Afroditas negras

Las pinturas con sentimientos del carpintor

Santiago Soto, el carpintor, así se autodenomina este artesano de la pintura, pinta sus obras con todos sus sentidos y emociones, en especial las dedicadas a “sus” mujeres negras. Esas afroditas que plasma en sus lienzos y a las que rinde reconocimiento.

Algunas de las afroditas del carpintor en su estudio (foto: Iñaki Chaves)

Todo el mundo ha pintado algo alguna vez, todas y todos pintamos, o soñamos con hacerlo, en algún momento de nuestra existencia. Pero Soto lo lleva a cabo, y lo hace poniendo en sus telas toda la fuerza de la pasión y los sentimientos que le acompañan y que refleja en esas afroditas negras.

“Sus” negras son verdaderas pasiones, casi obsesiones, que muestran un arte limpio, en el sentido más higiénico del término, y honesto, desde su respeto y, sobre todo, su admiración por la mujer negra.

Él es un artista artesano que junta su profesionalidad y afición por la pintura con su quehacer como actor y su formación como carpintero. Hay quien le dice ebanista, que parece una labor más fina, pero creo que la carpintería, cuando es profesional y artesana, es más amplia y conlleva mucho más arte. Por lo que suma muchas tablas, en muchos y variados sentidos, en su experiencia de vida. Algo que acrecienta con su tarea de defensa de la biodiversidad y de la economía de la conciencia a partir de la plantación del llamado árbol mágico colombiano, el guáimaro, en la Sierra Nevada del Caribe.

Las afroditas, así se llama su serie alrededor de las mujeres negras, son un homenaje y una declaración de amor. No sé si son bellas o no, porque la belleza es una cualidad muy subjetiva y creo que no debemos seguir los cánones impuestos para determinarla, pero sí puedo afirmar que son, que tienen identidad propia, la que les confiere esa actitud de efusivo enaltecimiento de la mujer, afroamericana en este caso, que el artista le pone a su trabajo.

Sus obras son como es él, sinceras, pasionales y comprometidas. Sus negras son, ante todo, cuerpos y rostros de mujeres que se nos presentan en toda su naturalidad con un atornasolado brillo que resalta cualidades presentes en sus miradas, sus gestos y su orgullo de ser eso: mujeres negras, ni más ni menos.

El poeta y profesor colombiano Miguel Iriarte se pregunta, en su artículo “Afroditas: el harem ilusorio de Santiago Soto”, sobre la obra de este retratista si “¿acercar sus pieles negras al azul, y simbolizarlas allí, no es acaso llevarlas también a ese momento negro, a esa blue note, que es desde luego la sufrida espiritualidad del jazz que es el blues?”. Hay también muchas notas musicales en sus pinturas.

El propio autor dice de su trabajo:“En el color, en la profundidad del encuentro con ellas mismas, en el grito silencioso y rotundo de la dignidad, en la elegancia ancestral, contundente y llamativa, en el valor y el coraje presentes en la médula de la mujer Afro. La belleza y su misterio, la preciosura interior que se refleja en cada poro de la piel sin rendirle culto al artificio, y el silencio como el guardián de la altivez. La búsqueda y el encuentro con esa actitud, me han llevado por medio del color vivo y azul que evoca esa paz interna y amorosa, a plasmar en homenaje mayúsculo a la mujer Afro, al África lejana o cercana, al África cuna de la humanidad de donde partió la historia con el ritmo del tambor, ese que nos recuerda los latidos de nuestro propio pecho”.

Soto, el carpintor, con algunas de sus afroditas (foto: Iñaki Chaves)

El estudio del pintor, actor y carpintero está presidido por un poema de una mujer negra orgullosa de serlo y de propagarlo a los cuatro vientos:

Rotundamente negra

Me niego rotundamente

A negar mi voz,

Mi sangre y mi piel.

Y me niego rotundamente

A dejar de ser yo,

A dejar de sentirme bien

Cuando miro mi rostro en el espejo

Con mi boca

Rotundamente grande,

Y mi nariz

Rotundamente hermosa

Y mis dientes

Rotundamente blancos,

Y mi piel, valientemente negra.

Y me niego categóricamente

A dejar de hablar

Mi lengua, mi acento y mi historia.

Y me niego absolutamente

A ser parte de los que callan,

De los que temen,

De los que lloran.

Porque me acepto

Rotundamente libre,

Rotundamente negra,

Rotundamente hermosa.

La escritora y antropóloga afrocostarricense Shirley Campbell Barr defiende a las mujeres, su texto es una oda al derecho a ser y a la libertad de serlo. Y Santiago Soto homenajea a las mujeres, negras, libres y con derechos, en sus afroditas negras.

Felicidades, carpintor.

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