Incidente

Una mirada desde la comunicación a la (s) realidad (es) trastocada (s) por el acaecimiento de la pandemia

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Bajo el título genérico de “Incidente III. Pandemia (s): Virus en comunicación” la revista Question/Cuestión de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina) ha publicado un número especial sobre el panorama de crisis provocado por la covid-19 visto desde la comunicación.

En este número, en el que la revista se sale, por tercera vez en sus veinte años de historia, de la “formalidad académica”, se recogen los artículos aportados por personas del campo de la comunicación que, desde la academia y desde la calle, abordan la actual situación para contarnos y compartirnos pensamientos, reflexiones, sentimientos y experiencias vividas en estos dos largos meses de cuarentena.

Desde Question/Cuestión convocaron a quienes pensaron “que tenían mucho por decir, que algunxs lo estaban diciendo en otros medios y que otrxs no lo estaban pudiendo decir o lo estaban diciendo como pueden”, todo ello porque sentían, como comunicadoras y comunicadores, la “responsabilidad de hacer circular la palabra, compartirla, ver si encontrábamos el lazo con esos tantos otrxs que nos han confiado (de alguna manera, al menos) el lugar que ocupamos”.

La primera de las dos partes de que constará la publicación ya está disponible y se estructura en siete epígrafes (conflictos, relatos, prácticas, recorridos, experiencias, análisis/origen y análisis/consecuencias), con un total de setenta artículos encabezados por uno a modo de editorial, común para todos las secciones, firmado por el editor de la revista Carlos J. Giordano. La segunda parte está previsto que se suba a la web el 30 de mayo. Lo ya publicado está en acceso abierto en este enlace.

Para Giordano, los materiales que les llegaron en respuesta a la convocatoria son “profusos, profundos, aluvionales. Hermosos y potentes. Casi inclasificables, inagrupables, de tan originales” y van desde lo íntimo y personal hasta lo analítico y descriptivo, pasando por lo polémico y controversial a partir de trabajos individuales o colectivos.

Uno de esos escritos, incluido en la sección relatos, es el titulado “Cuatro cuentos incidentes”, una narración escrita a ocho manos, cuatro cabezas y cuatro corazones en la que sus autoras (es) expresan algunos de los temas que les ha provocado el aislamiento en sus vidas en estos días “envueltos” en coronavirus. Lo pueden leer completo en este otro enlace.

Acá les adelanto su introducción:

Muchas veces, lo que hacemos en nuestras clases buscando la atención de nuestras estudiantes es “echar cuento”. Ahora, en tiempos de cuarentena, queremos plasmar cuatro cuentos sin buscar denodadamente llamar su curiosidad, sino para convocarles a la reflexión pausada, o no tanto.

Dos profesoras nacidas en Colombia y dos profesores, uno también del país andino y otro de la península ibérica, queríamos escribir un cuento, o una carta, a estudiantes y colegas en estos tiempos de pandemia, la primera del siglo XXI, para contarles nuestros abordajes personales y académicos ante el nuevo panorama.

Un incidente en cuarentena

Todos nosotros residentes en Bogotá, aunque eso no importa mucho ahora porque a través de la pantalla, sin la presencia física, da igual dónde te encuentres, nos conectamos con la idea de construir un texto a ocho manos, o cuatro textos de a dos manos que sumaran uno solo. Tal como hicieran lord Byron, Mary Shelley y compañía, provocando el nacimiento de una de las novelas de “terror”, diríamos de denuncia de la exclusión, más interesantes de la literatura universal, nos juntamos, sin tantas pretensiones y no en un castillo sino frente a un computador con cámara, para conversar y dar a luz lo que ahora se les presenta en este texto como cuatro cuentos incidentes.

Cuatro pensamientos fraccionados por la infodemia que acompaña a la pandemia. Cuatro maneras de contar lo que nos está pasando y cómo lo estamos llevando. Los cuerpos hoy aislados de estas cuatro personas dedicadas a la docencia universitaria reflexionan, sin poder discernir claramente si lo que cuentan es más resultado de sus cabezas que de sus corazones, sobre los sentimientos y conocimientos que se han visto sacudidos por lo que supone enseñar, y aprender, bajo una crisis sanitaria como esta de 2020.

Producir imágenes con sentido para interpretar el mundo que habitamos. Pero ¿cómo hacer si el mundo se reduce a tu espacio íntimo, a las cuatro paredes de tu apartamento? Abordar el valor de la fotografía social desde la individualidad de la vida cotidiana en aislamiento es una labor que requiere mucha imaginación.

Afrontar una cartografía social de los cuerpos sin tener presencia de ninguno de ellos es otra tarea ardua. Se extrañan los cuerpos cuando las clases se reducen al aula que supone tu estudio y la pantalla, imágenes y voces pixeladas, por la que intentas conectar tu cuerpo con las corporalidades de tus estudiantes.

Añoramos las clases, los ruidos y los silencios de las aulas cuando intentamos explicar la tarea del día. Pero ¿para qué las clases presenciales si cuando las había las estudiantes se abstraían de todo conectadas a sus dispositivos móviles?, ¿será distinto después de la epidemia? Seguro que será diferente, pero tal vez sea el momento de reflexionar si realmente queríamos y necesitábamos de la presencialidad para enseñar a pensar el mundo.

Un bicho microscópico ha conseguido lo que tanto tiempo venían buscando aquellas personas que defendían a ultranza la internet y sus posibilidades. El triunfo de las individualidades por encima de lo colectivo. Pero no es tan fácil, porque ahora resulta que echamos de menos encontrarnos, las reuniones y los abrazos. ¿Qué vendrá en lo comunicativo después del coronavirus?

La suma de esas cuatro miradas da como resultado una especie de cuento o carta, de mensaje en una botella dirigido no solamente a estudiantes y a la academia, sino a todas las personas que sientan que esta crisis nos da pie para hacer una revolución y proponer el tiempo de la escucha, de redescubrir el tiempo (los tiempos) del otro (de los otros) (Han, 2018), de luchar contra el yoísmo de internet haciendo acciones políticas para prestarnos atención.

Esta es una carta cuento colectiva de ilusiones, de añoranzas, de críticas y de esperanzas. ¿Optimista o pesimista? Más bien, “optipesimista” o “pesioptimista”. O ni lo uno ni lo otro, simplemente cuatro voces que hemos escrito lo que creemos que podemos aportar para que volvamos a escucharnos, haciendo así mas llevadera una situación de crisis inesperada en la que nadie sabe cuándo y cómo saldremos de ella.

Mientras lo conseguimos, aquí tienen estos cuatro cuentos incidentes de las vidas de cuatro docentes que reclamamos, cada una a nuestra manera, el poder de la escucha y el valor de lo corporal para la transformación social.

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