África y la mujer árbol

África es mujer y Wangari Maathai su árbol

África representa el lugar donde nació la vida y ella era la representación de la naturaleza y la femineidad del continente. El continente africano está sembrado de ilusiones y desesperanzas y Maathai sembró su país, Kenia, de árboles y, con ellos, de dignidad y de resistencia.

África es vida, tierra, mar y espiritualidad. La mujer árbol representa la unión espiritual con la tierra a través de la práctica ecologista. África, pese a todas sus riquezas humanas y naturales, es el continente olvidado, ella, pese a su premio Nobel, una gran desconocida.

Pero África también es empobrecimiento, hambruna, guerra y exclusión. Un territorio invadido, masacrado, explotado, esquilmado y casi olvidado. Centro de noticias únicamente cuando, como casi siempre, hay algo sepultado bajo los escombros que el resto del mundo, principalmente Europa, dejaron en su paso por el continente.

Por eso creo que hoy, 25 de mayo, Día de África, es un buena fecha para recordarlas. En este día se conmemora la creación de la Unión Africana, entidad heredera de la Organización de la Unidad Africana (OUA) que se fundó el 25 de mayo de 1963 con la intención de unir un continente que fue dividido en países desde un despacho en el que se decidió romperlo en piezas como si fuera un puzle. Es un momento propicio para rememorar a Wangari Maathai, una mujer que en marzo de 2005 fue elegida como la primera presidenta del African Union’s Economic, Social and Cultural Council (Consejo Económico, Social y Cultural) de ese organismo.

Maathai (Kenia, 1940-2011) fue la primera mujer del centro y este de África en obtener un doctorado (Universidad de Nairobi, 1971), la primera africana en conseguir el premio Nobel de la Paz (2004) y la primera en encabezar una revolución ecológica en Kenia que impactó en el resto del mundo. Trabajó por juntar las diferencias de su tierra a partir de la plantación de vida en forma de árboles con su Green belt movement (Movimiento del cinturón verde), una Organización No Gubernamental dedicada a la sostenibilidad del planeta.

África congrega a cincuenta y cinco países de los existentes en el planeta. Cuenta entre sus moradores con uno de los treinta más ricos según cifras del Banco Mundial con arreglo al Producto Interior Bruto (PIB), Nigeria, y diez de los más empobrecidos, que no pobres puesto que poseen importantes recursos naturales, del mundo de acuerdo con el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de Naciones Unidas: Burkina Faso, Burundi, Chad, Liberia, Mali, Mozambique, Níger, el más empobrecido de todos, República Centroafricana, Sierra Leona y Sudán del Sur.

Maathai fue presidenta del Departamento de Anatomía Veterinaria, profesora asociada y decana de la Universidad de Nairobi y viceministra de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Vida Salvaje de Kenia. Recibió el Premio Nobel Alternativo en 1984 por su proyecto a favor del medio ambiente y el Petra Kelly el mismo año que el otro Nobel en reconocimiento de sus aportes a la defensa de los derechos humanos, la ecología y la política de la no violencia.

La mujer árbol tejió paz con su labor y por eso el comité del premio Nobel le reconoció “su contribución al desarrollo sostenible, la democracia y la paz. La paz en la tierra depende de nuestra capacidad para asegurar nuestro entorno de vida. Maathai se encuentra al frente de la lucha para promover el desarrollo social, económico y cultural ecológicamente viable en Kenia y en África. Ella ha adoptado un enfoque holístico hacia el desarrollo sostenible que abarca la democracia, los derechos humanos y los derechos de las mujeres en particular. Ella piensa globalmente y actúa localmente”.

El tercer continente más extenso de la Tierra está rodeado de mares y océanos y sin embargo casi el 15 % de su población está en riesgo de escasez de agua para 2020. Su población total ronda los mil trescientos millones de habitantes y tiene más de 24 millones de personas desplazadas de manera forzada, una tercera parte del total mundial, según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM-IOM), de las que, contrariamente a lo que se cree, el 80 % emigra dentro del propio continente

“Soleada”, “sin frío” o “polvorienta”, algunas de sus etimologías, el caso es que el continente africano es la raíz del árbol de la humanidad desde donde crecieron las ramas que nos llevaron a ocupar los otros territorios. De raíces escribía Maathai en su libro Unbowed (Sin doblegar): “Un árbol tiene raíces en el suelo y ramas que rozan el cielo, y nos recuerda que para prosperar tenemos que saber de dónde venimos. Al igual que los árboles, por mucho que lleguemos lejos, son nuestras raíces las que nos alimentan”.

Portada del libro Unbowed, de W. Maathai

Olvidado el continente y olvidadas sus mujeres. Kapuscinski afirmaba que “Salvo por el nombre geográfico, África no existe”, pero África no es un país, como titula Lola Huete el blog que coordina, es todo un territorio profundo y complejo que debemos salvar del olvido, de la ignorancia y de los tópicos. Está lleno de voces desconocidas, de imágenes, de músicas y de letras. Una voz y una imagen a recuperar es la de la profesora Maathai y lo que nos legó en sus cuatro libros sobre la mujer, el medioambiente y África.

En el citado Unbowed, la intelectual y activista keniata sostiene que: “La educación, si algo supone, no debería alejar a las personas de la tierra, sino inculcarles más respeto por ella, porque las personas educadas están en posición de entender lo que se está perdiendo. El futuro del planeta nos concierne a todos y debemos hacer lo que podamos para protegerlo. Como les decía a los silvicultores y a las mujeres, no necesitáis un diploma para plantar un árbol”.

Maathai se fue en silencio, como crecen los millones de árboles que ayudó a sembrar, el 25 de septiembre de 2011. África también continúa casi muda, pero no deberíamos olvidar que, como la mujer árbol, venimos de ese continente que nos mira y nos recuerda que allá están nuestros orígenes. A la memoria de Wangari y de África.

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Planeta o plástico

Una campaña encabezada por National Geographic para concienciar sobre el uso excesivo de plástico y lo que supone para la salud del planeta.

Como parte de la iniciativa “Planeta o plástico” se ha celebrado en Bogotá (Colombia) la Nat Geo Run, una carrera de tipo trail urbano de 8 km de recorrido por el parque Simón Bolívar y alrededores.

“´Planeta o plástico´, tú eliges” (foto: Iñaki Chaves).

Con los recursos económicos obtenidos de la carrera la National Geographic Society seguirá trabajando en investigaciones para luchar contra la contaminación y en defensa del planeta. Correr por la Tierra es otra manera de denunciar los desastres medioambientales y promover la conciencia respecto a este planeta lleno que seguimos esquilmando y explotando sin pensar bien en las consecuencias.

La mayor parte de los residuos sólidos contaminantes son producidos en las ciudades. Por eso Nat Geo Run nos pide con esta prueba atlética que nos reconectemos con el planeta en un espacio citadino como el parque Simón Bolívar, considerado uno de los paraísos mundiales para el avistamiento de aves, al ser paradero de las migraciones de más de doscientas especies.

Se calcula que anualmente son casi nueve millones de toneladas de desechos plásticos los que llegan a los océanos. Material de lenta y costosa desintegración que puede tardar varios cientos de años en descomponerse. Esa cantidad de residuos afecta a numerosas especies marinas que los padecen y que muchas veces les ocasiona la muerte.

El 73 % de la basura de nuestras playas es de plástico o sus derivados (botellas, tapones, bolsas…). Solamente en 2016, según datos del Banco Mundial, se produjeron más de 2 billones de residuos sólidos en todo el mundo. Eso supone que estamos botando el planeta a la caneca.

La carrera ha tenido lugar este año 2019 en otros tres países latinoamericanos: Chile (Santiago, 17 de marzo), Argentina (Buenos Aires, 28 de abril) y Perú (Lima, 28 de abril). Además de en Colombia (Bogotá, 19 de mayo) está previsto que se realice en Quito (Ecuador), en fecha por confirmar.

Medalla y dorsal de la Nat Geo Run Bogotá 2019 (foto: Iñaki Chaves).

Otra iniciativa más para correr por el planeta, por la defensa del medioambiente y la supervivencia de nuestra Tierra y sus especies. Por eso en esta competencia deportiva los impresos se han producido con papel Earth Pact, hechos 100 % del bagazo de la caña de azúcar, completamente reciclables; los dorsales se han fabricado con materiales que no necesitan agua para su elaboración y que se pueden reciclar después; las camisetas han sido elaboradas en un 40 % con poliéster reciclado de desperdicios posconsumo; los vasos entregados en los puntos de hidratación son de material biodegradable, y todo el material desechado durante la carrera será entregado a la cooperativa de recicladoras y recicladores de Bogotá.

En esa tarea de concienciar, los medios deberían tener un papel relevante. Pero ninguno de los dos periódicos de mayor tirada y lectura en el país ha recogido una simple nota sobre este evento.

La tarea, como muchas otras veces, tiene que ser liderada por la ciudadanía. Luego, cuando haya que apuntarse el tanto, medios y políticos querrán salir en la foto.

¿Planeta o plástico? Tú decides, todavía estamos a tiempo.

Mira un ejemplo paradigmático

4 de mayo: vida

Hoy desperté con ella, un día más, que no es un día menos, y me agarré a la vida

ICh-20190504

Ella, compañera, socia y amante, da sentido y significado a una presencia que inicia un nuevo año con el camino abierto para otro paseo por esos lados salvajes de la vida.

Hoy abrí los ojos respirando olor a mango, a guayaba, a hierba húmeda de la sabana, rodeado de mis hermanxs, que me han pintado de verdes colores estos años de vida de voluntario traslado a ese Sur que tanto perseguía.

Hoy amanecí lleno de mensajes de afecto, de mis hijxs, de mi nieta, de mis familias y de mis amigas y amigos, hasta del más antiguo, de vida (incluso “Iñakita” me mandó su aplauso).

¿Qué más le pides a la vida? Amistad, amor y salud para seguir disfrutando los paisajes que cada día te pone por delante.

Ya publiqué mis árboles, ya planté mis hijos y ya sembré mis libros en esta vida. Gracias por estos años tan bien vividos, le seguiré apostando a lo cercano y a lo distinto, a lo que haya en cada cuatro de mayo, lleno de vida.

Me despido, con un hasta ahorita, y me abrazo a la vida, a mis gentes, a mi gata y a mi compañera de vida.