Mujeres farianas

“Nunca invisibles” es un documental para conocer y escuchar a las mujeres excombatientes

Una de las consecuencias de los acuerdos de paz firmados entre el Gobierno del presidente Santos y las FARC-EP ha sido la posibilidad de escuchar otras voces. En este caso las de mujeres como Marina, Patricia, Nancy, Esther o Yorli. Todas ellas guerrilleras, amantes, madres,… mujeres de la Matria. Mujeres que quieren que se oiga su versión del conflicto armado; mujeres que hacen memoria para dejar de ser invisibles, para poder resignificar sus vidas, mujeres farianas que quieren sumar sus palabras a la memoria del país.

El grupo de mujeres farianas durante la presentación del documental el martes 11 de junio de 2019 (foto: Iñaki Chaves)

Las cinco mujeres protagonistas del documental formaron parte de las FARC-EP durante el conflicto armado y ahora están viviendo, unas en el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación Antonio Nariño (ETCR), de Icononzo (Tolima), y otras en Bogotá. Ellas han unido sus fuerzas y sus memorias para narrar su paso por la guerrilla en un documental titulado “Nunca Invisibles: Mujeres Farianas, adiós a la guerra”.

Y eso es lo que están haciendo y nos cuentan en ese documento audiovisual, decirle “adiós a la guerra”, esperanzadas, reconociéndose en lo que fueron, son y serán. Relatan que, a pesar de todo, su vida en la guerrilla fue una vida hermosa, pero no quieren volver a la guerra, le quieren poner resistencia porque fue muy dolorosa y les dejó heridas físicas y anímicas.

El audiovisual fue presentado por primera vez en el propio ETCR el 24 de noviembre de 2018 y su lanzamiento “oficial” fue en el Museo Nacional de Bogotá el 26 de noviembre. Desde entonces ha estado recorriendo el país para mostrar la voz de las mujeres y la otra cara de la guerra. La intención del colectivo Nunca Invisibles: Memorias de mujeres excombatientes y exclandestinas de las FARC-EP es dar a conocer las realidades ocultadas de uno de los actores del conflicto armado colombiano, las de las mujeres guerrilleras. La iniciativa surge tras la firma de los acuerdos para contar su versión de la historia con sus propias voces y aportar otra mirada a lo que ofrecen a la sociedad los medios de difusión.

Además del video hay cuatro textos que narran las historias de vida de las mujeres farianas, sus anhelos y sus experiencias. Son crónicas escritas a partir de las vivencias de algunas mujeres de las FARC incluidas en el proyecto “Nunca invisibles”, que ha contado con el respaldo del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) y con recursos del Gobierno de Canadá a través del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD.

El documental ha sido exhibido de nuevo el pasado martes 11 de junio en el auditorio “Somos Generación de Paz” del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de la capital colombiana. Pueden invitar a este grupo de mujeres a que cuenten su historia y a que muestren ese video que las retrata desde ellas mismas. Es un documento que ofrece conocer unas historias “en las que la sociedad encontrará más puntos en común que diferencias, porque invita a la reflexión y la comprensión desde la humanidad”, según reza la noticia publicada por la Alta Consejería para los Derechos de las Víctimas, la Paz y la Reconciliación en su web.

Imagen del documental “Nunca invisibles”

Liliany Obando, socióloga de la Universidad Nacional y lideresa de esta iniciativa dice: “Lo que tratamos de hacer es resignificar lo que fue nuestra vida desde la niñez hasta el paso por la guerrilla y la dejación de las armas. Quisimos desestigmatizar todo lo que se ha dicho alrededor de las mujeres de las FARC desde afuera, por eso quisimos contar la memoria desde nuestras propias voces”.

En las filas de las FARC-EP cerca del 40 % eran mujeres. Las que han conseguido sobrevivir están ahora apostándole fuerte a la paz, esperando el cumplimiento de los acuerdos y, mientras tanto, participando en labores educativas, en iniciativas de cooperativismo, engrosando las filas del partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común o trabajando con la palabra y la imagen, como este grupo protagonista del documental “Nunca Invisibles: Mujeres Farianas, adiós a la guerra”.

Un documental dedicado no sólo a las mujeres farianas, sino a todas las mujeres de todos los colores presentes en cualquier rincón de esa Matria que es Colombia, a las luchadoras “que no quieren seguir siendo invisibles, a las de ayer, hoy, mañana y siempre”. Un homenaje a esas “tejedoras del cambio y la reconciliación”.

Comprometidas con la palabra para construir un país incluyente y justo.

Voces de mujeres, de mujeres en paz que construyen paz.

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Un Tribuna especial

Un número “cero” de aquel histórico periódico en homenaje a Jesús Vicente por su jubilación.

En este mes de junio ha salido a la calle, pero casi sin ver la luz, al escondido y directamente a las manos de quienes lo han hecho posible, un número especial de Tribuna, el que fuera órgano de información de la Federación de Servicios y Administraciones Públicas (FSAP) de Comisiones Obreras.

Portada del número especial de Tribuna dedicado a Jesús Vicente

El motivo de este número, único y exclusivo, ha sido reconocer y celebrar al que durante años fuera su director: Jesús Vicente. El “animal”, como muchos le llamaban, ha decidido jubilarse. El Quijote con pinta de Sancho había vuelto a su puesto como funcionario de prisiones (Instituciones Penitenciarias) desde que la Federación de Servicios a la Ciudadanía (FSC), resultante de la fusión de la antigua FSAP con la Federación de Comunicación y Transporte (FCT), decidiera, erróneamente a mi juicio, prescindir de sus servicios.

Aquella fusión no fue muy agradable. En lo sindical fue casi una privatización de lo público dentro del sindicato, y en lo humano significó, para quienes veníamos de la FSAP, un desplazamiento interno. Lo tomamos con paciencia y dignidad porque sentíamos los colores de la federación y de CCOO y seguíamos defendiendo el valor de un sindicato de clase y de su periódico, el Tribuna.

A Jesús Vicente, tras estar al frente de la dirección del medio desde inicios de los 90 del siglo pasado hasta la citada fusión, le “pensionaron” sin mediar justa causa. Para nada sirvieron sus años de dedicación plena al periódico y al sindicato; tampoco valoraron su papel en la renovación del medio y en su tarea para modernizarlo con la página web.

Aquel Tribuna no fue cualquier cosa. De hecho, siempre digo que tuvo más fuerza y presencia en la organización y en el sindicalismo de lo que muchas personas pensaban. En ese medio llegaron a firmar artículos personalidades de la talla de Enzo Bernardo, Carlos Berzosa, Vicenç Navarro, Juan Torres o, incluso, José Saramago. Además de las cabezas visibles de la federación, de otras federaciones y de la Confederación Sindical de CCOO.

En sus páginas fueron entrevistados personajes destacados de la cultura, la política y el periodismo. De Juan Genovés a Almudena Grandes, de Inés Sabanés a Teresa Aranguren, de Iñaki Gabilondo a José María Izquierdo, por mencionar solamente algunas de las muchas y muchos que dejaron sus declaraciones en los más de doscientos números y casi cuarenta años, con sus correspondientes altibajos, en los que el periódico estuvo impreso y en la calle.

Hoy, por obra y gracia de algunas personas descerebradas que no saben valorar la historia y la memoria, no podemos consultar esa publicación salvo que guardemos los ejemplares en nuestra biblioteca. En tiempos de nuevas tecnologías, algunas viejas maneras de acción política han ninguneado la existencia de un clásico del sindicalismo español, el Tribuna de la FSAP. Un medio que fue “hogar” de muchas y muchos sindicalistas, refugio de lo “imposible” y nave de nuestros viajes hacia las Ítacas utópicas de los retos sindicales y laborales. Prueba de ello la “casi eterna” lucha por aquel largamente perseguido Estatuto de la Función Pública.

Jesús Vicente en los preparativos de celebración del número 200 de Tribuna (foto: Iñaki Chaves)

Hoy, su director más longevo también deja el trabajo activo y pasa a tomarse su tiempo y su espacio para disfrutar la vida, para montar en bici, devorar libros y quedar a charlar y a compartir un vino con sus amistades, las muchas que hizo en sus años de sindicalista y periodista comprometido.

Porque como escribiera Benedetti

“(…) en la calle codo a codo / somos mucho más que dos / y por tu rostro sincero / y tu paso vagabundo / y tu llanto por el mundo / porque sos pueblo te quiero / (…) y en la calle codo a codo / somos mucho más que dos”

A la memoria y a la salud del Tribuna y de Jesús Vicente.

Un abrazo, camaradas. “Hasta la victoria, siempre”.

Una taza para la paz

Un símbolo para caminar entre ríos y silencios

En el centro de ese largo e interminable camino para la paz nos podemos encontrar simbolismos como una sencilla y simple taza.

La lámina de Goya (izqda.) y la obra de Echavarría y Grisalez (dcha.) (Composición Iñaki Chaves)

Alrededor de ella se pueden construir narrativas para la paz. Un objeto inerte que cobra vida para narrar la memoria individual y colectiva. Una taza que, en este caso, ha recorrido dos países y doscientos años, desde la España de Goya y sus grabados hasta la Colombia de los trabajos de Juan Manuel Echavarría y Fernando Grisalez.

Hay otras miradas sobre un pocillo como símbolo que nos une a la vida a través de sus usos y significados. En ese recipiente hay cooperación, colaboración, hay solidaridad, hay reconocimiento, hay, tal vez, desde un “compartir” hasta un “amar”.

En las tazas hay alma de la vida, de las vidas que se pierden en la huida o en la persistencia. Una taza, además de su función cotidiana, podría ser también cualquier otra cosa, como la imagen de la paz en la que se concentran todo el dolor y toda la poesía que rodean las guerras y sus desastres humanos y sociales.

La taza como vínculo con la vida en territorios asolados por la muerte, por los desastres de una guerra dieciochesca o por las incongruencias de un conflicto armado que por sus ilógicas no tiene ya ni fecha. Un utensilio que une en su concepto la muerte y la resistencia.

¿De qué sirve una taza?, titulaba Goya una de sus láminas de los desastres de la guerra. El mismo título toma prestado Echavarría para enmarcar uno de los restos encontrados en las visitas, con su colaborador Grisalez y su equipo de la Fundación Puntos de Encuentro, a los campamentos abandonados por la guerrilla de las FARC-EP.

Todavía hay una guerra en Colombia, aunque haya quienes la nieguen, hay muertes violentas sin sentido en una tierra que necesita muchas tazas para la paz. Que busca sus ríos y sus silencios, para que los primeros queden limpios de cadáveres y para que los segundos hagan escuchar sus gritos de ¡basta ya!

Deberíamos ponerle el oído a esas tazas que rememoran lo humano y lo salvaje, lo compasivo y lo grotesco, lo pacífico y lo guerrero de unas guerras inhumanas e inútiles, como todas. Que escuchemos cómo los ecos y los sorbos de una taza nos gritan paz.

En esos útiles caseros hay soledades compartidas para entender las exclusiones y los desplazamientos de las víctimas de las guerras. Hay realidades ocultadas, hay, más que despojos humanos, desechos espirituales que no tendrán descanso en la vida terrenal y no deberían tenerlo en la otra, donde quiera que se encuentre.
Una taza será el camino de la paz, quizás un viaje a ninguna parte. Pero en el recorrido artístico, ético y estético nos sirve de nexo social para seguir caminando y creyendo que sí hay una meta y que el café que compartimos nos puede unir en esa búsqueda de la paz.

¿De qué sirve una taza?

Sirve para construir la memoria, para narrar los cuerpos y los territorios en el conflicto, para ponernos en diálogo con la historia, para vincular la vida y la muerte, para un saludo y una despedida. Porque entre la supervivencia y la huida hay una taza como símbolo de lo que fue y lo que ya no será, la taza como lazo de unión con la vida que se nos va o la que nos quitan.

En una taza hay ríos y hay silencios, y en su discurrir entre las aguas y los sonidos encontramos o podemos encontrarnos con esa taza que nos une a la vida cuando tomamos el tinto mañanero, o el jugo del almuerzo o el agua panela para intentar calentar los cuerpos antes de dormir, o en el insomnio que nos mantiene vigilantes ante la incertidumbre de si habrá un mañana, de si alcanzaremos a ver la luz del nuevo día.

“Si las puertas de la percepción se depurasen, todo aparecería a los hombres como realmente es: infinito. Pues el hombre se ha encerrado en sí mismo hasta ver todas las cosas a través de las estrechas rendijas de su caverna”. (W. Blake)