Planeta o plástico

Una campaña encabezada por National Geographic para concienciar sobre el uso excesivo de plástico y lo que supone para la salud del planeta.

Como parte de la iniciativa “Planeta o plástico” se ha celebrado en Bogotá (Colombia) la Nat Geo Run, una carrera de tipo trail urbano de 8 km de recorrido por el parque Simón Bolívar y alrededores.

“´Planeta o plástico´, tú eliges” (foto: Iñaki Chaves).

Con los recursos económicos obtenidos de la carrera la National Geographic Society seguirá trabajando en investigaciones para luchar contra la contaminación y en defensa del planeta. Correr por la Tierra es otra manera de denunciar los desastres medioambientales y promover la conciencia respecto a este planeta lleno que seguimos esquilmando y explotando sin pensar bien en las consecuencias.

La mayor parte de los residuos sólidos contaminantes son producidos en las ciudades. Por eso Nat Geo Run nos pide con esta prueba atlética que nos reconectemos con el planeta en un espacio citadino como el parque Simón Bolívar, considerado uno de los paraísos mundiales para el avistamiento de aves, al ser paradero de las migraciones de más de doscientas especies.

Se calcula que anualmente son casi nueve millones de toneladas de desechos plásticos los que llegan a los océanos. Material de lenta y costosa desintegración que puede tardar varios cientos de años en descomponerse. Esa cantidad de residuos afecta a numerosas especies marinas que los padecen y que muchas veces les ocasiona la muerte.

El 73 % de la basura de nuestras playas es de plástico o sus derivados (botellas, tapones, bolsas…). Solamente en 2016, según datos del Banco Mundial, se produjeron más de 2 billones de residuos sólidos en todo el mundo. Eso supone que estamos botando el planeta a la caneca.

La carrera ha tenido lugar este año 2019 en otros tres países latinoamericanos: Chile (Santiago, 17 de marzo), Argentina (Buenos Aires, 28 de abril) y Perú (Lima, 28 de abril). Además de en Colombia (Bogotá, 19 de mayo) está previsto que se realice en Quito (Ecuador), en fecha por confirmar.

Medalla y dorsal de la Nat Geo Run Bogotá 2019 (foto: Iñaki Chaves).

Otra iniciativa más para correr por el planeta, por la defensa del medioambiente y la supervivencia de nuestra Tierra y sus especies. Por eso en esta competencia deportiva los impresos se han producido con papel Earth Pact, hechos 100 % del bagazo de la caña de azúcar, completamente reciclables; los dorsales se han fabricado con materiales que no necesitan agua para su elaboración y que se pueden reciclar después; las camisetas han sido elaboradas en un 40 % con poliéster reciclado de desperdicios posconsumo; los vasos entregados en los puntos de hidratación son de material biodegradable, y todo el material desechado durante la carrera será entregado a la cooperativa de recicladoras y recicladores de Bogotá.

En esa tarea de concienciar, los medios deberían tener un papel relevante. Pero ninguno de los dos periódicos de mayor tirada y lectura en el país ha recogido una simple nota sobre este evento.

La tarea, como muchas otras veces, tiene que ser liderada por la ciudadanía. Luego, cuando haya que apuntarse el tanto, medios y políticos querrán salir en la foto.

¿Planeta o plástico? Tú decides, todavía estamos a tiempo.

Mira un ejemplo paradigmático

Anuncios

4 de mayo: vida

Hoy desperté con ella, un día más, que no es un día menos, y me agarré a la vida

ICh-20190504

Ella, compañera, socia y amante, da sentido y significado a una presencia que inicia un nuevo año con el camino abierto para otro paseo por esos lados salvajes de la vida.

Hoy abrí los ojos respirando olor a mango, a guayaba, a hierba húmeda de la sabana, rodeado de mis hermanxs, que me han pintado de verdes colores estos años de vida de voluntario traslado a ese Sur que tanto perseguía.

Hoy amanecí lleno de mensajes de afecto, de mis hijxs, de mi nieta, de mis familias y de mis amigas y amigos, hasta del más antiguo, de vida (incluso “Iñakita” me mandó su aplauso).

¿Qué más le pides a la vida? Amistad, amor y salud para seguir disfrutando los paisajes que cada día te pone por delante.

Ya publiqué mis árboles, ya planté mis hijos y ya sembré mis libros en esta vida. Gracias por estos años tan bien vividos, le seguiré apostando a lo cercano y a lo distinto, a lo que haya en cada cuatro de mayo, lleno de vida.

Me despido, con un hasta ahorita, y me abrazo a la vida, a mis gentes, a mi gata y a mi compañera de vida.

Sergio Leone

Un hombre y sus sueños

“Hacer una película es horrible, pero haberla hecho es delicioso”.

En esas palabras se puede condensar la filosofía cinematográfica de uno de los grandes del séptimo arte. Este año, en el que hubiera cumplido noventa inviernos, Roma, 3 de enero de 1929, se cumplen treinta de su fallecimiento, Roma, 30 de abril de 1989. Una fecha para rememorar momentos estelares del cine en la figura de Sergio Leone.

Un cineasta crepuscular que consiguió lo que siempre ha dicho Roman Polanski, que el deseo de todo director europeo es hacer un wéstern. Leone no solamente los hizo, sino que les dio su propio matiz y una impronta que elevó al altar del cine de autor su peculiar visión del género. Leone filmó y firmó una nueva especie del relato cinematográfico: el spaghetti wéstern, de tal suerte que se ha convertido, por derecho propio, en un género en sí mismo.

A la izquierda Eastwood y Leone y a la derecha Eastwood y Cleef junto a un guardia civil español durante el rodaje de El bueno, el feo y el malo.

Sus sueños eran “de cine” y toda su vida la dedicó a la gran pantalla, durante la preproducción y realización de sus películas y durante los largos períodos sin dirigir. Siete películas dirigidas en veinticuatro años de trabajo. La primera en 1960, Il colosso di Rodi, tres seguidas en los años 1964, Per un pugno di dollari, 1965, Per qualche dollaro in più, y 1966, Il buono, il brutto, il cattivo, y tres más en las siguientes tres décadas, C´era una volta il West en 1968, Giù la testa! en 1971 y C´era una volta in America en1983, son el filón de este minero del cine. Un hombre que excavaba hasta encontrar la veta de lo que quería y que se dejó en el camino muchos yacimientos por explotar.

El cine de Leone era, a mi modo de ver, cine en estado puro. Un maestro al que no todo el mundo tomaba en serio, sobre todo al principio, pero que era, por derecho propio, un artista completo. Le moleste a quien le moleste, sus películas fueron, en mayor o menor medida y a pesar de no haber recibido nunca un premio “grande”, auténticas obras maestras, incluidas las tres que componen “la trilogía del dólar”, que son las que le dieron la fama inicial como un artesano del wéstern. Derivadas por la industria a la categoría de “spaghetti wéstern”, con un tono despectivo desde el más absoluto de los desconocimientos, los wéstern europeos de Leone le concedieron una nueva dimensión y un renovado impulso a los clásicos filmes de vaqueros.

Leone empezó su labor como director, a partir de los conocimientos adquiridos como ayudante en los famosos estudios italianos de Cinecittá, con otra pieza de subgénero, una película de romanos, un péplum clásico titulado El coloso de Rodas, antes había finalizado otro rodaje sustituyendo a su director pero no apareció en los créditos.

Un autor que produjo, fruto del azar y la necesidad, como afirma Carlos Aguilar en la biografía del director italiano publicada por Cátedra en 2009, una rompedora película sin esperarlo: Por un puñado de dólares (1964). Tal es así que su distribución inicial fue hecha con el reparto y el elenco técnico bajo pseudónimos anglosajones para intentar “captar” audiencia y “abrir” mercado. Ese film era el primero de los seis que conforman sus dos trilogías.

Sergio Leone se puso tras las cámaras en tan solo siete películas a lo largo de sus veinticuatro años como director, desde la inicial El coloso de Rodas (1960) hasta la final Érase una vez en América (1984). En seis de ellas, todas menos la primera, el realizador italiano buscó narrar su mirada del nacimiento de una nación, los EE. UU., que le rechazó inicialmente y que se rindió a sus pies tras la última de sus producciones. Y en las últimas tres, junta su producción alrededor de un “érase una vez” (el Oeste, la revolución mexicana y la historia de los Estados Unidos).

En su historia de vida, tres años: 1964, 1965 y 1966; tres países: Italia, España y Alemania; tres películas: Per un pugno di dollari, Per qualche dollaro in più y Il buono, il brutto, il cattivo, y tres mismos protagonistas: él en la dirección, Clint Eastwood en la interpretación y Ennio Morricone en la música, para dar formar a una de las trilogías más famosas de la historia del cine mundial.

Si el wéstern es, como afirma André Bazin en su obra ¿Qué es el cine?, “el encuentro de una mitología con un medio de expresión”, Leone lo cumplió de sobra al llevar el cine más allá del Oeste. Leone afirmaba que “El wéstern en realidad fue inventado por Homero. Aquiles, Ajax, Héctor son representaciones de los héroes del wéstern: el sentido de la justicia, el valor, la fuerza, la independencia, etc. (…) Por eso siempre digo que la dimensión última del wéstern no les pertenece a los americanos sino a todo el mundo. El wéstern es una fábula universal, filtrada por la cultura de cada uno, por los propios códigos, por los sistemas personales de referencia”.

En los tres títulos de este grupo de películas el personaje de Eastwood es el de un “hombre sin nombre”​. Una personalidad que en 2008 la revista británica de cine Empire señaló como el trigésimo tercer protagonista más relevante de la historia del séptimo arte y que años después sigue ocupando ese lugar destacado entre The 100 Greatest Movie Characters.

Su cine va inseparablemente unido a la música de otro italiano universal, Ennio Morricone. Si el primero es puro cine, el segundo es música total, un mago de las bandas sonoras que construye un guion musical de viento, cuerda y percusión en cada una de sus obras. También con sus películas nos presentó al que con el tiempo sería uno de los grandes del cine norteamericano, Clint Eastwood. El cineasta que se curtió con Leone para luego alcanzar el cielo narrativo con otra del Oeste, Unforgiven (Sin perdón), un homenaje a ese género que le lanzó a la fama.

En las películas de Leone los silencios pueden más que los diálogos, los primeros planos de los rostros de los protagonistas dicen sin hablar, sus miradas, sus gestos y sus expresiones son la conversación más compleja y profunda de un guion construido a conciencia. A eso se suman los planos generales de contextualización que informan de los lugares y las acciones en las que suceden los largometrajes, del cementerio de la Colina Triste (Sad Hill) al puente sobre el río que separa a los soldados del Sur y del Norte en El bueno, el feo y el malo; de la plaza circular del duelo final en La muerte tenía un precio o los paisajes atravesados a caballo atajando los caminos en Por un puñado de dólares.

Carátulas de las películas de Leone que componen “la trilogía del dólar”.

La colina triste de un cementerio en el que suceden los últimos tensos e inolvidables diez minutos de El bueno, el feo y el malo junta a los tres protagonistas en la búsqueda final de su “felicidad” en forma de tesoro escondido en una tumba del camposanto. Una situación que se consagra con la música de Morricone, quien concentró en su pieza “El triello” (el trío) los pensamientos que reflejaban los ojos de ese trío de seres que se baten en un majestuoso duelo triangular por otro puñado de oro, del oro de los demás.

Esa famosa locación ha sido recuperada por una asociación cultural entusiasta de la película y del director. Este grupo es el protagonista del documental Desenterrando Sad Hill. El cementerio fue recreado por el director italiano en la provincia de Burgos (España) cerca de santo Domingo de Silos. Allá están la tumba de Arch Stanton al lado de la del desconocido (unknown) que es la que realmente guarda el tesoro.

Tal como recoge la contraportada de la biografía escrita por Aguilar “La obra de Sergio Leone entraña una simbiosis de referentes artísticos y formales tan singular e imaginativa que abrió un capítulo en el séptimo arte al reunir bajo una perspectiva propia cualidades estadounidenses, japonesas e italianas. Surgió así una privativa valoración del concepto ´mestizaje cultural` en el cine europeo, tan solemne como irónica, a la para realista y abstracta, homogénea dentro de su heterogeneidad, extraordinaria desde cualquier punto de vista”.

La fotografía, un documento social

Un libro colectivo para repensar la imagen desde diferentes perspectivas.

En el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, el viernes 26 de abril ha tenido lugar el lanzamiento del libro La fotografía, un documento social, un texto coordinado por los profesores Beatriz Múnera e Iñaki Chaves coeditado por las universidades Jorge Tadeo Lozano y Santo Tomás y la editorial independiente Desde Abajo.

La sala Talleres 4 del recinto ferial de Corferias en la capital colombiana fue el escenario para la presentación de un libro que reúne a once personas de ámbitos como la academia o el fotoperiodismo para reflexionar alrededor del papel de la fotografía como documento social en un mundo tan visual e interconectado y muchas veces tan incomunicado.

Portada del libro La fotografía, un documento social

Frente a un auditorio lleno de profesores, estudiantes y amigas, la coordinadora y el coordinador del libro agradecieron a las editoriales por su respaldo, su paciencia y determinación para llevar a buen término la publicación. La fotografía, un documento social es un libro que surge como uno de los resultados del proyecto de investigación “El cuerpo individual y el cuerpo social en la fotografía colombiana de Luis Benito Ramos y Jorge Obando, 1930-1950” dirigido por la profesora Beatriz Múnera, de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano.

Los coordinadores explicaron el proceso y los motivos que les llevaron a editar este libro e hicieron mención de las autoras y autores que han participado en el mismo: el fotoperiodista colombiano Jesús Abad Colorado escribe “Hablar de fotografía es hablar de historia y de memoria”; la profesora de la Universidad de Texas y también fotoreportera norteamericana Donna DeCesare con su capítulo “De documento a documental: hacia la posibilidad de un álbum de familia público”; el fotógrafo y editor gráfico de la revista Semana León Darío Peláez que presenta “Pequeñas historias de fotografías con historia”; el comunicador social periodista y director del concurso de fotografía documental “Los trabajos y los Días” de la Escuela Nacional Sindical de Medellín Jairo Ruiz Sanabria con su artículo “La fotografía como herramienta de documentación social aplicada en América Latina”; el escritor, poeta, cineasta y especialista en comunicación y cambio social Alfonso Gumucio Dagron con “La fotografía me robó el alma”; el fotógrafo e investigador biogeográfico Iván González con su texto “La fotografía documental en espacios naturales”; el filósofo y doctor en Comunicación y Ciencias Sociales y profesor de la Santo Tomás Juan Sebastián López con su capítulo “Los autorretratos digitales desde la teoría del performance social”; la profesora de la Escuela de Diseño, Fotografía y Realización Audiovisual (Edfra) de la Tadeo Sandra Suárez con su escrito “Los álbumes fotográficos: urnas de la memoria y ramilletes del corazón”; el artista visual, profesor de la Pontificia Universidad Javeriana y coordinador del área de artes visuales del Ministerio de Cultura Andrés Gaitán con su capítulo titulado “Rodrigo Facundo, encuentros y desencuentros con lo real”; la doctora en Bellas Artes y profesora de la Edfra con su reflexión “La fotografía social de Luis Benito Ramos y Jorge Obando”, y el profesor y director de la maestría en Comunicación, desarrollo y cambio social de UNIMINUTO J. Ignacio Chaves con el título “La fotografía como relato social”.

Acompañados en la mesa por Sandra Suárez, Andrés Gaitán e Iván González, cada uno explicó cómo fue su participación en esta obra colectiva y qué pueden encontrar las personas que lo lean en sus capítulos. Para la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano, el libro “abre un espacio académico e investigativo para debatir en torno al documento y el documental de la fotografía, en un planeta cada vez más visual (…), plantea un diálogo interdisciplinar interesante, rodeado de miradas desde la antropología, el arte, la filosofía, la sociología, el sindicalismo y la praxis profesional, en las que se analiza el profundo rol social, cultural y económico de la imagen como narradora de las realidades”.

Cada capítulo del libro va acompañado de dos fotografías, la mayoría de ellas obra de cada uno de los autores, alrededor de las cuales cada participante hace su propia reflexión en torno al valor de la imagen como documento, como memoria e historia. Tal como se recoge en el capítulo de presentación firmado por los coordinadores “La fotografía ya no es una herramienta que simplemente acompaña una noticia, un reportaje o, en general, un texto, sino que es por sí sola un documento social que narra y que construye tejidos de relatos. Es historia en sí misma”.

Cierra el libro el epílogo de Alfonso Gumucio con un texto que es una especie de oda a esa “fotografía que nos robó el alma” y en el que el autor boliviano afirma “La narrativa de la fotografía documental es la de la memoria (…). No es lo mismo describir que narrar. La descripción es parte de los registros de información, mientras que la narrativa es imprescindible en un proceso de comunicación. La descripción es al reportaje lo que la narrativa es a la creación simbólica. La fotografía documental es creación simbólica, de ahí su capacidad de permanecer en el tiempo”.

Les invitamos a leerlo.

Léete

El país invitado eres tú

Para conmemorar este 23 de abril, Día Internacional del Libro, nada mejor que presentar la Feria del Libro de Bogotá, la FILBo, que en esta su trigésima segunda edición se celebra bajo el lema “Léete, el país invitado eres tú”. Del 24 de abril al 6 de mayo, la ya tradicional feria del libro bogotana ocupará durante trece días las instalaciones del recinto ferial de la capital colombiana.

La FILBo te invita a visitarla

La FILBo nació el 29 de abril de 1988, el mismo año que tuvo lugar el primer Festival Iberoamericano de Teatro en esta ciudad, con la presencia de María Kodama, viuda de Borges, y el entonces presidente de la República, Virgilio Barco, en un país que, según las estadísticas, apenas leía medio libro al año.

En la inauguración de aquella primera edición, el entonces presidente de la Cámara Colombiana de la Industria Editorial Jorge Valencia Jaramillo inició su discurso con estas palabras: “¿Quién es más esclavo, me pregunto yo esta tarde, que aquel que no sabe leer o que, aun sabiendo, no lee y desconoce así el universo, todo el infinito que hay detrás de un libro?” Pidiendo a continuación que en la Constitución, entonces estaba vigente la de 1886, debería figurar en letras doradas y mayúsculas un principio fundamental “Todo colombiano tendrá derecho a leer. La autoridad que impida o no colabore en el ejercicio de este derecho será declarada indigna y destituida de inmediato”.

La organización de la feria cuenta con la participación del Ministerio de Cultura, la Alcaldía de Bogotá, la Cámara Colombiana del Libro, Corferias y el patrocinio de Ecopetrol e Itaú. Este año la FILBo concentrará más de ciento setenta autores procedentes de veinticuatro países, que se sumarán a las cuatrocientas escritoras y escritores colombianos que se darán cita en este encuentro cultural. Además, participarán alrededor de quinientos expositores y se realizarán más de mil setecientos eventos culturales, académicos y profesionales, dentro y fuera del recinto ferial, donde todos los actores de la cadena del libro presentarán sus novedades.

La FILBo tendrá cinco nuevos espacios para las personas visitantes. El primero, la sala de poesía María Mercedes Carranza, alrededor del arte de componer obras poéticas, tanto de invitados nacionales como internacionales; el segundo, la Bebeteca, para acercar los libros a los más pequeños; el tercero, la sala Manuel Zapata Olivella en donde se presentarán eventos que giren sobre la diversidad étnica; el cuarto, la carpa de Libros para Comer, dedicada en su totalidad a temas gastronómicos, y el quinto, el pabellón ¡Qué viva la música!, que será el lugar para las artes escénicas, con una variada programación musical.

En 2018, según datos de la Encuesta Nacional de Lectura (Enlec), las y los colombianos alcanzan en promedio los 2,9 libros por año, frente a los 1,9 libros de 2014. No vamos a entrar a valorar esas cifras, pero sí apostamos por una feria que treinta y un años después sigue promoviendo el libro y la lectura como la mejor manera de contribuir a hacer volar la imaginación y a entender el mundo para transformar las realidades y cambiar los imaginarios.

En este 2019 habrá una carpa especial, “Colombia, 200 años: una mirada a lo que somos y hacia dónde vamos”, dedicada al país invitado de honor en la que se dará cuenta “de ese momento histórico que marcó el acontecer de la sociedad y que permitió la apropiación de las ideas de distintos grupos sociales de la época, que al final dieron paso al nacimiento de la República”. Con un pabellón de tres mil metros cuadrados en el que se “busca generar un espacio de conocimiento y reflexión alrededor de todas aquellas acciones de sus protagonistas y la participación desde distintas formas de representación en esa construcción que aún hoy continúa”.

Dentro de ese pabellón se podrá visitar la “Librería Colombia”, un espacio en el que “organizado por temáticas, los asistentes a la FILBo encontrarán una variada oferta editorial, incluyendo lo regional, con autores que nos están proponiendo diversas miradas sobre Colombia y desde diferentes miradas estéticas”. Serán ocho las temáticas en las que se organice esta muestra: Visiones de Colombia, libros que nos cuestionan, lo que cuenta la historia, esta es nuestra historia, mujeres que crean mundos, lugar de la infancia, libros para mirarte y cómo nos contamos.

Ana María Aragón, directora de la librería Casa Tomada y miembro de la junta directiva de la Asociación Colombiana de Libreros independientes (ACLI), entidad responsable de la curaduría de la “Librería Colombia” en la feria, sugiere en esta edición algunos títulos tan heterogéneos como: Otro posible es posible, de Arturo Escobar (Ediciones desde abajo); Ahí les dejo esos fierros, de Alfredo Molano (Debolsillo); El año del sol negro, de Daniel Ferreira (Alfaguara); Orillas, de Roberto Burgos Cantor (Seix Barral); Memoria por correspondencia, de Emma Reyes (Laguna Libros), o Arepas colombianas, de Carlos Gaviria Arbeláez (Universidad de la Sabana).

Invitación a la FILBo 2019

De entre la multitud de actividades, destacaría las siguientes:

El XI Encuentro Internacional de Periodismo: Narrar un continente con tres heridas, la del amor, la de la muerte, la de la vida, que se desarrollará en el auditorio José Asunción Silva y en el que el jueves 25, a las 14:00 horas, se darán cita dos cronistas como el argentino Martín Caparrós y el colombiano Alberto Salcedo Ramos para conversar alrededor del continente y sus vicisitudes.

Los victimarios y las víctimas. La investigadora peruano-estadounidense María Mcfarland, autora del libro Aquí no hay muertos: una historia de asesinato y negación en Colombia, en el que escribió sobre las relaciones del paramilitarismo con el Estado, conversará con el periodista, profesor y escritor Javier Osuna sobre memoria, recordación y la necesidad de visibilizar las circunstancias de una guerra para intentar comprenderla, si es que eso fuera posible. Acto que cuenta con el respaldo de la Unidad para las Víctimas y que tendrá lugar en la sala Jorge Isaacs, el viernes 26 a las 18:00 h.

Las Memorias de un hijueputa llevan de nuevo a la feria al polémico escritor colombiano Fernando Vallejo. El sábado 27 abril, a las tres de la tarde en el auditorio José Asunción Silva, el autor hablará con Mario Jursich sobre esa obra en la que critica, con humor e ironía, a través de las memorias de un tirano, pero con contundencia, a una clase política colombiana que parece no tener arreglo.

Acto en homenaje a Jesús Martín Barbero en la FILBo 2019

Sobre la búsqueda de la libertad hablará, el domingo 28 de abril, de cinco a seis de la tarde en la misma sala que Vallejo, el filósofo y sociólogo francés Gilles Lipovetsky. En diálogo con Camilo Jiménez Santofimio, en un evento que se presenta bajo el título de “Conversaciones que le cambiarán la vida”, el intelectual galo expondrá sus ideas sobre la paradoja de esa libertad tantas veces perseguida.

Los talleres de exploración artística para “conocer un lugar más allá de la imaginación”, organizados por la Fundación Rafael Pombo y UNIMINUTO, que tendrán lugar durante todos los días de la feria en la carpa de la fundación de 8 de la mañana a 8 de la noche.

Por último, pero no menos importante, un homenaje al maestro Jesús Martín Barbero planteado alrededor de su libro Memoria y promesa, escrito a partir de una conversación mantenida con Jorge Huergo y Kevin Morawicki, reeditado ahora en Colombia por Paidós y que juntará, el lunes 29 a las 16:00 en la sala Jorge Isaacs, a Omar Rincón, periodista y profesor universitario, y a Alejandro Martín Maldonado para conversar sobre el maestro, su obra y su vida.

La FILBo 2019, todo un panorama cultural para perderse entre libros.

AL CANTAR A

Por suerte su tiempo ha sido nuestro tiempo

Se marchó el decano de los articulistas españoles. En su honor reescribo algo que le dediqué cuando cumplió 86 años, el 10 de enero de 2014.

Se llamaba Manuel Alcántara, natural de Málaga, crecido en Madrid y vecino del Rincón de la Victoria. Como él, creemos que no hay un “en mis tiempos” mientras estemos vivos. Un gran poeta, magnífico periodista y fiel contertulio. Tal vez, y por desgracia, muchos de los que estudian o se dedican hoy al periodismo no hayan oído hablar nunca del decano de los articulistas españoles.

Logo de la Fundación Manuel Alcántara

En literatura obtuvo el Premio de Poesía Antonio Machado con Manera de silencio en 1955; con Ciudad de entonces logró en 1962 el Premio Nacional de Literatura, y recibió el Premio Ibn Zaydun en 1985 por Este verano en Málaga. En periodismo fue reconocido con, entre otros, el Luca de Tena en 1965 por su artículo “Pablo VI en Harlem”; el Mariano de Cavia en 1975 por su artículo “Federico Muelas” y el González-Ruano por su artículo “Tono” en 1978.

El paseo marítimo de Torre del Mar tenía, cuando las baldosas no se caían o no las arrancaba algún inculto e incívico personaje, regados sus poemas frente al Mediterráneo. Mayte Martín ha cantado sus versos en su álbum “Al cantar a Manuel” y los periódicos del grupo Vocento tuvieron el privilegio de contar con su pluma.

Compartía con él la afinidad por el periodismo y el cariño a esa tierra malagueña. Cuando viajaba al sur peninsular a visitar a mi familia leía su columna en la contraportada del diario Sur. Una breve reflexión que destilaba ironía, humor elegante y eléctricos juegos de palabras sobre los temas más diversos y actuales.

Gran aficionado al deporte, buen conocedor y seguidor del fútbol y amante del boxeo. Decía de sí mismo que era “un cantor de lo cotidiano, aunque algunas canciones sean tristes”; y aseguraba que hacía “un periodismo que aspira a salvar instantes”. Llevaba más de cincuenta y cinco años rescatando soplos al publicar su columna periodística. Les recomiendo que lean su Aniversario, y que busquen sus textos para continuar recuperando momentos.

Pese a todos los premios que atesora y que le honran, pienso que no ha sido reconocido como su valía humana y profesional merecían. Les invito a visitar la Fundación Manuel Alcántara, física y virtualmente, para conocer su obra y al autor. También pueden ustedes ver el documental El pésimo actor mexicano con el que le retrató su paisano Jiménez Núñez.

Afirmaba Manuel Alcántara que “Cumplir años, incluso cumplir días, es siempre un salto en el vacío”. Hoy ha dado su último brinco y su ausencia dejará muchos vacíos. Celebrémosle con su coctel favorito, ese “dry Martini” al que nombraba un “cuchillo disuelto”. Nosotros intentaremos llenar el vacío que deja a base de periodismo y de palabras como las suyas. Hasta siempre, maestro.

Poema de M. Alcántara en el paseo Marítimo de Torre del Mar, Málaga (foto: Iñaki Chaves)

Las palabras 

Donde más me conozco empiezan mis palabras.

Quiero escribirme / como se escribe el silencio en las piedras / o la lluvia en las frentes;

igual que el miedo al agua / en el embarcadero.

Quiero ponerle nombre a lo que va conmigo / y quedarme a vivir en ese nombre,

como se queda / en el barro corrido de una jarra / el resumen de un muerto.

Las palabras me llevan a la tristeza siempre. 

Las amo porque guardan cosas mías: / antigüedad, amor, aroma…, incluso / los recibos del cuerpo que habitaron.

Ellas me obligan al recuerdo, / como un cigarro a solas.

Cuando las miro acaban por dolerme.

Pero ya digo que las amo.

Por ellas tengo días colgados por el pecho, / pájaros en la noche, amigos que ya no, / aniversarios cada tres minutos.

Desde el principio supe / que son iguales que el silencio, / a su manera.

Ahora están viniendo de puntillas / para que no les oiga la tristeza,

para que no se alarme el hombre al que delatan.

Llegan como un calor entre la sombra, / como un color en medio de la niebla.

Siempre son tristes las palabras / si están escritas.

Aunque suenen canciones por el puerto, / cantes del sur junto a la mar pequeña,

o abiertamente pidan / cosas que necesito más que el aire.

Pero vuelvo a decir que yo las amo.

Y sé que no resuelven nada y son inútiles / como ese número de teléfono

que se ha quedado en la memoria / y que no sirve

ni volverá a servir ya nunca / porque aquella persona a quien llamábamos…

Ríos de vida y muerte

Una iniciativa puesta en marcha por Rutas del Conflicto y Consejo de Redacción para reconstruir la memoria de las víctimas del conflicto armado.

El pasado miércoles 10 de abril, en el salón Esmeralda del hotel Tequendama de Bogotá, tuvo lugar la presentación de la segunda parte del trabajo “Ríos de vida y muerte”. Una investigación llevada a cabo por las organizaciones Consejo de Redacción (CdR) y Rutas del Conflicto, con el respaldo de otras entidades como la Deutsche Welle Akademie, Hacemos Memoria y Vokaribe Radio junto a la Cooperación Alemana y la Pontificia Universidad Javeriana.

Afiche de presentación del proyecto de investigación (foto: Iñaki Chaves)

En esta fase del proyecto las y los investigadores de ambas asociaciones recorrieron veintidós municipios situados en las orillas de los ríos Cauca y Magdalena, los dos más grandes de Colombia, para recuperar las voces y las narrativas de las víctimas del largo conflicto armado que vive el país.

A partir de talleres realizados en diferentes lugares de poblaciones ribereñas de dichos ríos, las familias de personas desaparecidas aportaron sus testimonios para ir reconstruyendo sus vidas y que se conozcan sus historias. Con los resultados de las ocho investigaciones que han venido efectuando se está elaborando una base de datos con información precisa de esas existencias segadas violentamente y que, por desgracia, muchas veces quedan en el olvido.

El evento contó con la presencia de cuatro personas afectadas directamente por la violencia de la guerra. Tres mujeres víctimas, Temilda Vanegas, del municipio de Tenerife, Departamento del Magdalena (cuya historia pueden ver y escuchar aquí); María Hernández, de Montería, y Delfia Carvajal, de Barrancabermeja, y un hombre voluntario del Cuerpo de Bomberos de Marsella, Albeiro Cañas, contaron sus experiencias alrededor de los crímenes que han ocurrido con los ríos como protagonistas de la vida y la muerte. Junto a ellas, ejerciendo de entrevistadores y moderadores del conversatorio, los periodistas de Rutas del Conflicto Óscar Parra, Lía Valero y Juan Gómez y Ginna Morelo, profesional del periódico El Tiempo y asociada de CdR.

Este trabajo de investigación periodística es una buena muestra del papel del periodismo en la reconstrucción de la memoria. Profesionales que construyen relatos con las pruebas que las personas que habitan en las orillas de los ríos les cuentan sobre su pasado y su presente, para que sean conocidos por el resto de la ciudadanía y de los organismos, internacionales y gubernamentales, que tienen que tenerlos presentes para acabar con la violencia y el olvido. Es periodismo con otros criterios que sirve para dar a conocer la persistencia de las iniciativas ciudadanas construyendo un archivo de notas, de fotos, y de minutas de identificación.

Las cuatro personas que dieron sus testimonios en la charla pusieron en valor a las víctimas por encima de los victimarios, a los que, salvo una de ellas, las otras tres no nombraron. Algo que creo que es bueno y necesario para contribuir a la reconciliación.

La pregunta es si a las víctimas que han formado parte del proyecto narrar les ayuda o las revictimiza. Una revictimización que padecen en la búsqueda de sus seres queridos y en la incertidumbre que supone no encontrarlos. A las personas que participaron en el debate, contar sus historias les ayuda a sacar el dolor de dentro, les hace sentirse mejor y pierden un poco el miedo a hablar.

Un momento de la presentación de la segunda parte de la investigación “Ríos de vida y muerte” (foto: Iñaki Chaves)

Con estos trabajos se pone rostro a las personas desaparecidas, se escuchan los otros relatos con las angustias de sus familiares y se recuperan en parte los recuerdos de las víctimas del conflicto ayudando a salvar las barreras que han impedido conocer la verdad. Es necesario ponerle cuerpos a los lutos que cargan estas víctimas, cuerpos desaparecidos que impiden cerrar definitivamente las heridas.

Los dolores que padecen promueven la resistencia de una población golpeada por una guerra que no es la de ellos y que no debería ser la de nadie. Su capacidad de resiliencia oculta las desolaciones padecidas, lo que no significa que no tengan todo el derecho a ser reparadas y nunca más revictimizadas.

Ante declaraciones como “le faltó cuerpo para las torturas que le hicieron”, “recogíamos semanalmente restos de siete u ocho cadáveres flotando en el río” o “quiero ese río porque lleva la sangre de mi familia”, uno se pregunta qué clase de locura infecta las cabezas de seres llamados humanos para hacer las atrocidades que alimentan la historia de este mal llamado conflicto armado colombiano. Una guerra que no tiene una ideología concreta, que ni siquiera se puede moralizar entre buenos y malos porque hay una ausencia absoluta de humanidad en todos los actores armados. Son muertes violentas y desapariciones forzadas, tan graves éstas como aquellas.

La gente quisiera llegar tarde a su entierro en estos ríos de vida y muerte en los que la parca pasa corriente abajo.

Al final del acto se hizo entrega de la base de datos y los archivos obtenidos en la investigación sobre desaparición forzada a dos personas pertenecientes a la Comisión de la Verdad y a la Unidad Especial para la búsqueda de personas dadas por desaparecidas.

Alma de soul

Ochenta años del nacimiento de una de las almas de la música afroamericana

Marvin Gaye no fue el único, ni, tal vez, el más grande, pero sí fue una de las almas que más le aportó al soul, esa especial manera de entender e interpretar uno de los géneros de la llamada música negra.

Marvin Pentz Gay Jr. nació el 2 de abril de 1939 en la capital de Estados Unidos de América y murió trágicamente un día antes de cumplir los cuarenta y cinco años. Con él se fue el llamado “príncipe del soul”.

Marvin Gaye durante su actuación en el festival de jazz de Montreux (imagen tomada del vídeo alojado en youtube)

Pese a sus éxitos y su fama, su vida no fue un camino de rosas. La muerte de su compañera musical, Tammie Terrell, por un tumor cerebral; la estricta educación de un padre predicador cristiano ultraortodoxo; su afición a las sustancias psicoactivas; sus problemas fiscales, o sus fracasos sentimentales fueron la antesala de su muerte a manos de su propio progenitor, quien le disparó dos tiros con el arma que Gaye le había regalado años atrás.

Marvin componía y producía muchas de sus canciones, no era solamente un intérprete, y tampoco se plegaba a ser una figura decorativa para lustrar la compañía discográfica que le publicaba, la archifamosa Motown.

Pianista y baterista, cantó a dúo con Diana Ross, Mary Wells y su pareja favorita Tammi Terrell con quien logró éxitos como “Ain’t No Mountain High Enough” (1967) o “Ain’t Nothing Like the Real Thing” (1968).

En 1971 produjo e interpretó el que sería su undécimo álbum, tal vez el más reconocido y uno de los grandes de la historia de la música, What´s going on (Qué esta pasando). En este long play de nueve temas se recogen las piezas más políticas y comprometidas del autor producto, en parte, de la historia de su propio hermano, quien prestó servicio militar en la guerra de Vietnam.

“Hay demasiadas madres llorando, demasiados hermanos muriendo (…) la guerra no es la respuesta (…) tenemos que encontrar la forma de traer algo de amor (…) háblame, para que así puedas ver qué es lo que está pasando”.

Este disco fue, según el crítico Juan Cervera publicó en el número 200 (año 2002) de la revista Rockdelux, una “verdadera travesía del desierto para su autor, ya nada volvería a ser lo mismo para él, ni a nivel personal ni artístico. Pocas veces un álbum ha dividido tan tajantemente –y conscientemente– el antes y el después en la vida profesional de un artista de éxito”. El álbum supuso “una huida hacia adelante, una fuga de libertad que abrió mentes, oídos y corazones, y cuyos ecos todavía alborotan, con mayor o menor fortuna, la obra de infinidad de creadores”. Para los especialistas de esta publicación, What´s going on es uno de los doscientos mejores álbumes del siglo XX.

Portada del disco de Marvin Gaye What´s going on (imagen tomada de Rockdelux)

En 1973, un nuevo éxito jalonó su carrera Let´s get it on. Considerado el mejor álbum del artista, supuso una incursión intimista y sensual en su vida profesional. Tras las letras sociales y políticas de What´s going on, este “Sigamos adelante” está lleno de una elevada carga de sentimientos y sexualidad que supusieron un hito en la música romántica y le colocaron como un ícono erótico de la época.

“Hagámoslo, hagámoslo, tú sabes de qué estoy hablando, vamos cariño, deja salir al amor. Si crees en el amor, hagámoslo, hagámoslo cariño, en este mismo momento, oh sí. Hagámoslo, por favor, hagámoslo”.

Este disco fue mucho mejor que el anterior porque “el sexo siempre es superior a la política” tal como se argumentaba en la revista The Wire y ha comentado en más de una ocasión Luis Lapuente, alias Dr. Soul, el experto español en ese género musical.

Un año antes de su muerte, en lo que pareció un lento proceso de recuperación, Gaye fue invitado para entonar el himno nacional de los EE.UU. en el All Star de la NBA. Pero no fue así, su vida se apagó violentamente poco después. En su funeral, otros dos grandes le rindieron pleitesía, Stevie Wonder le cantó y Smokey Robinson pronunció un discurso que hizo derramar muchas lágrimas.

Obtuvo un premio Grammy a la mejor interpretación vocal masculina de R&B por su “Sexual healing” en 1983, composición perteneciente a su álbum Midnight love del que se vendieron más de dos millones de copias, y uno póstumo a la carrera artística en 1996.

Gaye comparte con Wonder el capítulo que el citado Lapuente dedica al “Oro en barras en Motown” en su libro El muelle de la bahía. Una historia del soul. Para este estudioso de la música negra “El soul nunca morirá porque es el estilo más profundo y arrebatador de cuantos han existido en la música popular”. El fallecido periodista José Manuel Costa escribió para El País tras su asesinato que Gaye era “un músico diferente” que “consideró a partir de determinado momento (principios de los 70) que su deber era denunciar la miseria o la marginación y apoyar a los niños, la paz o el amor”.

En este año en que hubiera cumplido ocho décadas, el rapero y productor Dr. Dre está intentando llevar al cine la vida del artista de Washington. También como homenaje, las compañías Motown, Universal Music Enterprises y Universal Music Group han publicado hace unos días el disco doble “You´re the man”, en el que se incluyen el álbum inédito que el cantante mandó retirar en 1972 y otro con canciones grabadas en esos tiempos y que formaron parte de diversas recopilaciones de entonces.

Para su biógrafo y amigo, David Ritz, el artista fue un músico brillante, con unas grandiosas dotes para la música y una enorme sensibilidad que siempre tuvo su “alma dividida” entre la tortura y la gloria. Según Julián Ruiz, otro de los grandes críticos musicales españoles, en Marvin Gaye “siempre había una profunda sombra de inseguridad a la vuelta de la esquina de cada episodio en su vida”. Pueden conocer más sobre él aquí.

Marvin Gaye era, sobre todo, un músico inigualable, una de las almas del soul aunque la suya estuviera partida. En su honor escuchen esta actuación en vivo en el festival de jazz de Montreux en 1980.

 

No me gustan los lunes

La muerte llega cualquier día, no hay un día determinado para morir

Pero el lunes es ese día señalado de síndrome post fin de semana, para quiénes tienen los domingos como día de descanso. Algo que se da por hecho en las culturas occidentales, blancas, judeo-cristianas y “desarrolladas”.

No sé qué pasa por nuestras cabezas, ¿será que se desconecta el chip de nuestros cerebros? ¿Por qué buscar la muerte sin esperar a que nos llegue? Que llegará, más temprano que tarde, un lunes o un martes, en marzo o en septiembre. Vivir te da las razones para morir, pero no te las debería dar para matar.

Cuando las neuronas cortocircuitan se pueden producir efectos no deseados que provocan la muerte. Da igual que sean supremacistas blancos, terroristas de cualquier pelaje o jóvenes hastiados de una vida acomodada y sin futuro.

“No me gustan los lunes” (foto: Iñaki Chaves)

Este 2019 se han cumplido cuarenta años de aquel lunes maldito, uno más. Ese día, 29 de enero, una jovencita de dieciséis primaveras (niña le decían los medios de entonces) despertaba a su mundo harta de todo (nos podríamos preguntar, ¿de qué en tan pocos años de vida?) y decidía pagar su anodina existencia empuñando el arma que su descerebrado padre le había regalado en navidades, en lugar de la radio que ella había pedido. Desde la ventana de su casa apuntó a su colegio, en San Diego (California, EE. UU.), y apretó el gatillo: dos personas muertas, el director y el conserje, y nueve heridas, ocho niñas y niños y un policía. Seis horas después, esposada de pies y manos era conducida a comisaría y meses más tarde condenada a cadena perpetua con un mínimo de veinticinco años de cumplimiento. Tiempo para pensar y reflexionar sobre su aburrimiento, su cansancio y su fastidio con la vida, en especial con esos días que declaró no le encantaban: “no me gustan los lunes”.

Ese suceso sirvió para que Bob Geldof, hoy sir, que leyó la noticia en un fax mientras le entrevistaban, compusiera y publicara ese mismo año, con su grupo The Boomtown Rats, uno de sus grandes éxitos. I don´t like mondays, una canción en la que se preguntaba si hacen falta razones para morir. Más bien, diría yo, si necesitamos razones para matar. Aquella niña, que nadie entendió porqué las iba a tener, actuó, asesinó a otros y mató gran parte de su vida:

Portada de “I don´t like mondays” de Boomtown Rats (foto tomada de: https://www.efeeme.com/)

They can see no reasons

Because there are no reasons

What reason do you need?

Tell me why

I don’t like Mondays

Tell me why

I don’t like Mondays

Tell me why

I don’t like Mondays

I want to shut

the whole day down, down, down

shut lock down

Pablo Neruda describía ese día de la semana en su “Walking around”:

“Por eso el día lunes arde como el petróleo

cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,

y aúlla en su transcurso como una rueda herida,

y da pasos de sangre caliente hacia la noche”.

Aquella radio que esa niña no tuvo ha servido para propagar por el éter, en forma de canciones, esas posturas del no saber qué hacer y de odiar los lunes que reflejan en parte los síntomas de sociedades que no escuchan los gritos de sus juventudes y que no abordan sus propias enfermedades. Este año también se han cumplido veintiocho del suicidio, frente a su profesora y sus compañeros, de un estudiante, Jeremy, que se cansó de vivir acosado. El grupo Pearl Jam lo musicó y el video que realizaron, además de que estuvo prohibido por algún tiempo en ciertos lugares, produjo tal controversia que Vedder y su gente estuvieron varios años sin filmar sus canciones.

También este año se cumplirán veinte de la masacre en la escuela secundaria de Columbine (Colorado, EE. UU.) que sirvió de base a Michael Moore para su película documental sobre la violencia y el uso indiscriminado de armas de fuego.

Vivimos extraviados buscando ese tiempo perdido, intentando encontrar quien nos escuche, y mientras lo hacemos parece claro que, ante la falta de incentivos e ilusiones, ante las agresiones y exclusiones, algunas personas eligen atentar contra el mundo o contra sí mismas.

Personas que decidieron claramente, sin pensar en nada más, que no les gustaba su vida, que no les gustaban los lunes.

Aurora Boreal

Una editorial “para los amantes del español”

La entidad danesa presentó el pasado mes de febrero, en la sala Alonso Arte Galería de Bogotá, el último número de su revista homónima. Un especial dedicado a autoras y autores colombianos vivos.

Según Guillermo Camacho, su editor, Aurora Boreal es más una pasión que un negocio y su difusión se hace de manera gratuita a universidades americanas y europeas. Para él, este número especial tiene que ver con su “ inexplicable pasión quijotesca por difundir creadores y sus obras” y con “la lectura e indagación de autores para su posible traducción al danés”.

Portada del número especial de Aurora Boreal dedicado a autoras y autores colombianos

Camacho reside en Copenhague y desde allí lleva a cabo su labor editorial comprometida con la idea de difundir cultura. En esa tarea le ha tocado el turno a la literatura colombiana, después de números anteriores dedicados a Puerto Rico y a Ecuador (mayo y septiembre de 2013, respectivamente), a Perú (mayo de 2015) y a escritores hispanoamericanos en Finlandia en septiembre de 2017.

Un número doble, el 23 y 24, de 234 páginas que supone “una fotografía de la literatura colombiana actual” cuyo proceso de indagación y recopilación le ha servido para encontrarse con “una reserva de prosistas, ensayistas y poetas que seguramente están cumpliendo un papel clave en el funcionamiento del ecosistema literario al permitir su perpetuación y su regeneración, proporcionando recursos literarios de diferentes variedades, intercambiando continuamente ideas y propuestas, regularizando el equilibrio de la literatura y previniendo contra la erosión”. En ese esfuerzo le ha tocado asumir “las inevitables omisiones de nombres voluntaria e involuntariamente, ya sea por desconocimiento, espacio, criterios, gustos, economía, y aquellos que no se entusiasmaron con la idea o no se lograron finalmente contactar o por la razón que venga al caso”.

En la sala donde se presentó se inauguraba una exposición del pintor bogotano Fernando Perdomo, una de cuyas obras sirve de portada para la revista.

Además de la nota del editor y una muestra de las pinturas de Perdomo, la revista recoge textos literarios de setenta y ocho autoras y autores colombianos divididos en dos apartados: en el de “poesía” aparecen treinta y dos de ellas y ellos, entre los que se encuentran Piedad Bonnett y Pablo Montoya, y en el de “puro cuento”, los otros cuarenta y seis, con fragmentos de Pilar Lozano a Santiago Gamboa pasando por Juan Gabriel Vásquez o Tomás González.

También incluye una sección de reseñas, una sobre los 10 libros menos vendidos, una recomendación de lectura, otra sobre cine y libros y una más “in memoriam”.

Mi encuentro con esta revista ha sido fortuito, o más bien impensado ya que se dio por la invitación que me hizo una de las autoras recogidas en el número, Judith Nieto, quien me pidió que asistiera en su nombre al lanzamiento.

“Ante el papel, a la hora de la escritura se está extremadamente solo, como cuando el cuerpo caído, abandonado, muestra lo inalcanzable que es la salvación” (Judith Nieto, Signos).

Índice del número especial de Aurora Boreal

Así que allá me encontré, rodeado de algunas de las autoras y autores de esta especie de antología de la literatura colombiana. Una revista que manifiesta ser “Un foro para difundir, discutir y gozar el español entre la gente que lo habla y lo estudia. Una ventana abierta a las inquietudes de los artistas”.

Agradezco a Judith la oportunidad de codearme con una parte de este nutrido grupo de escritoras y escritores que Aurora Boreal nos presenta y recomienda. Y bienvenida a estas tierras una nueva luz sobre la ya de por sí radiante narrativa colombiana.

“Viajar es ignorar el punto de llegada, y quisiera continuar hasta encontrar algo semejante al fin. Pero soy tan sólo un hombre y es necesario volver al sitio de partida” (Pablo Montoya, “Cinco poemas en prosa” en Viajeros).

“Para mis días pido, señor de los naufragios, no agua para la sed, sino la sed, no sueños sino ganas de soñar. Para las noches, toda la oscuridad que sea necesaria para ahogar mi propia oscuridad” (Piedad Bonnett, Oración).

Anteriores Entradas antiguas Siguiente Entradas recientes