Tristeza de amor

En recuerdo de un gran cantautor

Corren días de penas, tristezas y despedidas. Entre ellas la que sucedió tal día como hoy, 16 de agosto, de hace trece años cuando nos dejó Hilario Camacho, autor de aquella famosa “Tristeza de amor”.

En 1986 dejaba de emitirse en TVE una serie dramática de producción propia que se llamaba “Tristeza de amor”. Esa serie de periodistas de radio, de confesiones nocturnas y sentimientos ocultados, tenía como tema musical principal una pieza homónima del cantautor madrileño Hilario Camacho. La canción no era realmente un tema de amor, era más bien una denuncia de la condición humana, esa que retrataba la serie de ficción buceando en las vidas de los personajes de una emisora.

El último de los episodios, el número trece que supuso su cierre, se tituló “Australia patria querida” y fue emitido el 24 de junio de 1986. Veinte años después, el artista que dio fama musical a la serie y que nos hizo tararear aquello de “tristeza de amor, un mundo cruel…” fue encontrado muerto en su domicilio de Madrid el 16 de agosto de 2006. Tal vez se cansó de aguantar esa tristeza y esa crueldad y decidió no seguir haciéndolo.

Portada del álbum de Hilario Camacho “Tristeza de amor”

Inicialmente, la canción formaba parte del disco de larga duración (LP) “Gran Ciudad” publicado en 1986 por el sello Twins. Unos años después (1994) fue reeditado por Fonomusic con el nombre genérico de “Tristeza de amor”, reconociendo así el valor de su canción más destacada. En el inicial no estaban tres canciones incluidas en éste: “Solo y perdido”, “Tela de araña” y “Juguemos a otra cosa”, y una que sí estuvo, “Las estrellas del rock”, desapareció en la nueva edición.

En sus inicios, Hilario fue un “liberador de la poesía”. Formó parte del grupo Canción del pueblo (1966), un colectivo compuesto en su mayoría por estudiantes de la Universidad de Madrid que musicaban a grandes poetas y cantaban sus propias composiciones. Hilario Camacho publicó ahí un single titulado “Ensayo n° 2” en cuya cara A le ponía música a “El fusilamiento” y en la B a “El son del desahucio”, ambos poemas del cubano Nicolás Guillén, con arreglos de Manuel Toharia y con un texto en su interior del poeta Jesús López Pacheco.

Según Elisa Serna, quien formó parte de ese grupo, lo que querían era “narrar en un lenguaje fácil y directo, (al que se ha unido una melodía pura huyendo de toda comercialidad), situaciones reales o reacciones psicológicas del hombre de la calle, del pueblo, ante los acontecimientos sociales y políticos del momento actual”. Poesía y música, letra y melodía para denunciar o constatar la realidad. Cantautoras y cantautores en toda la expresión de la palabra.

Camacho fue uno de los grandes de la música al que se le hizo el merecido homenaje unos meses después de su marcha. El 23 de octubre de ese año se llevó a cabo un concierto gratuito en su memoria en el teatro Lope de Vega de la capital en el que colaboraron otros grandes artistas como Javier Álvarez, Luis Eduardo Aute, Luis Pastor, Miguel Ríos, Caco Senante, Manolo Tena o Kiko Veneno. Con el lema “¡Va por ti, Hilario!” el evento congregó a una multitud que quiso darle un último tributo al compositor de Chamberí. Moncho Alpuente y Santiago Alcanda, entre otros, ejercieron como maestros de ceremonias en una despedida en la que, como afirmaron Gomaespuma, se dio “todo un máster en música española”. Este dúo humorístico también soltó una puya al respetable público denunciando que en este país la gente “no reconoce las caras de la gente que canta”.

Para Luis García Gil, como escribía en Efe Eme, era un tipo de “talante y con talento”. Un autor y un artista menos reconocido que muchos de sus coetáneos pero de una gran calidad artística y musical que tocó muchos palos sin perder nunca su carácter y su cualidad como compositor e intérprete.

Un lobo estepario en una selva discográfica que muchas veces devora gran parte de lo que en ella crece, acabando con riquezas naturales como la producción musical de Hilario Camacho. Un tipo que, como él mismo decía, era “un señor bajito que cuando cantaba medía más de mil metros”. Él subió y bajó y terminó cayendo, pero su valor y su presencia en el panorama musical hispano no deberían olvidarse. Le cantó al amor, a la tristeza, a la mujer, a Madrid, al Metro, a la soledad… y reivindicó y denunció los problemas sociales de una época complicada para ser y decir lo que se quería.

Cartel del homenaje celebración a Hilario Camacho en 2006

Sus canciones son más intimistas que reivindicativas, aunque lo hacen a su manera, son más delicadas que arrasadoras y más militantes desde los sentimientos que desde la política; pero sus letras lo son con mayúsculas, recogiendo lo que le pasaba por la cabeza y que filtraba su corazón (o tal vez al revés).

En su página web, cuando existía, el autor se presentaba así: “Nací el 8 de junio de 1948 en el barrio madrileño de Chamberí. A los trece años tuve mis primeras gafas, a los catorce conseguí mi primera guitarra y a eso de los quince compuse mi primera canción, se llamaba ‘Pilar’ como una chica que me gustaba”.

Fue un “luchador desde un punto de vista ético, filosófico,… que también cuenta en esta vida”, tal como afirmó cuando la Junta de Extremadura le invitó, en diciembre de 2003, a participar en los actos de celebración de los veinticinco años de la Constitución.

Que no se pierda en la memoria, como una pompa de jabón al viento, la música y la historia de un personaje como Hilario Camacho. Vean y escuchen su concierto en la sala “La Nave” en 1997 (videos incluidos en el recopilatorio “Tiempo al tiempo. Canciones de la calle Hilario Camacho”), o esta interpretación de su “Tristeza de amor”

“¡Va por ti, Hilario!”

Anuncios

Gubern, el director de cromos

Un encuentro con un “teórico con manos” de la imagen y el cine

Todo esto que les voy a contar ocurrió en el mes de noviembre del año 2013. Por avatares de la vida, de la existencia, a veces inexistente, de múltiples idas y venidas, de circunstancias que hicieron que el Tribuna de la FSC-CCOO dejara de publicarse como tal y de otras muchas situaciones que han acaecido en estos seis años, no había podido narrar tan maravilloso y fortuito encuentro.

La vida tiene esas grandes casualidades que construyen las pequeñas historias de los seres humanos. Y a este lado del planeta esas cosas suceden, creo yo, con más frecuencia y facilidad. Caminábamos tranquilamente hacia el occidente por la acera sur de la calle 23 y, a la altura del teatro Faenza, nos encontramos con el director de cromos. Sí, parecería hecho a propósito, pero era pura suerte. A la puerta del auditorio Fundadores de la Universidad Central estaba el profesor Román Gubern, el que fuera en su juventud director de cromos de la editorial Bruguera. Él y yo ya habíamos cruzado algunos correos electrónicos, cuando todavía me encontraba en la secretaría de Comunicación de la FSC-CCOO, y habíamos comentado la posibilidad de que le entrevistara. Y mira tú por dónde, nos vamos a cruzar en una calle de Bogotá. Me acerqué a él, le saludé y cuadramos para vernos en su hotel por la tarde.

Román Gubern durante la entrevista (foto: Beatriz Múnera)

Román Gubern nació en Barcelona el 8 de agosto de 1934, es doctor en Derecho por la Universidad Autónoma de Barcelona (1980). Desde 2004, tras su jubilación, ejerce como Catedrático Emérito en la misma institución y dirige, desde 1998, el máster de Documental Creativo. Profesor honoris causa de la Universidad de Lima (1995), medalla de la Asociación Española de Historiadores del Cine (2004), medalla de Oro de las Bellas Artes (2010), Premio Sant Jordi de Cinematografía de Radio Nacional de España (2011) y doctor honoris causa de la Universidad Carlos III de Madrid (2013), entre otros títulos y premios.

Es autor de más de cuarenta libros, desde La televisión (Bruguera, 1965) a Dialectos de la imagen (Cátedra, 2017) pasando por la inigualable Enciclopedia erótica del cómic (Cátedra, 2012, en colaboración con Luis Gasca), y de una veintena de guiones para el cine. Un académico, un semiótico y un estudioso del lenguaje y de la imagen que creo que es, sobre todo, un amante del cine. Su Historia del cine (Danae, 1969) es una palpable muestra de ello, una visión biográfica de un arte que es espectáculo, industria y comercio: “Quien defina el cine como arte narrativo basado en la reproducción gráfica del movimiento, no hace más que fijarse en un fragmento del complicado mosaico. Quien añada que el cine es una técnica de difusión y medio de información habrá añadido mucho, pero no todo. Además de ser arte, espectáculo, vehículo ideológico, fábrica de mitos, instrumento de conocimiento y documento histórico de la época y sociedad en que nace, el cine es una industria y la película es una mercancía” (1989, p. 11).

En El simio informatizado (Fundesco, 1987) nos avisaba de las brechas producidas por las tecnologías: “La civilización tecnológica (…) impone (…) la reconversión del Homo faber de la era industrial en el nuevo Homo informaticus, so pena de degradar a quien no dé tal salto a la categoría de arcaico, obsoleto e inútil socialmente. Al nuevo Homo informaticus se le exigen no sólo unas nuevas habilidades (el know-how), sino, además, una nueva conciencia. Esta presión puede conducir a (…) aumentar la fosa o desnivel de información y de poder entre los ciudadanos de status socioeconómico alto (…) y los ciudadanos pobres preinformáticos, que suelen padecer además por similares razones una discriminadora marginación massmediática (…). De modo que tal desequilibrio vertical consolida bolsas de población con más dificultades para acceder a una información variada, solvente y pertinente, por falta de canales técnicos de comunicación apropiados” (p.95).

Y en Del bisonte a la realidad virtual (Anagrama, 1996) hacía un análisis de nuestro entorno adelantándonos que “La progresiva difusión de la tecnología de la realidad virtual, irradiada desde los centros de investigación informática de las sociedades posindustriales, ha coincidido con una creciente colonización del imaginario mundial por parte de las culturas transnacionales hegemónicas, que presionan para imponer una uniformización estética e ideológica planetaria” (p.7), tras hablarnos de la leyenda de la doncella de Corinto que Plinio el Viejo señala como el invento del arte de la pintura y que da inicio a la práctica de dibujar lo ausente mediante su imagen virtual (p.9).

La última de sus obras que he leído, Metamorfosis de la lectura (Anagrama, 2010), me llamó la atención por ese afán que tengo últimamente de perseguir todo lo relacionado con esa palabra tan kafkiana y que en el texto de Gubern se materializa en cómo cambian las palabras y la lectura que hacemos de ellas. Dicen que es una “historia portátil de la lectura”, un recorrido por la evolución de la escritura y la lectura desde el alba hasta el ocaso y lo que nos deparará el futuro a los seres humanos y a nuestras relaciones con los libros y sus lecturas. Las múltiples metamorfosis habidas en las personas y sus culturas.

Coincidiendo con su ochenta y cinco cumpleaños, creo que es momento de hacer públicos algunos extractos de lo conversado entonces como un pequeño homenaje a uno de los grandes pensadores de la imagen. Entonces, estaba alojado en plena avenida Jiménez, en el mismo centro de la capital. Le llamamos desde la recepción del hotel y en quince minutos se presentó en el hall. Nos sentamos a charlar amigablemente de su estancia en Colombia, después de tres años sin venir, de cuál era la situación del país, de cómo nos iba en la ciudad, de qué hacíamos y de que si nos habíamos adaptado.

Al cabo de una hora de contestar más a sus preguntas que de hacérselas, le planteamos la entrevista y, amablemente, accedió. Buscamos un buen lugar donde conversar. En una salita del tercer piso, por la que apenas transitaba gente, justo encima del restaurante, nos situamos e iniciamos el diálogo. Como buen narrador, nos presentó una panorámica de sí mismo jalonada de flash backs. Un repaso a su vida, a sus libros y al cine. Un encuentro de más de dos horas con mucha miga, buen ambiente y una sonrisa en el que nos ofreció multitud de estampas en blanco y negro que con sus palabras se fueron tiñendo de colores.

Su primera visita a América Latina. Fue como enviado de la Unesco en 1977, tiempos en los que asistió a un congreso en una universidad de Lima, con Miquel de Moragas y Martín Serrano, que se llamaba “Comunicación y Poder” y del que recordaba dos cosas: “una, en la sesión última apareció un aymara que dio una conferencia en su idioma; y otra, que una estudiante se me acercó para decirme que en su clase daban mi separata, una fotocopia de un capítulo de uno de mis libros. Años después la rectora me nombró profesor honoris causa”.

Por aquel entonces todavía no había recibido el honoris causa de la Carlos III ni había entrado a formar parte de la Real Academia de Bellas Artes, distinción esta última que ya le habían ofrecido y que había aceptado. Confesándonos que “lo que la gente no sabe es que aceptar esta distinción te cuesta dinero porque tienes que correr con todos los gastos de viajes, alojamiento y coctel. Así que, antes de aceptar, hay que preguntarse cuánto cuestan los honores”. Reconocimientos que admitió que, en España, casi siempre llegan tarde.

Narraciones de su infancia. Nos contó de aquellos años de la guerra civil española: “Soy niño de la guerra civil con una familia dividida políticamente en dos, como, por desgracia, muchas otras. Y además, de la alta burguesía. Mi familia paterna era republicana, mi abuelo fue presidente del Tribunal Supremo de Cataluña durante la República. Por la rama materna mi abuelo era banquero, monárquico y de derechas. Perdió la rama paterna, con exilio, represalias y depuración, y nos tocó vivir de la rama banquera y fascista materna. Estas cosas a un niño pequeño, aunque no se dé cuenta, le marcan. Por ejemplo, durante la segunda guerra mundial mi padre iba a favor de los aliados y escuchaba la BBC y mi abuelo materno estaba a favor de Hitler. Las tensiones se vivían y seguro que me afectaban. Un día mi padre, escuchando la radio, pegó un bote de alegría y le pregunté ¿qué pasa? Él me contestó que los aliados habían desembarcado en Sicilia, lo cual para mí no significaba nada. Durante la comida que siguió, con el abuelo presidiendo con cara larga, el aire se podía cortar”.

Primeros estudios. De sus inicios en los estudios nos comentó: “Mi padre me llevó a un centro de la Diputación para que me hicieran una prueba psicotécnica. Al terminar, el director me dijo que tenía capacidad para estudiar lo que quisiera. Me preguntó que qué quería estudiar y le dije que ingeniería de telecomunicaciones, y el sabio director me contestó ´eso no tiene ningún futuro`. Era el año 1951 y sólo podría trabajar en transmisiones del ejército o en la compañía aérea de aviación. Ahí se acabó la reflexión sobre mi futuro. Era lo que me gustaba y, en el fondo, lo que aprendí estudiando electrónica ha tenido relación con mi actividad y me ha servido para mi labor como comunicador”.

Secretos. Nos compartió algo que estaba seguro no sabíamos: “y que merece la pena que se sepa. Durante una cena, hace años, Jorge Semprún me contó que cuando fracasó la guerrilla en los Pirineos, porque los aliados rápidamente valoraron a Franco como un freno para el comunismo soviético, el politburó, en el que estaban Pasionaria, Carrillo y Claudín, se fue a Moscú a pedirle consejo a Stalin. Según Semprún, Stalin les dijo que recordaran lo que habían hecho los bolcheviques cuando fracasó la revolución en 1905, infiltrarse en las fábricas, en los sindicatos, en las universidades, en los colegios o en los aparatos del Estado. Y esa fue la política del Partido Comunista de España y de ahí vienen las Comisiones Obreras”.

La Historia del cine de Gubern en la edición de 1989 de la editorial Lumen

El mundo del cine. Sobre su primer contacto con el mundo del cine como infiltrado en el cineclub del sindicato fascista de estudiantes SEU nos dijo: “En la universidad, con una gran incultura cinematográfica, yo tenía un gran interés por el cine. Así que, cuando un directivo del SEU me ofreció hacerme cargo del cineclub, yo, con una gran irresponsabilidad, dije que sí. Por entonces se estaba preparando en Madrid una asamblea de cineclubes del SEU y Barcelona no podía faltar. Fui un infiltrado porque yo ya era, por sensibilidad, un antifranquista silvestre, con poca información, pero lo era. De hecho, lo primero que hice fue buscar contactos en Francia e importar copias de películas que no se veían en España: El acorazado Potemkim, Tierra sin pan, etc. Teníamos una gran incultura política, pero sabíamos que los buenos eran los soviéticos, y Buñuel, del cual, por cierto, no habíamos visto ninguna película. Y he de decir que todas se lograron proyectar salvo Potemkin que fue expresamente prohibida por el gobernador civil”.

Su primera experiencia en París. Fue su primera escapada: “En mi familia habíamos pasado de ser alta burguesía a clase media. Y como no me veía en la gestoría de por vida, un verano decidí el paso más importante de mi vida: la fuga. Tenía unos pequeños ahorros y supe que en agosto de 1958 había una reunión de cineclubes cerca de París. Ya me había atrapado el veneno del cine y pensé que si encontraba una oportunidad me quedaba en Francia. Llegué allí y conocí a un debutante director de cine, un tal Polanski, que presentaba un corto titulado Dos hombres y un armario. Como yo hablaba bien francés, puesto que había pasado la guerra civil en Francia, y éramos tocayos hubo un buen entendimiento. Al acabar la reunión me fui a París y contacté con algunos exiliados de la Universidad. Tuve la extraordinaria suerte de que se iba a inaugurar la asamblea bienal general de la UNESCO en un nuevo edificio. Y estaban buscando gente con idiomas para atender a las delegaciones. Hablaba español, francés e inglés y me admitieron. Te contrataban desde unas semanas antes hasta unas después de finalizar la asamblea y tenía un buen sueldo. Coincidí con los viejos republicanos españoles que todavía colaboraban con la organización e intenté quedarme en la UNESCO, aunque no pudo ser pero me quedé un año en París, donde visitaba la Cinemateca francesa y aprendía de cine en aquel lugar que para los españoles era un paraíso en todo”.

La editorial Bruguera. De su paso por esta entidad nos confesó que fue su “primer trabajo fetén, asalariado y estable en España fue al terminar la carrera de Derecho”. Una empresa que era “la reina de los quioscos con las novelas del Oeste, Corín Tellado, las del FBI, …” y en la que ejerció como director de la sección de cromos: “Había que planificar las colecciones, encargar los dibujos, realizar los textos, etc. Fue mi primer contacto profesional con las industrias de la imagen, como asalariado y de plantilla”.

Nos ilustró su paso por esa labor con otra anécdota: “En el despacho de al lado tenía al jefe de portadas de las novelas baratas para los quioscos. Venían los ilustradores a presentar los diseños para las carátulas y este señor las miraba, les decía que estaban bien y les despedía pidiéndoles a cada uno de ellos que le pusieran un poco más de amarillo y que se las volvieran a traer. No me aguanté la curiosidad y le pregunté que por qué les pedía a todos lo mismo. Y me respondió ´el señor Bruguera tenía la teoría de que en el mosaico que es un quiosco el amarillo es el color que más destaca`. No era ninguna tontería, sino la visión del amo experto y veterano que sabía qué paño trabajaba. Estuve dos años en ese puesto. Honradamente, debo decirte que aprendí bastante. Mi última colección de cromos de Bruguera que edité fue La conquista del Oeste, que se iba a estrenar en cinerama. Me dieron el guion en inglés y unas trescientas diapositivas y tuve que ir identificando cada una de ellas con la parte del guion a la que correspondía”.

Colaboraciones cinematográficas. Dejó la editorial cuando Vicente Aranda le ofreció colaborar en un guion de cine: “Aranda era miembro de una familia obrera modesta que había emigrado a Venezuela en la posguerra, volvió a España con sus ahorros y quería dedicarse al cine. Yo había colaborado con Goytisolo en la fotografía de ´Campos de Níjar` y un día Luis me presentó a Vicente y me planteó colaborar en un guion de cine. Él iba a ser el productor y el director, trabajamos juntos en el guion, e hicimos la película. Pasó la censura del ministerio de entonces pero hubo un requisito que no consiguió. En esa época, el compañero Bardem presidía la ASDREC (Agrupación Sindical de Directores y Realizadores Españoles de Cinematografía), cosa que hacía con orgullo porque decía que había conseguido crear una “célula” horizontal dentro del sindicato vertical del espectáculo. La famosa infiltración que decía Semprún. Para poder hacer una película, esta especie de sindicato tenía que dar un visado y como Aranda acababa de llegar de Venezuela no tenía ninguna historia dentro del gremio y no se lo dieron. Así que lo tuve que pedir yo y buscar una forma de colaboración entre los dos. Él la financió y dirigió y yo figuré como codirector. La película, ´Valiente porvenir` (1964), era una especie de crónica de la burguesía catalana y tuvo una vida gris sin mucho éxito. Fue mi debut profesional en el cine y, la verdad, no quedé muy contento”.

Los contactos con el Partido Comunista. Tuvo sus primeros escarceos con el comunismo durante su estancia en París. Después, en España, se acerca de nuevo a través de la productora UNINCI: “Los años 60 se corresponden con mi contacto orgánico con el Partido Comunista a través del vínculo con la productora que se había creado en Madrid, con Juan Antonio Bardem y Domingo Dominguín, ligada al partido. Empecé a frecuentar esa productora y a militar en el PSUC a mediados de los sesenta. Lo hice hasta 1968, con los eventos de París y la invasión de Checoslovaquia, ataque contra el que había hecho una intervención Pasionaria. En Francia se consiguen buenos y merecidos beneficios laborales pero lo que se quería, ilusoriamente, era derribar el Estado burgués. No hice ningún escándalo ni declaración pública pero comencé a distanciarme y a alejarme de la militancia activa. Seguí colaborando en acciones puntuales”.

La escritura bajo seudónimo. Gubern ha publicado varias obras bajo diferentes seudónimos que “siguen siendo una cruz” para él. Algo a lo que ha intentado poner orden en la oficina del ISBN donde existen varias fichas con diferentes nombres suyos: “Estando dirigiendo la sección de cromos de Bruguera, había colecciones de divulgación. Escribí diferentes títulos firmados con seudónimos. El único que firmé con mi nombre, de los cinco o seis que hice, fue La televisión porque aportaba cosas novedosas frente a los otros que eran refritos. Aunque algunos tuvieron éxito y se reeditaron, como La historia de las religiones”.

Pero lo volvió a hacer en su libro La confesión de Carmen, título que escribe bajo el seudónimo de Claire Guillot: “Sí, es cierto. Lo de Claire Guillot ha sido una recuperación, no diría nostálgica pero sí intencionada, de esa práctica de escribir con seudónimo que había hecho en los años 60. Lo hice por varios motivos, es mi primera y única novela y me parecía bien que lo firmara una mujer ya que es la historia de Carmen contada por ella misma. Lo escribí a raíz de otro libro mío al que tengo mucho cariño, Máscaras de la ficción (Anagrama, 1970), sobre grandes arquetipos narrativos (entre ellos la Carmen de Merimée). Al escribir el capítulo de Carmen ya expliqué que su historia la conocemos a través de la voz de un hombre, ese don José, condenado a muerte y vengativo, que se la cuenta al narrador. Y añadía que su historia sería muy distinta si la hubiera contado ella misma. Esa idea me quedó larvada y un verano con tiempo libre me decidí a escribirla. Lo hice como entretenimiento, cambiando el final y guardándola en un cajón. Hasta que cenando con una amiga filóloga se lo conté, le encantó y me dijo que lo tenía que publicar. Le comenté que sólo lo haría si tuviera un aval académico, un prólogo de alguien con autoridad literaria que lo avalase. Envió el texto a Darío Villanueva (entonces secretario de la RAE), que le ha hecho un prólogo espléndido. Y ha tenido muy buenas críticas” (Babelia, 1 de septiembre de 2012).

Imagen de la cabecera de la serie documental “El ojo y la palabra” dirigida por Gubern para Televisión Española

Los documentales. Román Gubern dirigió para televisión “El ojo y la palabra”, una serie documental sobre la relación de la Generación del 27 y el cine a partir de su libro Proyector de luna. La Generación del 27 y el cine (Anagrama, 1999): “A raíz de este libro, Televisión Española me llamó, concretamente el jefe de canales temáticos, para hacer una serie de televisión con ese tema que es muy atractivo y recuperar el idilio de los jóvenes del 27 con el cine y la modernidad. De ese encargo nació una serie que tenía que tener seis capítulos y que quedó reducida a cuatro por falta de presupuesto. Se pasó por televisión con éxito y se proyectó en la Residencia de Estudiantes de Madrid”.

Cuando le planteé que ese material no estaba siendo bien aprovechado, ni por la sociedad en general ni por las escuelas de cine en particular, me respondió: “Estoy de acuerdo contigo. No voy a decir que la serie es muy buena pero sí creo que es muy útil porque está muy bien documentada y con muchos testimonios. Precisamente el año pasado tenía que haber venido a Colombia para dar una conferencia en torno a esos documentales con motivo del curso sobre televisión y periodismo. No me voy a quejar porque yo cobré lo que debía por la serie, pero sí estoy algo frustrado porque comparto tu opinión de que ha sido subutilizada”.

El erotismo en el comic. Terminamos hablando de su Enciclopedia erótica del cómic, que define como “el primer libro sobre el erotismo en el cómic que se publica en el mundo”. Gubern, como teórico de la imagen, ha sido pionero es el estudio del cómic: “Mi primer libro sobre el cómic es del año 1972, El lenguaje del cómic, una época en la que estaba de moda la semiótica. Yo conocí a Eco, que ya había publicado Apocalípticos e integrados, un libro que nos influyó mucho, y en comunicación y colaboración con Enric Sió hablamos de sistematizar el lenguaje de los comics. Gasca, que me hizo el prólogo de El lenguaje del cómic, y con el que he colaborado varias veces, tiene la mejor colección de comics de Europa”.

Esto es una parte de lo que dio de sí nuestra conversación con este práctico de la imagen que es, tal vez, más conocido como teórico: “Porque creo que con la práctica se enriquece la teoría y viceversa. A mis alumnos siempre les he comentado lo que decía el gran maestro húngaro, del que casi nadie se acuerda, Béla Balázs, que hacía un elogio de lo que él llamaba el teórico con manos. Y yo me considero así, un teórico con manos al que la praxis le ha enriquecido su reflexión teórica y cuya teoría ha sido muy útil para su praxis. Hay una retroalimentación”.

¡Felicidades, maestro Gubern!

Rebeldía

Manifestarse por la paz en un país cuyo gobierno defiende la guerra es un acto de resistencia

Bajo la etiqueta “#26Jmigritoes” el Movimiento Defendamos la Paz convocó a la población colombiana a marchar por la vida y en defensa de los líderes y lideresas del país.

Colombia grita paz (foto: Iñaki Chaves)

Una resistencia que se repitió en forma de caminatas o de plantones en más de cincuenta ciudades del país y en otras tantas en el extranjero. Un evento que coincide con una fecha “rebelde” por naturaleza y que algunos denominan el “Día de la Rebeldía Nuestroamericana” en recuerdo del intento, en ese día de 1953, de derrocar el régimen dictatorial de Batista en Cuba.

Los gritos de “No más” y “Nunca más” resonaban en las plazas y calles del país andino en las voces de las miles de personas que secundaron la convocatoria. En Bogotá, un grupo de manifestantes llevaron en volandas hasta el escenario situado en la plaza de Bolívar una larga sábana blanca con los nombres de las 478 personas líderes sociales asesinadas en los meses transcurridos desde la firma de los acuerdos de La Habana entre el Gobierno del entonces presidente Santos y la guerrilla de las FARC-EP. Cifra respaldada por la Defensoría del Pueblo y que otras instancias elevan hasta las más de seiscientas víctimas, entre las que se encuentran los asesinatos de 136 personas excombatientes de la citada guerrilla.

No estoy de acuerdo con que la paz no tiene color político. ¡Claro que sí! Lo que no significa darle los tintes de cualquier partido o cabecilla político. No es hacer politiquería, es gestionar una verdadera política de Estado.

En un país donde el gobierno no quiere la paz y miente diciendo que “sí, pero que no ésta”; que persigue los actos delictivos de las guerrillas, como debe ser, pero permite la existencia de grupos armados fascistas; cuyo presidente participa en Cartagena en esta marcha y tiene el cinismo de afirmar que lo hace “para que Colombia rechace la violencia, el narcotráfico y la corrupción”; que ha dejado a su suerte, incumpliendo los acuerdos, los territorios abandonados por las FARC, y que dinamita todo lo que suene a la paz acordada en la capital cubana, las manifestaciones tienen que tener el color político de la verdad y de la justicia para con las y los líderes sociales y con toda la población que cree en la paz.

No más líderes ni lideresas asesinadas (foto: Iñaki Chaves)

El color y las voces de la paz, tal como recogían las pancartas que jalonaban la marcha en Bogotá y como rezaba la proclama que diferentes líderes y lideresas leyeron antes de finalizar el acto en la plaza principal de Bogotá: “Porque al matar a una líder, nos matan también a nosotros; porque al matar a otro líder, están matando la esperanza de un país en paz y mejor. ¡Despertemos! Gritamos con una sola voz: ¡No más, nunca más! Defendamos la Paz”.

La paz tiene que tener el color de la ciudadanía decente, de los derechos humanos, de la dignidad y de la democracia. No tiene que teñirse del color de la violencia, ni de la corrupción, ni de los falsos positivos ni de la impunidad de los criminales.

Debe tener una ciudadanía activa y comprometida que se manifieste por la paz, por la justicia social y contra la violencia. Contar con testigos que la documenten, como Jesús Abad Colorado, que registren que Colombia necesita la paz, que sus gentes quieren la paz y la demandan. Tiene que defender la alegría de vivir y cantarla, como hizo César López con la letra de “Un beso y una flor”: para encontrar un lugar donde el sol cada mañana brille más, donde el cielo se una con el mar, donde pensemos con las sonrisas, donde las estrellas nos acompañen y que con las manos de todas las colombianas y colombianos podamos encontrar una ilusión: la de vivir en paz.

¿Por qué la máscara? Porque nos están matando (foto: Iñaki Chaves)

En este país en el que la paz es de todos los colores, como sus verdes. Es del color blanco, de los colores del arco iris de los movimientos LGTBIQ, del color de la piel de todas las mujeres y los hombres que son perseguidos por pensar distinto, por sus ideas.

Nuestro grito debe ser un grito por la PAZ.

 

Mujeres farianas

“Nunca invisibles” es un documental para conocer y escuchar a las mujeres excombatientes

Una de las consecuencias de los acuerdos de paz firmados entre el Gobierno del presidente Santos y las FARC-EP ha sido la posibilidad de escuchar otras voces. En este caso las de mujeres como Marina, Patricia, Nancy, Esther o Yorli. Todas ellas guerrilleras, amantes, madres,… mujeres de la Matria. Mujeres que quieren que se oiga su versión del conflicto armado; mujeres que hacen memoria para dejar de ser invisibles, para poder resignificar sus vidas, mujeres farianas que quieren sumar sus palabras a la memoria del país.

El grupo de mujeres farianas durante la presentación del documental el martes 11 de junio de 2019 (foto: Iñaki Chaves)

Las cinco mujeres protagonistas del documental formaron parte de las FARC-EP durante el conflicto armado y ahora están viviendo, unas en el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación Antonio Nariño (ETCR), de Icononzo (Tolima), y otras en Bogotá. Ellas han unido sus fuerzas y sus memorias para narrar su paso por la guerrilla en un documental titulado “Nunca Invisibles: Mujeres Farianas, adiós a la guerra”.

Y eso es lo que están haciendo y nos cuentan en ese documento audiovisual, decirle “adiós a la guerra”, esperanzadas, reconociéndose en lo que fueron, son y serán. Relatan que, a pesar de todo, su vida en la guerrilla fue una vida hermosa, pero no quieren volver a la guerra, le quieren poner resistencia porque fue muy dolorosa y les dejó heridas físicas y anímicas.

El audiovisual fue presentado por primera vez en el propio ETCR el 24 de noviembre de 2018 y su lanzamiento “oficial” fue en el Museo Nacional de Bogotá el 26 de noviembre. Desde entonces ha estado recorriendo el país para mostrar la voz de las mujeres y la otra cara de la guerra. La intención del colectivo Nunca Invisibles: Memorias de mujeres excombatientes y exclandestinas de las FARC-EP es dar a conocer las realidades ocultadas de uno de los actores del conflicto armado colombiano, las de las mujeres guerrilleras. La iniciativa surge tras la firma de los acuerdos para contar su versión de la historia con sus propias voces y aportar otra mirada a lo que ofrecen a la sociedad los medios de difusión.

Además del video hay cuatro textos que narran las historias de vida de las mujeres farianas, sus anhelos y sus experiencias. Son crónicas escritas a partir de las vivencias de algunas mujeres de las FARC incluidas en el proyecto “Nunca invisibles”, que ha contado con el respaldo del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) y con recursos del Gobierno de Canadá a través del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD.

El documental ha sido exhibido de nuevo el pasado martes 11 de junio en el auditorio “Somos Generación de Paz” del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de la capital colombiana. Pueden invitar a este grupo de mujeres a que cuenten su historia y a que muestren ese video que las retrata desde ellas mismas. Es un documento que ofrece conocer unas historias “en las que la sociedad encontrará más puntos en común que diferencias, porque invita a la reflexión y la comprensión desde la humanidad”, según reza la noticia publicada por la Alta Consejería para los Derechos de las Víctimas, la Paz y la Reconciliación en su web.

Imagen del documental “Nunca invisibles”

Liliany Obando, socióloga de la Universidad Nacional y lideresa de esta iniciativa dice: “Lo que tratamos de hacer es resignificar lo que fue nuestra vida desde la niñez hasta el paso por la guerrilla y la dejación de las armas. Quisimos desestigmatizar todo lo que se ha dicho alrededor de las mujeres de las FARC desde afuera, por eso quisimos contar la memoria desde nuestras propias voces”.

En las filas de las FARC-EP cerca del 40 % eran mujeres. Las que han conseguido sobrevivir están ahora apostándole fuerte a la paz, esperando el cumplimiento de los acuerdos y, mientras tanto, participando en labores educativas, en iniciativas de cooperativismo, engrosando las filas del partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común o trabajando con la palabra y la imagen, como este grupo protagonista del documental “Nunca Invisibles: Mujeres Farianas, adiós a la guerra”.

Un documental dedicado no sólo a las mujeres farianas, sino a todas las mujeres de todos los colores presentes en cualquier rincón de esa Matria que es Colombia, a las luchadoras “que no quieren seguir siendo invisibles, a las de ayer, hoy, mañana y siempre”. Un homenaje a esas “tejedoras del cambio y la reconciliación”.

Comprometidas con la palabra para construir un país incluyente y justo.

Voces de mujeres, de mujeres en paz que construyen paz.

Un Tribuna especial

Un número “cero” de aquel histórico periódico en homenaje a Jesús Vicente por su jubilación.

En este mes de junio ha salido a la calle, pero casi sin ver la luz, al escondido y directamente a las manos de quienes lo han hecho posible, un número especial de Tribuna, el que fuera órgano de información de la Federación de Servicios y Administraciones Públicas (FSAP) de Comisiones Obreras.

Portada del número especial de Tribuna dedicado a Jesús Vicente

El motivo de este número, único y exclusivo, ha sido reconocer y celebrar al que durante años fuera su director: Jesús Vicente. El “animal”, como muchos le llamaban, ha decidido jubilarse. El Quijote con pinta de Sancho había vuelto a su puesto como funcionario de prisiones (Instituciones Penitenciarias) desde que la Federación de Servicios a la Ciudadanía (FSC), resultante de la fusión de la antigua FSAP con la Federación de Comunicación y Transporte (FCT), decidiera, erróneamente a mi juicio, prescindir de sus servicios.

Aquella fusión no fue muy agradable. En lo sindical fue casi una privatización de lo público dentro del sindicato, y en lo humano significó, para quienes veníamos de la FSAP, un desplazamiento interno. Lo tomamos con paciencia y dignidad porque sentíamos los colores de la federación y de CCOO y seguíamos defendiendo el valor de un sindicato de clase y de su periódico, el Tribuna.

A Jesús Vicente, tras estar al frente de la dirección del medio desde inicios de los 90 del siglo pasado hasta la citada fusión, le “pensionaron” sin mediar justa causa. Para nada sirvieron sus años de dedicación plena al periódico y al sindicato; tampoco valoraron su papel en la renovación del medio y en su tarea para modernizarlo con la página web.

Aquel Tribuna no fue cualquier cosa. De hecho, siempre digo que tuvo más fuerza y presencia en la organización y en el sindicalismo de lo que muchas personas pensaban. En ese medio llegaron a firmar artículos personalidades de la talla de Enzo Bernardo, Carlos Berzosa, Vicenç Navarro, Juan Torres o, incluso, José Saramago. Además de las cabezas visibles de la federación, de otras federaciones y de la Confederación Sindical de CCOO.

En sus páginas fueron entrevistados personajes destacados de la cultura, la política y el periodismo. De Juan Genovés a Almudena Grandes, de Inés Sabanés a Teresa Aranguren, de Iñaki Gabilondo a José María Izquierdo, por mencionar solamente algunas de las muchas y muchos que dejaron sus declaraciones en los más de doscientos números y casi cuarenta años, con sus correspondientes altibajos, en los que el periódico estuvo impreso y en la calle.

Hoy, por obra y gracia de algunas personas descerebradas que no saben valorar la historia y la memoria, no podemos consultar esa publicación salvo que guardemos los ejemplares en nuestra biblioteca. En tiempos de nuevas tecnologías, algunas viejas maneras de acción política han ninguneado la existencia de un clásico del sindicalismo español, el Tribuna de la FSAP. Un medio que fue “hogar” de muchas y muchos sindicalistas, refugio de lo “imposible” y nave de nuestros viajes hacia las Ítacas utópicas de los retos sindicales y laborales. Prueba de ello la “casi eterna” lucha por aquel largamente perseguido Estatuto de la Función Pública.

Jesús Vicente en los preparativos de celebración del número 200 de Tribuna (foto: Iñaki Chaves)

Hoy, su director más longevo también deja el trabajo activo y pasa a tomarse su tiempo y su espacio para disfrutar la vida, para montar en bici, devorar libros y quedar a charlar y a compartir un vino con sus amistades, las muchas que hizo en sus años de sindicalista y periodista comprometido.

Porque como escribiera Benedetti

“(…) en la calle codo a codo / somos mucho más que dos / y por tu rostro sincero / y tu paso vagabundo / y tu llanto por el mundo / porque sos pueblo te quiero / (…) y en la calle codo a codo / somos mucho más que dos”

A la memoria y a la salud del Tribuna y de Jesús Vicente.

Un abrazo, camaradas. “Hasta la victoria, siempre”.

Una taza para la paz

Un símbolo para caminar entre ríos y silencios

En el centro de ese largo e interminable camino para la paz nos podemos encontrar simbolismos como una sencilla y simple taza.

La lámina de Goya (izqda.) y la obra de Echavarría y Grisalez (dcha.) (Composición Iñaki Chaves)

Alrededor de ella se pueden construir narrativas para la paz. Un objeto inerte que cobra vida para narrar la memoria individual y colectiva. Una taza que, en este caso, ha recorrido dos países y doscientos años, desde la España de Goya y sus grabados hasta la Colombia de los trabajos de Juan Manuel Echavarría y Fernando Grisalez.

Hay otras miradas sobre un pocillo como símbolo que nos une a la vida a través de sus usos y significados. En ese recipiente hay cooperación, colaboración, hay solidaridad, hay reconocimiento, hay, tal vez, desde un “compartir” hasta un “amar”.

En las tazas hay alma de la vida, de las vidas que se pierden en la huida o en la persistencia. Una taza, además de su función cotidiana, podría ser también cualquier otra cosa, como la imagen de la paz en la que se concentran todo el dolor y toda la poesía que rodean las guerras y sus desastres humanos y sociales.

La taza como vínculo con la vida en territorios asolados por la muerte, por los desastres de una guerra dieciochesca o por las incongruencias de un conflicto armado que por sus ilógicas no tiene ya ni fecha. Un utensilio que une en su concepto la muerte y la resistencia.

¿De qué sirve una taza?, titulaba Goya una de sus láminas de los desastres de la guerra. El mismo título toma prestado Echavarría para enmarcar uno de los restos encontrados en las visitas, con su colaborador Grisalez y su equipo de la Fundación Puntos de Encuentro, a los campamentos abandonados por la guerrilla de las FARC-EP.

Todavía hay una guerra en Colombia, aunque haya quienes la nieguen, hay muertes violentas sin sentido en una tierra que necesita muchas tazas para la paz. Que busca sus ríos y sus silencios, para que los primeros queden limpios de cadáveres y para que los segundos hagan escuchar sus gritos de ¡basta ya!

Deberíamos ponerle el oído a esas tazas que rememoran lo humano y lo salvaje, lo compasivo y lo grotesco, lo pacífico y lo guerrero de unas guerras inhumanas e inútiles, como todas. Que escuchemos cómo los ecos y los sorbos de una taza nos gritan paz.

En esos útiles caseros hay soledades compartidas para entender las exclusiones y los desplazamientos de las víctimas de las guerras. Hay realidades ocultadas, hay, más que despojos humanos, desechos espirituales que no tendrán descanso en la vida terrenal y no deberían tenerlo en la otra, donde quiera que se encuentre.
Una taza será el camino de la paz, quizás un viaje a ninguna parte. Pero en el recorrido artístico, ético y estético nos sirve de nexo social para seguir caminando y creyendo que sí hay una meta y que el café que compartimos nos puede unir en esa búsqueda de la paz.

¿De qué sirve una taza?

Sirve para construir la memoria, para narrar los cuerpos y los territorios en el conflicto, para ponernos en diálogo con la historia, para vincular la vida y la muerte, para un saludo y una despedida. Porque entre la supervivencia y la huida hay una taza como símbolo de lo que fue y lo que ya no será, la taza como lazo de unión con la vida que se nos va o la que nos quitan.

En una taza hay ríos y hay silencios, y en su discurrir entre las aguas y los sonidos encontramos o podemos encontrarnos con esa taza que nos une a la vida cuando tomamos el tinto mañanero, o el jugo del almuerzo o el agua panela para intentar calentar los cuerpos antes de dormir, o en el insomnio que nos mantiene vigilantes ante la incertidumbre de si habrá un mañana, de si alcanzaremos a ver la luz del nuevo día.

“Si las puertas de la percepción se depurasen, todo aparecería a los hombres como realmente es: infinito. Pues el hombre se ha encerrado en sí mismo hasta ver todas las cosas a través de las estrechas rendijas de su caverna”. (W. Blake)

 

África y la mujer árbol

África es mujer y Wangari Maathai su árbol

África representa el lugar donde nació la vida y ella era la representación de la naturaleza y la femineidad del continente. El continente africano está sembrado de ilusiones y desesperanzas y Maathai sembró su país, Kenia, de árboles y, con ellos, de dignidad y de resistencia.

África es vida, tierra, mar y espiritualidad. La mujer árbol representa la unión espiritual con la tierra a través de la práctica ecologista. África, pese a todas sus riquezas humanas y naturales, es el continente olvidado, ella, pese a su premio Nobel, una gran desconocida.

Pero África también es empobrecimiento, hambruna, guerra y exclusión. Un territorio invadido, masacrado, explotado, esquilmado y casi olvidado. Centro de noticias únicamente cuando, como casi siempre, hay algo sepultado bajo los escombros que el resto del mundo, principalmente Europa, dejaron en su paso por el continente.

Por eso creo que hoy, 25 de mayo, Día de África, es un buena fecha para recordarlas. En este día se conmemora la creación de la Unión Africana, entidad heredera de la Organización de la Unidad Africana (OUA) que se fundó el 25 de mayo de 1963 con la intención de unir un continente que fue dividido en países desde un despacho en el que se decidió romperlo en piezas como si fuera un puzle. Es un momento propicio para rememorar a Wangari Maathai, una mujer que en marzo de 2005 fue elegida como la primera presidenta del African Union’s Economic, Social and Cultural Council (Consejo Económico, Social y Cultural) de ese organismo.

Maathai (Kenia, 1940-2011) fue la primera mujer del centro y este de África en obtener un doctorado (Universidad de Nairobi, 1971), la primera africana en conseguir el premio Nobel de la Paz (2004) y la primera en encabezar una revolución ecológica en Kenia que impactó en el resto del mundo. Trabajó por juntar las diferencias de su tierra a partir de la plantación de vida en forma de árboles con su Green belt movement (Movimiento del cinturón verde), una Organización No Gubernamental dedicada a la sostenibilidad del planeta.

África congrega a cincuenta y cinco países de los existentes en el planeta. Cuenta entre sus moradores con uno de los treinta más ricos según cifras del Banco Mundial con arreglo al Producto Interior Bruto (PIB), Nigeria, y diez de los más empobrecidos, que no pobres puesto que poseen importantes recursos naturales, del mundo de acuerdo con el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de Naciones Unidas: Burkina Faso, Burundi, Chad, Liberia, Mali, Mozambique, Níger, el más empobrecido de todos, República Centroafricana, Sierra Leona y Sudán del Sur.

Maathai fue presidenta del Departamento de Anatomía Veterinaria, profesora asociada y decana de la Universidad de Nairobi y viceministra de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Vida Salvaje de Kenia. Recibió el Premio Nobel Alternativo en 1984 por su proyecto a favor del medio ambiente y el Petra Kelly el mismo año que el otro Nobel en reconocimiento de sus aportes a la defensa de los derechos humanos, la ecología y la política de la no violencia.

La mujer árbol tejió paz con su labor y por eso el comité del premio Nobel le reconoció “su contribución al desarrollo sostenible, la democracia y la paz. La paz en la tierra depende de nuestra capacidad para asegurar nuestro entorno de vida. Maathai se encuentra al frente de la lucha para promover el desarrollo social, económico y cultural ecológicamente viable en Kenia y en África. Ella ha adoptado un enfoque holístico hacia el desarrollo sostenible que abarca la democracia, los derechos humanos y los derechos de las mujeres en particular. Ella piensa globalmente y actúa localmente”.

El tercer continente más extenso de la Tierra está rodeado de mares y océanos y sin embargo casi el 15 % de su población está en riesgo de escasez de agua para 2020. Su población total ronda los mil trescientos millones de habitantes y tiene más de 24 millones de personas desplazadas de manera forzada, una tercera parte del total mundial, según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM-IOM), de las que, contrariamente a lo que se cree, el 80 % emigra dentro del propio continente

“Soleada”, “sin frío” o “polvorienta”, algunas de sus etimologías, el caso es que el continente africano es la raíz del árbol de la humanidad desde donde crecieron las ramas que nos llevaron a ocupar los otros territorios. De raíces escribía Maathai en su libro Unbowed (Sin doblegar): “Un árbol tiene raíces en el suelo y ramas que rozan el cielo, y nos recuerda que para prosperar tenemos que saber de dónde venimos. Al igual que los árboles, por mucho que lleguemos lejos, son nuestras raíces las que nos alimentan”.

Portada del libro Unbowed, de W. Maathai

Olvidado el continente y olvidadas sus mujeres. Kapuscinski afirmaba que “Salvo por el nombre geográfico, África no existe”, pero África no es un país, como titula Lola Huete el blog que coordina, es todo un territorio profundo y complejo que debemos salvar del olvido, de la ignorancia y de los tópicos. Está lleno de voces desconocidas, de imágenes, de músicas y de letras. Una voz y una imagen a recuperar es la de la profesora Maathai y lo que nos legó en sus cuatro libros sobre la mujer, el medioambiente y África.

En el citado Unbowed, la intelectual y activista keniata sostiene que: “La educación, si algo supone, no debería alejar a las personas de la tierra, sino inculcarles más respeto por ella, porque las personas educadas están en posición de entender lo que se está perdiendo. El futuro del planeta nos concierne a todos y debemos hacer lo que podamos para protegerlo. Como les decía a los silvicultores y a las mujeres, no necesitáis un diploma para plantar un árbol”.

Maathai se fue en silencio, como crecen los millones de árboles que ayudó a sembrar, el 25 de septiembre de 2011. África también continúa casi muda, pero no deberíamos olvidar que, como la mujer árbol, venimos de ese continente que nos mira y nos recuerda que allá están nuestros orígenes. A la memoria de Wangari y de África.

Planeta o plástico

Una campaña encabezada por National Geographic para concienciar sobre el uso excesivo de plástico y lo que supone para la salud del planeta.

Como parte de la iniciativa “Planeta o plástico” se ha celebrado en Bogotá (Colombia) la Nat Geo Run, una carrera de tipo trail urbano de 8 km de recorrido por el parque Simón Bolívar y alrededores.

“´Planeta o plástico´, tú eliges” (foto: Iñaki Chaves).

Con los recursos económicos obtenidos de la carrera la National Geographic Society seguirá trabajando en investigaciones para luchar contra la contaminación y en defensa del planeta. Correr por la Tierra es otra manera de denunciar los desastres medioambientales y promover la conciencia respecto a este planeta lleno que seguimos esquilmando y explotando sin pensar bien en las consecuencias.

La mayor parte de los residuos sólidos contaminantes son producidos en las ciudades. Por eso Nat Geo Run nos pide con esta prueba atlética que nos reconectemos con el planeta en un espacio citadino como el parque Simón Bolívar, considerado uno de los paraísos mundiales para el avistamiento de aves, al ser paradero de las migraciones de más de doscientas especies.

Se calcula que anualmente son casi nueve millones de toneladas de desechos plásticos los que llegan a los océanos. Material de lenta y costosa desintegración que puede tardar varios cientos de años en descomponerse. Esa cantidad de residuos afecta a numerosas especies marinas que los padecen y que muchas veces les ocasiona la muerte.

El 73 % de la basura de nuestras playas es de plástico o sus derivados (botellas, tapones, bolsas…). Solamente en 2016, según datos del Banco Mundial, se produjeron más de 2 billones de residuos sólidos en todo el mundo. Eso supone que estamos botando el planeta a la caneca.

La carrera ha tenido lugar este año 2019 en otros tres países latinoamericanos: Chile (Santiago, 17 de marzo), Argentina (Buenos Aires, 28 de abril) y Perú (Lima, 28 de abril). Además de en Colombia (Bogotá, 19 de mayo) está previsto que se realice en Quito (Ecuador), en fecha por confirmar.

Medalla y dorsal de la Nat Geo Run Bogotá 2019 (foto: Iñaki Chaves).

Otra iniciativa más para correr por el planeta, por la defensa del medioambiente y la supervivencia de nuestra Tierra y sus especies. Por eso en esta competencia deportiva los impresos se han producido con papel Earth Pact, hechos 100 % del bagazo de la caña de azúcar, completamente reciclables; los dorsales se han fabricado con materiales que no necesitan agua para su elaboración y que se pueden reciclar después; las camisetas han sido elaboradas en un 40 % con poliéster reciclado de desperdicios posconsumo; los vasos entregados en los puntos de hidratación son de material biodegradable, y todo el material desechado durante la carrera será entregado a la cooperativa de recicladoras y recicladores de Bogotá.

En esa tarea de concienciar, los medios deberían tener un papel relevante. Pero ninguno de los dos periódicos de mayor tirada y lectura en el país ha recogido una simple nota sobre este evento.

La tarea, como muchas otras veces, tiene que ser liderada por la ciudadanía. Luego, cuando haya que apuntarse el tanto, medios y políticos querrán salir en la foto.

¿Planeta o plástico? Tú decides, todavía estamos a tiempo.

Mira un ejemplo paradigmático

4 de mayo: vida

Hoy desperté con ella, un día más, que no es un día menos, y me agarré a la vida

ICh-20190504

Ella, compañera, socia y amante, da sentido y significado a una presencia que inicia un nuevo año con el camino abierto para otro paseo por esos lados salvajes de la vida.

Hoy abrí los ojos respirando olor a mango, a guayaba, a hierba húmeda de la sabana, rodeado de mis hermanxs, que me han pintado de verdes colores estos años de vida de voluntario traslado a ese Sur que tanto perseguía.

Hoy amanecí lleno de mensajes de afecto, de mis hijxs, de mi nieta, de mis familias y de mis amigas y amigos, hasta del más antiguo, de vida (incluso “Iñakita” me mandó su aplauso).

¿Qué más le pides a la vida? Amistad, amor y salud para seguir disfrutando los paisajes que cada día te pone por delante.

Ya publiqué mis árboles, ya planté mis hijos y ya sembré mis libros en esta vida. Gracias por estos años tan bien vividos, le seguiré apostando a lo cercano y a lo distinto, a lo que haya en cada cuatro de mayo, lleno de vida.

Me despido, con un hasta ahorita, y me abrazo a la vida, a mis gentes, a mi gata y a mi compañera de vida.

Sergio Leone

Un hombre y sus sueños

“Hacer una película es horrible, pero haberla hecho es delicioso”.

En esas palabras se puede condensar la filosofía cinematográfica de uno de los grandes del séptimo arte. Este año, en el que hubiera cumplido noventa inviernos, Roma, 3 de enero de 1929, se cumplen treinta de su fallecimiento, Roma, 30 de abril de 1989. Una fecha para rememorar momentos estelares del cine en la figura de Sergio Leone.

Un cineasta crepuscular que consiguió lo que siempre ha dicho Roman Polanski, que el deseo de todo director europeo es hacer un wéstern. Leone no solamente los hizo, sino que les dio su propio matiz y una impronta que elevó al altar del cine de autor su peculiar visión del género. Leone filmó y firmó una nueva especie del relato cinematográfico: el spaghetti wéstern, de tal suerte que se ha convertido, por derecho propio, en un género en sí mismo.

A la izquierda Eastwood y Leone y a la derecha Eastwood y Cleef junto a un guardia civil español durante el rodaje de El bueno, el feo y el malo.

Sus sueños eran “de cine” y toda su vida la dedicó a la gran pantalla, durante la preproducción y realización de sus películas y durante los largos períodos sin dirigir. Siete películas dirigidas en veinticuatro años de trabajo. La primera en 1960, Il colosso di Rodi, tres seguidas en los años 1964, Per un pugno di dollari, 1965, Per qualche dollaro in più, y 1966, Il buono, il brutto, il cattivo, y tres más en las siguientes tres décadas, C´era una volta il West en 1968, Giù la testa! en 1971 y C´era una volta in America en1983, son el filón de este minero del cine. Un hombre que excavaba hasta encontrar la veta de lo que quería y que se dejó en el camino muchos yacimientos por explotar.

El cine de Leone era, a mi modo de ver, cine en estado puro. Un maestro al que no todo el mundo tomaba en serio, sobre todo al principio, pero que era, por derecho propio, un artista completo. Le moleste a quien le moleste, sus películas fueron, en mayor o menor medida y a pesar de no haber recibido nunca un premio “grande”, auténticas obras maestras, incluidas las tres que componen “la trilogía del dólar”, que son las que le dieron la fama inicial como un artesano del wéstern. Derivadas por la industria a la categoría de “spaghetti wéstern”, con un tono despectivo desde el más absoluto de los desconocimientos, los wéstern europeos de Leone le concedieron una nueva dimensión y un renovado impulso a los clásicos filmes de vaqueros.

Leone empezó su labor como director, a partir de los conocimientos adquiridos como ayudante en los famosos estudios italianos de Cinecittá, con otra pieza de subgénero, una película de romanos, un péplum clásico titulado El coloso de Rodas, antes había finalizado otro rodaje sustituyendo a su director pero no apareció en los créditos.

Un autor que produjo, fruto del azar y la necesidad, como afirma Carlos Aguilar en la biografía del director italiano publicada por Cátedra en 2009, una rompedora película sin esperarlo: Por un puñado de dólares (1964). Tal es así que su distribución inicial fue hecha con el reparto y el elenco técnico bajo pseudónimos anglosajones para intentar “captar” audiencia y “abrir” mercado. Ese film era el primero de los seis que conforman sus dos trilogías.

Sergio Leone se puso tras las cámaras en tan solo siete películas a lo largo de sus veinticuatro años como director, desde la inicial El coloso de Rodas (1960) hasta la final Érase una vez en América (1984). En seis de ellas, todas menos la primera, el realizador italiano buscó narrar su mirada del nacimiento de una nación, los EE. UU., que le rechazó inicialmente y que se rindió a sus pies tras la última de sus producciones. Y en las últimas tres, junta su producción alrededor de un “érase una vez” (el Oeste, la revolución mexicana y la historia de los Estados Unidos).

En su historia de vida, tres años: 1964, 1965 y 1966; tres países: Italia, España y Alemania; tres películas: Per un pugno di dollari, Per qualche dollaro in più y Il buono, il brutto, il cattivo, y tres mismos protagonistas: él en la dirección, Clint Eastwood en la interpretación y Ennio Morricone en la música, para dar formar a una de las trilogías más famosas de la historia del cine mundial.

Si el wéstern es, como afirma André Bazin en su obra ¿Qué es el cine?, “el encuentro de una mitología con un medio de expresión”, Leone lo cumplió de sobra al llevar el cine más allá del Oeste. Leone afirmaba que “El wéstern en realidad fue inventado por Homero. Aquiles, Ajax, Héctor son representaciones de los héroes del wéstern: el sentido de la justicia, el valor, la fuerza, la independencia, etc. (…) Por eso siempre digo que la dimensión última del wéstern no les pertenece a los americanos sino a todo el mundo. El wéstern es una fábula universal, filtrada por la cultura de cada uno, por los propios códigos, por los sistemas personales de referencia”.

En los tres títulos de este grupo de películas el personaje de Eastwood es el de un “hombre sin nombre”​. Una personalidad que en 2008 la revista británica de cine Empire señaló como el trigésimo tercer protagonista más relevante de la historia del séptimo arte y que años después sigue ocupando ese lugar destacado entre The 100 Greatest Movie Characters.

Su cine va inseparablemente unido a la música de otro italiano universal, Ennio Morricone. Si el primero es puro cine, el segundo es música total, un mago de las bandas sonoras que construye un guion musical de viento, cuerda y percusión en cada una de sus obras. También con sus películas nos presentó al que con el tiempo sería uno de los grandes del cine norteamericano, Clint Eastwood. El cineasta que se curtió con Leone para luego alcanzar el cielo narrativo con otra del Oeste, Unforgiven (Sin perdón), un homenaje a ese género que le lanzó a la fama.

En las películas de Leone los silencios pueden más que los diálogos, los primeros planos de los rostros de los protagonistas dicen sin hablar, sus miradas, sus gestos y sus expresiones son la conversación más compleja y profunda de un guion construido a conciencia. A eso se suman los planos generales de contextualización que informan de los lugares y las acciones en las que suceden los largometrajes, del cementerio de la Colina Triste (Sad Hill) al puente sobre el río que separa a los soldados del Sur y del Norte en El bueno, el feo y el malo; de la plaza circular del duelo final en La muerte tenía un precio o los paisajes atravesados a caballo atajando los caminos en Por un puñado de dólares.

Carátulas de las películas de Leone que componen “la trilogía del dólar”.

La colina triste de un cementerio en el que suceden los últimos tensos e inolvidables diez minutos de El bueno, el feo y el malo junta a los tres protagonistas en la búsqueda final de su “felicidad” en forma de tesoro escondido en una tumba del camposanto. Una situación que se consagra con la música de Morricone, quien concentró en su pieza “El triello” (el trío) los pensamientos que reflejaban los ojos de ese trío de seres que se baten en un majestuoso duelo triangular por otro puñado de oro, del oro de los demás.

Esa famosa locación ha sido recuperada por una asociación cultural entusiasta de la película y del director. Este grupo es el protagonista del documental Desenterrando Sad Hill. El cementerio fue recreado por el director italiano en la provincia de Burgos (España) cerca de santo Domingo de Silos. Allá están la tumba de Arch Stanton al lado de la del desconocido (unknown) que es la que realmente guarda el tesoro.

Tal como recoge la contraportada de la biografía escrita por Aguilar “La obra de Sergio Leone entraña una simbiosis de referentes artísticos y formales tan singular e imaginativa que abrió un capítulo en el séptimo arte al reunir bajo una perspectiva propia cualidades estadounidenses, japonesas e italianas. Surgió así una privativa valoración del concepto ´mestizaje cultural` en el cine europeo, tan solemne como irónica, a la para realista y abstracta, homogénea dentro de su heterogeneidad, extraordinaria desde cualquier punto de vista”.

Anteriores Entradas antiguas