Respeto

Cómo informar de manera ética y responsable sobre migraciones y minorías.

Informar no es una labor inocua, y el papel y el compromiso de medios y periodistas es fundamental en esa tarea. El proyecto Respect words, que encabeza la Asociación de Emisoras Municipales y Ciudadanas de Andalucía Radio y Televisión (EMA-RTV), ha presentado por estos días “Informar sobre procesos migratorios y minorías”. Una guía para promover otras formas de informar, otro periodismo que, como dice el proyecto, sea ético y contra los discursos de odio.

Portada de la guía del proyecto Respect Words

Editado en ocho idiomas (alemán, esloveno, español, griego, húngaro, inglés, irlandés e italiano), cuenta con la participación de Civil Rádió FM98 (Hungría), Hellenic Broadcasting Corporation ERT (Grecia), International Press Institute (Austria), NEAR FM (Irlanda), Radio Dreyeckland (Alemania), Radio Popolare (Italia) y Radio Student (Eslovenia).

El documento, de cuarenta y una páginas, ofrece herramientas prácticas para abordar las temáticas relacionadas con las personas migrantes y las personas pertenecientes a minorías cuando se realicen informaciones sobre ellas o sus procesos. Cuenta con el apoyo del Programa Derechos, Igualdad y Ciudadanía de la Unión Europea. Un trabajo más que necesario y que debería ser presentado y debatido en las aulas de las facultades de comunicación, de información o de periodismo. También debería tener más eco entre profesionales y medios.

La idea será trabajada por más de ciento cincuenta medios radiofónicos de Europa y cerca de mil trescientos periodistas de los ochos países mencionados que forman parte del proyecto. Su esfuerzo será desmontar los imaginarios existentes sobre migraciones y minorías para ir difundiendo voces que construyan otras miradas y otras percepciones. Nuevos imaginarios que son, según declaran los promotores en el preámbulo de la guía, “indispensables en la lucha contra los discursos de odio”.

La publicación, resultado de jornadas de trabajo en siete países a lo largo de 2017 con entidades asociadas, organizaciones de la sociedad civil y personas expertas, entre las que se encuentran Javier Bauluz, director de Periodismo Humano; Helena Maleno, periodista y activista, y la profesora de la Universidad de Sevilla Trinidad Núñez.

La guía es una de las tres partes del proyecto Respect words (respetar palabras, o tal vez respetar la palabra o que las palabras sean respetuosas). Las otras dos son: la creación de un mapa interactivo en línea para dar relevancia a iniciativas periodísticas a favor de la inclusión social de migrantes y minorías en Europa, y una campaña de radio, “Abriendo fronteras”, iniciada el pasado 15 de enero por Onda Local de Andalucía para sensibilizar a la ciudadanía y a las y los profesionales de la información y la comunicación sobre la importancia de combatir los discursos discriminatorios y violentos.

Algunas de sus recomendaciones generales:

  • ser conscientes de las palabras que utilizamos, valorando la ideología y las connotaciones que tienen.
  • Desafiar los estereotipos y evitar generalizaciones
  • Reconocer, interiorizar y expresar que informar sobre procesos migratorios y minorías es una tarea compleja, urgente y necesaria.
  • Recordar que el contexto es esencial.
  • Ofrecer una variedad apropiada de puntos de vista, incluidos los de las personas afectadas.

No podemos no tomar partido, por lo que celebramos iniciativas como ésta y colaboramos en difundirla y apoyarla. También proponemos extender la campaña para abrirla y ampliarla a otras miradas y territorios fuera del contexto europeo. Cierto que en el llamado viejo continente hay una problemática directamente relacionada con las migraciones y que las tragedias de todas esas personas que arriesgan sus vidas, y en muchos casos la pierden, ameritan obras como este proyecto y un mayor respaldo por parte de ciudadanías, medios, instituciones y gobiernos; pero existen otras realidades tan graves como estas en otras latitudes. Sin ir más lejos, y porque me toca de cerca, las poblaciones desplazadas en Colombia por el eufemístico conflicto armado.

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Marcelino

El de las Comisiones Obreras

Cumpliría cien años el 21 de enero de 2018. Sindicalista, político, combativo y, por encima de todo, un gran ser humano. Respetado por sus enemigos y detractores, que los tuvo y muchos, y querido por sus amigos y seguidores, que fueron muchísimos más.

Portada Gaceta Sindical en homenaje a Marcelino

La Gaceta Sindical de CCOO le recuerda como “Todo un ejemplo de coherencia, firmeza y compromiso con la lucha por las libertades, la igualdad y los derechos sindicales y sociales de los que hoy disfrutamos”. Por lo que no voy a escribir sobre su historia de vida política y sindical, de su papel como secretario general del sindicato, de su pertenencia al Partido Comunista de España y su labor como diputado por este partido en el Congreso. Tampoco de los muchos reconocimientos, oficiales, institucionales y personales, que obtuvo en vida.

Sobre Marcelino Camacho está dicho casi todo. Esto es, solamente, mi recuerdo para una de las personalidades más destacadas y honradas de la historia de España. Un castellano viejo, de la Soria machadiana, luchador indomable en defensa de la clase trabajadora y por las libertades democráticas. Tras su fallecimiento el 29 de octubre de 2010, en el número siete del Tribuna de la Federación de Servicios a la Ciudadanía de Comisiones Obreras, de diciembre de 2010, en un reportaje en su memoria, se recogía una anécdota contada por Josefina Samper, su viuda: en una celebración del cumpleaños del rey Juan Carlos a la que fueron invitados, el monarca pidió a Marcelino que le permitiera presentarle a sus hijos. Una vez los tuvo delante, el Borbón les dijo “no olvidéis nunca a esta persona, es de lo mejor que hay en España”.

Dice Javier López, para no entrar en discusiones peregrinas sobre fundadores, fechas y territorios, que “Marcelino forma parte del mito fundacional de las CCOO, por derecho propio y porque así es reconocido en la memoria de muchas personas en la sociedad española.” Y lo comparto. Si preguntáramos a la gente del común por Comisiones Obreras, el nombre propio que iría unido inexorablemente a esa organización de la que seguimos formando parte con orgullo sería el de Marcelino Camacho.

Era también, como le decía Josefina, un “diccionario abierto”. Por sus conocimientos como lector incansable y sus experiencias en las luchas obreras, por su dedicación a la vida y a la defensa de libertades y derechos de trabajadoras y trabajadores. Abierto a un mundo que buscó cambiar, y en algunos términos colaboró profundamente a ese cambio, dedicando sus esfuerzos a lograr que las personas tuvieran una vida “con pleno empleo, justicia social, libertad e igualdad”. Un “ser humano normal” cuyo mensaje era que “ni el trabajo, ni el pan, ni la libertad, ni ese futuro se regala. Es algo que se consigue movilizándose, uniéndose y en paz.” (“Epílogo“, Canal +)

El homenaje que organizó CCOO para celebrar su noventa cumpleaños se realizó bajo el título “Marcelino Camacho: historia de un compromiso”, porque siempre fue una persona comprometida con lo que creía y con los suyos. En 2010, la Confederación Sindical de CCOO y la Fundación 1º de mayo del sindicato editaron el libro “Tiene la palabra Marcelino Camacho, sindicalista”. Con un prólogo de Ignacio Fernández-Toxo, entonces secretario general del sindicato, y una biografía a cargo de José Babiano, director del área de Archivo, Historia y Biblioteca de la Fundación, el libro recoge, en sus doscientas setenta y ocho páginas, una serie de escritos sindicales de Marcelino, fragmentos de una larga entrevista realizada en 2002, documentos e imágenes que dan cuenta de su trayectoria.

Marcelino en la Fiesta del PCE, Madrid 1978 (archivo Fundación 1º de mayo)

En la página 23 del citado número de Tribuna FSC le dediqué estas palabras: “El camino de la vida siempre muestra distintos itinerarios para elegir. En la elección es donde está el reto, el riesgo que supone vivir. Marcelino siempre eligió el camino recto, aunque estuviera lleno de curvas, lo que no significa que fuera el más corto o el más sencillo, sino el que creía más correcto. Desde el compromiso y la convicción firme en sus ideales y en sus valores. Aquéllos que le guiaron para defender al ser humano y al pueblo llano, al trabajador y a la trabajadora y al sindicato. Por encima de todo. Firme, como esos viejos árboles.”

Ni le domaron, ni le doblaron, ni le llegaron a domesticar. Hasta siempre, Marcelino. El de las Comisiones Obreras.

Jano

Un cartelista de cine

En estas pasadas navidades, paseando por un Madrid cercano a los cero grados el termómetro tuvo una subida de temperatura al encontrarnos, casi sin queriendo, con una atractiva exposición de la que no había oído hablar. Estaba dedicada a Jano y sus carteles de cine.

Fachada de la Filmoteca Nacional con el cartel de la exposición dedicada a Jano

Cuando éramos pequeños nos llamaban mucho la atención los carteles que publicitaban las películas en los cines. Si uno se fijaba bien podía ver la firma del autor de ese llamativo reclamo de colores. Detrás de esos afiches había toda una historia artística que pasaba por lo general desapercibida. Con el tiempo y la experiencia, tomas conciencia del valor de esa labor entre la pintura, la caricatura y la publicidad. Por eso fue una agradable sorpresa ver que en el Palacio de Perales se dedicaba una retrospectiva a uno de los grandes de la cartelería cinematográfica.

En fechas en que casi todo está cerrado, una puerta entreabierta invitaba al menos a curiosear. Así que le pregunté al vigilante que ocupaba la garita interior si se podía entrar y si el acceso era gratuito. Después de bromear con que no lo dijera muy alto, no fuera a ser que a alguien se le ocurriera cobrar por la entrada, nos dispusimos a disfrutar y a recordar. Fue como introducirnos en un túnel del tiempo, el hecho me hizo retroceder a aquellas épocas de las sesiones dobles en los cines de barrio de la infancia y la adolescencia.

El Montecarlo, en la calle Embajadores; el América, en el paseo de las Delicias; el Candilejas, en la plaza Luca de Tena; el Infante, en el paseo de santa María de la Cabeza; el París, el Excelsior, el Río y el Venecia en el barrio del puente de Vallecas, desde el inicio de la avenida de la Albufera hasta la calle Pedro Laborde; el Salaberry, el Florida o el cinema España, en la calle General Ricardos, o el Odeón y el Pavón cercanos al Rastro, cines de barrio donde pasábamos los domingos invitados por abuelas, tíos o padres que te daban la propina para que les dejaras tranquilos en aquellas tardes en las que las personas “mayores” preferían conversar con la familia, jugar cartas, pasear del brazo por los parques o escuchar sufriendo los lances del fútbol en el Carrusel Deportivo.

Cines de sesión continua, pase doble, en los que con una sola entrada podías ver dos películas más el infalible No-Do e incluso repetir si te habías perdido algo por estar bromeando con los amigos o intentando conseguir un beso de la chica que te gustaba. El olor de las pipas de girasol y el ruido al pisar sus cáscaras; la luz de la linterna del acomodador vigilando por el buen orden y la compostura; el incansable chistar para pedir silencio, o el “visite nuestro bar” en los descansos entre una proyección y otra. En esas fechas nosotros íbamos al CINE, con mayúsculas, aunque fueran películas antiguas o que habían pasado sin pena ni gloria por los cines de estreno a los que no era tan fácil acudir. Allá comprobábamos qué de lo que nos prometían los carteles se veía en la pantalla. Y muchos de ellos estaban firmados por Jano.

Dos carteles realizados por Jano para la película “Bienvenido mr. Marshall”

Así que sin haberlo planeado disfrutamos de la exposición “Firmado Jano. Carteles de cine”, en la que se presentan algunos de los mejores afiches que el artista realizó para películas nacionales como “Atraco a las tres”, “Muerte de un ciclista” o “Bienvenido mr. Marshall” o internacionales como “Los cuatrocientos golpes” o “Centauros del desierto”.

Francisco Fernández-Zarza Pérez, alias Jano, uno de los cartelistas más destacados del panorama español, recibe un homenaje en la sede de la Filmoteca Nacional de España. Hasta donde sé, es el segundo que se le realiza, después del que en 2014 le dedicó la fundación Artistas Intérpretes Sociedad de Gestión (AISGE) en su sede madrileña. Por desgracia él no ha disfrutado de ninguno, este año se cumplen veinticinco de su fallecimiento.

De los veinte carteles de aquella exposición a los más de cien documentos, entre pósteres, notas, programas de mano y distintos productos publicitarios, que se exhiben en la sede administrativa de la Filmoteca Nacional de la calle Magdalena número 10 de Madrid desde el 14 de diciembre de 2017 y que estará abierta hasta el 18 de marzo de 2018.

El crítico Diego Galán afirmó en 2006, cuando se presentó el libro “Las estrellas del cine español vistas por Jano”, que “Los carteles de Jano eran tan provocadores y apetecibles que en ocasiones estaban por encima de la propia película”.

Un aspecto de la muestra “Firmado Jano. Carteles de cine”

Dicen que el mayor elogio que recibió fue cuando en una Feria del Libro de Madrid, el escritor Terenci Moix, declarado cinéfilo, le comentó sobre la cantidad de malas películas que había visto por culpa de sus carteles.

El cartel promotor de la muestra que ahora se exhibe está basado en el que el propio Jano realizó para la película “Tuset street”, dirigida en 1968 por Luis Marquina e interpretada por Sara Montiel.

A veces, cuando las cosas son imprevistas es mayor el regusto de verlas. Quien esté o pase por Madrid que aproveche a disfrutar de esta exposición. No le llevará mucho tiempo y le hará recuperar una parte importante del ya pasado y de su memoria de cine. También pueden bucear por internet y conocer al autor y sus obras.

20 18

Un nuevo año del calendario gregoriano

Hemos recibido el año 2018 de nuestra era común, que nada tiene que ver con otros calendarios como el chino, cuyo inicio se sitúa alrededor de lo que sería el año 2637 antes de nuestra era, o el musulmán, que dio comienzo en el 622 del nuestro cuando el profeta Mahoma hizo su hégira, la huida de La Meca a Medina al ser perseguido por sus enseñanzas religiosas.

pateras al Sur les desea un mejor 2018

¿Qué esperamos de este nuevo año? Seguro que mucho, aunque nunca se sabe qué nos deparará. ¿Será un nuevo fiasco en lo social, lo ambiental y lo político? Otros doce meses de incertidumbres, cincuenta y dos semanas más de nuevos incumplimientos, trescientos sesenta y cinco días de des-ilusiones, ocho mil setecientas sesenta horas de más violencias,… deberíamos conformarnos con que en esta nueva vuelta de la Tierra alrededor del Sol fuéramos más humanos.

Habrá nacimientos y muertes, elecciones y fraudes, depresiones y esperanzas, crisis y enriquecimientos, explotaciones y empobrecimientos, goles y bajones, fotogramas y subidones… millones de hechos, billones de historias y trillones de imágenes que inundarán el sistema impactando en función de quiénes dominan y quiénes se dejan dominar.

Las felicitaciones en estos días pasados han sido de todos los colores y para todos los gustos, desde el clásico “feliz navidad y próspero año nuevo” hasta el más “alternativo” de “un año más, nada que celebrar”. Pero todo el mundo espera celebrar algo, desde una pedrea en uno de los dos grandes sorteos del año (Navidad y el Niño), nunca he entendido porqué la gente compra esta lotería pidiendo un décimo que acabe en X, si eso es solamente el derecho al reintegro de lo jugado, lo suyo sería pedir un número concreto, el 13781, con la seguridad de que será el premiado, hasta un aumento de sueldo, quien tenga trabajo, o un empleo quien no cuente con ello.

No sé si querremos escribir un libro, tener un (a) hijo (a) o plantar un árbol, pero seguro que deberíamos querer SER. Simplemente, ser. Estar presentes, contar con alguien, tener algo, narrar siempre y recibir una mirada tierna o un cálido abrazo.

En este nuevo año que empieza, uno más, o uno menos, según se mire, esperaremos que sea, como siempre se dice, algo mejor que el anterior, pese a que se cante que “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Tal vez el último no haya sido tan malo. Puede que, incluso, haya sido bueno. Cierto que para el mundo en general creo que no podemos afirmar de la bondad de 2017. Un período en el que la Fundación para el español urgente ha elegido aporofobia como la palabra del año. Que el miedo al pobre sea el término más destacado da cuenta de una realidad inocultable, que no es nueva pero que se acrecienta.

La gente se desea lo que no se van a dar el resto del año, pedimos lo que no vamos a hacer y queremos lograr lo que, pese a que pueda estar en nuestras manos, no tenemos claridad ni fuerza para alcanzarlo. El papa Francisco ha invitado “a reflexionar en este misterio de caminar y ver”. Me gusta eso de seguir caminando y continuar viendo.

Mi año 2018 comenzó precisamente caminando, viajando y viendo. Encontrándome con sensaciones de la memoria. En el mismo día visité dos tumbas. Quizá alguien considere que no es la mejor manera de iniciar el nuevo año, pero no eran dos tumbas cualquiera.

Tumba de Antonio Machado en Colliure (Francia)

En Colliure, la del maestro Antonio Machado, en Portbou, la del genio Walter Benjamin. Los lugares de “descanso final” de dos vidas de esas que, como diría Fidel Cano, están escritas con tinta indeleble. Dos grandes personajes de la Historia, y para mi historia, que murieron en otras tierras que no eran las que les vieron nacer. Dos guerras les hicieron migrar y morir fuera del hogar.

Un privilegio dar comienzo a este año rememorando a Benjamin y a Machado, intentando encontrar la huida y la búsqueda de otras miradas y otras identidades que nos marcan.

En el pueblecito francés, las banderas republicanas y los mensajes de constancia, de ánimo y de respeto acompañan los restos del poeta andaluz y de su madre. En una tumba que tiene un buzón para dejar presencia y ausencia de las letras, de los versos y de las lágrimas de quienes la visitan. Para dejar un trocito del corazón o llevárselo.

Monumento a Walter Benjamin en Portbou (Girona)

En el pueblito catalán, el silencio de un viento que sopla a la entrada de un cementerio en el que unas planchas metálicas abren un camino al mar que termina después de sesenta y nueve escalones al llegar a un vidrio tras el cual continúan otros dieciocho más. Ahí están esas palabras dedicadas a la memoria de quienes no tienen nombre.

Ambos reposan al lado del mar, de un mar que nos separa y nos une y del que somos hijos desnudos.

Sé que soy un privilegiado y que tengo mucho. Tengo memoria, la tengo llena de vida y de otras vidas vívidas. Cuento con una excelente compañera de vida y con una gata, tengo hermana y hermano, tengo hija e hijo, tengo cuñadas y cuñados que son como hermanos, tengo amigas y amigos, de los de verdad, tengo sobrinas y sobrinos y una nieta. Además, tengo un trabajo que me gusta, y mucho, y puedo narrar y escribir y contarles todo esto y que alguien lo lea o que mis estudiantes me escuchen. Disfruto de sentimientos, pensamientos y sensaciones.

Así que, ¿qué más para este nuevo año?

Todas y todos deberíamos tener ese lugar en el mundo donde poder descansar, en vida y después, allá dónde está tu gente y tú quieras estar.

Amistad y paz y que nos sigamos encontrando en las curvas de la vida y en los caminos de las narrativas. Que sigamos escribiendo y que las letras nos vayan diciendo que la vida es la que tenemos y que vivirla merecerá la pena.

Un año más.