Forges

“El poder no puede hacer nada contra el sentido del humor”

Dicen que el siglo XX en el humor acabó el 22 de febrero de 2018 con el fallecimiento de Forges, alias “Antonio Fraguas”.

En 2006 durante la entrevista (foto: Julián Rebollo – FSAP-CCOO)

Nació en Madrid el 17 de enero de 1942 y murió en la misma ciudad el 22 de febrero de 2018. Dos años después de su marcha, le dedicamos un recuerdo a partir de aquella entrevista que le hicimos para el número de diciembre de 2006 de Tribuna de la Federación de Servicios y Administraciones Públicas de Comisiones Obreras y que sigue tan vigente como entonces.

Fue, según sus propias palabras, un pésimo estudiante y un avezado futbolista, además de un periodista “vago”. Para su hermano Rafael, era un tipo ingenioso, que no divertido, con un humor tierno y gran sentido común que odiaba el conflicto. A lo largo de su vida publicó ciento ochenta libros, entre propios e ilustrados para otros, y más de ochenta mil viñetas (lo que supone algo más de cuatro al día durante sus más de cincuenta años de actividad).

Su primer dibujo se lo publicaron en el madrileño diario Pueblo en abril de 1964 y estaba dedicado al obrero que tenía la ingente tarea de tapar los baches de las calles de Madrid. Después, fue creando un estilo propio, obediente a los consejos de su padre que le decía que sus dibujos debían tener una personalidad que se pudiera reconocer a quince metros. De ahí salieron, entre otros, personajes como la Concha y el Mariano, matrimonio de toda la vida, típico y desigual; el ujier Romerales, al tanto de todos los runrunes de pasillo y las patrañas de los políticos en el Congreso; los “blasillos”, con la mirada e inteligencia natural del campo a problemas las más de las veces citadinos; los náufragos, nada perdidos y muy certeros, y los tópicos y clásicos funcionarios a los que Forges “daba palo” casi a todas horas. Sería porque él también formaba parte de esa particular clase de trabajadores.

Del periódico vespertino del movimiento pasó al diario Informaciones, en donde su director, Jesús de la Serna, le pidió hacerse cargo del chiste editorial del periódico. Para otro ilustre periodista desaparecido, Jesús Hermida, que fue quien le llevó a los medios, Forges tenía gran facilidad para provocar una sonrisa aparentemente inocente pero detrás de la cual había mucha crítica política, social y humana.

En aquel encuentro en su despacho de la madrileña calle Barquillo nos confesó que nunca se sintió un “Pepito grillo” porque decía que de eso a talibán había un paso, “sobre todo cuando hay audiencias y rotativas de por medio”, pero sí un “blasillo” que iba acompañado de uno de sus amigos de verdad para intentar explicar la inexplicable realidad de cada día. Una de sus enseñanzas en aquella conversación de hace más de trece años, fue sobre las huelgas, de las que decía que “son incomprensibles los sistemas de huelga del s. XIX aplicados en el s. XXI. Hay que hacer huelgas ingeniosas porque el poder no puede hacer nada contra el sentido del humor”. Y aprovechó para pedirle a los sindicatos que hicieran “un concurso de ideas sobre sistemas de reivindicación social distintos a los tradicionales. No es no hacer huelga sino que es mejor no cobrar la gasolina que no servirla”.

Entrevista a Forges publicada en Tribuna FSAP en diciembre 2006 (foto: Iñaki Chaves)

Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo en 2007; Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2011. Doctor honoris causa en 2014 por la Universidad Miguel Hernández y en 2016 por la Universidad de Alcalá de Henares. También fue premio a la libertad de expresión de la Unión de Periodistas en 1979. Preguntado por esa libertad, Forges afirmaba que había “un grupo mucho mayor (de personas) que no es que no tengan libertad de expresión, es que no tienen libertad de expresarse”, pidiendo que hiciéramos “un examen de conciencia entre los que nos dedicamos a comunicar para posibilitar que esa gente pueda hablar”. Vigente y cierto.

Su análisis de la situación política de aquel momento podría ser aplicable al actual contexto español. Pedía no dar pábulo a la extrema derecha que solamente busca la provocación, y por eso en sus chistes prefería “hablar de cosas importantes: el paro, la vivienda, el trabajo precario… (…) los fascistas que intentan enfrentar a la sociedad con temas como la inmigración, aumentarán sus audiencias y sus ventas, pero la historia les colocará en el lugar que les corresponde, en las páginas oscuras del devenir de la convivencia”. ¿Les suena?

Tras su fallecimiento, algunas destacadas figuras de los medios, organizaciones sociales y compañeras y compañeros en diversas lides escribieron:

“Era un filósofo de la vida cotidiana, un debelador de entuertos, un defensor de causas pendientes o un juez implacable, dotado de un envidiable sentido crítico” (Antonio Caño).

“Era el humor de la vida cotidiana, inundado de nostalgias, pero siempre amable, incapaz de hacer daño, el humor de la añoranza y la decepción, pero nunca de la tristeza” (J.L. Cebrián).

“En un país de malhumorados, el buen humor de Forges ha supuesto durante 50 años la demostración de que se puede criticar la realidad sin hacer daño a sus protagonistas” (Julio Llamazares).

“Siempre con ese tono amable que calaba más que un grito. Fue uno de los primeros en detectar el nivel de hartura de la sociedad, siempre estuvo con los pies en el suelo y los ojos abiertos” (Rosa María Artal).

“Era un sociólogo de la España vacía, un creador de palabras, un visitante asiduo e inteligente de la soledad por la que, como él en este medio siglo, transitaron en su día los personajes de Cervantes” (Juan Cruz).

“Una vez me dijo que es importante que la vida sea larga pero más importante es que la vida sea ancha. Creo sinceramente que él ha conseguido una vida ancha y lo más meritorio es que ha logrado ensanchar la nuestra” (Pepa Fernández).

“Gracias por tu compromiso, por tu imaginación, por tu pluma siempre dispuesta a la denuncia, la solidaridad y la compasión” (Amnistía Internacional España).

Alex Grijelmo ha dicho de él que “conocía con profundidad su lengua, y gracias a eso fue capaz de gastarle al genio del idioma unas bromas que, lejos de incomodarle por atentar contra sus viejos criterios, le habrán hecho reír a carcajadas”.

Además, fue un apasionado de Cervantes y del Quijote, con quienes dialogaba y a los que dedicó muchas de sus viñetas y con los que fue protagonista en varias exposiciones como en el Museo Casa Natal de Cervantes en Alcalá de Henares, en la Casa de Medrano de Argamasilla de Alba, en la Biblioteca Marqués de Valdecilla de la Universidad Complutense de Madrid o en la Casa Revilla de Valladolid.

Viñeta de Forges publicada en El País el 14 de noviembre de 2009

Como homenaje a un dibujante simpar, que afirmaba que seguía teniendo 11 años y que no sabía dibujar, se publicó en 2019 Forges inédito, un libro que recoge una selección de trescientas viñetas recopiladas por su familia. Mañana, 23-F, ¡qué casualidad!, se clausura en la Biblioteca Nacional en Madrid la exposición “La Constitución por Forges”, en la que se presentan las ilustraciones que el artista dedicó a la Carta Magna para hacerla cercana y comprensible a todas y a todos.

En la página de dedicatorias del libro que Forges ilustró y Juan José Millás escribió, Números pares, impares e idiotas (Barco de Vapor, 2003), uno de los alter ego del dibujante, Blasillo, dice “Estoy con los que suman y multiplican la solidaridad y no con los que la restan y la dividen”. Esa era la postura frente a la vida de este personaje entrañable, crítico y solidario, un humorista gráfico de “buena leche”, casi filósofo y cuasi científico, por las reflexiones expresadas por sus personajes, de los que pensaban que no es que los humoristas fueran buenas personas, sino que hacer humor une a mucha gente y les hace parecerlo.

El 30 de enero de 2013, la serie “Imprescindibles” de RTVE estrenó en el centro cultural Matadero de Madrid el documental “Antonio, el forgesporáneo” dedicado a Forges, alias Antonio Fraguas, un dibujante hecho a sí mismo que nunca quiso ser un referente de nada, pero lo era. Al menos, para una parte importante de la ciudadanía, ente la que me encuentro, de aquella España que despertaba a la democracia y se ilustraba con sus viñetas. Su deseo era que no le dedicaran follones, ni calles, ni líos, ni homenajes, ni nada, pero le dedicamos un “No te olvidamos…” como aquellos que él incluía en sus viñetas para recordar y denunciar temas como la situación de las personas refugiadas o de las mujeres, el hambre, las fronteras y otras injusticias mundiales.

Hoy, quisiera darle de nuevo las gracias, como en 2006, y seguramente él me respondería de la misma manera: “De nada, son mil quinientas”.

Zuleta, elogio de la dificultad

En estos tiempos apresurados en los que se quiere todo de manera fácil y rápida es bueno recuperar al pensador colombiano

Estanislao Zuleta (Medellín, 3 de febrero de 1935 – Cali, 17 de febrero de 1990) fue un autodidacta comunitario, porque estudiar por uno mismo no significa formarse en soledad, un lector empedernido y un gran conversador. Su producción es resultado más que de sus escritos de sus charlas, en las que comentaba y reflexionaba sobre la vida y los seres humanos a partir de la filosofía, la literatura, la política y el arte con las obras de Marx, Cervantes, Tolstoi, Freud o Nietzsche como referentes.

Portada de Elogio de la dificultad y otros ensayos y una imagen del maestro Zuleta hecha de zuletas, un montaje con diversas fotografías suyas en la web de la corporación (foto: Iñaki Chaves)

Amigo y discípulo de otro gran intelectual antioqueño, Fernando González, fue un incansable trabajador de las ideas y defensor de su poder de transformación de las sociedades. Como se recoge en la página web de la corporación cultural que lleva su nombre, el pensamiento de Zuleta significa: “Un combate por otra sociedad, en la que sea posible la equidad, el reconocimiento de la pluralidad, el debate y la diferencia; una lucha por las condiciones materiales e ideológicas que le permitan a cada individuo realizarse en todo lo que pueda y desea llegar a ser, con las cuales el acceso al arte y a los saberes sea una posibilidad real y efectiva para todos y no para unos pocos”.

Su lucha por el respeto de las diferencias, por la pluralidad de miradas, la encuentra también en su trabajo alrededor de una de sus obras favoritas. En El Quijote, un nuevo sentido de la aventura analizando la obra del ingenioso hidalgo afirma: “Dentro de la obra misma hay una multiplicidad de textos que aparecen en una posición paralela. Los diferentes personajes funcionan todos ellos a su modo como narradores diferentes de un mismo acontecimiento sobre el que se entrecruzan puntos de vista distintos” (Zuleta, 2004: 38).

Periodista empírico, participó en 1958 como redactor del periódico Crisis, tabloide progresista de la Unidad Obrero Estudiantil cuyo lema era “Un país de 12 millones de habitantes no puede ser gobernado por un millón contra la voluntad de los otros once”, y en las revistas de efímera vida Agitación y Estrategia, ambas derivadas de la actividad del Partido Revolución Socialista (PRS).

Compartía con Nietzsche que la lectura de sus textos no permite la presencia del acelerado hombre moderno, que lo que se necesita son lectores que rumien como vacas y que sean tranquilos para digerir lo leído.

Uno de los grandes pensadores colombianos contemporáneos, un gran educador y defensor de otra manera de formar a la ciudadanía. En entrevista concedida en 1985 a revista Educación y Cultura, el maestro manifestaba entonces sus opiniones sobre la educación colombiana que treinta y cinco años después siguen siendo afirmaciones tan válidas como certeras y duras:

“el bachillerato es la cosa más vaga, confusa y profusa de la educación en el país. Es una ensalada extraordinaria (…) al mismo tiempo muy elemental y muy especializada (…) tan elemental que cuando el estudiante termina sus estudios, ya no le sirve para nada práctico en la vida, ni en sus actividades educativas posteriores, cuando no suele ocurrir que olvide todo lo visto (…) muy especializada (porque) tiene que aprender una cantidad de acontecimientos, que son de detalle, yo diría que de especialistas”.

“Lo que se enseña son toda clase de discursos, proclamas bobas y frases altisonantes (…) No se enseña cuál era el problema realmente (…) la educación, tal como ella está, reprime el pensamiento, así no se lo proponga. Su acción se reduce a transmitir datos, saberes, conocimientos, conclusiones o resultados de procesos que otros pensaron. No enseña a pensar por sí mismo, a sacar conclusiones propias”.

“Al estudiante no se le reconoce ni respeta como pensador, y el niño es un pensador. La definición de Freud hay que repetirla una y mil veces: ´El niño es un investigador`. Si lo reprimen y lo ponen a repetir y a aprender cosas que no le interesan y que no investigue, eso no se puede llamar educar”.

Cubiertas de sus libros El Quijote, un nuevo sentido de la aventura y Educación y democracia

Examinador y crítico de la política colombiana, de la que, en una entrevista de 1993 que formó parte del libro Reportaje a la filosofía, de Gil Olivera y que está incluida en otro libro del maestro, Educación y Democracia, decía:

“En Colombia hay libertad de prensa, en el sentido de que el Gobierno no está cerrando periódicos, ni siquiera los del Partido Comunista o los que ponen en cuestión el sistema mismo. En cierto sentido, hay libertad de cátedra. El Gobierno no está destituyendo profesores y maestros por sus ideas. Hay cierta libertad de asociación, es decir, los sindicatos no son cerrados por sus tendencias políticas ni sus licencias les son retiradas por los mismos motivos. Pero los periodistas, los maestros y los sindicalistas están siendo amenazados y asesinados y han tenido que huir. Entonces, en Colombia nos encontramos con una libertad política habitada por el terror”.

Sin título universitario oficial, impartió clases en universidades de las tres principales ciudades del país (Bogotá, Cali y Medellín). Su “Elogio de la dificultad”, discurso ofrecido al recibir en 1980 el título de doctor honoris causa en psicología por la Universidad del Valle (Cali) es toda una muestra del pensamiento crítico hacia la actitud humana:

“La pobreza y la impotencia de la imaginación nunca se manifiesta de una manera tan clara como cuando se trata de imaginar la felicidad. Entonces comenzamos a inventar paraísos, islas afortunadas, países de cucaña. Una vida sin riesgos, sin lucha, sin búsqueda de superación y sin muerte. Y, por tanto, también sin carencias y sin deseo: un océano de mermelada sagrada, una eternidad de aburrición. Metas afortunadamente inalcanzables, paraísos afortunadamente inexistentes”.

Y una crítica a la inacción que impide la transformación social:

“En lugar de desear una relación humana inquietante, compleja y perdible, que estimule nuestra capacidad de luchar y nos obligue a cambiar, deseamos un idilio sin sombras y sin peligros, un nido de amor, y por lo tanto, en última instancia un retorno al huevo”.

Leer a Zuleta es, como nos dice William Ospina, sentirnos “más sutiles y más atentos”, sentir que “una luz nueva, hecha de lucidez y generosidad, ha entrado en nuestras vidas”.

Pensador y actor, porque hay que pensar y actuar, el maestro Zuleta afirmaba que “Tomarse en serio la vida, el arte y el pensamiento es ya una manera de oponerse a la tendencia dominante de nuestra civilización”.

Pide algo al año chino

Las amistades y los astros se alinearon para que elevara una solicitud al nuevo año ya en marcha

Esto podría ser un cuento o un sueño, que tanto da.

Quijote dorado sobre fondo rojo (dibujo y foto del mismo: Iñaki Chaves)

Es una historia narrada para agradecer, como bien nacido, a la gente que me ha acompañado hasta ahora en estas numerosas vueltas al Sol.
Algunas de esas gentes me obsequiaron un sobre amarillo, una cartulina roja y un marcador dorado (oficialmente, según el propio rotulador, color metálico 752). La idea era que con esos tres elementos escribiera mis deseos para este nuevo año, no expresamente 2020 sino el nuevo año chino de la rata de metal que ha dado inicio el 25 de enero a la nueva rueda del zodiaco oriental.
No creo en horóscopos ni en cuentos chinos, me disculpan por el chiste fácil, aunque sean de animales alrededor de Buda, ni en ponerle fechas consensuadas por intereses para marcarnos el calendario, ya sea gregoriano, islámico, hebreo, hindú, chino u ortodoxo.
Pero como sí creo en las personas, me puse a la tarea de agradecerles el presente escribiendo con mi nuevo marcador dorado en la hoja roja para luego introducirla en el sobre amarillo.
Después de pensarlo por un rato, corto, apenas unos minutos de los más de quinientos mil que le quedaban al nuevo año, decidí que no iba a escribir deseos para que se me cumplieran durante los días venideros porque, al no creer en eso, no esperaría lograrlos, así que para qué escribirlos.
Pensé que lo mejor era dibujar algo que reflejara mis pretensiones, que plasmara mis ideales de seguir soñando. Quería pintar un sueño para seguir imaginando. Y qué mejor sueño que perfilar en color dorado sobre fondo rojo a un soñador empedernido que me acompaña desde hace tantos años. Alguien con quien a veces converso como aquel hombre que siempre va conmigo, esperando que mi soliloquio me deje preguntas en forma de castillos, o molinos, en el aire.
Por eso le dibujé a él.
Salud, suerte y muchos buenos sueños en este nuevo año de nuestra era común, o de cualquier otro calendario, ya sea chino (4716-4717), musulmán (1442-1443) o hebreo (5780-5781).