Todxs somos migrantes

Actuar juntas por la dignidad social de las personas migrantes

“El estado normal de la atmósfera es la turbulencia. Lo mismo cabe decir acerca del poblamiento de nuestro planeta por parte del hombre”. Con esta frase de Hans Magnus Enzensberger en su libro La gran migración quiero resaltar la importancia de una actividad social que existe desde que el ser humano habita la Tierra: la migración.

Pintada alegórica sobre la migración obra de Yksuhc Juan en la fachada de la antigua tabacalera de Madrid (foto: Iñaki Chaves)

Empecemos a celebrar todos los días que tenemos derecho a la movilidad, a desplazarnos, a residir en donde creamos que podemos tener una mejor vida. Ya sea por trabajo, por estudios, por necesidad, por amor o por simple deseo de cambiar. A eso unamos que ningún ser humano es ilegal y que ninguna persona es superflua.

¿Quién de ustedes no ha migrado alguna vez en su vida? Cambiar de colegio, mudarse de barrio, un nuevo trabajo, trasladarse a otro país… todo eso son, de una u otra manera, migraciones. Una realidad social como la migración amerita otra mirada, una lectura transversal, demanda más música que ruido y más poesía que palabras vacías.

Los otros, los distintos, son mudos o tartamudos, gentes incapaces de hablar y a los que no les damos voz y que conforman una mayoría en crecimiento que se encuentra excluida en cualquier parte, incluso en sus lugares de origen. Por eso muchas personas se ven obligadas a emigrar.

Migrar es un derecho

O al menos así debería ser. Porque lo recoge la Declaración Universal de los Derechos Humanos, un texto que acaba de cumplir setenta y un años y al que casi nadie atiende, otra excluida más. En su artículo 13 se puede leer que: 1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado. 2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.

En el siguiente (14) se afirma: 1. En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país. Y en el 15 se remacha: 1. Toda persona tiene derecho a una nacionalidad. 2. A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad.

El 18 de diciembre es la fecha establecida por Naciones Unidas como el Día Internacional del Migrante. Es decir, el día de todas y todos los habitantes del planeta. Mediante resolución 55/93 de 4 de diciembre de 2000 la Asamblea General de la ONU así lo declaró, invitando a sus estados miembros, así como a organizaciones intergubernamentales y no gubernamentales, a que, entre otras cosas, difundan información sobre los derechos humanos y las libertades fundamentales de los migrantes, intercambien experiencias y formulen medidas para protegerlos.

Desde 2009 se viene conmemorando este día con mensajes como “soy un migrante”, “un día sin migrantes”, “migración segura en un mundo en movimiento” o “migración con dignidad”. En este 2019 se “celebra” este día con un “Nosotros juntos” (en un lenguaje que excluye las nosotras) con el que se quieren resaltar “las historias de cohesión social que son tan variadas y únicas como cada uno de los 272 millones de migrantes que comienzan una nueva vida y construyen nuevas comunidades en cada rincón del mundo”.

Según António Guterres, secretario general de Naciones Unidas, “La migración es un poderoso motor del crecimiento económico, el dinamismo y la comprensión. Permite que millones de personas busquen nuevas oportunidades, lo que beneficia por igual a las comunidades de origen y de destino”. De hecho, está contemplada dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible al señalar la meta 10.7 que se debe “Facilitar la migración y la movilidad ordenadas, seguras, regulares y responsables de las personas, incluso mediante la aplicación de políticas migratorias planificadas y bien gestionadas”.

Gran parte de las migraciones históricas han estado motivadas por ilusiones y esperanzas. El encuentro de maravillas desconocidas, la búsqueda de tierras más ricas o fértiles, el deseo de riquezas o poder. La tierra prometida, la Atlántida o El Dorado siguen vigentes a través de las creencias fomentadas por los medios, que prometen escenarios que la propia realidad se niega a conceder. Una realidad que hizo que, en 2018, cerca de tres mil cuatrocientas personas migrantes o refugiadas perdieran la vida tratando de alcanzar su sueño.

El término migrante no está claramente definido en el derecho internacional, designando, por uso común, a toda persona que se traslada fuera de su lugar de residencia habitual, ya sea dentro de un país o a través de una frontera internacional, de manera temporal o permanente, y por diversas razones.

En 2019, el número de migrantes ha alcanzado la cifra de 272 millones, frente a los 221 en 2010 o los 173 millones de 2000. La proporción de migrantes internacionales entre la población mundial es del 3,5 %, cuando en 2000 era del 2,8 % y del 2,3 % en 1980, según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (IOM-OIM).

Aproximadamente, con base en los datos de Acnur, hay 70,8 millones de personas en todo el mundo que se han visto obligadas a huir de sus hogares. Entre las que se encuentran casi 25,9 millones de personas refugiadas, más de la mitad menores de 18 años; 3,5 millones son solicitantes de asilo y más de 41,3 millones son desplazados internos. Solamente en Siria hay 438.000 personas refugiadas de Palestina, y Colombia sigue siendo el primer país en número de personas desplazadas internas con más de 7 millones 400 mil víctimas.

La migración humana se suele clasificar en seis grandes grupos: según su escala geográfica, por su lugar de origen y destino, en relación con su temporalidad, por su grado de libertad (voluntarias u obligadas), por la edad de las personas migrantes o según la causa que la motiva (económicas, políticas, ecológicas, guerras).

Para mí, hay una quinta causa de esas migraciones: la provocada por la construcción interesada de imaginarios falseados o condicionados. Por eso creo que la comunicación es fundamental para compartir otras miradas menos negativas sobre una realidad imparable. A esa tarea debemos ponerle todo el esfuerzo desde la academia, educando en la diversidad, y desde los medios, combatiendo las malas prácticas informativas.

Portadas de las dos guías para narrar la migración desde el respeto

En esa línea van dos trabajos que nos pueden servir como referentes en esa labor de “hacer bien nuestro trabajo”:

Respect words. Una guía, en ocho idiomas (alemán, esloveno, español, griego, húngaro, inglés, irlandés e italiano), breve y contundente con herramientas “prácticas para abordar las temáticas relacionadas con las personas migrantes y las personas pertenecientes a minorías cuando se realicen informaciones sobre ellas o sus procesos”.

Un trabajo que encabeza la Asociación de Emisoras Municipales y Ciudadanas de Andalucía Radio y Televisión (EMA-RTV) y que es un esfuerzo para intentar desmontar los imaginarios existentes sobre migraciones y minorías para ir difundiendo voces que construyan otras miradas y otras percepciones. Nuevos imaginarios que son, según declaran los promotores en el preámbulo de la guía, “indispensables en la lucha contra los discursos de odio”.

Porque informar no es una labor inocua, existen otras formas de informar, otro periodismo que, como dice el proyecto Respect words, sea ético y vaya contra los discursos sesgados y estigmatizantes.

Pistas para contar la migración. Investigar historias en movimiento. Un texto de Consejo de Redacción en colaboración con Konrad Adenauer Stiftung y el Comité Internacional de la Cruz Roja que plantea, según escribe su editora Ginna Morelo que la migración “solo se comprende en su real dimensión cuando se anda con los otros, con los migrantes”.

Un documento que quiere facilitar a las y los profesionales de la información “herramientas para entender el fenómeno de la migración, cómo investigarlo, cómo desarrollar una agenda” e “identificar cuáles son los retos que suponen la cobertura de este fenómeno y cómo narrarlo sin vulnerar los derechos del migrante”.

Y mañana, ¿qué?

Pues amanecerá, y ya no será el “Día Internacional del Migrante” pero seguirán muriendo seres humanos queriendo cruzar fronteras o atravesando mares. Desgraciadamente se volverá a cumplir lo que escribió Galeano: “Los náufragos de la globalización peregrinan inventando caminos. En inmensas caravanas, marchan los fugitivos de la vida imposible. Viajan desde el sur hacia el norte y desde el sol naciente hacia el poniente. Les han robado su lugar en el mundo. Han sido despojados de sus trabajos y sus tierras. Muchos huyen de las guerras, pero muchos más huyen de los salarios exterminados y de los suelos arrasados.”

Por eso y por mucho más es por lo que habrá que seguir luchando contra los prejuicios y los estigmas sin fundamento. Poniéndole a esa lucha poesía y música. Empezando por releer a Camus en El extranjero para no caer en lo absurdo de sociedades en las que una “falsa” moral juzga y condena igual un no llanto por la muerte de la madre que un crimen.

Escuchando ese poema cantado de Patxi Andion en el que nos arrastra con su voz a pensar que “De cada 13 nuevos niños que nacen diez lo hacen en la cama y 3 en la calle. Y mientras los diez primeros comen los otros tres se mueren de hambre, mas no puedo seguir juzgando, no debo, no tengo hambre”.

También leer al citado Enzensberger, a Kapuscinski, a Malouf, a Naïr, a Sassen o a Walsh y tantas y tantos que han mirado y escrito sobre las migraciones con otros ojos; o escuchar las letras de “Papeles mojados” de Chambao, de “En las fronteras del mundo” de Luis Pastor o de las diversas versiones regionales del ya clásico “Rap contra el racismo” de El Chojín.

Y recordar a cristianos y a quienes no lo son que Jesús de Nazareth fue un migrante, que Mateo escribió aquello de “El ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: ´Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; allí estarás hasta que te avise`”. ¿Qué es eso sino migrar?

Que el mismo papa Francisco lo dijo en Lesbos en 2016, tal como se recoge en el libro Política y sociedad. Conversaciones con Wolton (2018, ediciones Encuentro), donde defendió que las personas migrantes no son un peligro, sino que son ellas las que están en peligro.

Pongamos en práctica lo que nos legara Benedetti: “Te propongo construir un nuevo canal sin exclusas ni excusas, que comunique por fin tu mirada atlántica con mi natural pacífico”. Porque todas y todos somos, en algún momento de nuestra vida y por multitud de motivos, migrantes.

No vapor da imigração

Narrativas de paz, voces y sonidos

Porque la situación en Colombia requiere juntar todas las gargantas y sus gritos para reclamar la paz.

portada de Narrativas de paz, voces y sonidos

Con el subtítulo Análisis de la paz en Colombia, desde la comunicación, se ha publicado el libro número 162 de la colección Cuadernos Artesanos de Comunicación de la Sociedad Latina de Comunicación Social en el que, con la participación de profesoras y profesores de Brasil, Colombia y España, se recogen una serie de artículos resultado de distintas investigaciones con un denominador común: la paz en Colombia.

A pesar de la firma de los acuerdos de La Habana en 2016, la realidad nos muestra un país que sigue buscando la paz. El territorio nacional colombiano continua siendo testigo mudo de la ausencia de una pacífica convivencia, de una verdadera armonía entre sus habitantes. Los asesinatos de líderes y lideresas sociales; la violenta y criminal represión de las manifestaciones ciudadanas por la paz y contra la política del Gobierno; los ataques a los derechos fundamentales; las medidas económicas que amenazan con perjudicar a la clase trabajadora y reducir impuestos a las empresas y a las personas más ricas, y la manipulación informativa son motivos más que suficientes para gritar ¡basta ya!

Para romper ese silencio y dar voz a los gritos callados de las poblaciones excluidas y silenciadas, es necesario aunar todos los esfuerzos, porque la construcción de la paz requiere de todas las narrativas, también las de la academia. Cambiar definitivamente las armas por las palabras demanda de las voces de las universidades y sus profesoras e investigadores. Por eso es importante este nuevo libro que se ha presentado el miércoles 4 de diciembre en el marco de la undécima edición del Congreso Internacional Latina de Comunicación Social celebrado en la Universidad de La Laguna (Tenerife, España).

Narrativas de paz, voces y sonidos es una coedición entre UNIMINUTO y Latina coordinado por la profesora Beatriz Múnera (UTadeo, Bogotá) y los profesores Gabriel Ruiz (UdeM, Medellín) y J. Ignacio Chaves (Uniminuto, Bogotá) que cuenta con el prólogo del exdirector general de la Unesco y actual presidente de la Fundación Cultura de Paz Federico Mayor Zaragoza. Conformado por nueve artículos de veintitrés investigadoras de diez universidades, ocho colombianas, una española y una brasileña, son “Reflexiones acerca de la forma en que la ciudadanía aborda sus propias historias para conformar narrativas de paz que confronten los efectos de la violencia armada y estructural. Escritos que exploran las experiencias de vida de quienes no se resignan a callarlas, sino que buscan transformarlas en una memoria ejemplar, una que, como señalaba Benjamin, pueda relampaguear en momentos de nuevo peligro”.

Un texto dedicado a todas las personas que creen que la paz se construye cada día, entre todas, con nosotras mismas, con las demás y con la naturaleza y que quiere voces y sonidos que lo acompañen como la letra de la cantautora Marta Gómez cuando dice: “Para el silencio una palabra / Para la oreja, un caracol / Un columpio pa’ la infancia / Y al oído un acordeón / Para la guerra, nada”.