con mi natural pacífico” (M. Benedetti, Uruguay 1920-2009)

En Granada, la primera ciudad de habla hispana reconocida por la Unesco como capital de la literatura y que desde el año pasado organiza, en este poético día, una lectura pública de poemas en sus librerías.

O en Medellín, ciudad que se paraliza una vez al año, desde 1991, con su Festival Internacional de Poesía para intentar detener el tiempo de una guerra y buscar la luz de las palabras rimadas, para escuchar las poesías y sus músicas:

“Hay una música que me invade sin cesar, es la poesía, la música del alma” (Rita Mestokosho, nación Innu, Canadá 1966)

Los poemas sirven para soñar despiertos y para hablar sonámbulos:

“Verde que te quiero verde. / Verde viento. Verdes ramas. / El barco sobre la mar / y el caballo en la montaña” (Federico García Lorca, España 1898-1936)

La poesía con dudas y con legítimos temores, pero firmes y confiados para afrontar las trampas y los miedos que la vida nos presenta:

“Asusta que la paz por los jardines / asome sus orejas de colores, / asusta porque es mayo y es buen tiempo, / asusta por si pasas sobre todo, / asusta lo completo, lo posible, / la demasiada luz, la cobardía, / la gente que se casa, la tormenta /los aires que se forman y la lluvia (…) asusta la maldad y la alegría, / el dolor, la serpiente, el mar, el libro, / asusta ser feliz, asusta el fuego, / sobrecoge la paz, se teme algo, / asusta todo trigo, todo pobre, (…) ” (Gloria Fuertes, España 1917-1998)

En 1999, en París, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), en su trigésimo período de sesiones, decidió establecer el día 21 de marzo como el de la poesía. Con el principal propósito de “apoyar la diversidad lingüística a través de la expresión poética y dar la oportunidad a las lenguas amenazadas de ser un vehículo de comunicación artística en sus comunidades respectivas.”

“Llegará un día en que la raza humana  / Se habrá secado como planta vana,  / Y el viejo sol en el espacio sea  / Carbón inútil de apagada tea.  / Llegará un día en que el enfriado mundo  / Será un silencio lúgubre y profundo: / Una gran sombra rodeará la esfera / Donde no volverá la primavera (…) Y negros, y amarillos y cobrizos, / Y blancos y malayos y mestizos / Se mirarán entonces bajo tierra / Pidiéndose perdón por tanta guerra” (Alfonsina Storni, Argentina 1892-1938)

Para la directora general de Unesco, Irina Bokova, “La poesía es una ventana a la diversidad excepcional de la humanidad”. Los poemas forman parte de esa búsqueda de la identidad propia, están en la recuperación de lo nuestro sin perder el respeto por lo ajeno:

“Ayer fue yesterday para buenos colonos, mas por fortuna nuestro mañana no es tomorrow. / Tengo un mañana que es mío y un mañana que es de todos, el mío acaba mañana pero sobrevive el otro” (M. Benedetti)

También nos sirve para intentar organizar nuestras palabras y sus desarreglos:

“¿Quién apagó la luz de la luna? / ¿¡Qué lluvia es ésta que extingue las estrellas!? / ¡Paredes! ¿Dónde está mi ventana? / ¿A quién llora el sauce junto a mi alma? / Y tú, mano mía, / ¿de dónde vienes con tanto valor? (Suzanne ´Alaywan, Líbano 1974)

Un poema es un empujón del alma, porque de ella sale la esperanza que anida en los textos aquí compartidos:

“Todo lo toma, todo lo carga / el lomo santo de la Tierra: / lo que camina, lo que duerme, / lo que retoza y lo que pena; / y lleva vivos y lleva muertos / el tambor indio de la Tierra” (Gabriela Mistral, Chile 1889-1957)

Y podríamos seguir recordando a otras ilustres poetisas y a otros grandes poetas, porque esto es tan sólo una muestra. Para quien esto suscribe, la poesía es una invitación a caminar. Así que les dejo abierta esta puerta a la lírica, un canto a la paz y a la vida. ¿La meta? Seguir caminando al encuentro de lo que el viaje de nuestra vida nos vaya poniendo delante:

“Yo no sé si ese mundo de visiones / vive fuera o va dentro de nosotros. / Pero sé que conozco a muchas gentes / a quienes no conozco” (G. A. Bécquer)

Leamos, pensemos, conversemos y disfrutemos, antes de que el tiempo se acabe:

“Nuestras horas son minutos cuando esperamos saber y siglos cuando sabemos lo que se puede aprender” (A. Machado)

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