Comuna 13

Una comunidad de vida

El color, el sabor, el olor y el sonido de un barrio que sigue apostando por sobrevivir frente a las embestidas de una realidad que se empeña en hundirles.

Por estos días la Comuna 13 de Medellín vuelve a ser noticia. Y como casi siempre, por temas de violencia. Se ha vuelto a recrudecer la sensación de inseguridad en la zona como consecuencia de los tiroteos con fuego cruzado por parte de las bandas criminales que dominan la comuna y que responden así a las intervenciones que desde la alcaldía se están llevando a cabo para intentar asestar un golpe a la delincuencia organizada.

La Comuna 13 de Medellín

Todo esto no es nuevo. La historia ha sido muy cruel con este sector de la ciudad de Medellín, lo que no es decir mucho puesto que la realidad ha violentado gran parte del territorio colombiano. La Comuna 13 tiene una particularidad, fue asaltada por el ejército y la policía con la ayuda de miembros del paramilitarismo, o por estos con la connivencia de aquéllos, que tanto da. Aunque eso tampoco añade mucho más, ya que eso se ha producido, por desgracia, en otro montón de lugares de Colombia. Pero en esta parte del país hubo cuatro de esas operaciones de asalto en el mismo año.

En el año 2002, el año de la llegada a la presidencia de la República del promotor de la “seguridad democrática”, sufrió cuatro “operaciones” perpetradas por el ejército con la ayuda de grupos de las llamadas autodefensas unidas de Colombia (simple y llanamente paramilitares) para, supuestamente, limpiar las calles y las casas de malhechores. La “Mariscal” en mayo, la “Potestad” en junio, la “Antorcha” en agosto y la “Orion” en octubre iban a pacificar el barrio.

Dieciséis años después, a la Comuna 13 no ha llegado esa paz que prometían quienes promovieron toda aquella violencia. Siguen produciéndose delitos de todo tipo y todavía hay temores para decir lo que se piensa y obstáculos para vivir sin sobresaltos. La supuesta paz que buscaban quienes apoyaron aquellas operaciones militares no ha llegado del todo y la población civil padece los rescoldos de una violencia injustificada. Las bandas criminales, de diverso pelaje y similar procedencia, unas escindidas de otras y en su mayoría formadas por paramilitares, mantienen una lucha por el poder y el negocio del crimen en un sector conocido por su mala fama, por las fronteras invisibles y la peligrosidad.

La Comuna 13 tiene esperanza

En mis dos visitas al barrio san Javier de esa comuna he encontrado otras realidades, lo que no quiere decir que no sean ciertas las violencias directas que no hacen sino opacar las otras violencias, las estructurales, las que mantienen las injusticias y repiten los esquemas de exclusión y marginalidad. Allá he visto, como en muchos barrios de otras ciudades del mundo, gente del común que nada tiene que ver con bandas ni violencias y que lo único que desean es vivir en paz, que aman su barrio popular y que luchan por romper el imaginario de delincuencia y criminalidad que les ha marcado. Que quieren dejar atrás un pasado de luto para poder mirar con tranquilidad esos azules cielos del valle de Aburrá.

En ese lugar hay otra realidad diametralmente distinta. Han pasado más de tres lustros desde aquellas trágicas intervenciones y la situación es otra. No sé si me atrevería a decir mucho mejor, pero sí muy distinta. No es un remanso de paz, pero le ha cambiado un mucho la cara y un poco el alma. O tal vez al revés, que es como decir todo y nada. Pero es diferente porque son distintas las miradas de sus gentes, una mayoría pacífica que le da sentido a los sentidos y cuya apuesta por la vida es tan grande que pareciera que cuanto más duro les dan, con más fuerza se levantan.

La Comuna 13 de Medellín no es única, existen muchas otras “comunas 13”. En Bucaramanga y Cali (Colombia) o en Buenos Aires (Argentina), pero la paisa es otra cosa. Es una de las dieciséis en las que está dividida la ciudad. De pronunciadas pendientes, sus escarpadas calles y los colores de sus casas pueden recordar a las favelas de Río de Janeiro. Con casi ciento cuarenta mil habitantes, según los datos del último censo oficial del DANE de 2005, hoy seguramente muchos más, es la más poblada de Medellín al tener cerca de veinte mil habitantes por kilómetro cuadrado. Más del sesenta por ciento de su población es menor de 40 años. Sus poco más de siete kilómetros cuadrados, distribuidos en veintiún barrios, se localizan a mil seiscientos cincuenta metros sobre el nivel del mar en el centro occidente de la ciudad.

Las pintadas para la convivencia

Vida en las calles y en las pintadas de la Comuna 13

En contraposición a toda la violencia vivida, el barrio tiene color de vida, sonidos de resistencia, olores de confraternidad, miradas de solidaridad y sabores de paz. Pintadas, músicas, eslóganes, bebidas, comidas y, sobre todo, humanidad. Una parte de ese “levantamiento” son los murales de sus calles. Las pintadas que embellecen las paredes y dan cuenta de esas ganas de vivir. Colectivos culturales del propio barrio se han empeñado en cambiarle el aspecto a una parte de la Comuna 13. Y lo han hecho apostándole a su recuperación, creando tejido social a partir de movimientos como el hip hop y todo lo que ello conlleva. A eso se han sumado tres intervenciones municipales que han ayudado a ese cambio de imagen de las lomas de la comuna: un parque, seis tramos de escaleras mecánicas y el corredor que, al final de las mismas, enlaza este barrio de san Javier con otros del sector.

Pese a que la población civil sigue llevando sobre sus hombros la pesada carga de los asesinatos, desapariciones, detenciones arbitrarias, desplazamientos y todo tipo de violación de derechos que han soportado, todavía tienen una ventana de esperanza para la recuperación del territorio. La de los colectivos que realizan los murales y los grafitis en un lugar que necesita de los colores para salir de la oscuridad a la que los poderes le han sometido. Pese a que siguen sin esclarecerse los hechos de entonces y no parece que nadie pague por lo que les hicieron, la gente desea pasar página para sobrevivir, dando sentido a ese habitus que conforman las callejuelas empinadas de su espacio vital. Una muestra de cómo un no lugar, por lo estigmatizado y excluido, puede convertirse en uno de los sitios más visitados por el turismo que llega a Medellín (lo que también conlleva sus pros y sus contras).

Esos grupos promueven su barrio, narrando otras historias a partir de las pintadas y dando a conocer otra perspectiva de la comuna y sus habitantes. Entre esos está “la cuatro trece”, una asociación que nos muestra la comuna de otra manera, para entenderla desde dentro y darla a conocer fuera sin recurrir a contar de la violencia y sus protagonistas, sino promoviendo la solidaridad y la construcción de tejido social para la paz. Lo que no significa que se ignore la historia, sino que creen que es mejor resaltar lo positivo y trabajar por un futuro con menos estigmatización.

“La cuatro – trece”, son calle de la comuna

“La cuatro trece” son un grupo de jóvenes que nacen en el barrio y lo viven desde la música, los grafitis, el baile, la fotografía y la cocina. Son hip-hop en estado puro, asumiendo las mezclas porque en la diversidad está la riqueza. Con su propuesta de “grafiti-tour” enseñan el barrio y cuentan sus cambios, recorren las lomas de un sector que es más visitado por extranjeros que por nativos. Esa es una de sus quejas, ¿cómo vamos a construir país si nuestras gentes no conocen sus calles?

A lo largo de ese camino cuesta arriba puedes disfrutar de una paleta de mango biche con sal y limón o de una limonada de café, mientras admiras los murales del recorrido, en el que también puedes adquirir recuerdos como postales, gorras o camisetas, y en el que te tienes que permitir el lujo de ser empapado por esas otras realidades que no cuentan los medios. Las existencias de un colectivo humano que sigue peleando por subsistir, que resiste y promueve un cambio social intentando salir de ese marca de “peligrosidad social”.

La gente de la Comuna 13 no quiere que se les pregunte por la guerra, quieren hablar de paz y que se les deje disfrutarla. Quieren ser escuchados y conocidos no por la espectacularidad de las noticias sobre violencia que se dan del barrio, casi siempre sin contexto, sino por el entorno y los sentidos de sus propias narrativas.

Cocinan, venden, producen, cantan y pintan conspirando por la paz, para que la busquemos dentro de cada uno y luego salgamos a compartirla en comunidad. Rapean por la unidad, la justicia, la fuerza, la resistencia, la memoria, el grafiti o el amor… en definitiva, comunidad y hip hop. Como dicen las letras de algunos de los rap de la comuna “La paz tiene un comienzo y se llama tolerancia; si respetas te respetan, todo empieza en casa”.

Menos intervención y más transformación. Ustedes pueden leer, oír o ver mucho sobre esa comuna, y puede que muchas cosas sean ciertas, pero otras no tanto. Porque no nos hablan de las gentes sencillas, de las cosas comunes, de las vecinas guisando o cantando, de los perros subiendo las escalas, de los gatos en las ventanas o de los mensajes en sus fachadas. Por eso “no coman cuento” y vayan a visitarla dispuestos a mojarse en ella. No la critiquen sin conocerla.

Esta nota no quiere ser una invitación al turismo, aunque bienvenido sea si contribuye a su conocimiento y difusión más allá de lo “chic” de haber estado en un lugar proscrito. Lo que se pretende es dar a conocer un poquito de aquella otra realidad, la de un barrio y sus gentes. Gentes de barrio, con sus riquezas y sus miserias, las propias, no las impuestas; personas que quieren ser y estar en su barrio, con sus iniciativas para soñar, con sus ganas para vivir.

Nuestra América en la Comuna 13

Merece la pena llegar en metro hasta la estación san Javier para continuar en un colectivo hasta donde el barrio más se empina. Desde ahí una caminata por una comuna de colores, de los colores de la gente y de sus paredes. Lugar de visita obligada para amantes de las pintadas, los grafitis te gritan sus alegorías y metáforas. Un barrio del color que da la vida, del color de la alegría que es vivirla para superar, sin olvidar, las desgracias padecidas. Y no es que todo sea de color rosa, la realidad sigue teniendo una paleta de colores tristes por las injusticias y las inequidades. Las violencias continúan manchando de rojo las calles, pero los corazones de las gentes de este barrio se siguen pintando de verde esperanza.

Son personas de las calles del barrio, como los de la 4-13. Por eso trabajan por recuperarlas y construir ciudadanía y justicia social. Hoy siguen luchando por la memoria y por la vida, marchan por la paz y la justicia y gritan sus deseos por una convivencia pacífica. Entre las palabras tal vez más escuchadas hay una que retumba por encima de otras: “quisiera”. Un pasado imperfecto que quieren superar en forma de un subjuntivo que sigue manteniendo el deseo en mera virtualidad, en algo todavía inalcanzable, pero hacia lo que se arriesgan a caminar.

Así nos lo cantó Kbala, uno de los miembros de “la cuatro trece”, con su rap

Kbala-lo-que-quisiera

el mundo entero sin hambre y sin miserias

que las noches terminen sin balaceras

que los niños puedan jugar en las aceras

esto es lo que quisiera, esto es lo que quisiera

quisiera que el amor gobernara nuestro mundo

quisiera ver el odio acabarse en un segundo

quisiera que la paz no sea una ilusión perdida

quisiera no haya muerte y que reine aquí la vida

quisiera que los hombres despertaran al presente

el ambiente en el que vivimos está vivo y se siente

quisiera la intolerancia olvidada en el pasado

quisiera que el perdón como don sea entregado

quisiera que fronteras entre naciones no haya

quisiera que por fin hablen los que siempre callan

quisiera que quisieras todo lo que yo quisiera

y que juntos tú y yo hoy cambiáramos la Tierra

Quisieran, quieren y querrán. Ganas de vivir y de transformar llenando las fachadas de pintadas plenas de color, de memoria, de deseo e ilusión. Las pintadas, como medio de comunicación ciudadana que son, pueblan las paredes de sus calles, sus particulares medios de expresión, en las que demandan ser, formar parte de y tener el reconocimiento y la paz que todo ser humano se merece. Eso también es la Comuna 13.

Esperemos que la luz de la luna ilumine de paz las calles y, sobre todo, las cabezas.

 

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23 de abril

En un día como éste, que cada quien regale y se regale lo que le haga sentir: una rosa, un libro o un simple “que seas feliz”.

Día del libro, del idioma, de la lengua, de Cervantes, de Shakespeare, de Inca Garcilaso de la Vega y de otras muchas y muchos. Al fin y al cabo, un día para reconocer el valor del libro y sus literaturas.

23 de abril, Día Mundial del Libro de la Unesco

En 1995 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) decidió proclamar este día como el Día Mundial del Libro. Parece ser que fue en España donde dio comienzo esta celebración, concretamente en Cataluña, sí, en Cataluña como una idea de un escritor valenciano que recibió el respaldo del entonces rey y que se instauró un 7 de octubre de 1926. Desde 1930 la festividad se estableció el 23 de abril (día de Sant Jordi).

Celebrar los libros, igual que celebrar la Tierra, es celebrar la vida. Una muestra para elogiarlos sería recordar el que dicen es el libro más extenso “La Historia de la Humanidad”, obra editada por la Unesco con un trabajo que comenzó en 1952 y que culminó en 2011. En ella, más de mil seiscientos expertos han elaborado seis colecciones de siete tomos cada una para recoger nuestra larga, pero breve si la comparamos con la existencia del universo, historia.

También mencionar el más corto, parece ser que es, al menos de los escritos en castellano, “El emigrante” del mexicano Luis Felipe Lomelí y que dice “¿Olvida usted algo? – Ojalá”. Breve y contundente. Aunque para muchos el referente sea ese magnífico cuento en siete palabras de Augusto Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.

Un recuerdo justo a los libros y a sus autoras y autores no tendría fin ni cabida en este texto. Confiemos en que las crisis y los afanes del hombre permitan que los libros sigan estando ahí y aquí, que nos acompañen, que nos hagan pensar, sentir e ilusionarnos.

“Es realmente bonita nuestra carabela (…). Se la pedí para buscar una isla desconocida” (Saramago).

“Siempre hay que defenderse con la palabra de quienes pretenden quitárnosla” (Caballero Bonald).

“Hay cosas que no pueden decirse, y es cierto. Pero esto que no puede decirse, es lo que se tiene que escribir” (Zambrano).

Que la cuestión sea o no sea, que soñemos en una noche de verano o que nos protejamos de la tempestad, lo importante son los libros y lo que nos permiten imaginar. Por la humanidad comprensiva y solidaria, por ese humanismo mestizo tan ausente y para seguir creyendo en la utopía: “Aunque en Indias si dicen sois un mestizo lo toman por menosprecio, me lo llamo yo a boca llena” (Garcilaso de la Vega).

“Lo más difícil, lo más importante, lo más necesario, lo que de todos modos hay que intentar, es conservar la voluntad de luchar por una sociedad diferente, sin caer en la interpretación paranoide  de la lucha” (Zuleta).

“Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían, ignoraban estas dos palabras de ´tuyo` y ´mío`” (Cervantes).

Intentemos cambiar el mundo con los libros, que puede que sea una locura pero en todo caso sería de justicia. Por eso me reafirmo en seguir soñando caminos, aquellos y muchos otros que los libros me abrieron, esperando encontrar algún día la utopía de mi sueño.

La II República

Una luz que se mantiene viva entre las tinieblas de la historia

Dejando de lado las hipocresías, como esa del “ínclito” presidente del Gobierno de España de recordar a las víctimas de la dictadura argentina y no ser capaz de honrar a las de su propio país, el 14 de abril es una fecha para las verdades.

Portada de la Constitución de la República Española de 1931

La verdad de una breve etapa histórica que supuso un profundo cambio social, cultural y político en un país trasnochado entonces y oscurecido y rancio hoy. Por desgracia, sigue siendo una realidad la poca repercusión que tiene, salvo honrosas excepciones de menor difusión e impacto, la conmemoración del aniversario de la II República. Pero también lo es el cada vez más elevado respaldo que obtiene entre la población española, aunque a los poderes les cueste reconocerlo.

Por la República, por las y los republicanos que desean rescatar aquellos valores que contrastan con los no valores existentes actualmente. Por la equidad y la igualdad, por una educación pública y democrática, por una justicia social para todas y todos.

Seguimos recordando y rindiendo tributo a lo que significó social, cultural y políticamente la II República. En mayo de 2011, publiqué, junto a M. Tapia, en Tribuna de los servicios a la ciudadanía una página dedicada al entonces ochenta aniversario de la República española. Para ese reportaje, Félix Población, periodista y escritor, y Mirta Núñez, profesora e investigadora, nos afirmaron su convencimiento sobre dos aspectos fundamentales de esa etapa: uno, que la República no fracasó, sino que la hicieron fracasar con las armas; el otro, que la educación fue el principal reto republicano, consiguiendo en tan poco tiempo algo insólito e inédito en la historia de España, intentar llevar la enseñanza elemental a todos los rincones y sectores de una sociedad ávida de formación. La II República quiso implantar en todo el territorio la educación pública, laica y gratuita con valores universales para romper las desigualdades. Entre sus logros, que de junio de 1931 a abril de 1936 el número de escuelas estatales públicas pasó de treinta mil a cuarenta y siete mil.

Tan fuerte y profundo, y “peligroso” para una ideología fascista, era ese valor de la educación que el colectivo de maestras y maestros fue uno de los más represaliados por los alzados en armas. Muchos fueron asesinados, algunos prefirieron el exilio interior y otros muchos tuvieron que emigrar.

“Hermano de la patria y de la pena / tu corazón desnudo está conmigo, / cansado de la espada y la cadena. / Una palabra, amor, necesitamos. / Un grito claro, España, y todos uno. / El pueblo sufre y lo destruyen. ¡Vamos! / Digamos no a la muerte, que la vida / es el amor, la paz, la luz del alba, / la libertad que rota y malherida / entre escombros de sangre se levanta” (Marcos Ana)

Unos años antes, el 14 de abril de 1999, el Ateneo Republicano de Vallekas rindió homenaje a la República reuniendo a dos mujeres ilustres republicanas: Rosario Sánchez Mora, “la dinamitera”, y la escritora Almudena Grandes. Ambas reclamaron recuperar la ilusión y la esperanza de una patria igualitaria y democrática y mantener viva la llama republicana.

Considerada la Edad de Plata de la cultura española, con destacadas personalidades de las generaciones del 98 y del 27 y con entidades como la Institución Libre de Enseñanza o la Residencia de Estudiantes, la II República fue el verdadero primer período democrático de nuestra historia.

En el octogésimo séptimo aniversario de aquel logro político, recuperemos, como decía la profesora Núñez, “el aliento de la ética cívica” de entonces y luchemos por recobrar aquella ilusión colectiva. Ya va siendo hora de convocar un referéndum que determine qué forma de Estado quiere la ciudadanía española.

Por la III República.

Se cumplen tres años de la marcha de Galeano

El 13 de abril de 2015 nos dejaba una de las plumas y de las voces más comprometidas de América Latina.

Le rendí un sencillo homenaje unos días después de su fallecimiento tras haber reflexionado sobre quién fue y lo que supuso Eduardo Germán María Hughes Galeano para América Latina y para la historia. Creo que tres años después de su marcha, se merece que le vuelva a dedicar aquellas palabras y algunas más para devolverle a una actualidad en la que sigue estando muy presente. Con mi admiración y respeto por uno de los personajes más relevantes de las letras en lengua castellana del último medio siglo.

Galeano cuando recibió la medalla de oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid en 2009

El siglo XXI, paradójicamente el nombre de la editorial que ha publicado casi todos los trabajos del insigne autor uruguayo, no está siendo un gran siglo. Y no lo es en parte por pérdidas como la que supuso para la historia y la crítica social la marcha de Galeano. Como se recoge en su libro póstumo “El cazador de historias”, las pequeñas pulgas siguen soñando con su perro ideal y los nadies no han conseguido ser alguien.

Galeano fue primeramente dibujante y periodista. Trabajó en el semanario uruguayo Marcha, compartiendo páginas con otras ilustres plumas como Juan Carlos Onetti o Mario Benedetti. Decía que se hizo periodista para entrar en la realidad, porque sentía pasión por las noticias de carne y hueso.

Su prosa me ha guiado desde que leí, cuando era estudiante de sociología en la Complutense, aquel imperecedero “Las venas abiertas de América Latina”, el texto que Hugo Chávez le regaló en una ocasión a Barack Obama para que se instruyera sobre el continente.

A su muerte le escribí desde las entrañas, en un lugar que no encontraba y en el que se me juntaban los pensamientos con los sentimientos y estos con las vísceras y ellas con el dolor y todo ello con la alegría. Dolor egoísta porque ya no nos hablará más de la necesidad de la utopía y su sentido para que sigamos caminando, y alegría generosa por contar con las letras de sus libros y las palabras de sus mensajes que nos han acompañado y acompañarán siempre.

Eduardo Galeano fue una de mis entrevistas que reposarán para la eternidad en el tintero. Aunque siempre estaba dispuesto a conversar y a participar en cuantos eventos le invitaban, no era fácil conseguir entrevistarle. En 2008, después de años de intentarlo y a través de la responsable de prensa de su editorial en España, accedió a concederme una entrevista. Pese a estar en Madrid, las múltiples obligaciones y compromisos le hicieron responderme que tenía que ser por correo electrónico y centrarse principalmente en ese texto. Siempre me he peleado con las entrevistas por cuestionario o a través de otros medios que no sean la presencia física que te permite compartir miradas, gestos, voces y silencios. Así que no la hice y él me respondió que entonces me tocaba ir a Montevideo a hacérsela. Nunca llegó a darse ese momento.

Le he leído y le he seguido siempre que he podido. Le vi en La Habana en 1999 cuando leyó su “Libro de los abrazos” en la Casa de las Américas en el marco del Congreso Cultura y Desarrollo; en Rivas Vaciamadrid en 2006 durante el II Foro Social Mundial de las Migraciones, aunque en esa ocasión mandó su intervención grabada en vídeo; en la Casa de América de Madrid en 2008 cuando presentó sus “Espejos”, y le volví a ver y a escuchar en el Círculo de Bellas Artes en Madrid en 2009 cuando le entregaron la medalla de oro de esa institución cultural.

He recurrido a sus textos en multitud de ocasiones, he compartido sus ideas y aquellas críticas que hacía, desde los tiempos de la teoría de la dependencia, a las desigualdades, a la tecnología y a ese desarrollo que producía en su viaje alrededor del mundo más náufragos que navegantes. De hecho añado su derecho de soñar a la Declaración Universal de los Derechos Humanos cuando les hablo de este tema a mis estudiantes. Lo llamo el artículo especial y lo expreso así:

  1. Toda persona tiene el derecho de SOÑAR. 2. Un derecho moral, irrenunciable e intangible de la ciudadanía mundial. 3. Conlleva imaginar que tenemos todos aquellos derechos que nos merecemos y que, a veces, nos niegan.

Esta declaración de treinta más un artículos la acompaño con el video en el que lee, con fondo musical de piano, su texto “El derecho al delirio” que forma parte del libro “Patas arriba, la escuela del mundo al revés”.

Galeano era nuestro Chomsky latino, pero con una prosa poética acerada y acertada que disparaba siempre al corazón de las injusticias. Cuando presentó “Espejos, una historia casi universal”, escribí para Tribuna que él “critica la hipocresía, la desmemoria y el olvido, y denuncia esos largos períodos de amnesia que sufre el Norte del mundo”, que con ese libro quería “pisar fuerte para dejar una huella que haga que la gente que hay dentro de los espejos de la historia, pero que la historia oculta, salga a la luz”.

Artículo sobre Galeano en Tribuna, julio 2008

Pero es que Galeano siempre peleó contra la amnesia y contra la mentira, siempre luchó por reconstruir la historia, siempre nos habló y nos escribió sobre los nadies, sobre los excluidos, sobre los vagamundos. En “Los hijos de los días”, en la fecha del 13 de abril vuelve a hablar de la memoria que los poderes ningunean y la historia esconde. El breve texto se titula “No supimos verte” y dice así:

“En el año 2009, en el atrio del convento de Maní de Yucatán, cuarenta y dos frailes franciscanos cumplieron una ceremonia de desagravio a la cultura indígena: – ´Pedimos perdón al pueblo maya, por no haber entendido su cosmovisión, su religión, por negar sus divinidades; por no haber respetado su cultura, por haberle impuesto durante muchos siglos una religión que no entendían, por haber satanizado sus prácticas religiosas y por haber dicho y escrito que eran obra del demonio y que sus ídolos eran el mismo satanás materializado.` Cuatro siglos y medio antes, en ese mismo lugar, otro fraile franciscano, Diego de Landa, había quemado los libros mayas, que guardaban ocho siglos de memoria colectiva.”

A lo largo de su vida y de sus obras, Galeano nos ha puesto el mundo patas arriba; nos ha enseñado a mirarnos en los espejos de la historia; nos ha mostrado los abrazos; ha hecho andar a las palabras; nos ha abierto las ventanas sobre el tiempo; nos narró los días y las noches de amores y guerras; nos contó, en 366 recuerdos, de las y los hijos de los días; nos voceó, cual cronista radiofónico deportivo, sobre una de sus pasiones, el fútbol al sol y a la sombra, y también nos cantó de nuestras canciones, de mujeres y de las memorias del fuego.

Me resultaría muy difícil elegir un solo texto suyo. Pero me gusta recordar lo que publicó en el periódico mexicano La Jornada en febrero de 2005, porque en “don Quijote de las paradojas” referencia a otro de mis personajes favoritos. Allí decía, entre otras cosas, “Está visto, y los ciegos lo ven, que cada persona contiene otras personas posibles, y cada mundo contiene su contramundo. Esa promesa escondida, el mundo que necesitamos, no es menos real que el mundo que conocemos y padecemos. Bien lo saben, bien lo viven, los aporreados que todavía cometen la locura del volver al camino, una vez y otra y otra, porque siguen creyendo que el camino es un desafío que espera, y porque siguen creyendo que desfacer agravios y enderezar entuertos es un disparate que vale la pena (…) Navega el navegante, aunque sepa que jamás tocará las estrellas que lo guían.”

Galeano en la Casa de América de Madrid presentando su libro “Espejos”

En una de las múltiples entrevistas que le hicieron a lo largo de su vida declaró que “Sólo los tontos creen que el silencio es un vacío. No está vacío nunca. Y a veces la mejor manera de comunicarse es callando”. Él ocupa ahora un espacio que está lleno de sus palabras y sus silencios, que dicen más que callan.

Tras su muerte se afirmó que el mundo de la intelectualidad se había quedado huérfano, pero creo que no es cierto, precisamente somos muchas y muchos los que hemos “mamado” y “bebido” de los escritos suyos y pienso que hemos tenido mucha suerte de haber sido tan bien alimentados. Ha sido un honor contar con él. Que si orfandad, que si día luctuoso, que si… yo creo que hay que celebrarle como expresaba en ese derecho al delirio que nos proponía para adivinar otro mundo posible “la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses; pero en este mundo chambón y jodido, cada noche será vivida como si fuera la última y cada día como si fuera el primero”.

Así que, seamos celebrantes de haber tenido el enorme gusto de compartir su tiempo, de haberle visto, leído y oído.

El Campesino

El medio de información del campo colombiano

Editado como parte de la labor educativa y difusora de la Acción Cultural Popular (ACPO), el periódico El Campesino estuvo en la calle durante treinta y dos años consecutivos, hasta el 16 de septiembre de 1990.

Portada del número especial en papel de El Campesino con motivo del 70 aniversario de ACPO en 2017

En esa fecha se tomó un “receso que no será muy extenso, corto eso sí para volver a la lucha”. Así aparecía en la última portada. Veintidós años después, en 2012, vuelve a la actualidad al aparecer como medio digital.

El Campesino fue fundado en 1958 por ACPO como un instrumento para mantener informado al campesinado de los asuntos que le competían directamente, siendo el único medio de difusión dedicado exclusivamente al campo. Su tirada total en sus años de existencia alcanzó los setenta y seis millones de ejemplares, repartiéndose en cientos de municipios de Colombia.

Según figura en su propia página web, “fue un vehículo fundamental para la transmisión de la cosmovisión campesina al conjunto de la sociedad y a las generaciones futuras.”

Durante sus años de mayor difusión, el campesinado esperaba su periódico con ilusión, algo que se refrendaba con el más de un millón de cartas recibidas en la redacción en ese tiempo.

El pasado año, el 8 de octubre de 2017, se publicó una nueva edición en papel de El Campesino. Con tan sólo cuatro páginas, quiso conmemorar el setenta aniversario de ACPO. Esta organización, actualmente fundación, nació con el objetivo que se había fijado el cura Salcedo: educar al campesino colombiano. Su misión “Promover el desarrollo rural y el bienestar de los habitantes rurales a través de la educación para su plena inclusión social y económica.”

ACPO surgió como organización de la mano del cura católico José Joaquín Salcedo, creador de Radio Sutatenza, la primera emisora educativa que, desde su aparición en 1947, se dedicó a formar a las gentes del campo a través de sus escuelas radiofónicas con aquel eslogan de “La educación nos hace libres”. Su labor pedagógica y doctrinal se extendió hasta 1994 por más de seiscientas cincuenta localidades del país.

Acción Cultural Popular es una organización confesional católica que actúa “en las áreas educativa y socioeconómica a través de las tecnologías de la información y la comunicación, con el fin de contribuir a la integración social, productiva y digital de las personas menos favorecidas.”

En el año 2008 la Biblioteca Luis Ángel Arango recibe de ACPO los fondos documentales de Radio Sutatenza para ponerlos a disposición de toda la población colombiana. En ese archivo de más de ciento cincuenta mil documentos se encuentran la historia y la memoria de ACPO y de Radio Sutatenza. Ahí reposan los audios y los guiones de todos los programas retransmitidos por la emisora durante casi cincuenta años, las fotografías de la institución y todas las ediciones del periódico El Campesino.

La Unesco reconoció en 2013 a la colección documental de Radio Sutatenza como parte del Registro de Memoria del Mundo de América Latina y el Caribe (MoWLAC).

“El coplero campesino”

En el periódico se publicaron también, entre 1965 y 1973, más de cinco mil coplas escritas por campesinas y campesinos de toda Colombia. Una de esas reza así:

“Yo era un campesino rudo / lleno de pura pereza, / y ahora voy muy adelante / con mi radio Sutatenza”

Cuatrocientas de aquellas composiciones, con mención de su autoría y procedencia, fueron recopiladas por el maestro Elisio Rodríguez y publicadas en el libro “El coplero campesino”, edición número 73 de la Biblioteca del Campesino editada por ACPO. En su presentación José Ramón Sabogal, entonces subdirector de la entidad, escribe:

“Los campesinos colombianos han demostrado con sus escuelas radiofónicas, ante el mundo, que son los voluntarios de la cultura. El llamamiento a crecer en la educación, que es la escuela radiofónica, ha sido escuchado como el de una alta y sonora campana que invita, cordialmente, a reflexionar, dialogar, sentirse inteligente y libre en la cristiana tarea de educarse y de educar”.

Desde finales de 2017 El Campesino ha iniciado una nueva etapa integrando en su equipo nuevos miembros que, desde el Consejo Editorial, trabajarán por intentar situar al periódico en su lugar como medio in-formativo del campesinado, sin descuidar la tarea de procurar llegar a otros sectores de la sociedad y del país. Como parte de ese consejo, una de mis primeras aportaciones ha sido el artículo titulado “El campo y la poesía” que pueden leer en este enlace.

Buena mar y buenos vientos para este nuevo viaje del viejo elcampesino.co