Anguita y Genovés

Dos referentes de la vida política, artística y social de los últimos cincuenta años.

Genovés (foto tomada de su propia web) y Anguita (foto tomada de la web del Ayuntamiento de Córdoba)

Cada vez van quedando menos personalidades que nos sirvan como ejemplos a seguir. Se han ido dos de ellas, dos seres de la talla de Juan Genovés Candel (Valencia, 1930 – Madrid, 2020) y Julio Anguita González (Fuengirola, 1941 – Córdoba, 2020).

Sería muy difícil glosar la vida y la obra de cada uno de ellos, y más si intentara decir algo distinto a lo que profesionales de los medios, políticos y artistas están manifestando en estos días. Así que he optado por transcribir lo que me he cruzado por correo con mi hermano, amigo, periodista y profesor Manuel.

Después de comentar la pérdida y la soledad en la que dejan un panorama bastante desolador últimamente en cuanto a guías y referentes espirituales y el vacío intelectual que llenaban, me escribe sobre Genovés que “era uno de mis héroes y esa obra por la que se hizo famoso siempre me subyugó. Quizá fuera porque tuvo influencias del pop-art, mi movimiento artístico preferido, pero aquella obra tenía algo de enigmático. Siempre quise conocer el envés, el rostro de las personas que se abrazaban, pero a lo mejor esa era parte de su encanto, la belleza de lo misterioso”.

A lo que le he contestado: “Me movía y conmovía con sus obras. Le he tomado fotos al monumento de Antón Martín cada vez que paso por delante, algo que en estos años de residir fuera he intensificado aprovechando que en cada viaje al foro nos hemos alojado cerca. A tu inquietud, curiosidad, sobre el rostro de las personas abrazadas en la pintura, te invito a ´pensarlo` en la escultura: se están mirando entre sí, sin importar sus rostros, los colores de su piel, la edad de sus arrugas, la tristeza o alegría de sus miradas o la religiosidad de sus creencias. Simplemente se abrazan, un gesto mayúsculo. Una obra paradigmática que estuvo encerrada en un sótano sin merecer siquiera la posibilidad de que la gente pudiera observarla. Algo que tampoco es posible ahora, porque queda para quienes ocupan el edificio de los leones de la carrera de san Jerónimo y no para el disfrute de la ciudadanía. Yo solicitaría que el cuadro formara parte de las salas abiertas del Centro de Arte Reina Sofía o del Museo del Prado o, en últimas, colgando del techo del Auditorio Marcelino Camacho de CCOO”.

Y de Anguita me expresa que contó con “la oportunidad de conocerlo más de cerca. A finales de los ochenta y principios de los noventa, creo que ha había dejado Europa Press para pasar a Servimedia, tuve la ocasión de hacerle una entrevista personal y larga en su despacho. Siempre me gustó -y respeté en grado sumo- su honradez, sus valores casi machadianos, su integridad y su compromiso. Sus orígenes humildes y su discurso a favor de los más necesitados y en contra de los poderosos. Otra cosa bien distinta fue el ejercicio de la política y su comportamiento a veces errático y a veces inexplicable. Recuerdo aquellas largas reuniones del Consejo Federal de Izquierda Unida, que se celebraban en hoteles alejados del centro de Madrid. Se sabía cuándo empezaban, pero no cuando terminaban. Horas y horas interminables de debates, turnos de palabra, contraste de opiniones… Terrible, al menos para mí y para muchos compañeros que, con algo de sorna, definían a esa formación política como ´Izquierda Hundida`.

Tampoco entendí ese buen rollito con Aznar en tiempo de la famosa ´pinza`. Aquellos cafetitos que compartían en la cafetería del Congreso a la vista de todos los periodistas y gustándose a la hora de posar para los gráficos. Machacó mucho a Felipe González, quizá justamente, o puede que no tanto. Ahí no voy a entrar”.

Y ha continuado diciéndome “Me reivindiqué con él y con su figura cuando dejó la primera línea de la política y renunció al mesianismo y a las diatribas sin sentido. Renunció a la jugosa pensión parlamentaria y se quedó con la de maestro. Y entretanto, perdió a un hijo en una injusta guerra, como todas las guerras. Más dolor para su ya maltrecho corazón. Puede que ahora esté muy cerca de él”.

En mi respuesta sobre el político le he contado que: “fue mi esperanza de la recuperación política de la izquierda, de ´mi` izquierda. Después de esa concesión al aire que supuso ceder el poder ciudadano del comunismo apoyando al psoe para las elecciones de 1982, de la bajada de respaldo popular del PCE de Carrillo, y después de Iglesias, y de la pérdida de ilusiones por un verdadero ´cambio`, que se quedó en ´otra manita de pintura`, la llegada del Califa fue un soplo de aire, no sé si fresco pero al menos renovado frente a lo que había. Un político de los de antes, de discurso argumentado y encendido, capaz de charlar durante horas, al más puro estilo de comunista ilustrado, un Fidel Castro de la península ibérica. Sus posibles ´desvaríos`, como lo de la pinza con Aznar que mencionas y que no nos gustaba a la mayoría, tal vez fuera más una llamada de atención porque lo de Felipe en esos tiempos ya era de juzgado de guardia (¿dónde quedó lo que había en aquél de la chaqueta de pana con coderas?).

Y para demostrar su coherencia política y ética, la renuncia a esa vergüenza de pensión vitalicia de unos personajes que son elegidos por un pueblo que requiere 35 años cotizados, 67 años cumplidos y otros requisitos para acceder a una pensión mínimamente digna frente a la desfachatez de quienes les ´representan`”.

Monumento “El Abrazo” de Genovés en la madrileña plaza de Antón Martín (foto: Iñaki Chaves)

He despedido mi epístola reafirmándole que “sí, se nos van los referentes y con el pasar de los años no hay en el horizonte quienes puedan tomar el testigo. Pérdidas irremplazables. Dos días de luto dentro de la tristeza acumulada por la cuarentena, dos personajes que se acompañarán al otro lado del espejo para conversar sobre las contradicciones de ese país y de este mundo”.

Los dos pasaron como entrevistados por las páginas de nuestro añorado Tribuna. Anguita en el número 46 de junio de 1993 y Genovés en el número 152 de febrero de 2003 tras haber decidido el Ayuntamiento de Madrid, a propuesta de CCOO, colocar la escultura “el abrazo” cerca del lugar de la matanza de Atocha del 25 de enero de 1977.

Ambos firmaron, en abril de 2006, junto a cientos de personas del mundo de la política y la cultura, en el 75 aniversario de la II República española, el manifiesto “Con orgullo, con modestia y con gratitud” evocando los valores del republicanismo español como símbolos para un mejor país, más libre y más justo.

Dos luchadores, cada uno desde su trinchera, por la libertad y la dimensión social del ser humano.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: