La cagada del ELN

Actitudes como la del Ejército de Liberación Nacional no ayudan a la paz

El atentado terrorista de la semana pasada sigue siendo extraño, ahora lo raro es la disposición de esa guerrilla colombiana.

Pintada por la paz en la Universidad Distrital de Bogotá (foto: Iñaki Chaves)

No puede ser que, en un país sumido en una guerra, encubierta pero igual de dolorosa, se den conductas como la de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN). No solamente por lo que de acto fuera de toda lógica tiene el atentado, sino por lo que su comunicado supone para seguir enquistando el conflicto.

Nunca se pueden justificar las muertes violentas, ni siquiera las del personal uniformado. Menos aún si consideramos que eran cadetes que todavía no habían participado en escaramuza alguna. ¿Cómo se puede decir que la acción “es lícita dentro del derecho de la guerra”? y terminar afirmando que “no hubo ninguna víctima no combatiente”. Esas personas eran alumnos en formación, tal vez en el futuro, si no se alcanza la paz, combatientes.

El ELN también insiste, tal como figura en el editorial que firmado con fecha 21 de enero por su Dirección Nacional aparece en su página web, en pedir pactar “un cese bilateral para generar un clima favorable a los esfuerzos por la paz”. ¿Quién puede creer que asesinar personas ayude a crear un “clima favorable”? Tan contradictorio como que ese mensaje lo acompañen con una foto en la que una mujer sostiene un cartel con el texto “Ni civil, ni militar, ¡¡ni un muerto más!!”.

Lo único que hacen con sus acciones y con sus comunicados es propiciar las venganzas, extender el miedo y dar pie a políticas de “seguridad democrática” en lugar de a la búsqueda de soberanía y de justicia social. Para nada hacen “honor” a lo que dice su nombre, no están liberando a la nación sino metiéndola en una nueva cárcel de violencias.

Como expresa el profesor Víctor de Currea-Lugo en su artículo “El ELN hizo trizas la paz”, con el carro bomba del pasado 17 de enero, el ELN “pateó el apoyo de quienes creemos en la paz, reencauchó el Fiscal General, dio legitimidad al Gobierno de Duque y nos devolvió a la lógica de la Guerra contra el Terror”.

La “jugada” de esta guerrilla es tan impresentable que sus efectos colaterales van a afectar no solamente al proceso de paz y a la Justicia Especial para la Paz, sino a las relaciones entre el Gobierno y las FARC-EP y a la diplomacia internacional. Además de, por supuesto, volverle a “joder la vida” a una población colombiana que, con acciones como esa, se sigue polarizando y no es capaz de ver si hay luz al final de este largo túnel de su historia.

Pintada por la paz en la calle 26 de Bogotá (foto: Iñaki Chaves)

Si realmente creen que “el camino de la guerra no es el futuro de Colombia” deberían predicar con el ejemplo. Sería la mejor manera de que el actual presidente cambiará esa actitud, por otro lado cerril, de no querer abrir la mesa de diálogo con este grupo guerrillero. La mayoría de la sociedad colombiana y de la comunidad internacional no respalda la violencia.

Todo esto es penoso y vergonzoso. Colombia no necesita “salvapatrias” de ningún lado del espectro social o político, lo que se requiere es tomar conciencia de la situación, demostrar que existe un compromiso con la paz y asumir responsabilidades con la ciudadanía. Pareciera que los unos no quieren la paz y que los otros no la desean; y al final, entre todas y todos estamos matando un poquito más la paloma blanca.

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