13 de febrero

Un encuentro con la comunicación

El 13 de febrero es, desde el año 1946 y con reconocimiento mundial desde 2011, algo más que una fecha en el almanaque. Es una rememoración y una celebración del medio “más dinámico, reactivo y atractivo que existe” según manifiesta la propia Organización de las Naciones Unidas. Sí, el trece de febrero es más que un día en el calendario, porque hay efemérides en ese día, desde el punto de vista comunicativo, que merece la pena destacar.

La radio de la ONU en Colombia

En orden cronológico inverso empezaríamos por recordar que es el día elegido por la UNESCO para conmemorar el Día Mundial de la Radio, celebración que cumple 8 años y que, recordemos, surge a propuesta del director de la Academia de la Radio de España, Jorge Álvarez, en 2008 y que es aprobada en 2011 por la 36 Conferencia General de la UNESCO celebrada en París en noviembre de ese año. En la proclamación, la Conferencia General de la Unesco establece:

“Teniendo presente que la celebración de un día mundial de la radio promoverá una mayor toma de conciencia del público y los medios de comunicación acerca de la importancia de la radio y favorecerá la constitución de redes y la cooperación internacional entre organismos de radiodifusión,

Convencida de que la celebración de este Día incitará a los responsables de la adopción de decisiones y a todos quienes trabajan en el ámbito de la radiodifusión en sus diversas formas a crear y ofrecer acceso a la información por medio de la radio, entre otras cosas mediante radios comunitarias, y a diversificar el contenido de los programas para que todos puedan beneficiarse”.

El día no fue seleccionado al azar sino que rememora el 13 de febrero de 1946 que fue cuando se inauguró la Radio de las Naciones Unidas. En este 2019, el Día Mundial de la Radio se celebra bajo el lema “Diálogo, tolerancia y paz”. En años anteriores los temas fueron “Radio y deportes” (2018), “La radio eres tú” (2017), “La radio en tiempos de desastre y emergencia” (2016), “Jóvenes y radio” (2015) e “Igualdad de género en la radio” (2014). En 2012 y 2013, la conmemoración no tuvo ningún lema concreto.

La UNESCO dice que es un día para “celebrar la radio como medio, para mejorar la cooperación internacional entre los organismos de radiodifusión y para alentar a las principales redes y radios comunitarias a promover a través de las ondas el acceso a la información, a la libertad de expresión y a la igualdad de género”. Creemos que es el medio perfecto para contribuir a la erradicación de estereotipos, prejuicios y discriminaciones.

Un medio que nació casi con el siglo XX, presente en casi todos los acontecimientos contemporáneos, que sigue siendo el de mayor audiencia en el mundo y que ha tenido que esperar más de cien años para ser reconocido con su día mundial. En 1901, Marconi consiguió enviar señales de radio de un lado a otro del Atlántico después de que Nicola Tesla realizara la primera demostración pública de transmisión en 1894. También cuentan los aportes del escocés Maxwell, del alemán Hertz o del español Cervera.

Como este blog va, sobre todo, de comunicación recordamos que un día como éste de 1967, se descubrió en la Biblioteca Nacional de España un texto de casi setecientas páginas con notas y dibujos del gran Da Vinci, un polímata renacentista que escribió cientos de miles de notas con sus pensamientos, inventos y propuestas. Para mí, todo un comunicador.

Además, ese día de 1917 era detenida en un hotel de París otra gran “comunicadora”, Mata Hari, excelsa representante del traspaso de información a través del espionaje.

También un trece de febrero fallecía en Madrid (España) un periodista romántico, Mariano José de Larra (1809-1837). El de “vuelva usted mañana”, aquel que elevó el articulismo a la categoría de arte. Un gran comunicador, un escritor satírico que produjo una gran cosecha de artículos de costumbres, sociales, políticos y de crítica artística y literaria. Una muestra:

“Esa voz público que todos traen en boca, siempre en apoyo de sus opiniones, ese comodín de todos los partidos, de todos los pareceres, ¿es una palabra vana de sentido, o es un ente real y efectivo? Según lo mucho que se habla de él, según el papelón que hace en el mundo, según los epítetos que se le prodigan y las consideraciones que se le guardan, parece que debe de ser alguien. El público es ilustrado, el público es indulgente, el público es imparcial, el público es respetable; no hay duda, pues, en que existe el público. En este supuesto, ¿quién es el público y dónde se encuentra?

En Santiago, en 1812, aparece el 13 de febrero el primer periódico del país, la Aurora de Chile, durante el breve gobierno de José Miguel Carrera (1811-1813) y bajo la dirección de fray Camilo Henríquez, “un redactor que adornado de principios políticos, de religión, talento y de más virtudes naturales y civiles disponga la ilustración popular de un modo seguro, trasmitiendo con el mayor escrúpulo la verdad que sola decide la suerte y crédito de los gobiernos”, según reza el decreto de su nombramiento.

La Aurora se publicó semanalmente todos los jueves durante algo más de un año, siendo en ese tiempo un símbolo del independentismo y del periodismo político, defendiendo los ideales democráticos frente al absolutismo de la monarquía española. Su subtítulo era elocuente “Nociones fundamentales sobre los derechos de los pueblos”.

Y dicen que fue el 13 de febrero de 1542 cuando G. Pizarro y F. de Orellana se encontraron con el mayor río de la Tierra, reserva de la quinta parte del agua dulce existente en el planeta y un muy importante medio fluvial de comunicación, el Amazonas.

Aparato de Radio Sutatenza (foto: Iñaki Chaves)

Pero terminemos como empezamos, recordando a la radio y sus logros y todo lo que ha conllevado alrededor. Recordemos a algunos de los grandes, desde Brecht y su “La radio sería el más fabuloso aparato de comunicación imaginable de la vida pública (…) si supiera no solamente transmitir, sino también recibir, por tanto, no solamente oír al radioescucha, sino también hacerle hablar, y no aislarle, sino ponerse en comunicación con él”; a las greguerías onduladas de Gómez de la Serna “El diablo envidia la radio como el órgano ideal para la tentación: ¡qué lástima!, ¡qué lástima!, suele exclamar sintiendo haber dejado escapar la patente”, pasando por las transmisiones de Walter Benjamin, Orson Welles o Groucho Marx en su serie radial “Flywheel, Shyster and Flywheel” en la que reconocía que “No quería que mi gente supiera que me había metido en la radio. Siempre les había prometido que me ganaría la vida honestamente”.

Sin olvidar el lugar destacado de las mujeres y de las radios comunitarias. Las podemos encontrar juntas en el artículo “Las mujeres en las radios comunitarias” de la red de medios comunitarios (ReMC) y también repasar una investigación de 2017 del programa “Nos quemaron por brujas” sobre mujeres y radio en Argentina publicado en Cosecha Roja.

Un recuerdo especial para las dos emisoras en las que hice mis pinitos: Onda Verde y Radio Vallekas; para una emisora comunitaria que conocí el año pasado y que el domingo día 10 de febrero cumplió 40 años, La voz de Talamanca en Amubri de Ará (Costa Rica), y como no podía ser menos para un hito de la radiodifusión, en Colombia y en el mundo, como Radio Sutatenza, esa “revolución cultural en el campo colombiano” que supuso una apuesta radial educativa basada en la idea de que “la educación nos hace libres”.

Feliz Día Mundial de la Radio.

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Afroditas negras

Las pinturas con sentimientos del carpintor

Santiago Soto, el carpintor, así se autodenomina este artesano de la pintura, pinta sus obras con todos sus sentidos y emociones, en especial las dedicadas a “sus” mujeres negras. Esas afroditas que plasma en sus lienzos y a las que rinde reconocimiento.

Algunas de las afroditas del carpintor en su estudio (foto: Iñaki Chaves)

Todo el mundo ha pintado algo alguna vez, todas y todos pintamos, o soñamos con hacerlo, en algún momento de nuestra existencia. Pero Soto lo lleva a cabo, y lo hace poniendo en sus telas toda la fuerza de la pasión y los sentimientos que le acompañan y que refleja en esas afroditas negras.

“Sus” negras son verdaderas pasiones, casi obsesiones, que muestran un arte limpio, en el sentido más higiénico del término, y honesto, desde su respeto y, sobre todo, su admiración por la mujer negra.

Él es un artista artesano que junta su profesionalidad y afición por la pintura con su quehacer como actor y su formación como carpintero. Hay quien le dice ebanista, que parece una labor más fina, pero creo que la carpintería, cuando es profesional y artesana, es más amplia y conlleva mucho más arte. Por lo que suma muchas tablas, en muchos y variados sentidos, en su experiencia de vida. Algo que acrecienta con su tarea de defensa de la biodiversidad y de la economía de la conciencia a partir de la plantación del llamado árbol mágico colombiano, el guáimaro, en la Sierra Nevada del Caribe.

Las afroditas, así se llama su serie alrededor de las mujeres negras, son un homenaje y una declaración de amor. No sé si son bellas o no, porque la belleza es una cualidad muy subjetiva y creo que no debemos seguir los cánones impuestos para determinarla, pero sí puedo afirmar que son, que tienen identidad propia, la que les confiere esa actitud de efusivo enaltecimiento de la mujer, afroamericana en este caso, que el artista le pone a su trabajo.

Sus obras son como es él, sinceras, pasionales y comprometidas. Sus negras son, ante todo, cuerpos y rostros de mujeres que se nos presentan en toda su naturalidad con un atornasolado brillo que resalta cualidades presentes en sus miradas, sus gestos y su orgullo de ser eso: mujeres negras, ni más ni menos.

El poeta y profesor colombiano Miguel Iriarte se pregunta, en su artículo “Afroditas: el harem ilusorio de Santiago Soto”, sobre la obra de este retratista si “¿acercar sus pieles negras al azul, y simbolizarlas allí, no es acaso llevarlas también a ese momento negro, a esa blue note, que es desde luego la sufrida espiritualidad del jazz que es el blues?”. Hay también muchas notas musicales en sus pinturas.

El propio autor dice de su trabajo:“En el color, en la profundidad del encuentro con ellas mismas, en el grito silencioso y rotundo de la dignidad, en la elegancia ancestral, contundente y llamativa, en el valor y el coraje presentes en la médula de la mujer Afro. La belleza y su misterio, la preciosura interior que se refleja en cada poro de la piel sin rendirle culto al artificio, y el silencio como el guardián de la altivez. La búsqueda y el encuentro con esa actitud, me han llevado por medio del color vivo y azul que evoca esa paz interna y amorosa, a plasmar en homenaje mayúsculo a la mujer Afro, al África lejana o cercana, al África cuna de la humanidad de donde partió la historia con el ritmo del tambor, ese que nos recuerda los latidos de nuestro propio pecho”.

Soto, el carpintor, con algunas de sus afroditas (foto: Iñaki Chaves)

El estudio del pintor, actor y carpintero está presidido por un poema de una mujer negra orgullosa de serlo y de propagarlo a los cuatro vientos:

Rotundamente negra

Me niego rotundamente

A negar mi voz,

Mi sangre y mi piel.

Y me niego rotundamente

A dejar de ser yo,

A dejar de sentirme bien

Cuando miro mi rostro en el espejo

Con mi boca

Rotundamente grande,

Y mi nariz

Rotundamente hermosa

Y mis dientes

Rotundamente blancos,

Y mi piel, valientemente negra.

Y me niego categóricamente

A dejar de hablar

Mi lengua, mi acento y mi historia.

Y me niego absolutamente

A ser parte de los que callan,

De los que temen,

De los que lloran.

Porque me acepto

Rotundamente libre,

Rotundamente negra,

Rotundamente hermosa.

La escritora y antropóloga afrocostarricense Shirley Campbell Barr defiende a las mujeres, su texto es una oda al derecho a ser y a la libertad de serlo. Y Santiago Soto homenajea a las mujeres, negras, libres y con derechos, en sus afroditas negras.

Felicidades, carpintor.

Todavía

Hoy soy un poco más viejo que ayer, pero no más joven que mañana

Todavía

Todavía (foto: Iñaki Chaves)

Dicen que corazón sin cicatrices es ser humano que no ha vivido

Todavía

Ahora tengo una cicatriz más, prueba cruel de que estoy vivo

Todavía

Heridas más dolorosas si es gente cercana quien te las ha producido

Todavía

Pero, a veces, todo el mundo hiere, te duele y es mejor esperar

Todavía

No tengo derecho a la queja, porque sigo escuchando los sonidos y sintiendo mis latidos

Todavía

Y sigo caminando para avanzar, aprendiendo de las piedras que encuentro en el camino

Todavía

La vida pasa y cambia, sin cambiar, y acá estamos, vivos

Todavía

Continúo creyendo en lo que creo, desde mi ateísmo más sincero, en la vida y en mis amigas

Todavía

Convencido de que soy un privilegiado por estar vivo, y también por estar herido

Todavía

Hoy vivo soy, ayer herido fui, mañana muerto seré, porque estoy vivo

Todavía

Conservo sueños y esperanzas, y amanezco pensando en transformar realidades

Todavía

Sigo herido, pero viviendo, con ganas de vagabundear para seguir creciendo

Todavía

Escuchar el viento, notar las olas, oler el fuego, pisar la tierra, metamorfosis de los sentidos

Todavía

Tengo aliento, tengo ilusión y tengo amigas y amigos, y mi gata, y mi socia de vida.

Todavía

Venezuela como objetivo mediático, y militar

La alarmante tendenciosidad de los medios masivos de difusión de noticias

Hay una fijación en ciertos medios y en sus redactores y colaboradores por criticar todo aquello que “huela” a rojo o que no “case” con las propuestas derechistas del país o de su socio mayor en cualquiera de los múltiples TLC. Y criticar no es malo, siempre que se haga con argumentos y al menos de la manera más honestamente subjetiva posible.

En paz (foto: Iñaki Chaves).

El ejemplo paradigmático es el caso de Venezuela. Se le da madera por todo, cualquier excusa, la más mínima sospecha, el bulo menos contrastado o el más tonto de los motivos es causa suficiente para echarle tierra encima buscando enterrarla cada vez más.

Tras la nueva toma de posesión de Maduro como presidente de la República Bolivariana de Venezuela, se han incrementado las declaraciones y las acciones en su contra. Ya no sólo es un objetivo mediático, sino también militar. Las voces contrarias a esa defenestración no son escuchadas, las favorables tienen más eco en los medios y por ello mayor recepción en las poblaciones, sobre todo en los países del continente sudamericano.

Lo que está sucediendo con Venezuela es un mal ejemplo y un peligro para la democracia. Las autoproclamas rayan en lo más absurdo de la pseudopolítica a la que nos tienen acostumbrados quienes nos gobiernan y que para nada muestran talante político democrático en sus planteamientos o en sus maneras de ver la realidad del mundo hoy.

Que cualquier país se meta en la política interna de otro que es soberano, con un régimen democrático, nos guste o no, sancionado por la ciudadanía, con menor o mayor apoyo, es una falta de respeto y de calidad humana y política. Y si eso además se hace con la excusa de defender la democracia, es para preocuparse porque esa “defensa” es una manera de injerencia que lo que busca es mantener la región en continuas luchas sociales que, por desgracia, pueden acabar en derramamiento de sangre. Pero a esos “demócratas” les importa poco la vida de los demás, ahí está su verdadera calidad política.

Hay gobiernos a los que no les importa provocar guerras. Ellos no arriesgan nada. Venden sus armas, colocan sus peones, siembran odios, mueven sus fichas y recogen las “ganancias”. Las pérdidas, vidas humanas y recursos naturales, las ponen los otros. La excusa es “salvar la democracia”, bastante les importa, la realidad es desestabilizar, mangonear y manejar el mapa del mundo como si fuera el tablero del juego del risk. Hay dictaduras, de las de verdad, que continúan “funcionando” con el respaldo de esos que se autodenominan “adalides” de la libertad.

Parece que se nos olvida la historia, que los millones de muertos de las miles de guerras se han perdido en los sótanos de la memoria. Si de verdad fueran demócratas y defensores de las libertades, desbloquearían las relaciones multilaterales, dejarían de oprimir la economía y el comercio y permitirían que fuera el pueblo venezolano, en condiciones de “normalidad”, quien decidiera si quiere a este gobierno o a otro. Pero prefieren extender sus garras “salvadoras” hacedoras de muerte y desolación que arriesgarse a que la ciudadanía participe y elija otra opción.

Y los demás gobiernos, tan “democráticos” como aquel al que siguen, o tan “antidemocráticos” como aquel al que critican, completan el sainete ejerciendo de correveidiles, lameculos y alcahuetas y se pliegan a las órdenes del orate que ejerce de director de escena sin respetar el guion. Se saltan las leyes sin ni siquiera consultar a su población. Esa es su manera de practicar la democracia.

¿Alguien se ha planteado qué ocurriría si la situación fuese al revés? Si Maduro se hubiese autoproclamado presidente en funciones le habrían caído hostias de todos lados. Así está este mundo tan falso, con sus hipócritas dirigentes y sus ciudadanías ignorantes.

Me autoproclamo

Sí, hoy quiero hacer publicas mis intenciones de gobierno

Porque parece que ahora cualquiera puede autoproclamarse lo que desee; que se pueden romper las reglas del juego democrático, sea porque no nos gustan o por sus resultados, eso sí, las acatamos si el dictador que gobierne se pliega a los dictados de quienes mandan (que no siempre es lo mismo gobernar que mandar), y que la comunidad internacional, una parte, tiene más voz y voto que la ciudadanía del país en cuestión. (Por cierto, América Latina está formada por veinte (20) países, afirmar que “casi toda” reconoce al parlamentario venezolano es o estar muy mal de geografía o de matemáticas).

Si cualquiera de ustedes o yo dijéramos la cantidad de politicuchos que no nos gustan y a los que “tumbaríamos” de sus cargos, porque consideramos, desde nuestra subjetiva apuesta ideológica, que no son buenos ni para su país ni para el mundo, tal vez nos quedaríamos sin gobernantes.

Volviendo a lo que iba, voy a presentar al mundo, aunque sea a mi reducido círculo de familiares, de amistades, a un grupo de mis compañeros de trabajo, a algunas personas que me leen y a otras despistadas que se “chocan” con mis diatribas, mis autoproclamaciones. Todas ellas inamovibles e inapelables a partir del día siguiente a su publicación, y que deberán ser aceptadas porque así lo he decidido, le pese a quien le pese.

A partir de hoy, día “x” o “y” del mes “z” o “w”, del año “ñ” de nuestra era común, me proclamo por decisión de mi yo conmigo mismo, lo siguiente:

Me autoproclamo presidente de la república independiente de Vallekas, para reclamar y conseguir tener puerto de mar. Y también de la república independiente de mi casa, con permiso de mi compañera de vida y de nuestra gata.

Me nombro socio de honor y presidente de las Academias de las Lenguas, para dar de alta palabras que todavía no registran y acabar con su machismo, también en el lenguaje (como el de todas las demás academias sostenidas por hombres).

Me invisto presidente del Círculo de Bellas Artes de Madrid, para poder subir gratis a su terraza en verano y observar el cielo de esa ciudad. También me designo como alcalde de Vallekas, de su ateneo republicano y del Rayo Vallekano, para volver a pintar de rojo un barrio que se ha tornado un tanto azulado y que gane en fútbol la liga y la copa, para llenar los trofeos de birra y regalarla en la batalla naval.

Me elijo como presidente de los congresos de los diputados, y los senados, para despedir a los que cobran sin trabajar y compensar a quienes trabajan sin cobrar (léase, entre otras cosas, las mujeres que sostienen sus hogares y a sus parejas aguantando dentro lo que no está escrito y fuera que les digan que no curran).

Me designo como comandante en jefe de las fuerzas armadas del mundo, incluidos los cascos azules, para desmantelarlas y acabar con las “intervenciones humanitarias” y con las muertes por “daños colaterales”.

Me nombro pirata mayor de los océanos y tarzán de las selvas y de los bosques, para no permitir la caza de ballenas, ni la contaminación de los mares, ni la tala de árboles en la Amazonia, ni los miles de delitos cometidos contra la naturaleza. Entendiendo que los seres humanos somos parte de ella y no sus dueños.

Me señalo como secretario general de las Naciones Unidas, para ver si hacemos que sirvan para algo. Defendiendo el cumplimiento de los artículos de esa anciana ilustre y abandonada que es la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y proclamar la paz mundial por mayoría absoluta. Y como representante de la ONU para Palestina y para el Sahara, reconocer a los pueblos originarios como seres de derechos y titulares de sus territorios.

Me titulo como director general, o presidente, o consejero o quién sea que más mande, del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, para nacionalizarlos a favor de los países explotados del mundo y sus poblaciones. Para hacer un reparto equitativo del empobrecimiento, económico, social, cultural y espiritual, al que nos han llevado y devolver a quienes las necesiten las riquezas que han esquilmado y derrochado.

En fin, que me proclamo con el poder absoluto para derrocar gobiernos, asaltar bancos, eliminar fronteras (e hipotecas), reconocer las diferencias, tumbar las desigualdades, acabar con las violencias (sobre todo las llevadas a cabo contra las mujeres), cuidar y honrar la Pachamama y vivir con dignidad los pocos años que nos dura la vida.

Esta proclamación entrará en vigor al día siguiente de su publicación o de que usted, o usted, la lean.

Así sea.

La cagada del ELN

Actitudes como la del Ejército de Liberación Nacional no ayudan a la paz

El atentado terrorista de la semana pasada sigue siendo extraño, ahora lo raro es la disposición de esa guerrilla colombiana.

Pintada por la paz en la Universidad Distrital de Bogotá (foto: Iñaki Chaves)

No puede ser que, en un país sumido en una guerra, encubierta pero igual de dolorosa, se den conductas como la de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN). No solamente por lo que de acto fuera de toda lógica tiene el atentado, sino por lo que su comunicado supone para seguir enquistando el conflicto.

Nunca se pueden justificar las muertes violentas, ni siquiera las del personal uniformado. Menos aún si consideramos que eran cadetes que todavía no habían participado en escaramuza alguna. ¿Cómo se puede decir que la acción “es lícita dentro del derecho de la guerra”? y terminar afirmando que “no hubo ninguna víctima no combatiente”. Esas personas eran alumnos en formación, tal vez en el futuro, si no se alcanza la paz, combatientes.

El ELN también insiste, tal como figura en el editorial que firmado con fecha 21 de enero por su Dirección Nacional aparece en su página web, en pedir pactar “un cese bilateral para generar un clima favorable a los esfuerzos por la paz”. ¿Quién puede creer que asesinar personas ayude a crear un “clima favorable”? Tan contradictorio como que ese mensaje lo acompañen con una foto en la que una mujer sostiene un cartel con el texto “Ni civil, ni militar, ¡¡ni un muerto más!!”.

Lo único que hacen con sus acciones y con sus comunicados es propiciar las venganzas, extender el miedo y dar pie a políticas de “seguridad democrática” en lugar de a la búsqueda de soberanía y de justicia social. Para nada hacen “honor” a lo que dice su nombre, no están liberando a la nación sino metiéndola en una nueva cárcel de violencias.

Como expresa el profesor Víctor de Currea-Lugo en su artículo “El ELN hizo trizas la paz”, con el carro bomba del pasado 17 de enero, el ELN “pateó el apoyo de quienes creemos en la paz, reencauchó el Fiscal General, dio legitimidad al Gobierno de Duque y nos devolvió a la lógica de la Guerra contra el Terror”.

La “jugada” de esta guerrilla es tan impresentable que sus efectos colaterales van a afectar no solamente al proceso de paz y a la Justicia Especial para la Paz, sino a las relaciones entre el Gobierno y las FARC-EP y a la diplomacia internacional. Además de, por supuesto, volverle a “joder la vida” a una población colombiana que, con acciones como esa, se sigue polarizando y no es capaz de ver si hay luz al final de este largo túnel de su historia.

Pintada por la paz en la calle 26 de Bogotá (foto: Iñaki Chaves)

Si realmente creen que “el camino de la guerra no es el futuro de Colombia” deberían predicar con el ejemplo. Sería la mejor manera de que el actual presidente cambiará esa actitud, por otro lado cerril, de no querer abrir la mesa de diálogo con este grupo guerrillero. La mayoría de la sociedad colombiana y de la comunidad internacional no respalda la violencia.

Todo esto es penoso y vergonzoso. Colombia no necesita “salvapatrias” de ningún lado del espectro social o político, lo que se requiere es tomar conciencia de la situación, demostrar que existe un compromiso con la paz y asumir responsabilidades con la ciudadanía. Pareciera que los unos no quieren la paz y que los otros no la desean; y al final, entre todas y todos estamos matando un poquito más la paloma blanca.

Violencias

Un extraño atentado terrorista en Bogotá

Iba a escribir sobre corazones, heridas y dolores; sobre la desazón anímica desde lo más íntimo. Pero creo que esa intimidad debe dejar paso al dolor colectivo porque es más importante ahora intentar cerrar heridas comunes que puñaladas propias.

Siempre hay que lamentar las muertes, sobre todo las violentas. En Bogotá, un carro bomba acabó el pasado jueves 17 de enero con la vida de 21 personas, las diez hasta ahora identificadas cadetes de la escuela de policía, dejando a casi noventa heridas.

Un acto deplorable que empaña todavía más un proceso de paz al que se le están poniendo cientos de trabas y que nubla la visión de una parte de la población que no discierne sobre la complejidad de la paz cuando no se le apuesta con todo.

Se podría pensar que el atentado es un hecho “oportuno” para los contrarios a la paz, en unos momentos en los que se están debatiendo asuntos graves para el país que señalan a algunos de sus dirigentes. El día del atentado se cumplía el primer aniversario de la JEP, la Jurisdicción Especial para la Paz que ha venido siendo zancadilleada como mecanismo de justicia del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y no Repetición desde su creación en los acuerdos de paz, y estaban previstas diversas marchas: contra el fiscal general, un personaje en entredicho por sospechas de corrupción; contra el Esmad, unidad especial antidisturbios de comportamiento excesivamente violento contra la población durante las manifestaciones, y en defensa de la educación pública y de calidad.

Por supuesto que el suceso es injustificable, pero distrae la atención sobre temas candentes poniendo una cortina de humo a realidades graves y perentorias y dando pie a que se justifiquen las reacciones violentas de otros sectores (que por cierto no han desaparecido del todo en todos estos años).

El atentado, por el momento en el que ha sucedido y por la manera de cometerlo, es extraño, sospechoso. Algunos datos que respaldan esas sospechas: el terrorista pasó, de la noche a la mañana, de ser un personaje al que no se le conocían antecedentes, a convertirse en el más peligroso del país; un asesino al que le faltaba una mano pero del que afirman que lo identificaron porque “ambas” extremidades aparecieron intactas tras la explosión (publicado en revista Semana); un fiscal cuestionado, e inútil para su rol, que se convierte en el más rápido del mundo para identificar al suicida, ni el equipo de CSI de la serie de televisión lo hubiera hecho en menos tiempo, y que, sin embargo, esas mismas autoridades no sean capaces de reconocer la identidad de las otras once víctimas mortales.

artículo en la revista Semana

¿Cuál es el valor de las vidas y de las muertes? Desde la firma de los acuerdos de paz, en noviembre de 2016, el número de víctimas civiles es superior al de personal del ejército y la policía. ¿Será que aquellas valen menos? Porque, que yo sepa, no se han decretado días de luto por la población asesinada, no se les ha citado como héroes y no se les ha cumplido con un sepelio oficial desde las instituciones.

No se debe olvidar que, de acuerdo con cifras del último reporte presentado por Indepaz, en coordinación con Marcha Patriótica y la Cumbre Agraria Campesina Étnica y Popular, en 2018 asesinaron 252 líderes sociales y defensores de derechos humanos en 119 municipios del país. En ese informe se recoge que, durante los primeros cien días del Gobierno del actual presidente (agosto-octubre), fueron ciento veinte los líderes y lideresas asesinadas. Otro documento, como el de la Fundación Ideas para la Paz, rebaja las cifras en ese primer trimestre de gobierno, a ciento sesenta y una agresiones a líderes sociales con un total de treinta y cuatro víctimas mortales.

Nadie desde el Gobierno ha puesto el grito en el cielo para denunciarlo ni ponerle remedio, no he leído que ningún miembro de las entidades del Estado haya ido al entierro de alguna de esas personas.

Ser policía o militar es asumir riesgos que van implícitos en la profesión, sin embargo, desde la entrada en vigor de los Acuerdos de Paz, las cifras de víctimas mortales en combate se habían reducido de manera drástica. Según datos del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac), publicado por El Espectador, mientras que en 2002 hubo un registro de 2.799 fallecidos en combate, entre miembros de la Fuerza Pública, la guerrilla de las FARC-EP y la población civil, en 2017 no hubo una sola muerte en enfrentamientos directos.

Lo que no tiene nombre es que esos “riesgos” persigan y acaben con maestras, sindicalistas, defensores de derechos civiles, campesinos y demás población inocente que solamente buscan justicia social para seguir viviendo.

Ahora quieren convertir a los bachilleres de la policía en héroes, para llenar plazas y ondear banderas con llamados a la unidad de la patria frente a los peligros de la paz. Esos muchachos y muchachas han sido víctimas, igual que todas y todos los líderes sociales asesinados en todo el país, de un sistema político y económico que sigue manteniendo el colonialismo y la explotación de su población y de los recursos naturales.

Si hay que organizar un altar para llorar heroicamente a las personas fallecidas en el atentado, también habría que hacerlo por el resto de víctimas del conflicto. Pero lo que realmente hace falta, y más aún en estas circunstancias, es reconocer el valor de la vida y de la paz. Se necesita seguir creyendo en la convivencia y en la resolución pacífica de los conflictos para poder construir juntos el futuro de una Colombia que está golpeada más duramente por quiénes dicen defenderla que por quienes la sufren en silencio.

#PorQuéNosMatanCadaDía

Piedad Córdoba, política y abogada antioqueña, ha pedido, desde su cuenta en Twitter, salir a marchar por todas las víctimas: “Pienso que debemos salir a marchar por los 20 muchachos policías asesinados, por los 566 líderes sociales también asesinados desde 2016 (Indepaz) y contra todo tipo de violencia. Un país marchando por la paz”.

Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, ha manifestado: “Nos unimos profundamente a este inmenso sufrimiento de Colombia y al unirnos queremos expresar nuestra solidaridad con los jóvenes policías asesinados y con las familias de ellos también y con los heridos, y manifestar en conjunto también nuestra solidaridad con todas las familias de Colombia durante todos estos años de conflicto. Queremos invitar a que esta realidad tan dura no nos arrebate la esperanza e invitarlos a todos a que sigamos trabajando por la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición”.

Y Patricia Linares, presidenta de la Jurisdicción Especial para la Paz, ha dicho: “Queremos expresar nuestra más grande solidaridad con las víctimas de este cruel e inhumano atentado del día de ayer, con sus familias, y manifestar que el camino que ha recorrido el país, con el propósito de alcanzar la paz, una paz estable y duradera, ha sido un camino lleno de sacrificios, pero también lleno de esperanzas. No pueden ser las voces irracionales de quienes acuden a expresiones de violencia inhumanas y bárbaras las que nos hagan retroceder en ese camino.”

No se puede aceptar que, como circula por las redes virtuales, “nos regalen miedo para vendernos seguridad”. Solamente hay que recordar lo que supuso hace una década aquella “seguridad democrática”.

Sea lo que sea lo que esté detrás del atentado, la única realidad es que siempre terminan perdiendo la paz y la ciudadanía. Lo que el país necesita son semillas de libertad y de paz, no que siembren odio y desconfianza. Nuevamente toca levantarse y seguir luchando, pero sabiendo contra qué y quiénes y por qué y para qué hay que trabajar y construir.

Poeta de la memoria

El escritor militante cerró la puerta, se puso el saco y guardó los papelitos para no seguir mintiendo sobre el paradero de ella. Sefiní, le dejó de temblar el cuerpo

El 14 de enero de 2014 se fue una parte importante de la memoria histórica y poética mundial, una persona comprometida de verdad con la vida. Juan Gelman fue, con su pluma y con su voz, poeta y periodista, delicado y contundente, “La memoria es una cajita que revuelvo sin solución”, y realista, “la izquierda está un poquito lastimada”.

Portada y uno de los poemas del libro “País que fue será” (foto: Iñaki Chaves)

Esto no es un obituario, es un grito silencioso contra los fascismos, políticos y económicos, que ahogan las identidades. Para que no desconozcamos y no olvidemos. Un recuerdo para él y su memoria, para su obra. Como ese País que fue será, texto reconocido por la Fundación El Libro como la mejor creación literaria de 2004. De ese premio dijo “Es conmovedor que se distinga a un libro de poesía en tiempos tan antipoéticos y deshumanos. Siento que este premio es un reconocimiento a todos los que en nuestro país insisten en el afán de expresar el centro de sus obsesiones aun sabiendo que no hay centro y que todo es intemperie”.

País que fue será nos da, en 97 páginas y por $36.000 pesos, aproximadamente ocho euros, 85 poemas con todo el sentir sobre ellas y los otros, sobre la vida, el amor, la justicia; con la crítica implícita a esos países que rapiñan las aves financieras explotando e ignorando a sus pobladores. Y seguro que nos alimenta más, por el mismo precio, que una hamburguesa de una cadena de comida rápida.

Las letras, las palabras insumisas, los versos reivindicativos y las prosas desobedientes siempre son perseguidas por el poder ciego que ve lo que quiere; por el poder sordo, que oye lo que le interesa, y por el poder mudo, que grita lo que desea y hace callar la disidencia.

Su poesía, como ese “Sefiní”, ilustró una parte de la película argentino-canadiense “El lado oscuro del corazón”. Considerado un realista crítico, porque no creo que se pueda sobrevivir sin ser crítico con la realidad, su poesía era cercana, porque, pese a todo, era “un esperanzado sin remedio”, y política, porque creía en la utopía, esa que “jamás se cumple, fracasa, pero deja una renovación y la idea imperiosa de retomarla”.

Como periodista fue “la pluma más notable que honró” el medio argentino Página 12, según Horacio Verbitsky, periódico en el que empezó a escribir desde que salió a la luz. El 26 de mayo de 2014 el diario, en su 27º aniversario, le dedicó un suplemento especial. Un escritor, en palabras de aquel otro periodista militante, “reflexivo, minucioso, cuidaba cada título, pesaba cada nota”; un autor que escribía contra la crueldad cometida contra personas indefensas en cualquier parte del mundo en unas notas periodísticas que el propio Verbitsky califica como “secas, cortantes, más pobladas por datos duros que por juicios de valor que, con toda razón, consideraba obvios”.

Portada del suplemento especial que Página/12 le dedicó en el 27 aniversario del periódico

Otro ilustre también desaparecido, Eduardo Galeano, publicó en la edición del miércoles 15 de enero de 2014, al día siguiente del fallecimiento de Gelman, un breve texto titulado “JUAN” en el que recordaba al compañero de esta manera:

“Hace poquitos días, hablando del gordo soriano y del negro fontanarrosa, dije, o más bien comprobé: –A veces, la muerte miente. Y ahora, lo repito: miente la muerte cuando dice que juan gelman ya no está. Él sigue vivo en todos los que lo quisimos, en todos los que lo leímos, en todos los que en su voz hemos escuchado nuestros más profundos adentros. Nunca encontraremos palabras que expresen nuestra gratitud al hombre que fue muchos, al que fue nosotros y nosotros seguirá siendo en las palabras que nos dejó”.

En ese periódico argentino publicó, el 1 de febrero de 1988, la columna “Tiemblo en verano”, creo que la primera tras el regreso a su país desde el exilio. Ahí escribía:

“El 21 de este mes volví a la Argentina después de casi 13 años de exilio que se iniciaron bajo el gobierno de Isabel Perón, se prolongaron bajo la dictadura militar y se arrastraron aun bajo el gobierno de Alfonsín. Así se cerró un círculo exiliar cuyo alcance no sé medir todavía.

¿El círculo se cierra en el mismo punto donde comenzó? ¿Como en el bellísimo poema de John Donne sobre el compás? Me terminás donde me empezaste, dice el círculo al compás, la fuerza superior que lo ha trazado. Eso sentí cuando entraba ahora a Buenos Aires, como si estos años de distancia y desgarramiento nunca hubieran sido y yo navegara entre dos sueños: el del exilio que pasó y el de encontrarme aquí.

(…)

Es verano en la ciudad que vuelvo a recorrer después de tiempo, en medio de tanta precariedad, tanto dolor abierto todavía y tanta vida invicta sin embargo. En sus calles, a veces, como el Petrarca por su Laura, tiemblo en verano”.

Algo más de año y medio después, el 11 de octubre de 1989, escribió desde Nueva York en ese mismo medio otra colaboración que tituló “La culminación de los dos demonios” en la que decía:

“El presidente Carlos Menem ha indultado a 216 militares y civiles involucrados en el genocidio, en tres rebeliones contra el orden constitucional y en el desastre de las Malvinas. Indultando además a 64 personas presuntamente vinculadas con la “subversión” ha llevado a su culminación la “teoría” de los “dos demonios” que Ernesto Sábato supo formular.

(…)

Los decretos de indulto a los genocidas que ha dictado el doctor Menem, abogado, no sólo atentan contra el deber moral. Atentan contra el derecho mismo. Y cuando una ley no puede proteger al derecho, es justo que no impida ninguna injusticia. Así pensaba Shakespeare por lo menos”.

Gelman con Caffarel, entonces directora del Instituto Cervantes, durante el acto de depositar su legado en la Caja de las Letras (foto: archivo Instituto Cervantes)

El premio Cervantes de 2007 tenía y tiene el poder de las letras. Fue un poeta “en armas” que escribió para vivir y que luchó siempre para que no perdiéramos ni la memoria ni los ideales. Él celebraba rescatar la “memoria histórica, único camino para construir una conciencia cívica sólida que abra las puertas al futuro” tal como afirmó en su discurso de recogida del premio. También depositó su legado en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes, en la número 1.028 que estará custodiada hasta su apertura en 2050.

Un recuerdo para un poeta seducido por el periodismo y un periodista enamorado de la poesía: “La verdad periodística saca lo oculto al público, los secretos del poder. La verdad de la poesía revela otros secretos: los de la palabra y los de la existencia”.

Escritor de la memoria y del sur que, pese a temblores y decepciones, siempre estuvo comprometido con la defensa de la libertad.

Hacia el Sur

te amo señora / como el sur /
una mañana sube de tus pechos /
toco tus pechos y toco una mañana del sur /
una mañana como dos fragancias / de la fragancia de una nace la otra /
o sea tus pechos como dos alegrías / de una alegría vuelven los compañeros muertos
en el sur / establecen su dura claridad /
de la otra vuelven al sur / vivos por/ la alegría que sube de vos /
la mañana que das como almitas volando / almando el aire con vos/
te amo porque sos mi casa y los compañeros
pueden venir / sostienen el cielo del sur /
abren los brazos para soltar el sur / de un lado les caen furias/del otro /
trepan sus niños / abren la ventana /
para que entren los caballos del mundo /
el caballo encendido de sur / el caballo del deleite de vos /
la tibieza de vos / mujer que existís /
para que exista el amor en algún lado /
los compañeros brillan en las ventanas del sur /
sur que brilla como tu corazón /
gira como astros / como compañeros /
no hacés más que subir / cuando alzás las manos al cielo /
le das salud o luz como tu vientre /
tu vientre escribe cartas al sol /
en las paredes de la sombra escribe /
escribe para un hombre que se arranca los huesos / escribe la palabra libertad /

El juego en que andamos             

Si me dieran a elegir, yo elegiría / esta salud de saber que estamos muy enfermos, / esta dicha de andar tan infelices.

Si me dieran a elegir, yo elegiría / esta inocencia de no ser un inocente, / esta pureza en que ando por impuro.

Si me dieran a elegir, yo elegiría / este amor con que odio, / esta esperanza que come panes desesperados.

Aquí pasa, señores, / que me juego la muerte.

Epitafio (primer poema de su primer libro, Violín y otras cuestiones)

Un pájaro vivía en mí. / Una flor viajaba en mi sangre. / Mi corazón era un violín.

Quise o no quise. Pero a veces me quisieron. También a mí me alegraban: la primavera, las manos juntas, lo feliz.

¡Digo que el hombre debe serlo!

(Aquí yace un pájaro. / Una flor. / Un violín.)

60 años de la Revolución cubana

Un rubí, cinco franjas y una estrella

Hoy se cumplen sesenta años de la entrada en La Habana de una “pandilla de barbudos” que decidieron levantarse contra la explotación social y la degradación humana que asolaba esa isla del Caribe. La dictadura imperante hasta entonces había hecho de Cuba el prostíbulo de los EE.UU., pero en eso llegó el comandante (Fidel) y mandó a parar. Se iniciaba así la primera revolución socialista de la historia de América.

Última página de la edición impresa del Granma del 1º de enero de 2019

Puede que estemos trasnochados, puede que vivamos en la inopia o puede que no tengamos arreglo, pero algunas y algunos seguimos creyendo en el sueño de la Revolución cubana. Porque como afirmaba Hobsbawn, tras el triunfo de Castro el 1 de enero de 1959 y, sobre todo, tras rechazar el intento de invasión yanqui de Bahía Cochinos en abril de 1961, “no hubo en Europa ni en Estados Unidos intelectual que no sintiera el hechizo de Latinoamérica, un continente al parecer en plena ebullición con la lava de la revolución social”.[1]

Una revolución que no eliminó los símbolos nacionales del país, ni modificó la bandera, ni cambió el escudo, ni sustituyó el himno. Ahí permanecen el rubí, las cinco franjas y la estrella de su enseña; La Bayamesa como composición musical del Estado y el de la Palma Real como blasón.

Cuba sigue siendo, para utopistas irredentos, la esperanza de la transformación social, del cambio desde abajo, del triunfo del pueblo frente al sistema capitalista. El mismo Hobsbawm la describía en 1968 como “un país asediado y heroico, y también notablemente atractivo aunque sea solo porque es de manera visible uno de los escasos Estados del mundo cuya población simpatiza con el gobierno y cree en él. Además, el estado actual de las actividades culturales, libre y floreciente, los admirables logros sociales y educativos y su encantadora excursión a la utopía antimaterialista difícilmente pudiera dejar de atraer a los intelectuales”.[2]

Las cosas han cambiado mucho, o no tanto, y las circunstancias han ido moldeando el régimen para bandear las embestidas externas, y algunas internas, de todo tipo que ha sufrido en estos doce lustros. Pero ahí sigue, a pesar del embargo y el bloqueo por parte de los Estados Unidos de América y sus distintos presidentes que, en mayor o menor medida, han presionado a la isla y a quienes quisieran negociar con ella. Nada menos que doce, desde el trigésimo cuarto, Eisenhower, hasta el cuadragésimo quinto, Trump, han intentando, sin éxito, acabar con la revolución.

Con todos los peros que se le pueda poner, Cuba continúa siendo hoy, según el propio Banco Mundial, el país con mayor número de médicos del mundo en relación a su población, más de siete por cada 1.000 habitantes. También ha sido reconocida por ser el primer país que, en 2015, eliminó la transmisión de VIH y sífilis de madre a hijo y por tener la tasa de mortalidad infantil más baja de América Latina: cuatro por cada 1.000 nacidos vivos. Además, la UNESCO declaró la isla como el primer territorio libre de analfabetismo en América Latina.

Seis décadas después, los Castro ya no gobiernan la isla. Fidel falleció en 2016, tras haber cedido el poder a su hermano Raúl diez años antes. Éste lo mantuvo hasta que en 2018 abandonó la presidencia del país. Hoy, bajo el mandato de Díaz Canel, la Asamblea Nacional del Poder Popular ha aprobado una nueva constitución política, en la que parece no estará la palabra comunista, que será sometida a referéndum el 24 de febrero de este año.

A pesar de todos esos cambios, la Revolución cubana sigue manteniendo, al menos para mí, ese halo de utopía y de rebeldía, un lugar irremplazable en el imaginario popular por la justicia social. No soy objetivo, lo reconozco, Cuba para mí es más que una revolución. A esa idea socialista le dediqué varios veranos viajando con el Comité de Solidaridad con América Latina (Cosal) de Vallekas a apoyar en brigadas de trabajo; a su manera de abordar la cultura le aposté acudiendo a dos de los congresos de “Cultura y Desarrollo”; allá me encontré con mi socia de vida, precisamente en el cierre de dicho evento en La Habana en mayo de 1999; allá adopté a mi abuelo Gallo en una reunión que tuvimos como parte de la Asociación Solidaria Ceiba con una peña cultural de Alamar, al Este de La Habana, en agosto de 1995, y en la capital cubana vive mi hermano sostenible Gilberto Javier con el que mantengo relación desde hace más de veinte años. También tuve muy buen trato con mi amigo Abel y su familia en san Antonio de los Baños; con Evelio Arango, por entonces director de su famoso Museo del Humor, y con el fotógrafo Rolando Ramírez, con el que organizamos una exposición de su obra en Madrid.

Cuba en mi corazón (foto: Iñaki Chaves)

Cuba es un referente en mi historial político y sentimental. El caimán dormido ha avivado muchas de mis filias y no puedo hablar sobre la revolución sin apasionamiento. Un momento histórico que seguirá levantando tantas ampollas en muchos cerebros como ilusiones en muchos otros corazones. Su vigencia, y sus luchas y contradicciones, llenarán páginas y páginas de libros, horas y horas de cine (les recomiendo el documental de Jon Alpert “Cuba and the cameraman”), y cientos de miles de fotografías. La Revolución cubana seguirá siendo tema de sesudos debates enfrentados y controversias, mientras busca construir ese eterno Baraguá.

Por eso no podía dejar pasar este 1º de enero de 2019 sin dedicarle esta entrada y recordar para ello la letra de aquella canción de Eduardo Saborit que interpretara Carlos Puebla y que le dedicaron a Fidel en su 90 cumpleaños:

“Oye, tú que dices que tu patria no es tan linda / Oye, tú que dices que lo tuyo no es tan bello / yo te invito a que busques por el mundo, otro cielo tan azul como tu cielo. / Una luna tan brillante como aquella, / que se infiltra en la dulzura de la caña / Un Fidel que vibra en la montaña. / Un rubí cinco franjas y una estrella”

Que cada quién lo tome como considere, pero para mí, sesenta años después, la Revolución cubana sigue siendo la REVOLUCIÓN. Así que, por Cuba y por sus gentes, que “Viva Cuba, viva el Che y viva Fidel”.

 

[1] Hobsbawn, E. (2013). Años interesantes. Barcelona, editorial Crítica.

[2] Hobsbawn, E. (2018). ¡Viva la revolución!. Barcelona, ed. Planeta.

Dos mil XIX, por la AMIST4D

En los tiempos que corren es bueno elogiar y cultivar la amistad

Parece que cuando se acerca el final de cada año se disparan las ganas de recordar y de hacer balance. Grandes analistas, intelectuales y artistas, además de los medios, arquean lo que ha sido el año que se va y lo que nos deparará el que inicia. Casi siempre sin esperar al último día, por lo que se suelen quedar por fuera los postreros hechos que cierran el período.

Sin olvidar todo lo que se ha luchado y que deberemos seguir haciéndolo, se precisarán nuevas propuestas, locales y globales, para conseguir esa metamorfosis social tan necesaria que nos lleve a construir otro sistema más incluyente y justo para las mayorías ignoradas. Una labor a realizar conjugando todos esos fragmentos que, a veces, nos separan y debilitan; la unión de ambientalistas, feministas (ellas y ellos), defensoras y defensores de los humanos derechos, marxistas (sí, los de Karl Marx y los de Groucho, porque necesitaremos mucho humor para afrontar lo que se nos viene encima). Todo ello democratizando la comunicación y las culturas, las propias, no las impuestas, y desalambrando las fronteras en la búsqueda del procomún.

La amistad literaria (foto: Iñaki Chaves)

Pero como eso es ardua tarea, creo que deberíamos, en ese cálculo anual, tanto en nuestras cuentas personales como en nuestras conmemoraciones, destacar una cualidad sin la que será muy difícil lograr algo: la amistad. Y qué mejor que acompañar esos afectos con la poesía y la música.

“Es parentesco sin sangre una amistad verdadera” (Calderón de la Barca).

“Decir amigo, es decir juegos, escuela, calle y niñez (…) es decir vino, guitarra, trago y canción (…) es decir aula, laboratorio y bedel (…) es decir lejos y antes fue decir adiós, y ayer y siempre lo tuyo nuestro y lo mío de los dos” (Joan Manuel Serrat).

Pienso que en lo personal y en lo profesional 2018 ha sido un gran año. Pero no puedo decir lo mismo del mundo. Doce meses después parece que, siendo optimistas, la realidad no ha mejorado mucho. Sigue sin cumplirse aquello que exigía el informe del PNUD de 2013 “una mirada crítica a las instituciones de gobernanza mundial para promover un mundo más justo e igualitario”.

Hemos salido a las calles y hemos luchado, pero los resultados no son lo que esperábamos. Aún así, debemos seguir reiterando la necesidad de la memoria, la importancia de la ética, la valía del respeto y la riqueza de la diversidad. Seguiremos pidiendo justicia social, salud, paz y suerte, que la vamos a necesitar.

“Amistades que son ciertas nadie las puede turbar” (Cervantes).

“A mis amigos les adeudo la ternura y las palabras de aliento y el abrazo, el compartir con todos ellos la factura, que nos presenta la vida paso a paso. A mis amigos les adeudo la paciencia de tolerarme las espinas más agudas, los arrebatos del humor, la negligencia, las vanidades, los temores y las dudas” (Alberto Cortéz).

Pero para despedir este año ya viejo lo que quiero es elogiar la amistad. Esa sensación que te reconforta y que te dan los seres que quieres y te quieren y que de verdad te importan. Ese “afecto personal, puro y desinteresado (…) que nace y se fortalece con el trato” (Diccionario de la Lengua Española dixit). Ahí están tu pareja, tu familia y tus amigas y amigos, los animales y las plantas que te acompañan. Las y los amigos de verdad.

Como afirma Ben Jelloun “La amistad es una religión sin dios, sin juicio final y sin diablo. Una religión no ajena al amor, a un amor donde se proscriben la guerra y el odio, donde es posible el silencio”. Su texto Elogio de la amistad lleva por subtítulo, en el original en francés, La soudure fraternelle (La soldadura fraterna), porque la amistad se suelda y no se suelta.

La amistad tiene mucho de memoria, porque con ella recordamos a los amigos y sentimos que lo son y que siempre están ahí. Cicerón situaba la amistad por encima de todas las cosas “nada hay tan conforme a la naturaleza ni tan conveniente en la prosperidad y en la desgracia”. Porque una amiga (o) es mucho más que un espejo en donde mirarnos, es más que el compañerismo o que el vecindario.

“Mi patria son los amigos” (Bryce Echenique).

“Yo solo quiero mirar los campos, tan solo quiero cantar mi canto, pero no quiero cantar solito, yo quiero un coro de pajaritos. Quiero pedir este canto amigo a quien pudiera necesitar. Quiero tener un millón de amigos y así más fuerte poder cantar” (Roberto Carlos).

Olvidemos a quienes se creen superiores porque tienen más de algo, sea tamaño, dinero, poder o fuerza. O porque tienen, simplemente, otro género, otra religión, otra raza u otra procedencia que consideran que les sitúa por encima del resto. Y recordemos, como decía Blaise Pascal, que “el corazón tiene razones que la razón no conoce” y que, como también señalaba el filósofo francés, el tamaño, o cualquier otra de las condiciones citadas, no incide en la inteligencia, porque “un cuerpo puede tener mucho más volumen que capacidad”.

“Amigos. Nadie más. El resto es selva. ¡Humanos, libres, lentamente ociosos! Un amor que no jura ni promete” (Jorge Guillén).

“Tengo la suerte de no saber competir con la gente, de saber que si hoy me equivoco tengo alguien que puede entenderme. Tengo la suerte de ser ciudadano del aire, de sentir que soy libre sin ser un vagabundo en la tierra de nadie. Quien diga que los sueños no se cumplen, que me explique como vivo en esta nube” (Pablo Alborán).

La amistad viva (foto: Iñaki Chaves)

Por ello, para 2019, quiero elogiar la AMISTAD. Y pido que algo tan sencillo y tan complejo me mantenga firme y unido a mis camaradas. Porque creo en la amistad, en la de verdad, la de quienes son amigas (os) aunque sean intermitentes, estén de paso, vivan lejos, vayan o vuelvan.

“Cada uno muestra lo que es en los amigos que tiene” (Baltasar Gracián).

“Friends will be friends. When you’re in need of love they give care and attention. Friends will be friends. When you’re through with life and all hope is lost. Hold out your hand. Cause friends will be friends right to the end” (Queen).

Lo importante de los amigos es que, virtual o físicamente, nos reencontremos. Que sepamos que están ahí y que sepan que cuentan con nosotros. Porque como también nos dice Ben Jelloun, la amistad “Podría ser el estado ideal de la existencia. Un estado apacible. Un vínculo necesario y poco común (…) La amistad perfecta debería ser como la soledad, pero afortunada, liberada de angustia, rechazo y aislamiento”.

“Keep smilin’ keep shinin / Knowing you can always count on me for sure / That’s what friends are for / For good times and bad times / I’ll be on your side forever more / That’s what friends are for” (Dionne Warwick).

Que sigamos unidos en la lucha y en la esperanza. Escribía Dulce Chacón que “siempre es posible encontrar la fuerza necesaria para alzar el vuelo y dirigirse hacia lo alto”, y creo que ese impulso se halla en la amistad.

“Gracias a la vida, que me ha dado tanto / Me ha dado el sonido y el abecedario, / con él las palabras que pienso y declaro: / madre, amigo, hermano y luz, alumbrando / la ruta del alma del que estoy amando” (Violeta Parra).

Comunicación y metamorfosis social (foto: Iñaki Chaves)

Para mis amigas y mis amigos, para maestras y maestros, camaradas, estudiantes, compañeras y compañeros.

Por ellas y ellos: que el nuevo año nos depare salud y paz, pero, sobre todo, que nos mantenga en la amistad, en el diálogo y en la comunicación.

Y canten.

Un fuerte abrazo.

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