El guerrero y el árbol

La poesía de Martín Barbero para reinventar el mundo y la vida

Las palabras de Jesús Martín Barbero convertidas en poemas llenaron el miércoles 25 de septiembre la librería Casa Tomada en Bogotá durante la presentación de su libro de poesía El guerrero y el árbol.

Jesús Martín Barbero firmando su libro El guerrero y el árbol (foto: Iñaki Chaves)

Un grupo de familiares y amigas y amigos acompañaron al maestro en un acto en el que, flanqueado en la mesa por Fernando Vicario y Alejandro Martín Maldonado, se hizo una lectura coral de algunos de los versos que conforman esta invitación poética “a soñar, o sea a reinventar el mundo y la vida”.

Jesús es ese guerrero junto al árbol envuelto en el aire por el alma de Elvira, su esposa recientemente fallecida. Una mujer que le acompañó por más de medio siglo y que está tan presente en este libro como lo ha estado en su vida.

A pesar de que se hizo poeta de la mano de tres artistas del soneto: el madrileño José García Nieto y el bogotano Eduardo Carranza que le animaron y Antonio Machado, “el más grande”, que le inspiró, en la charla ha reconocido que “su poeta interior no nació entre libros sino entre cartillas de racionamiento”, mientras aprendía matemáticas con las acciones de su madre para hacer más justos los repartos de comida en la posguerra española.

Martín Barbero ha contado cómo con su recordada y amada Elvira, cuya esencia recorre el libro de la primera a la última página, pasó del susto a la ternura un 3 de mayo cuando conoció que “el amor es el revés del tiempo” y cuando se dio cuenta de que eran “cada día más niños”.

“Apuntador” (Aquí un hombre – digo -, alguien que quiere caminar, con miedo y sed, caminar, hombro con hombro, con los hombres), “Aquí nací”, “Las navas, despedida”, “Niño de niebla en Lima”, “Una ciudad llamada Bogotá”, “Palabra: hijo”, “Palabra: barro”, “El mar”, “Volver a reencontrarte” o “Érase un ángel solo y aburrido, pero despierto” son algunas de las poesías que han sonado entre los libros de una sala literaria llena de familiares y amistades del corazón.

El maestro con Fernando Vicario a su derecha y Alejandro Martín Maldonado a su izquierda durante la presentación del libro (foto: Iñaki Chaves)

Vicario ha recordado que tanto Jesús Martín Barbero como Juan Nuño Montes, el ensayista español fallecido en 1995 en su exilio en Venezuela, siempre mantuvieron su convencimiento de que “un español nunca tiene completa su hispanidad hasta que no conoce y no vive en América Latina”. La poesía de Jesús está llena de América Latina y de la inspiración de Elvira, su musa latinoamericana, su compañera de vida.

Antes de terminar la presentación, Martín Barbero ha pedido a las personas asistentes que cuando lean su libro le cuenten “¿A qué sabe algo que tiene el sabor de muchos años?”. Yo les puedo adelantar que sabe al guerrero y a su árbol, a las huellas de su recorrido desde la filosofía hasta esa aventura de la comunicación, sabe a toda una vida llena de palabras en buena compañía, a su Elvira y a este reencuentro con la poesía.

“El guerrero y el árbol”

Como un guerrero antiguo

te traigo madre tierra las heridas,

como un árbol

los vientos que azotaron mis ojos,

toda la sed bebida durante tantos años de camino.

Con mi alforja repleta de ansiedades

y de cartas de mar,

yo dejé una mañana la vieja casa, el río, las murallas,

y me fui con mi sed a descubrir el mundo.

Crucé azules inmensos de pintadas gaviotas,

desangrados y rojos arenales,

dormidos lagos verdes de esmeralda nocturna

y montes como espadas de piedra, cobre o nieve.

Bebí en el Magdalena, le velé el sueño al Cauca

y clavé los cordeles de mi tienda en la alta sabana de Bogotá.

A mis espaldas veo días de niebla,

noches abrasadas de angustia y de calor,

voces tronchadas a bayoneta, odio y hambre desnuda,

injusta y sin adornos, como jamás imaginé.

Miles de hombres acorralados, tristes,

sin siquiera saber leer su nombre,

mujeres que no han hecho otra cosa en la vida

que llorar soledades y parir hijos,

niños de piel y hueso tan sin fuerzas

que nunca persiguieron mariposas.

Pero he visto también un pueblo nuevo

que ya quiere reconquistar su nombre y que le sobra

dignidad y coraje para enfrentarse al odio y la mentira

durante tantos años amasada.

Ha desamordazado las palabras y los colores,

anda buscando a gritos su verdad sepultada

bajo siglos de barro y está desenterrando

sus raíces para encontrar su voz.

Y ya la tiene,

más viva que ninguna en el planeta,

forjada en fuego antiguo, insobornable,

cruda como la luz que la alimenta.

Desde Macondo a Río y de Salta a Pereira

un hombre nuevo está naciendo,

sabe que la batalla es larga pero más la esperanza.

Nunca vi junta tanta sinceridad,

tuve que acostumbrarme,

ni creí que el amor pudiera ser tan libre y sin disfraces,

y la amistad tan cierta y sin fronteras.

Tuve que revisar mi vieja Historia de conquistas y héroes

y romper las palabras para abrirlas

y llamar a las cosas por su nombre olvidado y verdadero.

Tengo derecho a hablar, son cinco años

de vivir en la brecha jugándome mi pan a cada instante,

durmiendo a cielo abierto.

Ha madurado mi dolor y os juro

que es amor lo que siento y lo que empuja

mi voz hacia las manos.

Me ha crecido la sed como un río en invierno,

me sangran las palabras de guardar el secreto,

me saben a bambuco y a joropo las noches

y me duelen los ojos de tanta luz y viento.

Te traigo,

madre tierra, mi guerrero y mi árbol,

mi hombre más sediento.

El guerrero y el árbol, de Jesús Martín Barbero

Este poema que da título al libro lo escribió Jesús en Madrid en 1965, es su homenaje a América Latina y a su Colombia querida. Esas tierras que si no las conoces y no las vives no puedes estar completo.

Martín Barbero, Jesús (2019). El guerrero y el árbol. Bogotá, Icono editorial.

De friday a viernes

Ocho días para la movilización y para concienciar al mundo de que el planeta se acaba

Del 20 al 27 de septiembre se están llevando a cabo, en numerosas ciudades de un buen número de países, acciones por el clima.

Con Greta Thunberg y su viernes de lucha por el futuro (Fridays for future) como referente, las actividades a favor del medio ambiente y en contra del cambio climático impuesto se están sucediendo a lo largo y ancho del mundo.

Manifestación por el clima en Bogotá, septiembre 20 de 2019 (foto: Iñaki Chaves)

Concretamente, en las marchas convocadas el pasado viernes 20 de septiembre se calcula que más de cuatro millones de personas se movilizaron en un centenar de países. No es un gran número, pero es una muestra significativa de que algo se mueve entre la población y especialmente entre la juventud. Esperemos que no sea demasiado tarde y haga despertar a quienes de verdad tienen en sus manos el futuro del planeta.

Dice Thunberg que los jóvenes son imparables ante la crisis climática, pero el mundo lo gobiernan adultos descerebrados que acabarán con la vida en esta tierra antes de que aquellos se hagan mayores.

No hay plan B, no hay otro planeta, la Tierra no da más de sí y la humanidad sigue produciendo y consumiendo como si esto no tuviera límites. El límite existe y, según todos los estudios científicos, está a punto de rebasarse. ¿Qué pasará después? ¿Estamos en la antesala del apocalipsis?

 Las movilizaciones están pintando el mapamundi de verde esperanza, en cientos de lugares cientos de miles de personas, no sólo la juventud, han llenado calles y plazas para gritar “NO” al cambio climático, para decir “basta ya” y para mover las conciencias de quienes mueven el mundo desde la política, la economía y los medios.

En Bogotá, varios cientos de manifestantes, en su mayoría estudiantes, secundaron la huelga por el clima reuniéndose en la plaza de Bolívar, centro neurálgico de los poderes de la capital colombiana con el Congreso de la República, la sede de la alcaldía, el palacio de Justicia y la catedral primada, para reclamar acciones contra el cambio climático.

Una muestra con imágenes vistas y frases oídas en la manifestación del viernes 20 en la capital colombiana:

“No hay PLANeta B” (foto: Iñaki Chaves)

La madre tierra puede vivir sin nosotros, nosotros no podemos vivir sin ella

Sin selva no hay vida, conciencia colectiva / No hay justicia social armónica

Acciones permanentes para el cuidado de la vida / Pasar de la emoción a la acción

Aprende a estar en paz contigo / Por ahí no era

Colombia en estado de emergencia ambiental / La crisis climática es sexista, racista y excluyente / Lo que nos viste es lo que llevamos dentro / Pacto por el clima / Huelga por el clima

Sembrar nuestras semillas no es delito / Sí a la vida, sí a la naturaleza

La hoja de coca no es la de la guerra, es la de la paz / Sanar el territorio

¡Acción climática, ya! / Se acaba el tiempo

¡El capitalismo está destruyendo el planeta! / ¡Necesitamos una verdadera revolución!

Rebelarnos o extinguirnos / S.O.S. / Juventud de la tierra /

Dije no al plástico, sí a la vida / Plantón por la vida / + masato – glifosato / Cambiemos el sistema, NO el clima / No hay PLANeta B

No hay futuro sin planeta / La hora es ahora / Yo hablo por los árboles /

Es nuestro y nos necesita, démosle una mano / Salvemos al planeta

La dicotomía entre desarrollo y sostenibilidad es falsa, sin planeta no hay economía

What I stand for is what I stand on / Nuestro planeta está en llamas, ¡actuemos ahora!

¿Qué verde ven? (¿el de los billetes o el de los árboles?)

¿De qué me sirve mi carrera si en el 2030 no habrá planeta?

El clima está cambiando, ¿por qué nosotros no?

Somos la especie en peligro de EXTINGUIRLO TODO

Para terminar, una frase de Greta Thunberg: “Dicen que aman a sus hijos por encima de todo, pero les están robando su futuro ante sus propios ojos”.

¿Game over?

“Salvemos al planeta” (foto: Iñaki Chaves)

“Más masato, menos glifosato” (foto: Iñaki Chaves)

“#Fridays for future” (foto: Iñaki Chaves)

Intervenciones durante la concentración en la plaza de Bolívar de Bogotá (foto: Iñaki Chaves)

“S.O.S.” (foto: Iñaki Chaves)

“El clima está cambiando, ¿por qué nosotros no?” (foto: Iñaki Chaves)

El árbol del amor

En Colombia se necesitan raíces profundas y con corazón para narrar historias que permitan enfrentar y superar la guerra.

Contarle al país y al mundo cómo el conflicto armado rompió las vidas y cercenó las esperanzas de la juventud nasa en el Cauca es lo que pretende el corto animado “El árbol del amor” (Fxtuu wêdxnxi), exhibido el martes 17 de septiembre en la sede de la Comisión de la Verdad en Bogotá con presencia de sus protagonistas y realizadores.

Cartel del corto documental “El árbol del amor”

El reclutamiento forzado, los secuestros, las violaciones y los asesinatos llevados a cabo por todos los grupos armados en contra de la población indígena de esa región colombiana es narrado a través de las voces y las historias de un grupo de chicas y chicos nasa en un documental animado.

En un territorio como el colombiano en el que formar (maestras y maestros), informar (periodistas) y denunciar (líderes y lideresas sociales) es un peligro para la existencia, este audiovisual es tan necesario y pertinente para construir país y transformar las realidades como arriesgado para quienes se atreven a contarlo.

En el documento se recogen las verdades de la juventud de una población asolada, como muchas otras en el país, por ese eufemismo llamado “conflicto armado”. Detrás de las violencias, directa y estructural, que la guerra y sus consecuencias han producido queda espacio para narrar sentimientos e ilusiones alrededor de un árbol que simboliza la unión del cuerpo de las poblaciones originarias con el alma de la madre Tierra.

El corto animado ha sido posible gracias al respaldo de la Fundación Fahrenheit 451, la Organización Tyet, la productora BlueSheep, ACIN y la Universidad de Bournemouth. Hay que aplaudir iniciativas como ésta y hay que pedir que se respeten, que se vean y escuchen y que tomemos nota para evitar que sigan produciéndose situaciones de terror, exclusión y marginalidad. En unos tiempos en los que parece que la violencia vuelve a campar a sus anchas y los derechos se pisotean a diario, es necesario mantener la ilusión y la confianza en que la transformación social es posible, que otro mundo mejor está ahí y que podemos alcanzarlo.

El arte, ya sea pintando murales, cantando rap, escribiendo cuentos o haciendo audiovisuales es una manera de contribuir a la construcción de paz. Una manera de conocer las verdades de personas que nacen bajo el yugo de la guerra e intentar restituirles sus derechos. Construir relatos sin rostros, para evitar las represalias, pero con voces y sonidos, para que no se pierdan sus historias y no se olviden sus vidas. Escuchar las otras voces para conocer las otras verdades, esa es la tarea para la que está conformada la Comisión de la Verdad (*) y por eso el relato audiovisual tuvo su premier en la sede de esta institución.

Vestíbulo de la sede de la Comisión de la Verdad en Bogotá (foto: Iñaki Chaves)

“Con la verdad podemos ver al otro. Permitimos que las historias de los sobrevivientes salgan de la oscuridad del silencio. Sus memorias son como un espejo, el reflejo como punto de partida para que Colombia halle verdad en sus palabras”.

Ahora habrá que preguntarse cuál será la utilidad última de este relato, qué le aportará a la búsqueda de la paz y si los poderes dejarán que lo aporte. Porque, hoy por hoy, en Colombia pueden acabar impunemente con la vida de quienes piensan distinto, de quienes narran en contra de los que mandan, de aquellas personas que se atreven a disentir.

Dice el profesor Manuel H. Restrepo en su artículo “La guerra impide ver la tragedia nacional” que en Colombia “enseñaron a discriminar a los distintos y a eliminar primero a sus dioses y después a sus líderes sociales y mandos insurgentes para provocar la retirada y minar cualquier resistencia civil o armada ante su autoridad”.

Las raíces del árbol de la vida son las comunidades, todas, y sus gentes, todas y todos, sin distinción. Colectivos civiles que logran transformar el dolor en resistencia, en creatividad y en planes de vida superando la guerra. La encrucijada es que la paz es el camino, pero no se sabe bien cuál es la ruta para alcanzar la paz. El dilema es que si narran los matan y si no narran se mueren, dejan de existir porque nadie conocerá sus relatos.

Con este corto sus creadores y participantes quieren aportar a la construcción social, recuperando la ilusión de los vientos de paz que soplaron durante la negociación de los acuerdos. Quieren orientar sus vidas para la transformación social de territorios y comunidades desde las raíces de ese árbol y lo profundo de sus corazones.

Se necesitan muchos árboles del amor para luchar por la paz y muchas ganas y fuerzas de las gentes que han sufrido la guerra. Pero, como dice un maestro de escuela indígena: “un ideal tiene más fuerza que un tiro en la cabeza”.

(*) La Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición fue creada por Decreto 588 de 5 de abril de 2017 y su definición es: mecanismo de carácter temporal y extrajudicial del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición – SIVJRNR, para conocer la verdad de lo ocurrido en el marco del conflicto armado y contribuir al esclarecimiento de las violaciones e infracciones cometidas durante el mismo y ofrecer una explicación amplia de su complejidad a toda la sociedad.

Katie Melua

Una cantante que hechiza

Ketevan Melua, más conocida por Katie Melua, es una cantante georgiana de nacionalidad británica que nació en Kutaisi el 16 de septiembre de 1984. A sus recién cumplidos treinta y cinco años, es una de las grandes intérpretes de la música actual.

Katie Melua durante su actuación en m80Radio (foto: los40.com)

Todo un descubrimiento. Podríamos decir lo que afirma en una de sus letras: “Ahora que te he encontrado, cancelaré la búsqueda”, Desde que en 2004 lanzará su primer álbum “Call Off The Search”, con su primer sencillo “The Closest Thing To Crazy”, su fama no ha parado de crecer.

En julio de 2012 estuvo actuando en directo en los estudios de m80 Radio en Madrid y en septiembre de 2013 celebró su cumpleaños publicando el álbum “Ketevan”, su sexto disco de larga duración. Este año ha ofrecido conciertos en España en el Cap Roig Festival y en el Starlite de Marbella, en el que compartió escenario con el pianista británico James Rhodes.

Ella hipnotiza con su voz sugerente y limpia. Su adaptación de “I put a spell on you”, obra de Jay Hawkins versionada por numerosos grupos y solistas, desde Nina Simone a Credence Clearwater Revival pasando por Annie Lennox o The Animals, es ciertamente un hechizo a través de una voz melodiosa, suave y potente que arrastra los sonidos y nos hace navegar por mares musicales llenos de olas de ritmo.

Su música ha hecho volar sus sueños, ya sea cantando sus propias composiciones (“Belfast” o “Piece by piece”) o interpretando grandes éxitos de gente como Black (“Wondeful life”), Sting (“Fields of gold”) o Cohen (“In my secret life”), dejando en todas ellas su peculiar huella, su manera de narrar con esa entonación tan personal que le permite tocar palos como el folk, el soul o el jazz.

Katie puede ser como una dama en el camino o una mujer calle arriba que nos lleva a Wonderland, haciéndonos sentir que con su música nunca estaremos solos. Así nos lo canta en “I will be there”, obra de su descubridor, el compositor británico Mike Batt, quien también le ofreció esa balada a la amistad que él estrenó en 1977, “The walls of the world”, en la que canta que escribirá su amor en las paredes del mundo para que el sol no desvanezca las palabras que dice.

Quién sabe, tal vez si el planeta la mereciera nos haría tener un mundo perfecto. Ella, bailando en los océanos profundos, retorciéndose en el agua, es como un sueño; ella suave y sola, o perdida y solitaria, es como el cielo del “Just like heaven” de The Cure al que le pone su particular acento.

Seguidora de la fallecida cantante estadounidense Eva Cassidy, su admiración por ella la ha llevado a juntarse en un video imposible en el que interpretan a dúo la increíble “What a wonderful world” que hizo famosa Louis Amstrong desde que la estrenara en 1967 haciendo de ella un alegato por la paz (pese a ello, o tal vez por eso mismo, dicen que Clear Channel Communications incluyó esa canción en su memorando tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Una lista distribuida entre las más de mil emisoras de radio de las que el grupo de comunicación era propietario y que contenía cerca de 150 canciones cuyas letras eran cuestionables en el contexto posterior a los ataques terroristas).

Como compositora, Katie nos ha hecho un llamado de atención sobre lo absurdo del racismo en “Spider´s web”, porque “la línea entre lo incorrecto y lo correcto, es el ancho de un hilo de una telaraña. Las teclas del piano son blancas y negras, pero suenan como un millón de colores en tu mente”.

Foto de la web de Katie Melua (http://katiemelua.com/)

En su hasta ahora último trabajo, “Ultimate Collection”, recopila lo más destacado de sus siete álbumes anteriores: “Call Off the Search” (2003), “Piece by Piece” (2005), “Pictures” (2007), “The House” (2010), “Secret Symphony” (2012), “Ketevan” (2013) e “In Winter” (2016), a los que añade dos nuevas versiones: la del clásico “Bridge over troubled water” de Simon and Garfunkel y el “Diamonds are forever” de la banda sonora del film homónimo de James Bond que compusiera John Barry e interpretara Shirley Bassey.

Melua ha destinado parte de los beneficios de su música a organizaciones como Save the children, Cruz Roja, Intermon Oxfam o Fair trees, fundación para la promoción del comercio justo de árboles en su Georgia natal y de la que es promotora. También participó, en 2005 junto a Brian May, en el concierto benéfico 46664 organizado por la Fundación Nelson Mandela para luchar contra el sida y en 2007 en uno de los Live Earth para denunciar y combatir el cambio climático.

Esta cantante georgiano-británica está incluso en el Guinness World Records por haber dado un concierto bajo el agua en una plataforma del Mar del Norte, en octubre de 2006, a trescientos tres metros de profundidad ante un grupo de trabajadores.

Si quieren probar sus hechizos, escúchenla

 

Rosemary Casals

Protagonista histórica del tenis femenino

Ahora que ha terminado el US Open, último Grand Slam (GS) de la temporada profesional 2019, tal vez sea el momento de recordar a una de las mujeres con más títulos y con, en mi opinión, menos reconocimiento fuera del circuito.

Rosemary Casals, nació en San Francisco (California, EE.UU.) en 1948. Hija de emigrantes salvadoreños, Rosie fue un caso atípico en el panorama tenístico femenino. Sus escasos ciento sesenta centímetros no la impidieron competir con las grandes de su época: como Billie Jean King o Margaret Court (quien todavía hoy sigue manteniendo el récord de triunfos de GS con 24 títulos).

Las “Original 9” en 1970. Rosemary Casals es la sentada en medio.

A Casals tal vez se la podría considerar como la Poulidor del tenis femenino. Nunca ganó un título individual de los cuatro del Grand Slam (Australia, Roland Garros, Wimbledon y Estados Unidos), pero ganó nueve veces en dobles femeninos, haciendo pareja en siete de ellos con King, cinco veces en las pistas del All England Tennis Club y cuatro en el Abierto yanqui, y tres en dobles mixtos (dos en Inglaterra, formando pareja con Nastase, y uno en Nueva York). Además, en seis ocasiones consiguió la Copa Federación formando parte del equipo de los Estados Unidos. En su época en activo se labró fama de “pequeña buena gente”.

Ella contribuyó a que el deporte femenino del tenis cambiara el 23 de septiembre de 1970, cuando nueve mujeres tenistas, conocidas como las “Original 9” firmaron contratos de 1$ para crear el tenis femenino profesional. Casals era una de esas nueve junto a figuras como Billie Jean King o Peaches Bartkowicz. Fue la semilla de la constitución, tres años después, de la Women’s Tennis Association (WTA).

Rosie sigue luchando, después de cinco décadas, para que se reconozca el papel de la mujer en el deporte, trabajando especialmente para que se sepa la historia de las mujeres en el tenis. “En ese momento (años setenta del siglo pasado), a los medios no les importaba el tenis femenino”, ha declarado en varias ocasiones, “Si cubrías el tenis femenino, eso significaba que te degradaron de la NFL o del baloncesto. Teníamos que enseñarles, enseñarles sobre quiénes éramos, qué hacíamos, qué sucedía en el mundo del tenis”.

Las “Original 9” en 2010 en la misma ubicación que cuarenta años antes.

También es cofundadora, junto a Tory Ann Fretz, de Love & Love Tennis, una organización sin ánimo de lucro que, desde 2015, promueve y apoya a la juventud tenística y ofrece subvenciones a academias y escuelas de tenis en el Valle de Coachella en California. Con esta labor pretenden “encontrar una manera de retribuir a nuestro deporte y a nuestra comunidad, especialmente a los niños”. Para ellas dos, el tenis “sigue siendo el foco que nos impulsa a establecer y alcanzar objetivos”.

La periodista del New York Times Grace Lichtenstein, en su libro de 1974 A Long Way, Baby. Behind The Scenes in Women’s Pro Tennis denominaba a Casals como la “Liza Minelli del tenis”.

Y hablando de visibilizar a mujeres del tenis, una mención a Bianca Vanessa Andreescu (Mississauga, 2000), canadiense de madre y padre rumanos, campeona del US Open 2019, y a María Camila Osorio Serrano (Cúcuta, 2001), la colombiana ganadora de ese mismo trofeo en la versión júnior.

La Amazonía no cuenta tanto

El llamado “pulmón del planeta” parece no ser para la humanidad tan importante como debiera.

Al menos así se desprende del resultado de ese ficticio partido que parece haber sido jugado en el estadio de la sociedad de la información del siglo XXI entre la catedral de Notre Dame y la selva amazónica.

Mapa de incendios de la web Global Forest Watch Fires

El imaginario marcador final refleja una goleada por parte del monumento gótico a la naturaleza sudamericana. Tal vez un Amazonía 20, Notre Dame 1.000. Eso es lo que se podría concluir a partir de los aportes “oficiales” para la recuperación de ambos monumentos. Una goleada de infarto y vergonzosa, porque para la supervivencia del ser humano y demás seres vivos sobre el planeta es mil veces más importante, ¿será que me quedo corto?, la Amazonía que una iglesia, por mucha riqueza, tradición e historia que tenga detrás. Y eso no quiere decir que esté en contra de la inversión en la iglesia parisina y todos sus efectos e impactos mediáticos.

Cierto que las campañas de recogidas de firmas a favor de salvar ese pulmón de la naturaleza han reunido millones de rúbricas, como la de “Defenda a Amazônia! #AmazonDefenders” que lleva más de doce millones de apoyos de la ciudadanía. Pero, lo que me gustaría es llamar la atención sobre esa desigualdad que han producido ambos incendios en cuanto a su gravedad, la relevancia para la subsistencia y los presupuestos destinados a su posible solución.

Tal vez sea porque la iglesia parisina es un ente tangible perteneciente a una institución bien situada (aunque muy criticada), ubicada en un país “desarrollado” y visitada por cientos de miles de turistas anualmente. Y el espacio natural incomparable de Abya Yala no tiene aparentemente dueña reconocida, se reparte entre varios países con gobiernos bajo sospecha (la que sea), no tiene (por suerte) tantas visitas y está sometida a todo tipo de atropellos como deforestación, tráfico de materias primas y persecución a sus habitantes originarios.

Ustedes valoren y decidan con qué se quedan, pero no podemos dejar en manos de “cualquiera” la solución de un problema que nos afecta a todas y a todos. Es una crisis gravísima inmersa en la crisis mundial del cambio climático. Un bien universal como la Amazonia no puede estar al libre albedrío de políticos que miran más los intereses económicos propios que los valores generales de nuestro hábitat planetario.

En un solo día, el 16 de abril de 2019, según la cadena de noticias France24, se recaudaron por donaciones privadas más de 700 millones de euros para la reconstrucción de la catedral de Notre Dame, símbolo del arte, la cultura y la historia francesas. Incluso la UNESCO, con sede en París, prometió trabajar con el país galo para restaurar la catedral, inscrita desde 1991 en su lista de patrimonio mundial de la humanidad y que recibe una media diaria de treinta y cinco mil visitantes.

Por su parte, hace unos días que los “ricos” del G7 reunidos en Biarritz (Francia) se han estirado y han destinado 22 millones de dólares, sí, han leído bien, veintidós millones, para ayudar a la Amazonía. Supongo que se les habrá roto el bolsillo, porque el corazón lo tienen de hierro y la cabeza llena de serrín. Solamente he leído de un “millonario” que haya declarado públicamente ayudar económicamente a la selva amazónica: Leonardo Di Caprio. Otros se conforman con publicar un trino denunciando y diciendo que apoyan, pero ni un centavo.

Necesitamos conocimiento frente a crecimiento. La economía no lo es todo ni va a salvar al planeta y a los seres vivos que lo habitamos. El gobierno de Brasil es culpable, dice Eduardo Gudynas que “La bolsonarización significa impunidad ecológica”, pero también el resto de los gobiernos del resto de países con territorio amazónico entre sus fronteras y tantos otros países que miran para otro lado o que tienen la conciencia manchada por años y años de esquilmar las riquezas naturales de la Tierra, incluida la madera y otros tesoros de la Amazonía.

No es solamente la vegetación incendiada, son las repercusiones directas sobre el ya grave cambio climático que nos afecta directa o indirectamente a poblaciones humanas, especies animales en peligro, recursos hídricos y vegetales. Lo que está ocurriendo en la Amazonía es una tragedia para la humanidad y el planeta, como también lo son los incendios en África o en el Ártico.

No se trata de compartir entusiasmos o de participar de los silbidos. Es solamente cuestión de que los indígenas europeos, como dice Alba Rico, deberían sentir el crepitar de las llamas amazónicas tanto como el de las parisinas, tener conciencia y conocimiento y buscar la forma de solucionar una situación creada por un enemigo que todo el mundo sabe quién es: el ser humano y sus ansias de enriquecimiento. Es una crisis climática consecuencia de una crisis ética de la humanidad que no ve que caminamos hacia el abismo.

Manifestación en Sevilla del movimiento Fridays For Future en marzo de 2019 (foto EFE/Raúl Caro tomada de la web de La Sexta)

Los científicos dicen que los incendios habituales en el verano han aumentado por efecto del cambio climático y que sus llamas agravan con sus emisiones de CO2 el calentamiento global.

En este mes de agosto que se fue hemos celebrado el día de la madre Tierra (Pachamama) el primer día del mes, el día de las poblaciones indígenas el 9 y el día de la solidaridad el 31. Pero esas celebraciones no sirven de nada si las palabras no se convierten en acciones que sirvan para salvarnos de la catástrofe. Necesitamos de toda la solidaridad y de todos los esfuerzos para que esta crisis no vaya perdiendo fuerza en los medios ni en las conciencias. Sigamos las recomendaciones del decálogo para informar sobre el cambio climático, “Los Medios de Comunicación y el Cambio Climático”, impulsado por la Fundación ECODES y el grupo de investigación Mediación Dialéctica de la Comunicación Social (MDCS) de la Universidad Complutense de Madrid y que firmaron más de veinte medios de difusión en reunión previa a la Conferencia Internacional sobre Cambio Climático Change the Change celebrada a primeros de marzo pasado en el País Vasco.

Y recordemos nuevamente que la semana del 20 al 27 de septiembre está marcada en el calendario mundial para luchar por la vida futura en el planeta (Fridays For Future).